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Sección: Heródoto (Lecturas: 6986)
Fecha de publicación: Junio de 2011

Sarmiento y los Estados Unidos

De como uno de los moldeadores de la nación argentina pensó primero que un buen modelo a seguir sería el europeo para "desafrancesarse" y dirigir su mirada receptiva a los pujantes y vigorosos Estados Unidos, que podría estudiar de cerca con el cargo de Embajador.
por Patricio Flores

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NB:  La Argentina de Sarmiento era el desarrollo progresivo hacia un modelo burgués nacional tomado de la experiencia norteamericana. Perón llegaría más lejos que nadie en esta dirección. Rosas desandaría este camino sólo que en el plano de Buenos Aires, buscando quizás un efecto de natural expansivo que no se daría jamás. La oligarquía de entonces se constituiría en obstáculo insalvable, para todo aquel que se obstinara en cambiar el modelo.

Presentación

La efervescencia signaba sus modos. Liberal por adopción, sólo había mamado de las ubres del más puro colonialismo español en una de las provincias más señeras del antiguo virreinato. De aquí su profunda admiración por una sociedad como la de los Estados Unidos en épocas en que el diario vivir se impregnaba de Rosas y de frailes. Y al igual que a Whitman, la realidad se le figuraba en dones y en valores, aún lo vulgar.

Conversión de Sarmiento

Entre 1841 y 1845 Sarmiento fogoneaba desde Chile una intensa actividad propagandística en contra del régimen rosista. Lo haría con el fervor y el encono que se le reconoce en todas sus empresas a lo largo de su prolífica vida, colmada de aciertos notables y de exageraciones condenables.

Manuel MonttPara 1845, Rosas solicitaría al gobierno chileno que tomara medidas serias con un Sarmiento punzante y desmadrado. El Ministro don Manuel Montt, amigo de don Domingo Faustino, respondería sabiamente al pedido del Restaurador, enviándolo en un viaje por cuenta del gobierno chileno a Europa, Africa y los Estados Unidos con el objeto de desmenuzar el estado de la educación elemental y los métodos de colonización en Argel.

En España, Sarmiento se cruzaría con “la madre del borrego” confirmando lo que saliera a buscar: aquello que el problema argentino se explicaba desde su pasado colonial. Del resto de sus labores por Europa es poco lo hay para decir.

De su experiencia por tierras africanas concluiría lacónicamente que la herencia de la barbarie española provenía de su entrelazado con la cultura musulmana. Hombre de su época, cargaría con los prejuicios de su época también. El biógrafo Allison Williams Bunkley diría que Sarmiento, tanto en Marruecos como en Argel, "encontró en la solución francesa de colonización y reforma material una cura posible para la barbarie de los países árabes, que podía servir también de solución para la lucha que se libraba en las pampas."

Pero la Europa entera sólo le enseñaba a Sarmiento lo que el ya sabía –lo único por otro lado que uno siempre está dispuesto a aprender: lo que ya sabe-.

Ya “desafrancesado” se dirigiría a los Estados Unidos con una avidez y una apertura y receptividad que lo definirían hasta el resto de sus días mortales.

Un Estado Unidos expansivo y vigoroso se desmañaba en su transición entre la hegemonía del Sur esclavista y la del Norte industrial. Así las cosas cuando don Domingo llegaba al norte de las Américas, momentos importantes que incluyen el auge expansionista que llevó a la Guerra con México (1846-1848) y derivaría en los conflictos de la Reconstrucción (1865-1876).

Estados Unidos era aún un país preindustrial asentado en una economía de mercado en donde la maquinaria y el trabajo asalariado no eran por entonces parte fundamental del proceso de producción. Todavía en las zonas rurales se concentraba 90% de la población, y el bloque dominante era sin dudas el de la alianza entre los plantadores esclavistas y los sectores comerciales del Norte.

A la expansión hacia el Oeste y la revolución industrial en el Norte, se había sumado la llegada de oleadas de inmigrantes con el consecuente crecimiento demográfico urbano en el Norte, y de allí el nacimiento y conformación de una burguesía industrial y de una clase obrera. Para la llegada de Sarmiento, eran tiempos de recomposición en la clase dominante, de ascendente de la burguesía industrial y su correspondiente conflicto con la fracción comercial y agraria ligada a la exportación del algodón. Tiempos de alta concentración de la riqueza.

La creciente producción industrial encontraba mercado principalmente en el hinterland de cada región urbana, en menor grado en el Sur esclavista y en el Oeste granjero, y en una incipiente apertura comercial hacia otros mercados. Este proceso tuvo su aceleración cuando los Estados Unidos se entretejieron a través de caminos y de rieles, dejando fluir la integración de los mercados cuya acción favorecía indudablemente al norte creciente a expensas de un sur menguante.

