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Sección: Cine y Series (Lecturas: 5240)
Fecha de publicación: Febrero de 2003

Latidos de Cine

El amor en el cine ha estado presente desde casi su nacimiento (1896), a través de millares de besos que desde la pantalla hipnotizaron a incontables personas.
por Sara Rodríguez Mata

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« Te prometí contarte como se enamora uno »
El Paciente Inglés, Cap. IX
Michael Ondaatje

KISS ME DEADLY, filme policial de Mike HammerCon el cine aprendimos a amar, a mirar. Aprendimos a actuar y a besar. Primero, fueron los besos castos –ese primer beso del cine mudo que puso el grito en el cielo- para dar paso, más tarde, a los besos apasionados: bocas que se abren, lenguas como lazos, ojos que se cierran y al espectador, mientras tanto, haciéndosele la boca agua.

Actores guapos, feos, personajes malos o buenos. Todos pusieron al descubierto, a través de la gran pantalla, las pasiones y vilezas del género humano. Héroes y heroínas, vampiresas, gansters, señoronas, galanes...

Cuando el cine todavía andaba en pañales, los primeros productores se dieron cuenta de que la gente era especialmente sensible a los estímulos sexuales, lo cual hizo que comprendieran que la gran baza de sus películas radicaba en contratar a actores guapos, sensuales, atractivos, actores que con tan sólo un guiño fueran capaces de provocar a la cámara y actrices que, más tarde, durante la segunda gran guerra, tuvieran la capacidad de levantar la moral a las tropas con ese gran invento de las pin-up girls y con Betty Grable como su mejor exponente.

Al mismo tiempo, para cumplir con el primer mandamiento de la factoría cinematográfica (captar la atención visual) y atraer así a un mayor número de espectadores, casi todos los galanes tuvieron que sucumbir al beef-cake, con resultados espectaculares y no menos simpáticas anécdotas. Si el cheescake se refería al exhibicionismo femenino, el beef-cake implicaba para los hombres un concepto de fuerza y poder. Por ejemplo, en la década de los cincuenta, considerando el vello un detalle de mal gusto, algunos actores como William Holden, tuvieron que pasar por el mal trago de la depilación. Y tampoco podemos olvidarnos del singular caso de Robert Taylor, un actor que pese a sus limitados recursos y monocorde expresión, triunfó en Hollywood gracias a su armónica belleza, que fue hábilmente utilizada por la Metro para dar mayor realce a glamorosas estrellas como la Garbo o Liz Taylor.

La Máquina de BesarDado este ensalzamiento de glamour y pasión en los que los actores se prodigaban largos y continuos besos, Max Factor ideó un revolucionario invento: La máquina de besar, y cuya función consistía en comprobar la duración de las barras de labios, para que los actores pudieran besar y besar. Por lo que, a partir de entonces, las bocas artificiales cumplieron el objeto de asegurar la larga resistencia del carmín en la boca de los actores.

Películas como CASABLANCA (1942), GONE WITH THE WIND (Lo que el viento se llevó-1939), IT HAPPENED ONE NIGHT (Sucedió una noche-1934), NOTORIUS (Encadenados-1946), NINOTCHKA (Ninoska-1939), ROMAN HOLIDAY (Vacaciones en Roma-1953), DUEL IN THE SUN (Duelo al sol-1946), AN AFFAIR TO REMEMBER (Algo para recordar-1958) o BREAKFAST AT TIFFANY'S (Desayuno con diamantes-1961), representan a la perfección ese gran tema tan recurrente e inagotable como es el del amor. Y porque el amor no se circunscribe únicamente al de los amantes no podemos olvidar esos otros amores que también nos tocaron la fibra sensible. El amor de los amigos en JULES ET JIM (1961), el amor fraternal en LITTLE WOMEN (Mujercitas-1949), el espiritual THE KISS (1896)LA PASSION DE JEANNE D'ARC (La pasión de Juana de Arco-1928), el incondicional JEZABEL (1938), el amor destructivo o el eterno ni contigo ni sin ti CAT ON A HOT TIN ROOF (La gata sobre el tejado de zinc caliente-1958), el amor que no entiende de edad, distancia o colores GUESS WHO'S COMING TO DINNER (Adivina quién viene a esta noche-1967).

Y lo que escandalizó a esos yanquis puritanos en THE KISS (El Beso-1896) pasó a convertirse en el corolario de todas las películas románticas. Cuántas grandes películas recordaremos que acaben en su Happy End con un beso. Pero ese 'final feliz' no ha sido más que el autoengaño que ofrecía el cinematógrafo como válvula de escape a las insatisfacciones, la mediocridad y las angustias cotidianas en las salas de exhibición (que por aquel entonces comenzaron a multiplicarse como el mismo milagro del pan y los peces), para borrar los problemas de los ciudadanos a base de un cóctel de imágenes y de historias, bien agitado, cuyos condimentos eran glamour, fantasía y amor. Mucho amor.

A quienes aman, a quienes amaron. A los que aman, a los que aman.



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