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Fecha de publicación: Septiembre de 2010 |
Entrevista a Pablo Capanna |
Autor de El Sentido de la Ciencia-Ficción (1966), primer ensayo en idioma español sobre el tema, Pablo Capanna nos recibió en su oficina para responder este cuestionario que preparamos. por Darío Lavia, Patricio Flores, Pablo Martín Cerone |
Artículo publicado originalmente en el Libro de Oro Cinefania 2009-2010
¿Qué autores de ciencia-ficción subvalorados, a ojos de hoy, merecen una relectura? Ahí entran las preferencias personales.A mi uno que siempre me pareció rescatable es Cordwainer Smith. Yo soy el único que escribió sobre él... está editado totalmente en castellano, pero desapareció de circulación. Otro que a mi me gustaba y que estaba admirado, sí que lo admiraba, es Clifford Simak, muy interesante. También Walter Miller, por Cántico a San Leibowitz. Yo tuve una experiencia extraña, porque justo que leí su libro, por esos días se suicidó. Se me ocurrió releer ese libro, que lo tenía por ahí. Y justo me entero que se había matado.
Yo hace mucho que no leo ciencia-ficción, estoy en otras cosas. Lo que pude leer y me impresionó son autores que ya tienen trayectoria. Hace poco descubrí a Christopher Priest, pero me entero que le dan un premio a la trayectoria porque ¡es más viejo que yo! (risas) Así que no es ninguna figura nueva. El que es muy interesante es Ted Chiang, que ha editado también Bibliopolis. Un poco de taller literario, un poco sofisticado, pero con ideas realmente originales. Después que uno leyó tanto, ya no se le mueve un pelo con nada, pero por ahí encuentra alguna idea piola. Y lo demás es mucho hard. Mucha tecnología, mucha especulación de Protea, y yo no se que vida tiene... porque Asimov desapareció. Quedó todo obsoleto lo que había escrito Asimov, la parte literaria no resistió. La tecnología fue superada pero... no me interesa mucho. A lo mejor hizo cosas muy valiosas que me las estoy perdiendo, pero no se puede estar en todo. Personalmente no me atrae el cyberpunk. A Gibson lo conocí, me parece un tipo extraordinario como persona, escribe muy bien, es uno de los pocos que tienen estilo, pero para mi el cyberpunk es, más o menos, más de lo mismo. Uno ve que el mundo anda mal y dice “dentro de 20 años va a andar peor”. Ya está. No me dice nada. No me atrae. Cualquiera que es de la misma generación dice que es cyberpunk y se vende. Pero los fundadores del asunto, dicen que no tienen nada que ver. El mismo Gibson dice “yo no soy cyberpunk”. Una vez le preguntaron “¿ud. inventó la palabra ‘ciberespacio’? ¿Ud. se dedica a la informática, es ingeniero?”, y respondió “yo soy licenciado en Literatura Inglesa”. “¿Y por qué se le ocurrió ‘ciberespacio’?” “Es que yo tenía una libretita, y ponía nombres, puse ‘infoespacio’ y quedaba feo. Y ‘ciberespacio’ me gustó” y lo puso en circulación y lo usaron todos. “En el 2002 estuve en Barcelona, para una feria, y me invitó a cenar el gerente de Minotauro. Y el tipo me dice “estamos preocupados por la situación argentina”, (estábamos en el 2002), “leemos que están serruchando las patas de los monumentos para vender el bronce... y a nosotros nos preocupa mucho la Argentina”. Y le pregunto “¿por qué, ud. tiene conocidos, parientes?”, “no, nosotros vendemos en Argentina. El mercado nuestro es América Latina”. En España publican mucho, ahí venden algo y después saldan con el mercado latinoamericano.
¿Cuál fue la idea de una novela o cuento de ciencia-ficción que más te sorprendió?
