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Sección: Especiales (Lecturas: 2347)
Fecha de publicación: Noviembre de 2010

Mesa de debate: Televisión, ¿si o no?

En un esfuerzo sobrehumano de producción, reunimos figuras fundamentales del pensamiento, el arte y - por supuesto - el medio televisivo, para opinar acerca de los temas más polémicos y controvertidos.
por Darío Lavia

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Gracias a que las maravillas de la tecnología han hecho posible doblegar el tiempo y el espacio (por estos días circula una simpática noticia acerca de una señora hablando "por teléfono celular" en un film de 1928), la producción de nuestro programa no ha escatimado gastos y ha convocado a importantes luminarias del arte, de las comunicaciones y del pensamiento humano para una mesa redonda en que se debatirá si la Televisión, como medio -sea difusor de cultura o simple adoctrinador propagandístico-, vale la pena para algo. No hemos podido conseguir todos los invitados que pretendíamos. El millonario Ricardo Fort solicitó 5 mil dólares recién para empezar a conversar, así que lo descartamos. El semiólogo Umberto Eco nos rechazó gentilmente aduciendo que no quería ver un televisor ni en una mesa redonda. El alemán Theodor Adorno adujo compromisos. Ambos nos recomendaron que leamos sus obras "Apocalípticos e integrados" y "Televisión y cultura de masas", respectivamente, con lo cual tuvimos que reemplazarlos con sociólogos más jóvenes, como José Joaquín Brunner, Pierre Bourdieu y Alain Touraine. También tenemos a los filósofos Noam Chomsky y Pablo Capanna y al antropólogo Néstor García Canclini. La infaltable personalidad del arte, Salvador Dalí, un realizador de cine, Leopoldo Torre Nilsson e, insoslayables, dos figuras que respiran televisión: el empresario cubano y pionero de la televisión argentina Goar Mestre, el conductor televisivo Roberto Galán y el conductor radial y escritor Alejandro Dolina.

Salvador Dalí: "todo lo que puedo imaginar"

DALIAbrimos el fuego hablando con el extravagante Salvador Dalí, al que hemos invitado para que cuente al panel en que manera la televisión estimula su creación artística, ya que sabemos que en su casa de Cadaqués mira televisión todos los días... ¿es verdad?

Así es. Cuando escribo en la cama, tengo ante mí un aparato de televisión japonés. Y lo miro al revés para no saber qué pasa en la pantalla, o pongo un filtro delante para complicar las imágenes. Después, como tostaditas con miel. Pongo miel en el interior de mi camisa para que se pegue a la piel y para sentir mis pelos todos pringosos. Para mí la televisión es una especie de pantalla en la que veo todo lo que puedo imaginar.

Alain Touraine: "cosas sin importancia"

TOURAINEEs evidente que si para el gran artista del siglo que es Dalí la televisión ofrece todo lo que se puede imaginar, no debe ser del todo mala. ¿Qué opinan los intelectuales, por ejemplo, el sociólogo francés Alain Touraine?

Yo comparto las viejas ideas. Está demostrado que la televisión no transforma las ideas y actitudes. La televisión transforma las cosas sin importancia y no las cosas con importancia. Una vez en mi vida, me puse a observar un reality show, que fue Love Story, y mi conclusión es que la televisión se interesa en producir objetos de televisión, no trabaja ni para ricos ni para pobres, ni para el gobierno ni para la oposición, trabaja para si misma. Los personajes de los reality shows son de un nivel de interés muy bajo, no hablan de nada: ni de política, ni de deporte... Este joven de repente es una star, un objeto de televisión, que pronto desaparece. Pero no es tan distinto de transformar el trabajo humano en mercancía, como ocurre en el mundo económico. Baudrillard había escrito un montón de libros sobre el hecho que la realidad desaparece detrás de la imagen. Yo veo un aspecto peligroso en el triunfo del objeto de televisión que ya no es un ser humano.

