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Sección: Libros y Revistas (Lecturas: 15368)
Fecha de publicación: Agosto de 2008

Pensamiento fractal

Tras las artes (literatura, música, cine, etc.) también es posible encontrar estructuras fractales. ¿Qué lazos unen estos turbulentos conceptos geométricos con las diversas manifestaciones artísticas?
por Horacio Ruiz

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(El autor es profesor de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires)
Artículo publicado originalmente en el Diccionario de Pensamiento Alternativo (Más información: www.editorialbiblos.com)

El término fractal (del latín fractus, interrumpido o irregular) es acuñado por Benoit Mandelbrot en su conocido libro Los objetos fractales (1975). Un objeto fractal es un artefacto físico (natural o artificial) cuya morfología se muestra extremadamente accidentada. Estos "monstruos matemáticos", según la metáfora de Giuseppe Peano, dsesestabilizan el orden sistémico euclideano, frente al cual el pensamiento fractal se presenta como sistema turbulento. La fractalidad, en oposición a lo laminar, posee dos características inherentes: la homotecia interna y la cascada, y se registra en su forma irregular, en principio, un carácter causal (seudoaleatoridad o randomización), un carácter gradual (la estructura irregular se repite tanto en su conjunto como en sus partes) y un carácter teragónico (posee un altísimo número de lados). Los fractales son artefactos dotados de ritmo y repetición gradual y cuya forma se debe al azar, pero sólo como variante equiprobable de un sistema ordenado. El surgimiento de la geometría fractal se vincula con investigaciones sobre fenómenos críticos, extrapolados por su extrema complejidad a las ciencias sociales y humanas. Existen múltiples modos de comprender nociones como irregularidad, caos o desorden.

Dentro del pensamiento occidental se conciben tres ideas: la primera consiste en imaginar el orden como principio de regularidad que se superpone a un indistinto originario. La filosofía presocrática pensaba que el orden del cosmos derivaba de un caos original; la segunda idea llega desde la física aristotélica y la mecánica prenewtoniana, mientras que la tercera posición estima que los principios de accidente y caos dependen del sistema de referencia. Los fenómenos de apariencia sistémica son susceptibles de una dinámica compleja, cuyo principio de transformación específico es la turbulencia. Las teorías científicas de la inestabilidad fueron formulados por René Thom en su teoría de las catástrofes (una forma estable efectúa en el tiempo un recorrido que la lleva a sufrir mutaciones). En este orden, el pensamiento fractal se vincula con las corrientes actuales deconstruccionistas y con el pensamiento débil. La serie desorden-azar-caos-irregularidad ha sufrido en los últimos treinta años una radical transformación en las ciencias "duras" y en las ciencias de la cultura.

En El hombre unidimensional Herbert Marcuse denunciaba la idea de que todo poder totalitario era proclive a una sociedad unidimensional y contraponía a este statu quo, como posible alternativa, la "catástrofe liberadora" de las muchas dimensiones de la conciencia crítica. La apreciación marcuseana lleva en germen el pensamiento fractal , como herramienta viable para reconocer la "indecibilidad" o, en términos de Niklas Luhmann, la complejidad de muchos fenómenos socioculturales desestimados o simplemente mal evaluados. Ciertamente, las ciencias sociales pueden encontrar leyes elásticas que se acerquen al objeto de estudio sin renunciar a la ciencia, en los aportes de sistemas de Ludwig Bertalanffy o en la teoría del caos. Si bien existió desde siempre un pensamiento basado en la sospecha de un único orden (euclideano), es el proceso (y no método) barroco el que da cuenta de las que Ilya Prigogine denomina "estructuras disipativas", una geometría no euclideana de la cultura.

Históricamente, en la teoría literaria existe una aproximación, desde luego absolutamente intuitiva, de la complejidad del fragmento, por ejemplo en las consideraciones al respecto de Edgar Poe. En "Filosofía de la composición" Poe concibe un sistema cerrado donde calcula el porcentaje de matemática y metafísica de un poema; su "contraejemplo" se percibe en "Marginalia", donde refuta los principios de unidad y planificación. Se trata no de una confrontación sino de dos clases de pensamiento que conviven incómoda aunque complementariamente.

En el siglo XX, Gilles Deleuze y Félix Guattari definen al rizoma como alternativa: es una estructura vagabunda con una potencialidad de conexiones múltiples sin centro; de un nomadismo connecesario a la creación tanto artística como científica. En la última década el científico y poeta chileno-alemán Mario Markus aplica técnicas fractales por computación con el objeto de fusionar arte y ciencia.

El pensamiento fractal es un proceso privilegiado para poner en crisis el pensamiento único, como eficaz emergente tendiente a cuestionar el poder totalitario. En efecto, en las ciencias sociales existe un potencial campo de acción que requerirá una nueva visión de los fenómenos anómalos-turbulentos, por ejemplo, la conformación de nuevas identidades, de sujetos sociales olvidados o de incipientes fuerzas de confrontación al sistema. El pensamiento fractal representa, bien utilizado, un instrumento adecuado para impugnar el establishment, considerando la excepción como parte de un todo y no como mera marginalidad. Para lograr este objetivo no se debe considerar el pensamiento fractal como una moda o un simple buzzword de prestigioso valor académico: en sus dimensiones artísticas y sociales el pensamiento fractal exige desde lo ético un valor de compromiso y/o de resistencia.

Fuentes:

E. Braun, Caos, fractales y cosas raras, Fondo de Cultura Económica, 1996.
O. Calabrese, La era neobarroca, Madrid, Cátedra, 1987.
Mandelbrot, Los objetos fractales, Barcelona, Tusquets, 1984.
H. Marcuse, One-Dimensional Man, Boston, Beacon, 1964.
Prigoyine, La nouvelle alliance, París, Gallimard, 1979.
H. E. Ruiz, "Arte infográfico: la periferia como reserva cultural", Heterogénesis, Suecia-Chile, 1996.
V. Talanquer, Fractus, fracta, fractal, México, Fondo de Cultura Económica, 2003.

 



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