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Sección: Cine y Series (Lecturas: 25839)
Fecha de publicación: Abril de 2002

Perdidos en el Espacio, los Robinsones del Vacío Cósmico

«¡No se pierdan el próximo episodio, a la misma hora y por el mismo canal!» Historia de una serie que hizo historia.
por Carlos Díaz Maroto

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Publicado en Pasadizo

«¡No se pierdan el próximo episodio, a la misma hora y por el mismo canal!»

Así finalizaba cada capítulo de la serie televisiva Lost in Space, que todos los aficionados recordamos por su emisión en Televisión Española con el título de Perdidos en el espacio (inicialmente a finales de los 60, la noche de los sábados, para ser repuesta en la programación infantil de los viernes a las 6:30 de la tarde hacia 1972). En una época de sequía en lo que a fantasía se refiere, aquella cita semanal sabía a gloria. En la actualidad suele gozar de bastante mala fama, si bien sus resultados son muy superiores a lo que se pretende hacer creer.

Todo nació gracias a Irwin Allen (1916-1991), un productor, director y guionista de cine hoy famoso en especial gracias a la producción de sus catastróficas películas, como La aventura del Poseidón (The Poseidon Adventure, 1972) de Ronald Neame o El coloso en llamas (The Towering Inferno, 1974), dirigida por John Guillermin, con las escenas de acción rodadas por el propio Allen. Sin embargo, su labor se remonta al lejano 1956, fecha en que dirigió un largo y aburrido documental, The Animal World, hoy día sólo recordado por su prólogo prehistórico con efectos especiales del gran Ray Harryhausen. En 1961 Allen fue el responsable de una simpática cinta de aventuras de ciencia-ficción, Viaje al fondo del mar (Voyage to the Bottom of the Sea), protagonizada por Walter Pidgeon como el almirante Nelson, Robert Sterling como el comandante Crane, así como Joan Fontaine y Peter Lorre, entre otros. Su inusitado éxito propició la aparición de la serie televisiva de igual título (que, de paso, aprovechaba la maqueta del submarino Seaview), emitida en su país de origen entre el 14 de septiembre de 1964 y el 31 de marzo de 1968, con un total de 110 episodios; ahora Richard Basehart personificaba al almirante Nelson y David Hedison al comandante (o capitán) Crane. Su impacto fue inmenso y quedaba claro que un nuevo sector había sido conquistado por Allen; la próxima serie no debía tardar en llegar.

Parece claro que en Perdidos en el espacio nos encontramos con una versión galáctica de la clásica novela de aventuras Los robinsones suizos o El Robinsón suizo (The Swiss Family Robinson, 1812), de Johann David Wyss, si bien existe un cómic, Space Family Robinson (publicado por Gold Key desde diciembre de 1962), que debe considerarse la auténtica base de la serie. Aunque dificultades legales impidieron que ése precisamente fuera el título de la producción televisiva, en esencia presenta un argumento similar (1): Ante la sobrepoblación de la Tierra en el lejanísimo 1997 se decide enviar al espacio familias para colonizar otros planetas, como los Robinson, estirpe compuesta por papá John (Guy Williams), mamá Maureen (June Lockhart), la niña crecidita Judy (Marta Kristen), la cría Penny (Angela Cartwright) y el niño resabidillo, Will (Bill Mumy, Babylon 5), a bordo de la Júpiter II, que partirá rumbo a un planeta sito en Alpha Centauri. Los acompaña un joven y apuesto piloto, el mayor Don West (Mark Goddard).

Sin embargo, algo falla. En la nave se introduce el maquiavélico doctor Zachary Smith (Jonathan Harris), contratado por una ignota potencia extranjera, con el fin de sabotear el viaje. Aunque manipula el robot de la serie 1A1998 (dentro de la carcasa, Bob May, como voz, Dick Tufeld) y le introduce la orden de matar a la familia, Will logrará controlarlo y los adultos dominarán al doctor. Pero el ataque ha provocado que la Júpiter II se salga de su rumbo y comience a vagar por el cosmos, por lugares no cartografiados: los Robinson se han perdido en el espacio.

En su vuelo por espacios ignotos los Robinson encontrarán una nave desconocida poblada de extrañas criaturas gelatinosas. Una vez localizado un planeta habitable, lo exploran, encontrándose la niña una ridícula mascota (un chimpancé al que se ha caracterizado con unas orejas puntiagudas de unos veinte centímetros de longitud) y habrán de enfrentarse a una raza de cíclopes. A partir de ahí, los peligros y los encuentros se sucederán.