José Joaquín Brunner: "un macondismo"

BRUNNERLa televisión da entidad a seres de la propia televisión. La televisión solo trabaja para la televisión. Esos son conceptos fundamentales, como para tenerlos siempre presentes. ¿Qué hay de positivo, entonces, en ese mundo de fantasía que nos sumergimos cada vez que vemos televisión? ¿Qué nos podría decir al respecto el sociólogo chileno José Joaquín Brunner?

Hay un "macondismo" que nos pierde. Consiste en sugerir que vivimos una realidad mágica y perversamente maravillosa, donde la leyenda nos mantiene en la impotencia y las utopías nos permiten soñar y fracasar con dignidad. Frente a la televisión y a lo que viene con ella, el "macondismo" es alternativamente "apocalíptico", cuando acusa a los medios de manipular la conciencia y someterla a la banalidad, e "integrado", cuando descubre que la televisión facilita una suerte de fusión entre lo típico-popular y la potencialidad tecnológica para crear mundos imaginados.

El problema, en tanto, no reside en la televisión sino en la cultura de masas en que de golpe nos hallamos inmersos, una sola de cuyas dimensiones percibimos al encender las pantallas.

Las tecnologías que fundan esta cultura corren el riesgo de volverse "macondianas" ellas mismas, como las mariposas amarillas que revolotean a nuestro alrededor y nos encandilan con su belleza, si no nos apresuramos a darles las respuestas que aún esperan: de la política, de las iglesias, de la intelectualidad, de las organizaciones sociales, del sistema educacional, de los Gobiernos y parlamentos, de los organismos populares. Por ahora estamos demasiado entregados a la discusión sobre el "control de los medios": si el mercado, el Estado o quiénes. El control, no puede negarse, es un elemento central. Pero no es el más importante ni el único, en cualquier caso miradas las cosas con perspectiva hacia el futuro.

Pues allá adelante, inevitablemente, volveremos siempre a encontrarnos con la gran cuestión de la cultura de masas y la manera de convertirla a ella en la condición de nuestro propio desarrollo, de la democracia a que aspiramos y de la modernidad que nos invade por su intermedio.

Pierre Bourdieu: "factor de despolitización"

BOURDIEULa televisión y el control de los medios. Televisión y democracia. Son temas que han dado pie a muchas discusiones y nos alegra que surja. ¿Podría el sociólogo francés Pierre Bourdieu decirnos cuál es el elemento democrático de la televisión y de los demás medios de comunicación?

La diferencia entre la imagen que los responsables de los medios de comunicación dan de estos medios de comunicación y la verdad de su acción e influencia es enorme. Los medios de comunicación son, en conjunto, un factor de despolitización que actúa principalmente sobre las fracciones de clase más despolitizadas del público, sobre las mujeres más que sobre los hombres, sobre los menos instruidos más que sobre los más instruidos, sobre los pobres más que sobre los ricos. Semejante afirmación podría escandalizar, pero sabemos perfectamente, a través de análisis estadísticos, cuál es la probabilidad de formular una respuesta articulada a una pregunta política, o de abstenerse. La televisión (mucho más que los periódicos) propone una visión cada vez más despolitizada, aséptica e incolora del mundo, y contribuye cada vez más a que los periódicos se deslicen hacia la demagogia, sometiéndose a sus colegas comerciales. El caso de Lady Di es una ilustración perfecta de todo esto, una especie de pasaje a los extremos. Tenemos todo a la vez: el hecho diverso que hace diversión; el efecto teletón, es decir, la defensa sin riesgo de causas humanitarias vagas y ecuménicas, y sobre todo, perfectamente apolíticas. Tenemos la sensación de que, en el caso inmediatamente posterior a la fiesta papal de la juventud en París y justo antes de la muerte de la Madre Teresa, los últimos cerrojos saltaron (la madre Teresa, que no era, que yo sepa, precisamente una progresista en materia de aborto y liberación femenina, encuadraba perfectamente en este mundo gobernado por banqueros sin alma, que no ven ningún obstáculo en apiadarse de los defensores de lo humanitario que curan las llagas que ellos mismos han contribuido a abrir). Fue así como, quince días después del accidente de Lady Di, Le Monde logró intervenir en el estado de la encuesta, mientras que, en el noticiero televisivo, las masacres en Argelia y las alternativas del conflicto entre Israel y Palestina fueron reducidas a los últimos pocos minutos del noticiero..