“En los cincuenta años que van desde 1820 a 1870 se modifica la estructura socioeconómica norteamericana, generando cambios políticos que se sintetizaron en el surgimiento del Partido Republicano de Lincoln en 1854, como expresión de la emergente burguesía industrial. A la vez este proceso generó intensas luchas sociales (motines y huelgas); conflictos étnicos, religiosos y raciales; nuevas expresiones culturales (revivalistas, tradicionalistas y radicales); cambios ideológicos (radicalismo republicano); renovación religiosa (revival); formas de organización de los asalariados que iban desde el gremio por oficio hasta la federación regional; y respuestas tanto por parte de la patronal (mayor tecnología y cambios en la organización de la producción) como del Estado (represión y leyes anti-sindicales)”.  (Pablo A. Pozzi, ver bibliografía)

Y así aparecen los vecindarios periféricos compulsados entre negros e irlandeses que contrastaban con las mansiones de los Breevoort y los Astor sobre la Quinta Avenida. Esta realidad neoyorquina reflejaba lo que acontecía en Philadelphia, Boston, o New Orleans. Se aquerenciaba una nueva aristocracia cimentada en la riqueza industrial.

Boston, 1847
Boston, 1847

El 14 de septiembre de 1847 Sarmiento llegó al puerto de Nueva York. New England, Buffalo, Albany, Troy, Niágara, llegando hasta las ciudades canadienses de Montreal y Quebec, serían su derrotero de solo un puñado de meses. Su meta era Boston,  el centro cultural y educativo norteamericano, "la ciudad puritana, la Menfis de la civilización yanqui", que simbolizaba para él el ideal de la educación pública y del gobierno representativo. Desde Boston se dirigió a Baltimore, Philadelphia, y Washington pasando por Harrisburg, Cincinnati y Pittsburg, para finalmente atravesar el Sur en dirección a New Orleans.

Quedó impresionado con el alto grado de alfabetismo del Norte. "Es el único pueblo del mundo que lee en masa, que usa de la escritura para todas sus necesidades [...] y donde la educación como el bienestar están por todas partes difundidos y al alcance de los que quieran obtenerlo". Este hecho refrendaba la política estadual cuya base material era la posesión de la tierra garantida a precios bajos "porque el gobierno ha cuidado de dejar a todas las generaciones sucesivas su parte de tierra". Sin dudas contrastó esto con la situación en la América del Sur que "está montada en los errores más garrafales en el arte de poblar, y la mitad de los desastres de nuestras repúblicas estaban ya preparados por el sistema de colonización española".

Admirado por la conquista del Oeste, enconado contra el Sur esclavista, asociaba lo retrógrado con secuelas de la antigua colonización inglesa. "la esclavatura es una vegetación parásita que la colonización inglesa ha dejado pegada al árbol frondoso de las libertades americanas". "Si una parte de la Unión defiende y mantiene la esclavatura, es porque en esta parte la conciencia moral, en cuanto al extranjero de raza, aprisionado, cazado, débil, ignorante, está en la categoría de enemigo, y por tanto la moral no le favorece." Es una cuestión moral. Afirmaciones como estas lo distinguen a lo largo y ancho de sus escritos.  

En cuanto al expansionismo, podemos decir que de algún modo lo rechazaba: "Yo no quiero hacer cómplice a la Providencia de todas las usurpaciones norteamericanas, ni de su mal ejemplo, que en un período más o menos remoto puede atraerle, unirle políticamente o anexarle, como ellos llaman, el Canadá, México, etc. Entonces, la unión de hombres libres principiará en el Polo Norte, para venir a terminar por falta de tierra en el istmo de Panamá".

Si la historia es “la geología moral de una nación”, Sarmiento se explicaba la prosperidad norteamericana como resultado de su despertar a la autoconciencia.

George BancroftAsumió como propios los juicios de George Bancroft, al decir que "aquella colonización fue menos de hombres que se trasladaban de un país a otro, que de ideas políticas y religiosas que pedían aire y espacio para explayarse. Y su fruto ha sido la República americana [...]" Desde esta perspectiva, la americanidad de Whitman se impregnaba involuntariamente en cada inmigrante, un mero portador de valores reservados.

(Quizás la historia apenas sea la geología moral de quien la concibe).

"Elemento de barbarie" y "levadura de corrupción" configuraba aquella inmigración europea para Sarmiento / Bancroft. Pero esta masa leudaba en "factores de civilización”: el correo, la prensa diaria, el juicio por jurados, la lucha electoral y el sentimiento religioso.

Reviste interés el notar que en plena ápoca de la Guerra de conquista contra México, de los “motines bíblicos” en Philadelphia, de las Guerras Semínolas en Florida, Sarmiento sorprende afirmando que "el espíritu puritano en estado de actividad durante dos siglos marcha a darse conclusiones pacíficas, conciliadoras, obrando siempre hacia el progreso sin romper la guerra con los hechos existentes, trabajándolos sin destruirlos violentamente”.

“El nombre de la República norteamericana será para vosotros como el de Roma para los reyes bárbaros". Notable hasta en el detalle: Sarmiento intuía, desde un nuevo patriciado romano americano… ¡hasta los esclavos!