La primera temporada, compuesta por veintinueve capítulos en blanco y negro, ofrece sin duda las mejores historias y resulta evidente que fue una de las bases de inspiración de Gene Roddenberry para Star Trek -el segundo capítulo, "The Derelict", dirigido por Alex Singer y escrito por Peter Packer, con la nave habitada por entidades gelatinosas, es prácticamente un episodio trek-, e incluso la estructura seriada -y la frase de despedida con la que iniciábamos el artículo- se copiarán en la posterior Batman.

Como las figuras más populares de la serie resultaron el doctor Smith, el robot -evidentemente inspirado en el Robby de Planeta prohibido (Forbidden Planet, 1956), de Fred McLeod Wilcox- y Will, el niño, los episodios se centraron paulatinamente en ellos. La fama condujo a que el personaje del doctor Smith fuera suavizándose poco a poco, adquiriendo tintes más benévolos, si bien cobardes y hay quien incluso vería en él una equívoca actitud sexual hacia los varones de la nave.

La primera temporada acabó el 27 de abril de 1966 y una segunda se inicia el 14 de septiembre de ese mismo año, ya en color, con treinta capítulos nuevos, etapa que continúa hasta el 19 de abril de 1967. La tercera temporada comenzará el 6 de septiembre de ese año y finalizará veinticuatro capítulos después, el 6 de marzo de 1968, con el episodio titulado "Junkyard of Space", dirigido por Ezra Stone y escrito por Barney Slater. A través de ochenta y tres capítulos la serie había ido adquiriendo poco a poco un tono más y más camp, hasta adoptar las maneras del citado Batman. Los últimos capítulos, se dice, son de un surrealismo rayano en la locura, así, cabe resaltar el penúltimo de la serie, "The Great Vegetable Rebellion" (dirigido por Don Richardson y escrito por Peter Packer), donde un hombre zanahoria, enfurecido, convertirá a la familia Robinson en una colección de vegetales gigantes, como castigo por haber arrancado el doctor Smith una flor.

En el apartado artístico, la serie gozó de escasos actores invitados, dados sus planteamientos, muchas veces desarrollados para que no hubiera intérpretes nuevos (Irwin Allen nunca se distinguió por ser manirroto). El actor Dawson Palmer aparecería en gran cantidad de episodios encarnando a un monstruo u otro, siempre oculto por el traje que lo caracterizaba. De todas formas, surgirían a lo largo de la misma Warren Oates, Michael Rennie, Albert Salmi, Michael J. Pollard, Michael Ansara, Kurt Russell, Torin Thatcher, Mercedes McCambridge, Royal Dano, Strother Martin, Hans Conried, Al Lewis, John Carradine, John Mills, Daniel J. Travanti, Lyle Waggoner o Abraham Sofaer, entre los más famosos; pocos, de todas maneras, para ochenta y tres capítulos.

En cuanto a directores, la serie contó con los clásicos profesionales televisivos de la época como Tony Leader, Alexander Singer, Sobey Martin o Leo Penn, si bien disfrutaría de algún realizador de más nivel como Nathan Juran, director de una obra maestra del cine de fantasía como es Simbad y la princesa (The Seventh Voyage of Sinbad, 1956) y otros clásicos del género, así como habitual copartícipe de Allen en otras series. Los guionistas serían una caterva de ilustres desconocidos, salvo el referido Wincelberg (más adelante un habitual de Star Trek) y, entre los activos colaboradores que se alternaban escribiendo las historias, figuraban Barney Slater, Carey Wilber o el referido Peter Packer.

John Williams fue el compositor del tema central de la serie, que puede ser más o menos oído en los créditos finales de la reciente película, entre las muchas distorsiones modernas. Perteneciente a la época primeriza del autor, se trata de un tema característico de la época, de condición popera y de acordes poco placenteros. También responsable de las melodías incidentales de los primeros episodios, ahí sí ya es posible reconocer al futuro gran músico. Otros que trabajaron para la serie fueron el clásico Cyril Mockridge (cuyo talento sonoro se aplicó, por ejemplo, a Río sin retorno, con Marilyn Monroe), Gerald Fried y Alexander Courage, habituales éstos de la serie clásica de Star Trek o Herman Stein, músico recurrente y sin acreditar en las producciones fantásticas de los 50 de la Universal.