Noam Chomsky: "el contenido es publicidad"

CHOMSKYTelevisión y política, entonces ¿son disciplinas aliadas? Nos responde el filósofo Noam Chomsky.

En la industria, cuando tienen una hora de programa, sea lo que sea, una comedia, un programa de policías, lo que sea, hay lo que se llama contenido y relleno. El contenido es la publicidad. El relleno es la persecución en coche o la escena de sexo o lo que sea, que se supone te mantendrá atento mientras pasan los anuncios. Y si miras un programa de televisión, de hecho, yo lo hago algunas veces, porque estoy intrigado, la creatividad, la imaginación y los gastos, etc, se hacen para los anuncios, la persecución en coche la puedes hacer con poco presupuesto. Y, de hecho, esto ha conducido a un serio deterioro del sistema político. Es decir, ya no tenemos nada parecido a una democracia. Mira la última campaña proselitista. La campaña es manejada por la misma gente que vende pasta de dientes, exactamente las mismas agencias de relaciones públicas. Y cuando venden un candidato, lo hacen de la misma manera en que venden el medicamento de moda. No se presenta información sobre el candidato, lo que se hace es crear imágenes falsas para engañar. La población lo sabe. Solo un número muy pequeño de la población, alrededor del 10 % de los votantes, literalmente, conoce las posiciones de los candidatos sobre los distintos temas. Y no es porque sean estúpidos o no estén interesados. Es como no conocer las características de la pasta de dientes.

Pablo Capanna: "efectos embrutecedores"

CAPANNASe me ocurren un sinnúmero de ejemplos de esa práctica, pero creemos que es el medio televisivo que se presta magistralmente a cubrir ese rol de "vendedor de humo". Y el motivo es que se convirtió en medio evasivo por excelencia, ¿no es así? Ahora responde el filósofo Pablo Capanna.

El problema del tiempo libre dejado por la reducción paulatina de las jornadas de trabajo, ese tiempo que hay que matar de algún modo, es algo que preocupa a sociólogos y planificadores políticos. Se dice que los regímenes totalitarios lograron colmarlo mediante actividades extralaborales programadas por el Partido, mientras que en las sociedades seudodemocráticas de Occidente permanece aún en pie como problema. De todos modos, aún suponiendo planes de promoción y recreación que el Estado y la Empresa ofrezcan al obrero o al empleado, para ocupar su tiempo libre en capacitarse y distraerse sanamente, sin dilapidar energías capitalizables tanto por el Partido como por la Compañía, es evidente que la capacitación intelectual sólo podrá llegar hasta donde lo permiten las potencialidades intelectuales de la masa o la misma conveniencia de ambas estructuras paternalistas.

Es así como el principal medio de evasión es hoy la televisión, que ha reemplazado a la lectura pasatista en esta función con efectos embrutecedores netamente superiores. De ambos lados de nuestro mundo dividido se alzan voces de espíritus asfixiados por la hipnosis televisiva: a Bradbury, que se irrita ante las "series" norteamericanas, Dudintsev contesta hastiado por los interminables partidos de fútbol y los eternos patinadores que inundan las pantallas soviéticas.

Goar Mestre: "fallo inapelable"

MESTREHemos postulado a la televisión como formadora de opinión pública, como envasadora de candidatos políticos e, incluso como factor de opresión. Entre tantas opiniones calificadas de intelectuales nos gustaría consultar al pionero de la televisión cubana y argentina, Goar Mestre. ¿Tiene el público algún poder sobre los contenidos que les brinda la televisión o se limita a aceptarlos dócilmente?

La televisión es un medio que está en contacto directo libre y no convencional con cada uno de los que asisten desde sus hogares a los espectáculos que brinda. Es decir, que al final de ese maravilloso esfuerzo colectivo que culmina en un programa, aguarda un fallo inapelable por parte del televidente independiente, soberano y libre, quien ostenta el fantástico poder de decisión viendo o no el programa en cuestión.

