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Sección: Especiales (Lecturas: 15391)
Fecha de publicación: Junio de 2007

Nuestro hombre en Marte

¿Viajó el ser humano a Marte en los años '50? Narciso Genovese, autonombrado discípulo de Guglielmo Marconi, lo afirma rotundamente.
por Pablo Martín Cerone

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Si ya nos ocupamos de ciertas historias que andan circulando por ahí sobre platillos volantes del Tercer Reich y sus viajes a la Luna y Marte, hoy nos toca referirnos al contacto que una sociedad secreta creada por el científico italiano Guglielmo (Guillermo) Marconi estableciera con los habitantes de Marte, y que permitiera a un grupo de terráqueos visitar el Planeta Rojo. La historia, que surgió de una novela que se negaba como tal, terminó siendo tomada en serio por algunos macaneadores que también se niegan como tales pero, eso sí, son muy divertidos. Y dejan con ganas de más…

NUESTRO HOMBRE

Narciso Genovese (muchas veces transcripto erróneamente “Genovesse”) es un italiano residente en México que, en 1958, publicó en Editorial Posada un libro llamado “Yo he estado en Marte”. En su prólogo afirma que “Hasta ahora me he limitado a señalar que este relato es la cristalización de una fantasía novelesca, de ciencia ficción, pero hoy puedo afirmar que en esta narración no se relata nada ficticio y rectifico mis declaraciones en el sentido de lo que aquí relatado no es más que una condensación, un resumen, una pálida imagen de un acontecimiento histórico, cuya realidad proyecta consecuencias desconcertantes”.

Guillermo Marconi
Guillermo Marconi, mecenas de viajes interplanetarios

Por un momento hagamos una interpretación literal de esa parte del prólogo. La demolición de la credibilidad del libro es una tarea muy sencilla y muy poco estimulante: alcanzaría con revelar que Genovese, que dice ser doctor en física nuclear y discípulo del científico italiano Guillermo Marconi (imagen, 1874-1937), afirma que la velocidad de la luz es de 300 mil kilómetros por minuto, cuando hasta un escolar no muy aplicado sabe que es de 300 mil kilómetros por segundo. O con esta cita: a “sólo unos mil kilómetros de distancia proyectábase, gigantesco por la cercanía, el pequeño satélite de Marte”, cuando desde el siglo XIX se conoce que nuestro vecino posee dos, Fobos y Deimos. O con la afirmación de que existe una base en “un lugar secreto de la selva sudamericana”, a “cuatro mil metros de altura” (!). Pero considerar a “Yo he estado en Marte” una mendaz crónica de viajes, ya dijimos, es poco estimulante, y además, equivocado; de hecho, el libro aparece en esta reseña histórica de la ciencia ficción mexicana, y sería más indicado leerlo como una novela utópica, como, por dar un solo antecedente, la Utopía de Tomás Moro. Esto es, una descripción laudatoria de una sociedad inexistente que, por contraposición, exalta los males de la sociedad desgraciadamente existente, modelo en el que encajan casi todas las historias sobre sociedades extraterrestres que andan circulando por allí. (Vean las exhortaciones del prólogo aquí. Otro ejemplo, que parte del libro de Genovese, aquí). Pero no todos la leyeron así.


A bordo de este ingenio, una comisión nipo-alemana habría llegado a Marte durante la II Guerra Mundial

Uno de los difusores de las historias sobre platillos voladores nazis, el búlgaro Vladimir Terzinski (también "Terzinsky"), retomó la narración de Genovese y la subsumió en un fascinante delirio sobre un Marte en el que apenas hay lugar para descender, dado que ya habrían llegado a él tres expediciones: una de los alemanes y sus aliados japoneses en 1946 (que aparentemente amartizó pero nunca regresó), otra de los norteamericanos y los soviéticos en 1952 (¡en plena Guerra de Corea!) y una tercera, proyectada por el grupo de Marconi y financiada por “el Vaticano”, en 1956, y que habría partido desde… Argentina. Ésta es la que cuenta Genovese, si bien con detalles diferentes a los que suministran el inefable Terzinski y algunos otros autores, que expanden la historia hasta incluir una demostración de un arma ante Benito Mussolini, una falsa muerte de Marconi y otros dislates no menos atrapantes.

Pero ya es hora de abandonar los prolegómenos.

