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Libros y Revistas (Lecturas: 8022) Fecha de publicación: Junio de 2003 |
Marlowe & Spade |
Perfil de dos de los detectives más emblemáticos del policial negro y algunas disquisiciones sobre las obras de Raymond Chandler y Dashiell Hammett. |
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Versiones anteriores de esta nota fueron reproducida en la revista virtual uruguaya LadoB en su número de setiembre de 2002.
La principal diferencia entre el policial negro, o duro, o hard-boiled (la escuela norteamericana) y el policial clásico (la escuela inglesa, de autores como Agatha Christie o Arthur Conan Doyle) es el realismo sucio de la primera, por oposición a los juegos de ingenio a la hora del té de su ilustre predecesora. Los delitos en la escuela inglesa, muchas veces de guante blanco, son meros pretextos para demostrar la capacidad analítica del detective; pareciera que los muertos son de plástico. En el policial duro, el crimen sale de la casas de campo de la èlite victoriana y se instala en la ciudad, en la sucia y pervertida ciudad de los titulares de los periódicos sensacionalistas; los asesinos a veces son personas comunes que matan por desesperación, y en muchas historias las víctimas no son mucho mejores que sus victimarios. Y por sobre todo, si en la escuela inglesa la trama es una excusa para revelar la astucia de un Poirot o un Holmes, en la escuela americana la trama es un vehículo para sacar a la luz los cimientos podridos sobre los que se asientan las sociedades modernas. No es casual que la revalorización de Raymond Chandler que tuviera lugar en la década del '70 fuera, en buena medida, obra de intelectuales críticos (un ejemplo brillante: "Triste, solitario y final" de Osvaldo Soriano) ni que Dashiell Hammett fuera simpatizante del pequeño Partido Comunista norteamericano.
Pero volvamos a Spade y Marlowe. Ambos son tipos duros, parcos, solitarios, desencantados con un mundo corrupto donde el dinero es la única ley. Marlowe tiene un aire quijotesco: prefiere ir a la cárcel antes que delatar a un amigo en problemas con la ley en "El largo adiós". Spade es más cínico: entrega a una mujer (a la que tal vez ama) con tal de evitar esa misma cárcel. Hay otras diferencias menores: Marlowe vive en Los Ángeles y trabaja solo; Spade, en San Francisco, y tiene una secretaria, la eficiente Effie Perine; Spade aparece en una sola novela y unos pocos cuentos; Marlowe en siete y media (una quedó incompleta cuando Chandler murió) y tres cuentos. Pero la mayor diferencia radica en el estilo de los autores: Hammett es en extremo hábil en el urdido de una trama compleja, y el tono de su obra es seco, casi forense, con pocos matices: acción y diálogo. Chandler, en cambio, suele pergeñar tramas que se le van de las manos (es famosa su respuesta a la pregunta de quién había matado a un personaje secundario en "El sueño eterno": dijo que no lo sabía), pero es inigualable dentro del género como escritor de frases impactantes. "Existen ciento noventa formas de ser un canalla y Carne las conoce a todas". "Usaba una cantidad de maquillaje suficiente para pintar un barco". "Puso una cara que hubiera detenido de espanto a un reloj". "El marco de la puerta estaba tan sucio que me dieron ganas de tomar un baño de sólo mirarlo". "Sus ojos grises estaban tan vacíos como los agujeros de un antifaz". "De sus orejas salía pelo lo bastante largo como para atrapar a una polilla". "Me miró como si yo hubiera salido del océano con una sirena ahogada bajo el brazo".
Entonces trabajó de empleado bancario, de vendedor de raquetas de tenis y de recolector de duraznos. A los 45 años se decidió definitivamente a escribir (su vocación postergada largamente). La revista "Black Mask" le publicó en 1933 su primer cuento, "Los chantajistas no disparan". Recién cuando Chandler tenía 51 años, en 1939, apareció "El sueño eterno", la primera novela de su cínico, solitario y alcohólico alter ego, Philip Marlowe. Después vinieron "Adiós muñeca" (1940), "La ventana siniestra" (1942), "La dama en el lago" (1943), "La hermana menor" (1949), "El largo adiós" (1953) y "Playback" (1958). Chandler también fue guionista de cine (al igual que otros escritores de la época, como William Faulkner o James Cain). Sus trabajos fueron dos veces nominados al Oscar: por "Pacto de sangre" y por "La dalia azul". Pero en realidad odiaba a Hollywood, y puso en boca de su detective apasionadas diatribas contra la "Fábrica de los Sueños", especialmente en "La hermana menor". Chandler se desbarrancó la tras muerte de su esposa en 1954, luego de una larga y penosa enfermedad. Recrudeció su alcoholismo, e intentó suicidarse más de una vez. El 26 de marzo de 1959 falleció de una neumonía, a los 70 años, en La Jolla, California.
"Si mis libros hubieran sido peores de lo que son" - escribió con ironía Chandler - "no me habrían invitado a Hollywood, y si hubieran sido mejores yo no habría venido". Ojalá puedan disfrutar de ellas tanto como lo he hecho yo. |
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