Bueno, en su momento, todo sorprendía. Luego hubo cosas que dejaron de sorprenderme. Lo último que me hizo pensar un poquito fue Experiencias Extremas de Christopher Priest, una cosa con los videos juegos, como que alguien participa de un video juego y de alguna forma lo modifica y entonces llega un momento que la lleva tan bien la novela, que no sabe si está en la realidad o en el video juego. Eso fue lo último. Y lo primero debe haber sido el primer número de “Más Allá” con El Día de los Trífidos, que lo volví a leer hace poco y sigue funcionando... a pesar que hay una acumulación de cosas que no se justifican en una novela, porque pasa de todo: hay satélites cargados de sustancias venenosas, hay unas plantas artificiales que matan a la gente, y hay una lluvia de meteoritos... que deja ciego a las personas. Un poco lo de Saramago con Ceguera... Tal vez sean esas cosas que los escritores no las confiesan... sacaron la idea de una novela previa. O posiblemente no, y al tipo se le ocurrió que pasaría si todos fueran ciegos y desarrolló la idea. Y no necesariamente leyó la novela y se inspiró... pero a veces hay coincidencias.
Esos son los efectos de la ciencia-ficción. Es algo de sentido común, pero lo peor que se puede hacer con la ciencia-ficción es tomársela en serio. Es literatura, es fantasía, tomémosla como algo del arte. No pensemos que son ideas para llevar a la práctica o que expliquen el sentido del mundo. Todas esas teorías conspirativas, esas sectas delirantes, están totalmente alimentadas por ciencia-ficción que a lo mejor ni recuerdan haberla leído. Está lleno de eso. Es impresionante. Yo me dediqué un poquito al tema de las pseudo-ciencias y pseudo-ediciones. Ahora saca un librito De la Flor (cuando se le ocurra, porque hace 4 años que está entrando en prensa), con notas de Página 12 en que estaban esos temas. Casi todas estaban alimentadas de la ciencia-ficción. Por empezar, la religión de la ciencia-ficción es la Cienciología, que la fundó Hubbard. Hubbard era un escritor mediocre de ciencia-ficción que casualmente era compañero de colegio de Cordwainer Smith, en el mismo curso. Dice Cordwainer por ahí que este tipo es muy inteligente, un gran escritor, pero si llega a ser líder, va a ser muy peligroso. Algo de razón tenía. Ahora la cienciología es la religión de Hollywood, pero en Europa está prohibida por temas de espionaje industrial, secuestro de personas... de hecho, cosas terribles (un típico procedimiento – salió una vez en Times – es acercarse a una viejita, convertirla y que le done todas sus propiedades). Y seguramente, este tipo de literatura vende más que la ciencia-ficción. El lector de ciencia-ficción sabe lo que busca, entretenerse o leer una idea original. Pero esta gente la vende como una verdad revelada, entonces es como los libros de auto ayuda. Se venden pocos libros de Filosofía y muchos de autoayuda. Es interesante reflexionar sobre que en la primera etapa de la ciencia-ficción todos escribían cuentos. En EEUU había más de 50 revistas y cada revista publicaba dos o tres cuentos, una novela corta... y había trabajo para todos. Hasta que en un momento dicen, caramba, con el cuento no se gana nada. Hay que hacer novelas, en las convenciones los autores se comentaban eso de escribir novelas. Después que empezaron con las novelas, alguien descubrió las trilogías, gran negocio, porque el tipo que compró el 1 y el 2, no se va a perder el 3. Después vino Harry Potter, que ya es todo un negocio planificado. Es un modelo de negocios. Tal como el de Weird Tales, pero ese era más artesanal. “Los críticos europeos siempre se tiraron contra los norteamericanos, porque los norteamericanos dicen que la inventaron ellos la ciencia-ficción, y los franceses dicen que la inventaron ellos. Pero en realidad el siglo XIX estaba lleno de escritores que hacían ciencia-ficción pero no estaban encasillados. Si Julio Verne sacaba una novela, nadie decía “ah, yo si es ciencia-ficción no leo” sino que leían una de Verne, o una de Wells. Más tarde, los yanquis descubrieron el negocio fácil de vender en kioskos, inundaron de revistas que dieron oportunidad a muchos escritores. Salió gente muy valiosa de ahí, pero después se fue industrializando... y vienen las trilogías, las pentalogías, las heptalogías... lo que aguante el público. Empezó con Duna... que, viene al caso, hay una polémica con Cordwainer Smith a ver quien inventó primero Duna. Hay un paralelo con unos cuentos, no se sabe bien quien publicó primero.