Según muchos analistas de la serie, sólo la primera temporada y parte de la segunda constituyen auténtica ciencia-ficción, siempre dentro de lo ambiguo de tal término, para con posterioridad derivar hacia lo camp o, según esos estudiosos, directamente hacia la estupidez.

Sea como fuere, sin embargo, ha alcanzado el status de culto y su iconografía forma parte de un modo de entender el género un tanto inmaduro, desde luego, pero no por ello deleznable: los trajes plateados de los pilotos, la nave en forma de platillo, el delicioso diseño del robot o las pistolas de rayos, idénticas a las que usábamos de pequeños para jugar; junto a ello, monstruos peludos que no eran sino un extra (el referido Dawson Palmer) enfundado en un evidente traje donde casi se distinguía la cremallera.

Determinados aficionados al género acostumbran a calibrar una obra según sus medios: holgado presupuesto es sinónimo de calidad, mientras que recursos limitados equivalen a mediocridad. El que suscribe, sinceramente, en muchas ocasiones obvia las cremalleras en la espalda, las naves colgando con hilitos o lo que se tercie, para apreciar lo que la obra puede deparar en cuanto a su sentido imaginativo, la sinceridad con la que se expone lo narrado o la propia caligrafía cinematográfica -o televisiva- del producto. En la fecha en la que se rodó la presente serie (1965 a 1968) no se había instaurado el lenguaje televisivo tal como existe hoy, depurado de toda retórica y tendente a la más plana explicitud; ver hoy día un episodio de Perdidos en el espacio hace pensar que se está presenciando una película para cine, efectuada por correctos artesanos, sin genio, desde luego, pero con una formación profesional innegable, al estilo de los que nos pudieran ofrecer por aquellas fechas realizadores como Andrew Marton, William Witney o gente por el estilo.

Los argumentos, a lo largo de esos tres años, pasaron desde esos inicios más o menos proclives a una temática de ciencia-ficción hasta, como dijimos, un desvarío casi surrealista en sus últimos capítulos. Entre esos episodios iniciales, cabe destacar el número 7, titulado "My Friend, Mr. Nobody" (dirigido por Paul Stanley y con guión de Jackson Gillis), en el que Penny juega con un compañero "imaginario", que en realidad es una fuerza viviente informe que habita bajo la superficie; cuando el doctor Smith daña accidentalmente a la chica, el amigo invisible desata su ira a través el planeta entero, hasta que Penny interviene y lo calma, tras lo cual la entidad sufre una transformación sorprendente...

Sin embargo, ya en esa época contamos con tramas extravagantes. Así, en el capítulo que viene a continuación del que precede, "Invaders From The Fifth Dimension", alienígenas de apariencia luminosa secuestran al doctor y tratan de reemplazar la memoria dañada de su ordenador con el cerebro del médico, mas éste les ofrece en su lugar el de Will. Y en el capítulo siguiente, "The Oasis", tras comer un extraño fruto, el doctor Smith adquirirá proporciones gigantescas... Como puede verse, no es preciso acudir a esos caóticos capítulos finales para hallar ideas descacharrantes, si bien hacia el final, el supeditar la acción a un lugar y unos personajes concretos acabó por lastrar la imaginación de los guionistas y, de rebote, exacerbarla alocadamente.

Algunas constantes o personajes fijos aparecieron a lo largo de los episodios. Así, cabe destacar cierta predilección de los escritores por hacer que determinados miembros de la tripulación del Júpiter II fueran sustituidos por dobles malignos: el summum de esta idea aparece en el capítulo "Target: Earth", con los Robinson al completo secuestrados y reemplazados por dobles, que suben a bordo de la nave con el fin de invadir la Tierra.

Otra de las constantes de la serie es la del circo o zoo galáctico, así tenemos el único capítulo doble de la serie, "The Keeper" (2) (dirigido por Harry Harris y escrito por Barney Slater), donde el propietario de un zoo (encarnado por Michael Rennie, el Klaatu de Ultimátum a la Tierra) decide añadir a Will y Penny a su "colección de fieras". En otro capítulo, significativamente titulado "Space Circus", Will a punto está de fugarse con el circo que llega al planeta. Y, por fin, tenemos al personaje Farnum B., de representativo nombre, que aparecerá en los capítulos "A Day At The Zoo" y "Space Beauty", en ambos casos interpretado por el actor Leonard Stone.

