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Cine y Series (Lecturas: 6761) Fecha de publicación: Abril de 2007 |
TV argentina: ¿el público manda? |
Una visión de la historia televisiva argentina desde un punto de vista no muy visitado: las cartas de los televidentes. por Darío Lavia |
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Televisión Argentina. Señalada por detractores como un terreno de explotación comercial camuflado de servicio público, artístico, humanitario, político, propagandístico y una gran cantidad de rubros más. Sin embargo, para la mayoría de los seres humanos que habitaron el país durante las últimas 6 décadas, está relacionada al menos con recuerdos nostálgicos de programas, series, discursos de presidentes, cómicos y un larguísimo etcétera. Desde un punto de vista, podríamos afirmar que el pensamiento vivo del televidente, "actor" esencial de la historia de la TV argentina (frecuentemente olvidada en muchos libros de reciente publicación), está representado en cierto modo por las cartas publicadas por las revistas que solían difundir no solo la programación televisiva semanal sino también reportajes, chimentos, noticias del ambiente... Veamos una breve selección de misceláneas indicando el año de publicación original Cartas de los lectores 1961: Tangos: En el programa "Escala musical", el señor
Astor Piazzolla desprestigió al tango de antes, diciendo que el farolito
y el malevo son cosas pasadas y que hay que renovarse. El señor Piazzolla
se ha equivocado, y me extraña que, como conoció a Gardel haya
dicho eso. El tiempo dirá si triunfa el tango moderno o el de antes,
aquél que tocó Canaro y cantó el morocho Gardel. 1966: Un Olvido Injustificado: La televisión argentina ha alcanzado
ya una madurez y un grado de adelanto que le exigen ciertos esfuerzos impostergables
a fin de tratar de independizarse, en alguna medida, de la necesidad vital de
importar para su exhibición la producción extranjera que constituye
al presente su material predominante. ![]() Evangelina Salazar y María Rosa Gallo, en una escena del "Romeo y Julieta" emitido por Canal 13 en 1966
1966: Palito-Evangelina: El señor Palito Ortega será buen
cantante y tendrá toda la plata que quiera, pero no tiene por qué
andar diciendo toda la plata que tiene y cuánto gasta en autos, lujos
y departamentos. ¿Por qué es tan ostentoso? ¿O se olvida
que nació como cualquier hijo de vecino en un lugar pobre y que pasó
hambre como cualquiera? ¿O quiere dar envidia? ![]() Yaco Monti observa uno de sus discos 1966: Yaco Monti: ¿Me podrían hacer llegar una foto autografiada
de Yaco Monti?
1974: Una vez más un canal de televisión incurrió
en el error de levantar inesperadamente un buen programa. Esta vez se trata
de "Departamento S", la excelente serie inglesa que desde hace varios
meses televisaba Canal 11, los martes a las 22.30 horas. Considero que se trataba
de un programa hecho con sentido adulto, sobrio, bien interpretado; en suma,
digno de todo elogio. Para cubrir su vación corrieron los horarios de
programación y colocaron a las 20.30 uno de los archiconocidos y más
viejos programas del canal: "Reino salvaje". Y yo me pregunto: ¿qué
pasa con la televisión argentina? Es inconcebible que se repitan hasta
el cansancio series como "Ladrón sin destino", "Daktari"
o "Dos tipos audaces", o que permanezcan en cartel ciclos como "Jacinta
Pichimahuida", "Me llaman Gorrión", "El B.P. Show",
"Pinina quiere a papá", etc., mientras se levantan sin motivos
aparentes excelentes programas como el mencionado. Creo que es hora de pensar
en lo mejor y de sentir un poco de respeto por el espectador. ![]() Anuncio de un episodio del Ciclo de Teatro Argentino (1970) 1974: Hacemos llegar por medio de esta carta nuestra más sincera
felicitación al ciclo "Teatro Argentino", que dirige magistralmente
Carlos Muñoz. Expresamos nuestro beneplácito especialmente por
una de las últimas entregas, "Capocómico", de Sergio
de Cecco, estupendamente interpretada por un elenco excelente, en el que resulta
imprescindible mencionar a Alberto Argibay y Eva Dongé. Obras así
y acotres así nos reconfortan. Queremos al teatro, y por lo tanto admiramos
a quienes se dedican a él con talento y respeto. 1980: Yo me pregunto y, a la vez, les pregunto a los directivos de los
canales de TV en general, hasta cuándo vamos a tener que soportar programas
como "Almorzando con Mirtha Legrand", "Comicolor", "Alberto
y Susana", por nombrar algunos, porque mediocres hay para todos los gustos.