Leopoldo Torre Nilsson: "muy útil"

TORRE NILSSONMás claro, imposible. El telespectador no es un mero pavote que ingiere los contenidos premasticados por otros (aunque, a veces, hay que ver que ingeniosamente premasticados). Ahora bien, mucho se ha dicho y escrito sobre la competencia que la televisión significó para el cine. Así que nos gustaría saber lo que un director de cine como Leopoldo Torre Nilsson opina al respecto.

La televisión está emparentada con el cine y creo que no conspira tanto contra éste sino más bien contra la literatura. Acostumbra al público a recibir la información o los datos en forma de imagen.

Ahora, y en nuestro país y en el mundo, el problema principal y existencial de la televisión es que está mucho más controlada por los estados y las empresas comerciales. Estos la convierten en un hecho banal, en una suerte de entretenedor de las multitudes y en este trabajo suple un cierto trabajo menor que le correspondía al cine.

En este mismo sentido provoca en el cine la gran crisis del espectáculo medio, standard. Se salvan las películas de gran calidad artística y las de gran espectáculo. Europa versus Estados Unidos. El cine aborda una serie de temas vedados en la televisión, no por limitaciones de su capacidad expresiva sino por el hecho concreto que está en manos que no le permiten tocar ningún tema peligroso.

Yo pienso que la televisión es quizá la última de las armas que las capas altas de la sociedad han elegido para adormecer a las masas. De algún modo u otro es el último opio que eligen para que la gente no esté preocupada por el problema del existir, el problema del yo, de la soledad y de la comunicación.

Pero superado este proceso, es decir, superada esta situación en la cual los dueños de las cosas quieren que la gente no piense, la televisión será muy útil (sin necesidad de funcionar ocho horas por día) como difusora de la cultura y como creadora en sí misma.

Roberto Galán: "canales privados"

GALANEl control de la televisión es un tema que aún no termina por definirse, al menos en naciones latinoamericanas como la nuestra. Pero respecto de la dicotomía televisión cultural y televisión popular, nos gustaría consultar al exitoso conductor argentino Roberto Galán ¿Qué es la televisión popular y la cultural?

La popular es la que estamos haciendo ahora acá. Y la cultural es la que, generalmente, aburre.

¿El buen o mal nivel de un programa tiene relación con que sea exitoso o no?

No, de ninguna manera. Creo que cuando se quiere apuntar así a niveles superiores a lo que puede ser denominado un programa corriente común, fácil, siempre se llega al aburrimiento que hice mención antes. Pero se puede hacer cultura por medio de programas populares, es decir, programas de ráting. El ráting es un gran misterio nacional. Pero recurriendo a los elementos que tenemos para verificar los programas que se ven y los que no, generalmente, tienen ráting los programas divertidos, fáciles, que son los que el pueblo quiere.

¿Debería estar la televisión controlada por el Estado para cumplir objetivos culturales?

Ya lo dijo Perón cuando en su oportunidad, siendo presidente de la República, fue requerido por varios sres. que le preguntaron que se podía hacer con la televisión. Y estos sres., algunos amigos míos, pedían para que la televisión pasase a manos del Estado. Y el único que se opuso a esto fue el presidente de la República, el general Perón, que dijo "no hagan nada sin consultar al Pueblo".

¿Al pueblo le interesa solo la diversión y nada más que eso?

No, al pueblo le interesa que se establezcan planes a efectos de corregir el mal estado de la salud del pueblo, de la enseñanza. Al pueblo también le interesa divertirse, que es una manera de paliar la crisis económica que sufre, viendo programas divertidos.

¿Pero no habría que ayudar a esa gente a que comprenda la situación que atraviesa?

Ese es un trabajo del gobierno, al contrario que permitir devaluaciones o elevar las tarifas todos los días, lo que es hoy tan cotidiano. Yo hago lo mío, trato que la gente lo pase bien. Estando los canales manejados por el Estado siempre está toda esa bifurcación (malsana para la televisión) de los recomendados, los que ocupan cargos que no conocen.