Si Philip K. Dick viviera, ¿cómo habría visto estos años del 2000 al 2010? Estaría más apocalíptico que de costumbre, porque él pensaba que Nixon era el Mal... que había intervenido Dios personalmente para hacer el caso Watergate. Así que me imagino como hubiera sido con Bush... Nixon era un nene de pecho comparado con Bush. Le hubiera pegado fuerte. Cordwainer Smith hubiera apostado a Obama. Cordwainer fue asesor de Kennedy, y estuvo en el movimiento de liberación de los negros. ¿Aumentó la chance de vida inteligente fuera de la Tierra en estos últimos 25 años? Yo creo que es la misma. No tenemos ninguna prueba, pero ahora se puede decir que aumentó la chance porque ahora se conocen por lo menos 200 ó 300 planetas extrasolares, que antes no se conocía ninguno. Es una tema científico por un lado y también un tema de creencias de la gente. Acá en La Plata tenemos gente que capta señales extraterrestres, con el programa SETI. Las probabilidades son las mismas. Ahora todos están esperando que vengan los extraterrestres a salvarnos... es mesiánica la cosa. Como dice el tango, “que venga un mecánico que lo pueda arreglar...” Te ofrecemos una lista de autores para que nos brindes un concepto de cada uno. Sturgeon: A Sturgeon te lo definiría como el mejor estilista de la ciencia-ficción, un tipo que no tenía ninguna formación cultural – había sido camionero – pero tiene un estilo poderosísimo. Si lees un cuento te puede hacer unas metáforas increíbles. El mejor escritor de su generación. Heinlein: Aparte de que era fascista es un escritor... regular. Fue el más vendido de la historia de la ciencia-ficción. Eso no indica nada. Es regular, escribía cosas interesantes, atractivas, pero también quedó muy atrás. Tuvo etapas. Tuvo una etapa mesiánica, cuando escribió Extranjero en Tierra Extraña, después lo inspiró a Charles Manson... hay toda una historia ahí. Pero no es rescatable para mi, especialmente por la ideología. Clarke: Clarke era un buen divulgador. Hizo cosas bastante importantes como El Fin de la Infancia, la idea de 2001, pero después, a partir de Cita con Rama... se fue por las ramas y entró al best-seller. Yo lo perdí, y la gente que lo seguía leyendo decía, ‘se vino abajo’.
