Cuando
uno piensa en los aportes audiovisuales de Japón a la industria cultural
mundial, generalmente se piensa en el animé (no importa si los clásicos
como Meteoro, Astroboy, Mazinger Z, series más modernas
como Evangelion, Cowboy Bebop o las actuales Full Metal Alchemist
y Death Note). Quizás lectores de esta página estén
más interesados en determinados géneros cinematográficos
con actores de carne y hueso, como el Chambara, o cine de samurais , ya sea
a través de los clásicos de Kurosawa como La Fortaleza Oculta,
Rashomon o Trono de Sangre, o por films más convencionales
de aventuras, como la serie fílmica de Zatoichi, o los largos basados
en el manga Lone Wolf and Cub. Por último, no podemos olvidar
el actual cine de terror japonés, que cosecha fans en todo el mundo.
Ahora,
suele quedar relegado todo un mundo fascinante, que a espaldas de Occidente
en su mayor parte, viene dando franquicias ya legendarias tanto en Japón
como en países vecinos, y se producen cantidad de horas anuales de televisión
y cine, que a su vez generan millones de ganancia en merchandising. Nos referimos
al tokusatsu. Este término, que significa "fotografía
especial", engloba a todas las producciones tanto en cine y tv, de género
fantástico que requieran efectos especiales. Si hasta aquí no
se llega a deducir el tema de esta nota, basta con nombrar a algunos de sus
íconos (en estricto orden cronológico): Godzilla, Ultraman,
Kamen Rider. Claro, Godzilla, y los clásicos de la Toho seguramente
son más que reconocibles para nuestros lectores, pero conviene englobar
a ese subgénero –al que antes la gente se refería como "monstruos
de goma"- en toda su complejidad, y como parte fundamental del Tokusatsu.
En los ’50 se daba el apogeo mundial de los "monsters on the loose"
y Japón , que quería subirse al éxito de films americanos
como The Beast from 20.000 Fathoms se lanza al mercado en 1954 con Gojira.
Se ha escrito tanto sobre este hito cinematográfico de la ciencia ficción,
que conviene remitir al público interesado a otras fuentes, donde hallarán
mas información. Valga decir que vista actualmente en su versión
original (y no el pastiche que los norteamericanos hicieron agregándole
escenas de Raymond Burr, y estrenaron, incluso en Japón, como Godzilla,
King of the monsters) es aún muy potente. Su dramatismo, las sutiles
referencias a la tragedia de la bomba nuclear de Hiroshima y Nagasaki, aún
fresca en la memoria del pueblo japonés, la estética símil
documental de Ishiro Honda en blanco y negro, los más que efectivos efectos
especiales, y la majestuosa múscia de Akira Ifukube, dejan una película
inovildable, y que dio pié a todo lo demás.
Eiji Tsuburaya junto con el intérpretes del elenco
de la serie Ultra Q (1966)
No podemos seguir de largo sin nombrear a un hombre fundamental, el gran maestro
japonés de los FX: Eiji Tsuburaya. Este visionario, responsable del traje
de Godzilla, y de las miniaturas de la ciudad que el monstruo sistemáticamente
destruye, venía encargándose del sector para películas
bélicas del estudio, pero encuentra su lucimiento en el género
de Kaiju de ahí en más (kaiju= monstruo en japonés, también
a veces se refiere al género como daikaiju o "monstruo gigante").
Tsuburaya y Honda , la más de las veces acompañados por Ifukube,
prosiguen el éxito de los monstruos de la Toho con films como la muy
recomendable Rodan, la primera en filmarse a color, Mothra y toda
la seguidilla de Godzilla, sus amigos y enemigos. Durante la década de
los ’60 transcurre la Edad de Oro de los monstruos gigantes del cine japonés.
Lentamente, los films empiezan a perder eficacia, presupuesto y público.
A pocos años de su prematura muerte en 1970, Eiji Tsuburaya decide probar
suerte en la pantalla chica, con su propia productora de televisión,
llevando sus miniaturas y monstruos (literalmente, ya que a veces se vieron
trajes de sus creaciones para la Toho, modificados ).
Así
el principio de 1966 vería a Ultra Q, una serie de media hora
en blanco y negro con una división militar dedicar a cazar a las criaturas
gigantes. Una verdadera superproducción televisiva, fue un éxito
y llevó al éxito aún más grande de Ultraman
emitido al finalizar dicho ciclo. Visto en retrospectiva, cuesta tomar la magnitud
de la novedad, al enfrentar monstruos gigantes, con ese superhéroe, alienígena
gigante, luchando en detallados escenarios, y con minuciosas miniaturas de ciudades
y de naves espaciales. Y no un par de veces por año, sino una vez por
semana! Ultraman, al igual que Superman al irrumpir en los comics books de los
’30, cambió su medio: otros estudios salieron a competir con series sospechosamente
similares como Zone Fighter, Iron king o Magma Taishi.