¿Eso ocurrió también durante el Peronismo?

Sí, también.

¿Cómo se hace para evitar ese problema?

Que los canales sean privados.

Néstor García Canclini

GARCIA CANCLINIVolvemos a consultar a un intelectual, en este caso, el antropólogo y filósofo argentino Néstor García Canclini, para que nos exprese si cree que TV popular y cultural siempre corren por andariveles separados.

Ante las dudas, quienes buscan la respuesta en la mercadotecnia piden que nos atengamos a los hechos: la TV comercial tiene alto rating, mientras el de la TV cultural es bajísimo. En casi todos los países es cierto, pero los hechos son tan rotundos como opacos. ¿Por qué la mayoría prefiere la televisión comercial, privada y de entretenimiento? Los hechos no hablan, y agrupados estadísticamente dicen muy poco. Hay que interpretarlos. Cada agrupamiento estadístico es ya una interpretación que suma algunos hechos y descarta otros. La sociología de la cultura ha demostrado que la organización social del gusto corresponde a la distribución desigual de recursos económicos y simbólicos, a oportunidades distintas de acceso a los lugares donde se forman los estilos de vida. Las encuestas de rating acostumbran relacionar las cifras mayoritarias con entretenimiento, placer y "lo que a la gente le gusta", considerando el gusto como hecho natural. La consagración de lo dado en la sociedad como natural, como resultado de elecciones libres no condicionadas, se vuelve argumento de calidad. Más aún, de ejemplo democrático: si la mayoría prefiere las telenovelas, las series, los reality shows ¿por qué no respetar sus preferencias? Esta sacralización de lo existente opone para siempre la TV comercial con rating masivo, que da a la gente lo que le gusta - entretenimiento- , frente a las televisoras culturales que ofrecen programas sesudos, de crítica y aburridos.

¿Cómo superar esta disyuntiva? No hay forma de hacerlo si la encaramos desde un puritanismo aristocrático e intelectual, o sea suponiendo que los canales culturales serán superiores en la medida en que se desinteresen del dinero, del volumen de rating, y dando por descontado que la crítica y la calidad estética ligada al nivel intelectual deben distinguir a una televisión que merezca el nombre de cultural. Si bien pienso que la crítica y la elaboración intelectual son componentes necesarios de la vida democrática, prefiero no caracterizar de este modo la tarea de la televisión pública o cultural.

Los estudios sobre audiencias televisivas en muchos países muestran que ni los adultos, ni los jóvenes, y menos los niños, encienden habitualmente la televisión para ver mesas redondas como ésta, conferencias o información intelectual. Existe un porcentaje minoritario de espectadores de TV que va a clases universitarias, conferencias y conciertos, lee libros y revistas que no son sólo de entretenimiento, pero no frecuenta esas actividades, salvo excepciones (en los programas educativos) en la pantalla televisiva.

Los estudiantes buscan material para sus tareas escolares en la Wikipedia, Google o Youtube, y ocasionalmente en algún libro, no en Discovery Channel, ni en History Channel, ni en los Canales 11, 22 o Teveunam. Hace más de medio siglo Bertold Brecht sostenía que el principal objetivo del teatro es producir entretenimiento y placer. Él distinguía entre los placeres débiles (simples) y placeres intensos (complejos) y definía a éstos como "los más ramificados, más fructíferos, más llenos de contradicciones y más ricos en consecuencias". También esperaba de los placeres complejos que se basaran en la crítica racional y científicamente sustentada. Podríamos adoptar la vocación por ofrecer placer como finalidad clave de la televisión. Tengo reservas, en cambio, con asignar a la crítica el rasgo distintivo de los placeres complejos. Algunos artistas e intelectuales, como Brecht, supieron divertirse y hacer disfrutar con la crítica. En los estudios comunicacionales, desde los años 70 del siglo pasado, la corriente de análisis llamada de "usos y gratificaciones" y las investigaciones de orientación psicoanalítica sobre el placer en las relaciones entre texto, imágenes y sujetos han mostrado el lugar decisivo del placer en los espectáculos y las interacciones culturales. Pero todavía ciertos cuestionamientos a la televisión, y la pretensión de hacer TV cultural, la conciben como una TV sin espectáculo, sin el aprovechamiento de los recursos técnicos y de lenguaje propios de la comunicación televisiva.