LOS CONJURADOS

Genovese atribuye el proyecto del viaje a Marte a un grupo de noventa y ocho científicos provenientes de seis naciones europeas, establecido en “un lugar secreto de la selva sudamericana”, e inspirado por Guillermo Marconi. El mismo se constituyó “con la juramentada decisión de encaminar sus descubrimientos exclusivamente al bien”. (Que el ejercicio del amor a la Humanidad implique aislarse del contacto con ella es una divertida paradoja. También podemos tomarlo como un juicio sobre la confianza que a la sociedad le merece el objeto de sus afanes…).

El grupo de sabios forma una comunidad dedicada únicamente a la investigación de las ciencias físicas, y pese a no mantener contacto alguno con ningún gobierno, “disponen sin embargo de un respaldo económico ilimitado que ha permitido un avance sin obstáculos con el logro de resultados asombrosos". La descripción de una organización secreta dotada de capitales ilimitados, ubicada en medio de la “selva sudamericana” y comprometida en un “avance sin obstáculos con el logro de resultados asombrosos" produce un cierto escozor: uno tiende a imaginarse un cártel de narcotraficantes colombianos, pero por supuesto no hay nada de eso. Los cuantiosos fondos de esta sociedad provienen de los legados de Marconi y de, según la enumeración de Genovese, “dos ex reyes ya difuntos, un ex rey, vivo aún, dos reyes gobernantes, un ex presidente de América Latina, tres magnates de la industria americana, cuatro ingleses, el fundador de la República Italiana, dos magnates árabes del petróleo y varios acaudalados sudamericanos”. 

El credo de esta sociedad consta de tres artículos, a saber: “una sola religión, Dios, infinito y sapientísimo arquitecto del Universo; una sola patria, la Tierra; un solo fin, hacer nuestros aliados a los habitantes de otros planetas del Sistema Solar".

El grupo desarrolló hacia 1952 el prototipo de una revolucionaria aeronave fusiforme, así como los planes para otra más grande y poderosa, de forma de… platillo volador. Pero no estaban solos en los cielos de la Tierra, porque eran conscientes, al menos desde 1950, de que nuestro planeta era explorado por vehículos provenientes del espacio interplanetario. Se intentó hacer contacto con los visitantes mediante “poderosas señales luminosas y ondas sonoras de onda corta”. Al principio no hubo contestación (uno supone que por las mismas razones por las que la sociedad prefería permanecer anónima y aislada del resto de la Humanidad…) pero a fines de 1955 se recibieron las primeras respuestas. Y entonces…

LOS VISITANTES

El 16 de diciembre de 1955, a las cinco de la tarde, una formación de cinco aparatos se acercó a las secretas instalaciones de la sociedad no menos secreta, y uno de ellos descendió. Los visitantes eran altos y rubios pero no provenían de Suecia u Holanda sino del planeta Marte, y como corresponde a un primer contacto, dejaron un souvenir. No, no fue un banderín, como en los encuentros de fútbol, sino "un rollo de oro finísimo [del que extrajo] una hoja, de treinta centímetros de brillante metal blanco del espesor de un papel nuestro corriente, la hoja metálica llevaba grabada en relieve con letras de oro, una inscripción encabezada a manera de escudo por un grabado, también en relieve, representando el Sistema Planetario Solar".

El mensaje decía lo siguiente: “Loga (Marte) hermano universal del espacio inmenso, rinde homenaje y amistad a Dogue (la Tierra) en el deseo vehemente de unir a los seres todos que viven en un solo espíritu, en el espíritu infinito para gloria y paz eternas”.

Los blondos visitantes se dieron tiempo además para comunicar a Genovese y a los otros sabios que los marcianos vigilan nuestro planeta desde hace casi dos mil años, pero que el comienzo de su exploración sistemática data de agosto de 1917, y que, a pesar de provenir del Planeta Rojo, no se caracterizaban por su admiración por Marx, Lenin, Trotsky, Stalin y Mao: "por el momento sólo declararemos que gozan de óptima reputación ante ellos los norteamericanos y las naciones del pacto del Atlántico, por sinceras en sus intenciones. No confían en el asiático y menos en Rusia que constituyen según ellos el peligro más grave para nuestra pacífica prosperidad. Por eso nos costó lograr convencerlos a establecer contacto con nosotros. Pero ya habíamos comprendido y perseguíamos el mismo objetivo".