Stapledon: Y bueno, Stapledon les dio de comer a todos. Tiró tantas ideas en sus libros, pero tantas ideas, que después otros las aprovecharon e hicieron cuentos, novelas... y tiene una visión más amplia que el promedio y hasta la parte superior de los escritores del género. Una visión cósmica, un tipo que se proponía hacer mitos, pero de buena fe, no quería engañar a nadie. Además, tenía una formación cultural, filosofía, ética. Realmente un maestro, un poco aburrido como escritor. Borges lo destruía, con toda razón, diciendo “el único que puede escribir una frase como esta: ‘la permanencia del género humano en el planeta Venus duró 3 millones de años’” Eso no se puede hacer, decía Borges. Es demasiado. Pero es así. Y fue modelo para muchos. Yo tengo la hipótesis que él lo volvió loco a Cordwainer Smith. Él tuvo una etapa inestable, estuvo loco, y figura en un manual clásico de psicoanálisis y ahora parece que era él, parece probado. Y dice que había leído un conocido autor inglés. Y las pistas parecerían indicar que fue Stapledon. Eso lo enloqueció, pero después se curó. Solo. Un día le dijo al psicoanalista, “mire, yo estoy perdiendo el tiempo acá, porque todo esto son macanas”, “pero ud. se las creía”, y se fue, “no le voy a hacer perder más tiempo, son macanas”. Pero bueno, es muy interesante el relato, porque después llegó a la pseudo-ciencia, aparece en libros de magia, con el caso de un científico nuclear que afirmaba viajar a otros planetas. Era toda una fantasía de él. Fue en el año ’48, época freudiana estricta, el tipo inventa cosas y el analista se pone a trabajar con él y le pregunta “cuénteme, ¿cómo es ese planeta?” y discuten. Y llega un momento que el analista se la cree. Hasta que llega un día en que el paciente llega y dice “estas fueron todas fantasías que yo tenía”, dice hasta luego y se va. Y ahí empieza a escribir como Cordwainer Smith. Asimov: Y... Asimov pasó a la historia. Debe ser el autor más prolífico del mundo, con más de 300 libros, más que Lope de Vega. Pero, han quedado muy atrás. Dos o tres cosas de Asimov de la primera época, como Cavernas de Acero, que valga la pena releer. Pero después siguió explotando eso de la Fundación y toda una cosa más comercial. Hizo manuales de ciencia, todos buenos. Él contaba que, siendo biólogo, se compra una regla de cálculo. Y aprende a manejarla. Y se propone hacer un manual de uso de la regla de cálculo. Lo hace perfecto y cuando sale el manual, había salido la primera calculadora... (risas) no sirvió para nada. Pero bueno, escribió sobre el Imperio Romano, un manual de la Biblia, de todo. No hay un tema que no haya tocado. Y todo con dignidad. Se informaba bien – no había internet – y se hacía un manual de cada tema. Es admirable su capacidad de divulgador. “Curiosamente, estuve revisando el libro hace poco y tengo todo fresco, el primer libro que escribe Cordwainer Smith lo escribe en el Pentágono, porque venía del frente asiático, tuvo un problema en un ojo. Tenía un ojo de vidrio y se le estaba enfermando el otro, corriendo peligro que quedarse ciego. Lo mandan al Pentágono, donde no tenía nada que hacer y escribe su primer cuento. En ese primer cuento hay un tipo que manda mensajes de texto con un aparatito que escribe con la uña, y escribe abreviando todo. En lugar de “por favor” escribe “pfv”... (risas)¡es un celular! ¡Manda mensajes de texto! En la actualidad, ¿hay nuevas utopías, o son todas distopías negativas?
Yo no veo, sinceramente, en el corto plazo, salvo algunas cosas muy ambiciosa como la trilogía de Marte de Kim Stanley Robinson, Marte Rojo, Marte Verde, Marte Azul. que es la colonización de Marte. Eso es casi una utopía, pero tiene un gran inconveniente. Este señor trabajaba en la NASA, entonces uno tiene la idea que está exponiendo los planes de la NASA para los próximos 50 años, con lo cual no es una fantasía sino un proyecto novelizado, en que expone todas las tecnologías de punta, los ascensores espaciales, todas cosas que están en fase experimental y las usa en una novela. Pero no cumple el papel de utopía, estrictamente hablando. En tu libro escribiste “los falsos problemas que engendra la teología-ficción son mayores que la apertura mental que puede aportar y hacen que resulte a menudo disolvente cuando el alma que los concibió los haya hecho con intención muy distinta”. ¿Hoy día, cambió esta lectura, se alteró? Practicamente muy poco. Lo hacía C.S. Lewis, el mismo Tolkien, lo que pasa que no estrictamente como ciencia-ficción. El tema religioso sigue estando. Hace poco vi esa película “The Man From Earth” que es un guión que hizo Philip Dick antes de morirse, la visión de un inmortal que fue Buda, que fue Cristo y me hizo acordar la última novela de Sturgeon, que también es un Mesías que llega... es un tema que está ahí latente. Cada tanto le sale a los escritores. Pero no, no creo que tenga un gran porvenir.
