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Sección: Especiales (Lecturas: 1946)
Fecha de publicación: Diciembre de 2011

Moisés - La boca abominable

Un hallazgo arqueológico silenciado por los viciosos tentáculos del nazismo aún clama por ser recuperado del olvido y... del abismo.
por Patricio Flores y Darío Lavia

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Berlín, tarde del 30 de junio de 1934:

- ¡Bishop! Es un placer tenerlo en Berlín.

- Tan pronto como recibí su telegrama, tomé el primer vuelo para estar aquí lo antes posible. Incluso antes que Thompson, Larrycraft, Holßtauffen y Liderot, para quienes, si mal no le entendí, mi presencia es una sorpresa.

- Así es, mi estimado Bishop. ¿Recuerda que hace varios años le hablé de los escritos apócrifos o que se quitaron del Torah y la Biblia?

- Sí, lo recuerdo. ¿Pero, qué ha encontrado, Josef?

- Es raro, pero hallé una serie de escritos referentes a un tópico que no figura en las Escrituras, pero que se repite en varias fuentes.

- ¿Cuál es ese tópico y que documentos encontró?

LA BOCA ABOMINABLE

MoisesDiario de Moisés (apócrifo, circuló durante el siglo X DC)
Himno del primer día del Éxodo
(se presume el primer día del Gran Éxodo de Israel por el desierto, N. de los A.)

“¡Alabado sea Dios por ofrecernos, en su misericordia,
la remisión de nuestros pecados,
otorgándonos a Canaán como fruto de Su Convenio
y testimonio de Su Voluntad.
El nos sacó de la esclavitud, nos liberó
Y me mostró en un sueño nuestra nueva heredad
Nuestras raíces llegarán hasta las entrañas de la tierra,
y nacerán hijos fuertes y fieles al Señor,
para que seamos al fin, una nación
donde todos vendrán en busca de consejo.
Desde el Templo saldrán voces que orientarán a diestra y siniestra,
y que dejarán sin excusa a quienes la desoigan.
Desde la tierra florecerán las vides más dulces,
y el ganado más incontable; nuestros serán el oro y el marfil;
y quien apunte su lanza en contra de nuestra gente, sentirá la ira
de quien todo lo creó, y nos preserva día a día”.

Quinto día del Éxodo

Caminar, caminar... no sé si mi gente entenderá que todo esto es apenas una modesta ofrenda, que será compensada miles de veces cuando lleguemos.

Oigo voces disconformes. ¿Como hacerles entender que recién estamos empezando, y que el Señor está al lado nuestro orientando y guiándonos hacia nuestro destino...?

Día...

Los ancianos, los enfermos, los niños; y más aún, las decenas de millares de disconformes, los que no creen, los que anhelan su ración de carne diaria (¿sabrán que muchas veces era humana; y muchas veces era de nuestra propia sangre?)

Avanzamos muy poco, caminamos demasiado lento, y es más tedioso y duro aún hacerlo entre murmullos y blasfemias; entre tramas de conspiradores enceguecidos de brutalidad y hambre... anhelando cosas que nunca fueron, pero que recuerdan como verdaderas.

Mas con todo, avanzar es nuestra única opción, y a pesar de todo, hasta ahora, nadie se ha vuelto.

Hoy es el tercer día del ayuno que Aarón, cuarenta ancianos y yo mismo llevamos, implorándole a Dios se apiade de nuestra gente y de nosotros; y que sea clemente y misericordioso con nuestros pecados; que no deje que desfallezcamos en estas condiciones, en manos del Enemigo.

Llevo el peso de todos sobre mis hombros, y no puedo negarlo, a veces, me siento demasiado solo...

Dìa veinte (aproximadamente)

No puedo creer lo que ví. No puede ser...

Salmo de Moisés

“¡Oh, Señor de los Ejércitos, escucha mi súplica descarnada!
No puedes permitir que esa Boca, entre piedra y humo y fuego, nos devore y nos asuste y nos desangre...
¿Acaso la magia de Faraón podrá más que Tu Mano?
¿Será que sus conjuros y hechizos darán fin, y borrarán de este mundo a Tu Pueblo?
¿No puedes oir, oh Señor, que las madres ensangrentadas me reclaman por la sangre de sus niños y sus viejos; y que no puedo proferir palabra alguna?
Justifica a tu siervo.
¡No dejes que mi fe se pierda, como se han perdido la vida de millares y millares de mi pueblo!
Sólo puedo ofrecerte mi corazón... ya varios de los ancianos han maldecido y muerto... Aarón me dio la espalda... Pero si alguna vez fui tu Profeta, no me desaires... que no tengo más fuerzas... y la Boca ya está en la entrada de mi tienda”


El relato siguiente es apócrifo y fue sacado del Libro de Mahalaleel, cap. III.
Aparentemente, Moisés es quien habla, relatando los hechos relacionados a la Boca.