Evidentemente Sarmiento nunca se propuso bucear en la geología moral de la sociedad norteamericana. Más bien seleccionó y tomó prestados algunos elementos que favorecieran su modelo para la corrección de los males de la sociedad argentina. Y se apoyó en la experiencia norteamericana para provocar en la burguesía argentina un sentido propio que reemplazara al de la herencia latifundista y retrógrada dominante.

Otra epifanía

Sarmiento embajador en Estados Unidos
Sarmiento embajador en Estados Unidos

En mayo de 1865, tres semanas después del asesinato de Lincoln, Sarmiento regresa a los Estados Unidos pero esta vez como embajador argentino. Ahora es el Presidente Mitre a quien vemos maniobrar como aquella vez lo viéramos a Montt: Sarmiento cotizaba más de lejos que de cerca.

La Guerra de Secesión acababa de terminar y la industria florecía al ritmo de los cañones y los fusiles.

En plena Guerra del Paraguay y en momentos en que las simpatías norteamericanas se hallaban desencontradas con los intereses de la Argentina y la Triple Alianza, Sarmiento buscó retomar la confianza en los círculos norteamericanos al tiempo que profundizar vínculos. Sin dudas se orientaba su nave insignia en el derrotero hacia la máxima magistratura.

Establecido en Nueva York fundaría allí un periódico propio, Ambas Américas, donde publicaría artículos de todo calibre, al tiempo que escribía y traducía las vidas de Lincoln y de Franklin, asuntos estos últimos a los que tomaba como un deber moral.

Se codeó entre notables, viajó muchísimo -incluyendo el oeste norteamericano-, y hasta recibió un doctorado honoris causa en la Universidad de Michigan.

Sarmiento presidente"…corresponde a los Estados Unidos la más alta misión que la Providencia haya confiado a un gran pueblo: es la que cabe a los Estados Unidos, la de dirigir a los otros por este nuevo sendero abierto a la humanidad para avanzar con paso firme hacia sus grandes destinos".

Ya Sarmiento había visto todo en su primer viaje. Este último no haría otra cosa que reafirmar sus conceptos ya asumidos. Y así las cosas…

…en julio de 1868 regresaría a la Argentina para asumir la presidencia de la Nación. Se presentaba finalmente la oportunidad de trasladar a los hechos su personal visión de país.

"Tenemos tierra para dar hogar a los que nada poseen; mejoraremos las condiciones sociales de la gran mayoría y entraremos en la realidad de la república por la educación y el bienestar, a fin de que los hereditariamente desvalidos empiecen a mirar al gobierno y la patria como suyos". Es Sarmiento quien habla en estos términos al momento de asumir la presidencia.

De aquel modelo revolucionario sólo decir que no habría de materializarse nunca. Argentina no es comparable a los Estados Unidos.

Pero sí pudo al menos ver plasmado a lo largo de su fructífera y honesta vida su visión en materia de educación.  

"Lo que sigue es vuestra propia historia, compuesta de muchas esperanzas realizadas, algunas aspiraciones sobrepasadas por el éxito y no pocas decepciones y desencantos [...] Podéis creerme si os digo que este es el peor pedazo de mi vida que he atravesado en tan largos tiempos y lugares tan varios, más triste con la degeneración de las ideas de libertad y patria en que nos criamos entonces".

Así lo ha dicho Sarmiento y creo que no es necesario agregar nada. En un mundo de hombres, de sangre y de verborragia, Sarmiento no se quedó corto jamás. Pero en el plano del “estadista”, sus miras fueron a todas luces insuficientes y porfiadas.

Nos hemos esforzado toda la vida por salirnos del colonialismo y apenas vestimos ropas usadas y viejas de ciertos países. Siempre luchando por ser quienes no somos.

Como última reflexión, podemos afirmar que, hoy por hoy, somos uno de los países con mejores índices de alfabetización del planeta.

¿Y donde estamos parados? ¿Y qué podemos decir de nosotros mismos?

Vienen a la mente las últimas palabras de don Domingo en su Facundo, hablando del General Paz, escarmentador y vengador de los ultrajes rosistas. Lo parafrasearemos.

“¡Proteja Dios tus armas, honrado Sarmiento! ¡Si salvas la república, nunca hubo gloria como la tuya! Si sucumbes, ninguna maldición te acompañará en la tumba. ¡Los pueblos se asociarán a tu causa o deplorarán más tarde tu ceguedad o tu envilecimiento!”

La fuerza de este gran hombre alumbró alguna vez nuestra esperanza llenándonos la cabeza de valores y verdades absolutas. A la luz de los años, nos toca desde la honestidad rescatar tantas cosas valiosas, y seguir creciendo, tarea dura y odiosa, habida cuenta que no ha sido demasiado lo que avanzamos desde entonces.

Patricio Flores

¿Y que es lo que puedo decir de mi mismo? Vayan estas líneas para quienes luchan por encontrarse, y por servir de estímulo a otros.

Material recomendado
Historia de Sarmiento, Leopoldo Lugones
El Profeta de la Pampa, Ricardo Rojas
Recuerdos de Provincia, Domingo Sarmiento
Obras Fundamentales, Domingo Sarmiento
Los Estados Unidos y Sarmiento, Pablo A. Pozzi



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