Este espíritu de camaradería anticomunista pronto se extendió a otras cuestiones, y en pocos meses, la sociedad de discípulos de Marconi construyó una nave interplanetaria, partiendo de su prototipo y contando con el aporte de la superior tecnología de sus amigos marcianos. Fue así que, el 12 de octubre de 1956, partió la expedición a Marte.

Como sucediera 464 años antes, tres naves partieron a lo desconocido. En vez de Santa María, Niña y Pinta, esta vez el viaje fue efectuado en “Loga”, “Dogue” y “Cundi” (respectivamente “Marte”, “Tierra” y “Alianza”). Como sucediera 464 años antes, la expedición fue puesta bajo la advocación del Dios de los cristianos: Genovese afirma que “el interior de las Naves fue adornado con la imagen del Cristo”. Como sucediera 464 años atrás, hubo una escala previa: si no las Islas Canarias, la Luna. Pero a diferencia de 464 años atrás, la expedición tuvo escolta: al principio, seis naves marcianas, y luego de descansar en la Luna, otras diez más.

Genovese afirma que “todos” los habitantes de la ciudad de Tanio, capital del planeta Marte, salieron al “aeropuerto” para darle la bienvenida a los habitantes de la Tierra. Y aquí llega la parte mas decepcionante del libro: cinco días permanecieron los expedicionarios en Marte, pero de los que no se da más detalles que el de haber sido destinados “a la observación y al estudio”, además de alusiones a temperaturas ambientes más bien bajas (“10 grados centígrados”) y una presión atmosférica similar a la que se registra en la Tierra “a seis mil metros de altura”. (En ambos casos, valores por cierto bastante más confortables que los determinados por las sondas espaciales enviadas en las últimas cuatro décadas). Por no hablar de “mares, islas, continentes” en un planeta donde no hay masas de agua en la superficie…

Los informes sostienen que allí aprendieron “muchísimo”, y que después de haber regresado continuaron sus estudios e investigaciones en el corazón de la selva sudamericana. Una pena: nos quedamos sin saber, por ejemplo, si en las películas marcianas de ciencia ficción clase B los malos somos los terrestres. O cómo es su horóscopo: ¿será la Tierra el planeta regente de los equivalentes marcianos de Aries y Escorpio?

CODA

La idea de que, en el mayor secreto, ya se han establecido bases marcianas es de lo más sugerente, y aún más si ellas han sido establecidas por nada menos que el Tercer Reich y sus aliados del Mikado. ¿Cómo se le escapó a Hollywood semejante filón?  ¿Cómo a nadie se le ocurrió que, agazapados en las arenas heladas del Planeta Rojo, los herederos ideológicos de Hitler y Tojo bien podrían estar rumiando la revancha? ¿Qué tal, por ejemplo, una versión con platillos volantes de la Blitzkrieg de 1940 o el ataque a Pearl Harbor de 1941, preparada en secreto para desencadenarse, digamos, al cumplirse cien años del Putsch de Munich de 1923? ¿Qué actitud tomarían los gobiernos de la Tierra? ¿Quién se aliaría y quién enfrentaría a ese nuevo Eje? Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea, ¡Israel! ¿tienen pruebas de esa base y las silencian? ¿Ellos también llegaron a Marte, y si es así, qué relaciones mantienen con sus antiguos enemigos de la Segunda Guerra Mundial? ¿Continúa esa guerra bajo las lunas marcianas de la misma manera que lo hiciera en las Ardenas, Monte Casino, Tobruk, Stalingrado o Guadalcanal?

Creo que le debemos un reconocimiento al amigo Genovese por haber despertado estas ideas ¿no?

 

NOTAS Y FUENTES

* En esta página hay una transcripción de buena parte del libro de Genovese.

* Esta nota de Gabriel Jacobo es una buena explicación de cómo nace el mito de los ovnis nazis, y es una reelaboración de este excelente artículo en inglés de Kevin McClure (no, no es Troy…).

* En este sitio se puede encontrar una completa e interesante lista de libros sobre pretendidos viajeros interplanetarios.

* “Los marcianos invaden la Tierra”, de Moisés Garrido Vázquez.

* Este es un sitio que es un buen ejemplo de las interpretaciones místicas y utópicas de la obra de Genovese. Otro caso aquí.

 

 

 

 

 

 



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