“Todos llevábamos un paso vivo. Al mirar al frente solo veía oscuridad. Pero al mirar por sobre mi hombro (sin refrenar en ningún momento la marcha), tuve un atisbo alucinante: la permanente bruma ya no era tal, sino que permitía la visión de algo abominable. Se veía recortado en el horizonte que podía divisar, allá a los lejos. No muy altas en el cielo, había dos estrellas muy brillantes, que más que estrellas parecían pequeñas lunas. Solo que no eran del clásico y pálido color de nuestro satélite, sino de un rojo incandescente. Un rojo sangriento diría.

Bajo estas dos figuras también pude ver una imponente columna de humo y una cuenca de enormes dimensiones (ya que se veía grande a la distancia), de esa cuenca surgía la humareda y también se veía una hilera de torres en columna y perfectamente alineadas. El conjunto completo era un rostro (con las estrellas como ojos y la abertura de humo como una boca, siendo las torres sus dientes), pero un rostro macabro, una figura espeluznante, con una mueca desagradable, que jamás había visto en un ser humano. Aquella cara no podía pertenecer a ningún hombre.

Lo peor de todo es que la figura se movía y avanzaba en la misma dirección en que yo y mi grupo huíamos. cada vez que observaba atrás, mis pasos se hacían más apresurados, como si esa boca colosal fuera a engullirnos. A medida que transcurría el tiempo, nuestra marcha se incrementaba en velocidad, pero paradójicamente avanzábamos menos terreno; lo único que no parecía demorarse era la horrenda boca. Una boca que había comenzado a engullir seres humanos, mis hermanos, aquellos que iban rezagados, cerrando la marcha, y a pesar de la enorme distancia, podía oír los gritos de aquellos que caían en ese vacío abismal. Eran gritos desgarrados, más que gritos, aullidos mortales, el último aliento de alguien que se sabe condenado y sin salida.

Mas allá de nuestros esfuerzos, a cada instante, esa mole parecía acercarse más y más. Traté de arengar a aquellos que tenía al lado, que Dios no permitiría que muramos así, que esto era una prueba de nuestra fe, que no podíamos doblegarnos.

Algunos me miraron con grande sufrimiento. Todos estaban en la misma columna, pero no todos pensaban igual, y estos me increparon. Que ya habían muerto familiares, que por mi culpa habían perdido todo, que en Egipto, no había bocas demoníacas; que el Señor los castigaba por haber seguido a un loco...
... a mis oídos llegaban todos y cada uno de los ruegos de mis hermanos. Tanto los que caían en la boca abominable como los que proferían aquellos que me rodeaban. Es que no querían morir de manera tan horrible.

"¡Adelante, no se detengan!" grité, pero muchos trataron de escapar y desaparecieron en la niebla oscura. La boca gigante estaba devorando a cientos y cientos  a cada instante y mis esperanzas estaban menguando.

Mirando permanentemente hacia atrás no advertí que un enorme hueco de oscuridad se había abierto en nuestro camino. Alguien arrojó una piedra y se escuchó ruido de agua: ¿qué pasará ahora?. No quise enfrentar a mis hermanos, pero sentí sus miradas penetrantes en mi nuca: estábamos frente a un obstáculo insalvable.

"Nos has conducido a la muerte", "¡Eres un traidor!", "¡Dios te maldiga!", comenzaron a gritar, y las fauces que engullen ya estaba sobre muy cerca nuestro. El griterío era infernal y no podíamos cruzar aquella inmensidad de agua que se extendía interrumpiendo nuestro camino.


Relato de Flavio Josefo, publicado en The London Institute of Archeology, 1876, comprado por un puñado de libras a un anciano que decía llamarse "Adam Firstone":

Moisés«Poco se ha dicho -y escrito- sobre los primeros días del éxodo de Israel. Se ha divulgado entre pastores que una “Boca” gigante y sanguinaria, devoraba ancianos y niños a medida que encerraba a todo Israel empujándolo contra el mar Rojo.

Yo creo, sin embargo, que dichas historia no tienen sustento. Se podrá atribuir al agobio provocado por la travesía, a un “efecto hipnótico” colectivo -muy común por otra parte cuando cuando el cuerpo está débilmente expuesto a las inclemencias del desierto- o a una imagen perversa que algunos israelitas conjurados intentaron crear sobre Moisés, su caudillo y líder, generando pánico, distorsionando la realidad de los acontecimientos. Vale aclarar que esto último refleja mi humilde opinión.

«Sabemos de los padecimientos del pueblo durante esos años, pero insisto, no hay razones para creer, ni en bocas, ni en demonios, ni en maldiciones... Israel huyó de Egipto; Israel llegó a su heredad prometida, y nada pudo impedir que Moisés cumpliera sus promesas, aún sin poder él mismo entrar a Canaán.»