Alejandro Dolina: un caso práctico

DOLINAEn televisión el tiempo es tirano y llegamos al final del programa. Hemos visto que puede ser un error considerar la televisión cultural como opuesta a la popular y que, a fin de cuentas, todo se trata de la mayor o menor complejidad del placer que se proponga al telespectador. Hasta ahora todos han opinado pero nadie se ha arriesgado a "probar" el asunto en si mismos. Sin embargo, nuestro porteñísimo escritor Alejandro Dolina tiene una experiencia para contarnos, luego de... ¡haber visto televisión!

Así es. Yo estuve viendo la televisión. Fue el sábado a la noche y les juro que quedé absolutamente sorprendido. Hacía mucho que no veía televisión de aire, un sábado a la noche. Es una basura y no tengo ningún empacho en decirlo. Es una basura, realmente, una basura. Es gente loca que ocupa dos horas, contando cosas como si fuera la verdad revelada, como si alguien pudiera tener interés (de hecho, parece que sí y ahí me declaro absolutamente vencido por el número de personas que están interesadas). Había una chica, una tal Nazarena Vélez, que estaba en todos los canales contando con una gesticulación estilo Coco Sily, lo que le había pasado con un tipo. Me pareció demasiado. Antes, el tipo que conducía, se reía de esas cosas, se reían de la situación. Tenían algo de pícaro, alguien contaba algo que todos sabíamos que no tenía interés para la generalidad, entonces hacía una picardía. El chiste era convertir lo privado en público, lo que pasa es ahora que se lo toman en serio, con lo cual no solo hay una patología en el entrevistado sino también en el que entrevista.

Además, todo es imperdonablemente aburrido. Eso es lo peor. Porque si de toda esa frivolidad se sacara una gracia, se cumpliera con las reglas básicas de una situación humorística, artística, entonces estaría bien. No siempre vamos a estar hablando de las inundaciones... Pero no sucede así. No es gracioso.

Y para colmo se convierte en el principal tema de conversación en la mesa familiar. Esa es la prueba de que eso hace daño. No es el ejercicio inocuo de liviandad, sino que es un ejercicio peligroso.

¿Qué pasa con nuestras vidas para que tengamos que consumir las vidas de otros con tanto interés? Parecería que nada, ¿no?

Lo que si, es que casi no hay otra posibilidad. Esto se convierte en tema de la mesa familiar porque te acorrala, no hay otra alternativa, y además hay un bombardeo de tal naturaleza que la sociedad ha llegado a creer que eso es importante, que es inevitable, es gracioso, es central. ¿Y por qué cree la gente que es central? Y ¿cómo no lo va a creer, si aparece cada diez minutos, incluso en los noticieros? ¿Cómo no quiere que me lo crea? Es decir, si yo dudo que eso sea importante, me terminan de convencer la repetición, el énfasis, las revistas del corazón, ¡los canales, los diarios!

Pero, cuando yo vi eso, me dije "debo estar equivocado, evidentemente, esto debe ser lo importante, y yo me estaré equivocando, encerrado en mi mundo sin conocer personas que son verdaderas celebridades, lumbreras, mentores ideológicos de la sociedad y yo no los conozco por mi incompetencia", les juro que pensé así. Después, a lo mejor, me encuentro con otros que dicen "a mi me pasa lo mismo". Pero esa es la impresión en el momento. Y aclaro, que no se trata de jugar al profundo y decir, "no veo la televisión porque me harto de ver como se pelean las vedettes".