Otro personaje habitual será Athena, la Chica Verde, que siente predilección por comer deutronio, el combustible de la Júpiter II. Encarnada por la actriz Vitina Marcus, se la vio por vez primera en el episodio "Wild Adventure", para volver después en "The Girl From The Green Dimension", donde un bruto de tonalidad verde trata de seducir a la muchacha, pero ella siente predilección por el doctor Smith. El amor no tiene color...

Lo más extravagante de todo, sin embargo, fue la aparición de un Tienda Intergaláctica, que en su envío de los más variados productos por mensajero "coheterizado" provocan curiosos problemas a la familia Robinson.

La tienda, que en inglés responde al nombre de Celestial Department Store, debutó en el capítulo titulado "The Android Machine", donde el buen doctor pedirá un androide femenino por catálogo (¿no le interesaba más Will?); en "The Toymaker", el doctor será capturado, convertido en payaso y enviado al departamento de juguetes; al fin, en "Two Weeks In Space", el encargado del almacén monta una agencia de viajes y lleva turistas con camisas hawaianas y cámaras de fotos al planeta de los Robinson... En todos los capítulos, el actor Fritz Feld da vida al encargado del almacén, Zumdish.

El carácter serializado de Perdidos en el espacio no es en muchos casos tal. Los primeros capítulos sí se continuaban unos a otros, dejaban la historia en suspenso y proseguían a la semana siguiente. Pero pronto, una vez establecidos los Robinson en el planeta, cada episodio consistía en una historia completa, más un epílogo que suponía el prólogo del capítulo siguiente: una vez llegado al clímax, se dejaba la imagen congelada y se invitaba al espectador a averiguar lo sucedido "la próxima semana, a la misma hora y por el mismo canal".

Una vez finalizada la serie, pasados los años, diversos intentos de proseguirla, de una forma u otra, se tantearon. El más entusiasta promotor de la idea fue Bill Mumy, ya crecidito y convertido en todo un amante del género. Escribió un guión para una nueva película y se lo propuso a Irwin Allen, quien respondió, según Mumy, algo así como "si se hiciera, no sería precisamente con tu guión".

Mumy llegó a escribir dos ideas distintas con el fin de llevarlas a la pantalla; la primera consistía en "un drama psicológico realista centrado en el ajuste de los Robinson al estar perdidos en el espacio"; la segunda, por su parte, de la que sólo tiene un desarrollo, "era mucho más una aventura de ciencia-ficción, al estilo de La guerra de las galaxias" y en él Don y Judy tienen un hijo llamado Joshua West, al tiempo que, parece ser, Don se relaciona íntimamente con Penny, Will vive apartado de su familia intentado crear una nueva fuente de combustible para escapar del asteroide y el doctor Smith está medio senil y supeditado a una silla de ruedas.

En los últimos años, Bill Mumy ha actuado en diversos grupos de rock, ha escrito variados guiones de cómic, entre ellos un nuevo Lost in Space y es uno de los actores fijos de la excelente serie de ciencia-ficción Babylon 5.

Hace poco se llevó, al fin, Perdidos en el espacio al cine. En la película efectuaban cameos todos los actores de la serie salvo Guy Williams, que murió de un infarto hace unos cuantos años, Bill Mumy y Jonathan Harris. Respecto a la ausencia de los dos últimos, variados rumores corren. La ausencia de Mumy fue debida, según una versión, a que estaba demasiado inmerso en el rodaje de Babylon 5 y trasladarse a rodar el cameo a Londres, donde se filmó la película, le resultaba imposible; la segunda apuntaba al cabreo del actor por no haberse contado con su guión para el film. En cuanto a la ausencia de Harris, oficialmente se debió a que ya está demasiado anciano para el trajín que supondría participar en el film, mientras que el rumor subterráneo se encamina a, también, su disgusto por haber sido sustituido por Gary Oldman.

El éxito del film fue escaso, y no devino en el sucesivo ciclo de películas que ofrecía a la familia Robinson, de nuevo, perdida en el espacio. Es de lamentar, pues, que no podamos ver la cita impresa en las pantallas plateadas: "No se pierdan la próxima aventura, el próximo año en el mismo cine".

© Carlos Díaz Maroto



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