Pero el éxito y la calidad sólo fueron superados por Ultraseven,
en 1967, también a cargo de Tsuburaya. Al margen de la lograda parte
técnica, aquí sorprenden los guiones de avanzada, llegando a puntos
dignos de X-Files. En Japón siempre es considerada la mejor serie
de los Ultra seres, y fue vista como la Star Trek nipona, hasta la llegada de
la saga Gundam. Antes de pasar al panorama de la década de los
’70, conviene recordar que a la televisión latinoamericana llegaron muchas
de estas series, entre fines de los ’60 hasta los ’70. En Argentina, por ejemplo,
nunca se volvió a emitir nada de este género desde entonces. Algunas
series transmitidas aquí fueron: Ultraman, Ultrasiete,
Robot Gigante, Esper, Los Magníficos Justicieros
(Mighty Jack, también de Tsuburaya, pero sin superhéroes).
Cuando
se empieza a agotar tanto superhéroe gigante (subgénero conocido
como Kyodai), un nuevo tipo de superhéroe llega a las pantallas,
y vuelve a cambiar el género: Kamen Rider. Creación de
otro nombre destacado en la historia del tokusatsu, Shotaro Ishinomori (autor
de manga discípulo del gran Osamu Tezuka), el enmascarado motorizado
revoluciona las series para niños, genera todo tipo de merchandising,
llena salas de cines, y marca el lanzamiento de una franquicia que es todo un
subgénero en sí. Hay 17 series de Kamen Rider hasta el día
de hoy, sin contar películas originales, especiales de tv y video. El
primer gran éxito de Toei en live action, se pasa a la escala humana
y se reemplaza las maquetas y miniaturas por acrobacias, piruetas en motocicleta,
y escenas de combate mas largas y frenéticas. Entre el ’71 y el ’75,
se suceden una tras otra las series, con sus respectivas películas ,
cortos espcialmente filmados para las convenciones anuales de la Toei. Kamen
Rider, al serie original, tiene la particularidad de haber tenido en un momento
dos protagonistas. Los ejecutivos descubrieron lo exitoso que resultaba en números
de rating los crossovers de los Riders, y más aun en las películas.
Las batallas de todos los riders juntos que se daba en los films y en los finales
de cada serie, se cree, llevaron a Ishimori y a la Toei a la segunda gran franquicia
que les pertenece: el sentai. Al terminar la primera etapa de Kamen
Rider, hace su aparición Goranger. Con un éxito impresionante
y una contidad de episodios inaudita (84), da su paso a JAKQ, que sería
un fracaso. Pero faltaría un elemento que no deja más la serie.
Después de un año sabático, sale Battle Fever J,
cocreado con Marvel Comics. Aquí hace su primera aparición el
robot gigante al que recurren los miembros del equipo cuando sus enemigos crecen
de tamaño. De aquí en más, los equipos de 5 héroes
cada uno con su color característico, no abandonan la pantalla y el género
pasa a llamarse Super Sentai.
En los ’80, mientras Ultraman desaparece de los pantallas por muchos
años y Kamen Rider empieza a escasear un poco, Toei insiste con una franquicia
más, que duraría casi 15 años ininterrumpidos: los Metal
Heroes. Como muchos de los casos que vimos, hablamos de franquicias que son
a la vez un subgénero en si mismas. A diferencias de las anteriores series
de Toei, se divide en etapas: las tres primeras se enmarcan en los Space sheriffs
(Gavan, Sharivan y Shaider). Dicha subserie se cree inspiró
películas como Robocop, que a su vez inspiro las series denominadas
Rescue Heroes de fines de los ’80 y principios de los ’90 como Jiban,
Winspector y Solbrain.
A
fines de los ’80, en el cine, la primera estrella del Toku Godzilla,
vuelve con todo. Después de la remake/secuela de la primera película
Godzilla 1984, empieza una nueva época para el dinosaurio radiactivo.
A partir de 1989 con la efectiva Godzilla vs Biollante, toma fuerza la
franquicia en la época llamada Heisei. Se retoma el papel de amenaza
del monstruo como contrapartida al amigo de los niños de los ’60-’70.
Son seis películas hasta 1995, con FX a cargo de Koichi Kawakita (quien
también tomó ese rol en Gunhed, el film cyberpunk con robots).
Una pequeña saga interesante, que ayudó a modificar la visión
que la gente del personaje, alejándose además de la estética
camp con la que los espectadores (en su mayoría occidentales) lo asociaban.
Ese auspicioso regreso ayudó a que Gamera, el único kaiju
exitoso fuera de la Toho, tuviera nuevas producciones, cosa que no ocurría
desde 1980. La tortuga gigante es un personaje a la vista mucho más ridículo,
pero eso no impidió la excelente trilogía de los ’90 a cargo de
Shoshuke Kaneko, recomendada desde aquí para aquellos que puedan tenerle
aprensión al género.