¿No sería posible que en algún momento respetaran al telespectador
como adulto y capaz de disfrutar de trabajos de nivel? ¿Falso mito? Podríamos seguir con cientos de ejemplos más, pero digamos que con esta breve selección uno puede hacerse a la idea del componente humano que durante décadas se sentó frente al televisor. En "Grandezas y miserias de la televisión argentina", artículo para la revista "Hechos de Máscara" (1969), el periodista Miguel Ángel Fuks expresa un punto interesante sobre TV y televidentes: «Uno de los falsos mitos a erradicar es el famoso de que el público manda. El director del Instituto de Comunicación y Medios Audiovisuales para América Latina, profesor José Bullaude, ha negado ese preconcepto: "El público solo acepta, y dentro de lo que se le ofrece, elige. El mercado argentino en general, está patas para arriba; el consumidor aquí es un pobre tipo que tiene que contar con cuñas para comprar. En las programaciones de televisión sucede igual; el público no manda, se le dan cosas para que elija".» En la actualidad, la utilización de rátings medidos al minuto para evaluar la incidencia de tal o cual bloque de un programa respecto de su competencia en el canal vecino promueven un abanico de posibilidades que parecería refutar la teoría de que "el público solo acepta". El planteamiento de una programación televisiva completa obedece, por supuesto, a patrones culturales, ideológicos pero también comerciales, sin los cuales no habría canal televisivo ni televidente. La mecánica parecería ser el tomar la temperatura del interés popular y ofrecer contenidos acordes al clima predominante. ¿Entonces, al decir de Ray Bradbury, cumple la televisión un "efecto embrutecedor"? Para responder esta pregunta deberíamos primero repasar toda la historia de nuestro medio y no tomarlo como una manifestación mediática en la que hay un caudal de información que se mueve en un solo sentido, sino, por el contrario, como una pieza más de una completa sinergía, que emite aquello de lo que se alimenta y retroalimenta. Entendida así, la TV estimula, pero de dos formas distintas. Mientras algunos televidentes sufren del "estímulo embrutecedor", otros gozan de una especie de "lente de aumento" que les permite a través de una visión crítica, apreciar diversos aspectos de la Cultura en la que vive. Uno de los pioneros de la televisión argentina, Goar Mestre, utilizó un lenguaje simple pero profundo, para describir en 1969 una posible conclusión de esta nota: "La televisión argentina tiene cosas buenas y cosas malas, según desde qué punto de vista se la enjuicie y quién la enjuicie. Para algunos es deficiente, mientras que para otros llena perfectamente su cometido. Ciertas minorías repudian la televisión en sí misma, mientras que otras la desacreditan pero, sin embargo, muchos millones de argentinos la consideran lo suficientemente interesante, comunicativa, instructiva e informativa como para situarse, cada día, frente a sus televisores, sin que nadie los obligue a ello". La televisión no tiene el propósito de estimular el juicio crítico de sus televidentes pero tampoco de hacer que involucionen mentalmente (ambos lograrían que se quedase sin público). Dentro de este margen, entre quien solicita el autógrafo de Yaco Monti y quien se queja de la extendida mediocridad de los programas, la televisión ha promovido (y promueve) la discusión sobre calidad de sus contenidos. Continúa Goar Mestre diciendo: "al final de ese maravilloso esfuerzo colectivo que culmina en un programa, aguarda un fallo inapelable por parte del televidente independiente, soberano y libre, quien ostenta el fantástico poder de decisión viendo o no el programa en cuestión". Por supuesto este fallo inapelable no alcanza a la minoría detractora. Ellos no ven programas de ningún canal.
Fuentes: Billani, Darío, Historia Integral de la Televisión
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