Si, la idea es que la Edad Media, los profesores universitarios, el campesino analfabeto, tenían más o menos alguna visión del universo. Arriba estaba el cielo, abajo el infierno. Algunos eran más sofisticados y otros más primitivos, pero había una cosmovisión compartida por toda la sociedad... pero ahora es como que hay un mercado de cosmovisiones, y no hay tampoco una visión científica como dicen algunos, hay un montón de teorías que a veces, ni siquiera son compatibles. Por ejemplo, el gran problema de los físicos es unificar la Relatividad con la Física Cuántica, algunos dicen que no se puede. O sino la Teoría del Caos, que promete mucho... todo lo que es Inteligencia Artificial. Hay algunos Mesianismos derivados de la ciencia-ficción que quieren cumplir ese papel. Uno es la New Age, que dice que para los próximos años, cuando llegue la Era de Acuario, todo va a estar bien. Después hay una versión tecno de la New Age, que es el Transhumanismo, otro derivado de la ciencia-ficción del que hay un montón de filósofos... son todas ideas que yo he leído en revistas de ciencia-ficción. Ellos dicen, en un curso teórico, que para el 2030 va a haber una mutación, va a cambiar la Humanidad, vamos a ser todos cyborgs. Parece la New Age pero en versión tecno. Hay un cierto Mesianismo, la gente quiere ver algo, una respuesta. Pero no está compartida. Hasta en el S. XIX estaba más compartida, con la visión positivista, la ciencia va a descubrir como combatir todas las enfermedades, nos va a dar el bienestar a todos, la educación masiva nos va a hacer a todos cultos. Había una creencia en eso: hasta el que no tenía cultura decía “quiero que mi hijo estudie”. Ahora todo es más vago. No se sabe bien para donde apuntar. Es un abanico muy amplio. El asombro, para los argentinos, ¿es una capacidad ociosa o una necesidad insatisfecha? Buena pregunta. Hay un gran pesisimismo histórico en Argentina. Hace un tiempo, para un proyecto Buenos Aires 2050, comparaba el Hombre Bicentenario de Asimov con eso de que un robot llega a ser presidente de Estados Unidos que es como decir “integramos a todos los inmigrantes, los negros, los latinos, ahora hasta un robot puede llegar”, es decir una visión super optimista, con un cuento que había escrito acá Rodrigué, un psicoanalista, sobre que hicieron los argentinos durante el Bicentenario y que era que llegaba una nave extraterrestre y sintonizaban una radio argentina (esto fue escrito para el Sesquicentenario, para la época del presidente Frondizi. Llegan) y escuchan que hay un militar que habla “verteremos nuestra sangre para defender la Patria...” y se van, concluyendo que estos son un peligro, que se mueran todos. La comparación resalta el contraste: Asimov que cree que los Estados Unidos van a seguir siendo la gran potencia y el argentino que se toma todo con cierto cinismo. Por un lado, no está mal no comprarse buzones, por otro lado puede ser un cinismo crónico que no nos ayuda para nada. Creo que se cura con el tiempo y con la estabilidad institucional. Acá hemos tenido tantos salvadores de la patria, que ya nos sobran. Yo me acuerdo los golpes, pero no los golpes grandes, sino los golpes pequeños, como los planteos militares que semanalmente afrontaba Frondizi. Un día pongo la radio y escucho “ha estallado la Revolución Moralizadora”. Al otro día se rindieron, pero toda esa secuencia de cinismo, el “esto no va más, tiene que venir alguien”, todo eso nos hizo mucho daño y por eso la ciencia-ficción no nos atrae demasiado.
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