A
mediados de los ’90, mientras el género se estanca en productos repetitivos
y la Toei lanza series adocenadas, una empresa norteamericana ve un negocio
potencialmente millonario: importar esas franquicias a Estados Unidos y al resto
de Occidente. Así, Saban Entertainment compra los derechos para las series
Super Sentai, empezando con Zyuuranger. Pero en vez de distribuirlo
inadulterado (después de todo, son series para un público infantil)
sólo se tomaron las escenas de peleas con trajes sin que se pudieran
ver que eran japoneses, y modificaron todo lo otro: historia, tonos, incluso
los sexos de algunos personajes. Esta deslucida "adaptación"
sigue siendo un éxito hasta el día de hoy, con Walt Disney produciendo
la serie en su totalidad, ya sin footage japonés. Alentado por la facturación,
Haim Saban insiste, primero con los V.R. Troopers (tomando material de
series de Metal heroes como Metalder y Spielvan). Luego,
Masked Rider, con material de Kamen Rider Black R X, pero con
resultados menos afortunados. Su último acercamiento al género
fue Beetleborgs, una versión infantiloide al extremo de las últimas
dos series de Metal heroes. B-fighter y B-Fighter Kabuto.
A
fines de los ’90 hay grandes cambios: Ultraman Tiga recupera la franquicia
a la TV después de 16 años, con una nueva continuidad. Desde ese
entonces, con un par de intervalos, se estrenan nuevas series hasta hoy. A diferencia
de Toei y su super sentai, Tsuburaya se permite experimentar con distintos
estilos para sus personajes, intercalan series mas infantiles como Cosmos,
con series mucho más oscuras como Nexos, o gigantescos auto homenajes
reclutando a sus viejos elencos (Maxx) o en Mebius, que recuperan
a todos los Ultras de la era showa (1966 al 80) para festejar 40 años,
incluyendo el espectacular film para cine Ultraman Mebius & Ultra Brothers,
que fue tan exitoso que ya se anunció su secuela para el 2008.
Poco después de los Ultras, vuelven su contrapartida, los Riders. A
partir del 2000, con Kamen Rider kuuga, se estrena una nueva serie por
año, con su correspondiente film. Alejándose por momentos de las
consignas originales, Toei si experimenta un poco aquí con estéticas
y enfoques más adultos. Así, Kamen Rider se apunta a un
público infantil y adolescente, más maduro que la base del Super
Sentai.
Momento culminante de Godzilla Final Wars
Después del fracaso de la Godzilla americana en el ’98, la Toho
recupera al rey de los monstruos con una pequeña serie de films con distinta
fortuna artística y comercial. Desde aquí van como recomendaciones
GMK (2001) con la versión definitiva del más querido (y
logrado) de todos los kaijus: King Ghidorah. Y desde ya, Godzilla:
Final Wars (2004) el film que celebra el cincuentenario, donde hay un abordaje
muy moderno con todo un subplot de mutantes, muy a la X-men. Los efectos especiales
son irreprochables. Se espera que no haya un nuevo film hasta al menos, la próxima
década.
Actualemente,
el tokusatsu está pasando un gran momento televisivo. Al margen
de los grandes nombres, Toho intentó con su propia franquicia: Seishin.
Con efectos a cargo de Koichi Kawakita, invaden el terreno del super sentai
pero de manera un poco mas seria. Hasta ahora, fueron 3 series: Gransazer,
Justiriser y Sazer X. Una tendencia saludable es la de series
pensadas exclusivamente para adultos. Ya se habían dado en especiales
para video de Kamen Rider en los ’90, pero en los últimos años
Garo, Lion Maru G y Ultraseven X, se dan a la medianoche,
agregando violencia, gore y temáticas sexuales a los elementos habituales
del género.
Hecho un incompleto repaso por las principales tendencias e hitos del género
a partir del cual esperamos interesar a los lectores a seguir su propia búsqueda,
conviene apuntar algunos comentarios: el tokusatsu es un género
despreciado en Occidente, incluso por fans de manga y animé, que asocian
todo con los Power Rangers, sin contar con los distintos matices que
se dan de acuerdo a los distintos productores, y a las épocas. También
es difícil acercarse a él, no sólo por las diferencias
culturales sino por que gran parte del material sólo se encuentra disponible
en japonés. Gracias a la proliferación de Internet, van surgiendo
todo el tiempo grupos dedicados a subtitular y distribuir el material. De a
poco, aparecen series como Garo: Savior in the Dark (muy recomendable)
que se emite en distintos países de Europa. En español, es aún
más complicado conseguir estas series o películas que en inglés.
También, el toku en muchos casos es un gusto adquirido. Los desarrollos
tecnológicos hacen que los trajes de látex y las miniaturas sean
más elaborados. Sumado a la incorporación de algunos efectos de
CGI, hay toda una evolución en su look. Aquél quien todavía
tenga prejuicios sobre hombres en trajes de goma pisando maquetas, quizás
le cueste entrar a ese mundo donde hay tanto por descubrir y ver. Están
invitados.
|