Lo peor no es tanto la imposibilidad de opción, sino la complicidad de gente que se da cuenta que eso es una basura y lo siguen haciendo. El verdadero héroe de esta sociedad mediática, me parece, es el tipo que decide leer libros, hacer algo complejo. También me dio una enorme tristeza, el chico que estudia música o uno que está aprendiendo a tocar el piano. Catorce horas por día sentado al piano, hasta que llega a tocar fenómeno... pero ¿para qué? ¿Para qué? Para nada, porque después aparece un ñato que lo mira al pibe desde arriba mientras cuenta por televisión como se peleó con su suegro y... ya está, con eso ya está. ¿Cómo se hace para decirle a un pibe que vale la pena estudiar, que vale la pena ser un poco despierto en vez de ser un imbécil? ¿Cómo hace para que no sueñe en convertirse en un imbécil mediático? ¿Cómo quieren después que no sucedan cosas terribles en la sociedad... si hay todo un ejercicio de la ira en la entrevista de un tipo dice "a mi si un tipo me hace tal cosa yo lo mato"?

Como conclusión permítanme aportar algo. Hay varios niveles críticos que podemos distinguir en lo expuesto por nuestros invitados. En primer lugar, la crítica a la televisión que opera como elemento de masificación, es decir, la televisión embrutecedora que fomenta a sus televidentes el adormecimiento de su capacidad crítica. Superada esa instancia, tenemos las propuestas manipuladas por corporaciones mediáticas cuyo único interés es tener balances positivos bajo la menor inversión. La única manera de hacer retroceder a la corporación (sea monopólica, oligopólica o polipólica) se ha dado con la injerencia del Estado y las consecuencias naturales de ello, es decir, la inserción de propaganda y adoctrinamiento político, sea de izquierdas o de derecha, según el caso. Ninguna de estas dos instancias críticas escapa a la tendencia de entretener al menor costo y ninguno siquiera amaga aportarle al individuo elementos de juicio crítico; no sea cosa que se cuestione los mismos programas de televisión. ¿Por qué los noticieros se concentran solo en un mismo tipo de noticias siendo que las empresas de noticias no deberían estar manipuladas por el Estado ni por las corporaciones y que los periodistas de investigación deberían estar siempre atentos a temas que Estado y corporaciones tratan de disimular? ¿Y qué hay sobre esos artistas, conductores o periodistas famosos que ya no aparecen en pantalla si las listas negras deben ser cosa del pasado y la incorrección política no debería ser obstáculo para estar en el aire? ¿Por qué la ponderada programación cultural siempre termina postergada frente a interminables tardes de fútbol incrustadas por una abultada pauta publicitaria? ¿Por qué ya no hay ninguno de esos divertidos programas que hacían lectura de titulares de diversos diarios si estamos en la época de la pluralidad de ideas y pensamiento? Es que, como dijo Galán, no es tarea de la televisión enseñar a pensar al público (eso podría mermar los rátings), a pesar que muchas veces pareciera lo contrario.

Nos vamos, agradeciendo a los ilustres invitados, al amable público y anunciando que pronto volveremos con otro interesante tema para tratar en esta "Mesa de Debate".

 

 

 

 


 

Bibliografía

Salvador Dalí, entrevista en L’Express, publicación en castellano en Panorama, 6 de abril de 1971.
Noam Chomsky, ZNet/Rebelión
Pablo Capanna, El Sentido de la Ciencia-Ficción
José Joaquín Brunner, Medios, modernidad, cultura.
Roberto Galán, entrevista en el programa "El Pueblo Quiere Saber", Canal 2, 1989. Gentileza Patricio Flores.
Goar Mestre, Hechos de Máscara, # 4, 12/1969 (publicación de la Asociación Argentina de Actores)
Leopoldo Torre Nilsson, Tiempo de Cine, Nº 3, octubre 1960. Gentileza Edmundo Lavia.
Néstor García Canclini, conferencia inaugural del Encuentro Internacional de Cultura y Medios XV Aniversario de Canal 22, México D.F., junio de 2008.
Pierre Bourdieu, entrevista realizada por P.R. Pires, y publicada en O Globo (Río de Janeiro) el 4 de octubre de 1997. Traducción: F. Sanabria y G. Vargas.
Alejandro Dolina, programa radial "La venganza será terrible". Gentileza Patricio Flores



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