El siguiente relato se atribuye a Ramsés, Faraón  Egipcio. Se encontró dentro de una vasija, que acompañaba sus restos. No doy fe sobre su traducción.

«Siento una flecha atravesada en mis pensamientos. Siento odio. Siento muerte segura.

«Ya mis Magos pronosticaron el fracaso de todos mis intentos por retenerlos. No importa, no volverán a Egipto, más sufrirán igual.

«Serán diezmados, mejor dicho, morirá la mitad del pueblo hebreo.

«Si su huella dejó a mis primogénitos sin vida, mi marca y mi conjuro los acompañará hasta el fin de sus días.

«Me gusta la idea de Mijham, el Mago, la de una “boca atroz”, devoradora de esclavos. «Mis Magos son sabios, sabrán como lograrlo. Y si mis dioses acompañan mi maldición, no habrá paz en Israel, mientras haya uno solo vivo...

«Todo el mundo sabrá ver los alcances de esta maldición... lo he soñado... seré burlado... pero a través de los siglos, seré justificado y vengado.»


Resolución del consejo de ancianos del Sanedrín, siglo II A.C (¿?)
(Extraido del Registro del Acta del Concilio de Ancianos)
 
"...no habrá fe que resista"

"Los acontecimientos relacionados a la "Boca de Ramsés" serán retirados en carácter definitivo de la Torah. Se quitará además cualquier relación directa o indirecta sobre el tema, y no se hablará nunca más sobre este asunto. Cualquiera que desoyere la sentencia de este Concilio, será apedreado hasta la muerte. Así será"

(La votación sobre este tema fue de 39 votos contra 1)


- Esto es muy interesante, pero ¿cuál es el objeto de publicarlo? Flavio Josefo, un historiador de crédito, dice que es falso...

- Muy cierto, el ‘cree’ que es falso. Pero aquí tengo este documento, por demás valioso y esclarecedor.


Crónica XXV, Reinado de Ramsés, fragmento (la traducción es libre)

«Y fue en el vigésimo quinto año de su reinado.

«El país fue asolado con plagas mortíferas, una de las cuales provocó la muerte de muchos infantes.

«El Faraón montó en cólera y... [fragmento perdido]... hacia el Este.

«El líder de ellos era Moisés [su nombre aparece en la lengua del Antiguo Egipto] y el Faraón ... [fragmento perdido]... para destruirlos.»


- Bueno ese papiro fue hallado hace unos años y no es apócrifo. Es la evidencia de la existencia de Moisés en Egipto y de la persecución que el faraón hizo de los judíos durante el Éxodo. ¿Qué hay de sorprendente?

- Querido Bishop, esta traducción es ciertamente la del papiro, pero tengo en mi poder una copia del documento, hecha en el siglo VI A.C., en Grecia. Lo traduje del aqueo y están presentes las palabras faltantes.

- Interesante, ¿y cuáles son esas palabras?

- Pensaba revelarlo cuando vinieran nuestros amigos, pero... creo que no podrás esperar tantas horas, ¿verdad?

- Por favor...

- Está bien. Los fragmentos faltantes son: “expulsó a los Judíos” y “envío a su Mago”. El nombre del mago, traducido, significa literalmente “boca abominable”.

-¿O sea...?

- O sea que el Éxodo, no fue sino una huida y la boca tal vez existió. Es increíble Bishop, realmente increíble, pero también apasionante.

-... Así es, Josef,... lamento doblemente tu hallazgo,

-...

- No entiendo. Es correcto. No es apócrifo...

- No, tu no entiendes. Ahora tendré que salir, y cuando lo haga, entrarán oficiales de las SS que hace horas están apostados fuera.  Mi misión era la de conocer el fondo del asunto...

- Pero... ¿eres un espía? ¡No puede ser! Esto no afecta al Estado, no afecta a nadie, en pleno Siglo XX, no es política, es arqueología.

- Te equivocas Josef. Hitler cree que es ese mago que devoraba judíos, y ordenó mantener el asunto en secreto so pena  de muerte... cuanto he de sufrir... por ti amigo, y por tu hallazgo tardío y mortal...

- ¡Pero esto es estúpido Bishop!. Los judíos no van a cambiar sus Escrituras. ¡Por Dios Bishop, ellos no se lo creerán...!

- Lo siento, pero él no puede arriesgarse. Adiós Josef. (tomo su mano, se hincó en tierra) Te pido perdón.
Se puso de pié, abrió la puerta. Antes que abandonara la estancia Josef le preguntó:

-Bishop: ¿cuál es la verdad? ¿podré comprender antes de que me ultimen que significa todo esto?

- Eso... creo que ya no tiene importancia.

Bishop se perdió en la noche. En la noche oscura y... fatídica. En la noche del 30 de junio de 1934, luego conocida como “la Noche de los Cuchillos Largos”, cuando las fuerzas de las SS bañaron en sangre la ciudad de Berlín.



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