Johnny Mnemonic: Héroes, mitos y tecnología

Johnny Mnemonic:
Héroes, mitos y tecnología

por Del

«Johnny Mnemonic» es uno de los cuentos más importantes de William Gibson porque configura una técnica narrativa absolutamente innovadora junto con un planteo poético que sentará las bases de sus obras posteriores. La historia de un traficante de información, un depósito viviente de datos, sirve de excusa para que Gibson recree algunas de las estructuras mitológicas más antiguas de la humanidad. Es precisamente esto lo que intentará lograr Gibson a lo largo de toda su producción literaria: recrear una mitología que le ayude al hombre moderno a comprender y resistir dentro de una sociedad cada vez más adversa.

Tal vez no se trate de adaptarnos o morir, sino que parece llegado el momento que sea la tecnología la que se adapte a nuestra vida o muera.


Jeff Garten

 

I. Mitos y tecnología

Hace miles de años los antiguos pueblos contaban historias maravillosas. Historias que, a pese al devenir del tiempo, se han conservado dentro del inconsciente colectivo de la humanidad. Estas imágenes, que los estudiosos llamaron mitos, son sin lugar a dudas la puerta de acceso al aspecto más profundo del espíritu humano: sus miedos.

Fue el terror a la muerte lo que impulsó a Gilgamesh, el extraño héroe persa, a buscar la planta de la inmortalidad para intentar liberarse del destino irrefrenable del ser humano. Fue el terror al mar y sus misterios los que forjaron en Homero y en toda su generación los fecundos vientos que guiaron el viaje del astuto Odiseo. Fue el temor frente a lo sagrado lo que motivó el viaje de Perceval a las tierras yermas del Rey Pescador en busca de un encuentro revelador.

El terror. Terror a lo desconocido, terror al cambio, terror a lo nuevo. El mito es, después de todo, una forma tan arcaica como efectiva de exorcizar esos temores, de explicar –aunque más no sea de forma irracional– el paralizante estremecimiento del miedo.

Nuestra cultura posmoderna no es ajena al miedo, y tampoco lo es a los mitos. Mitos reformulados, actualizados, desacralizados, templados según el calor de una nueva era, pero mitos al fin: Una forma efectiva de acercarnos a lo insondable.

William Gibson es el Homero de la posmodernidad. En su obra, breve pero certera, ha sabido reflejar gran parte de los temas que causan temor al hombre moderno intentando expiarlos, explicarlos o al menos enseñarnos a convivir con ellos.

II. Un repaso por la obra de Gibson

En 1948 nace William Ford Gibson. Aunque pasa su infancia y adolescencia en EEUU, en 1968 emigra a Canadá. Vive durante un tiempo en la industrializada Toronto, pero unos años más tarde, en 1972, se muda a la ciudad que lo vería convertirse en un estandarte de la de la ciencia ficción posmoderna: Vancouver.

La obra de Gibson no es demasiado extensa: Su primer relato publicado, «Fragments of a Hologram Rose» (1977), fue divulgado por el fanzine UnEart. Su irrupción en el mundo profesional se produjo cuatro años después con el excelente cuento «The Gernsback Continuum» (1981), una reflexión sobre el papel de la ciencia ficción de la Edad de Oro en la sociedad norteamericana.

Luego de este augurioso comienzo, Gibson publica algunos cuentos en revistas dedicadas a la ciencia ficción o a la cultura posmoderna. Para ese entonces comenzaba a perfilarse como un autor de avanzada que demostraba un manejo único del lenguaje y de los recursos narrativos. Pero la fama y el reconocimiento llegarían recién en 1984 cuando se publique su célebre novela Neuromance, ganadora de los premios Hugo, Nebula y Phillip K. Dick. A este libro seguirían otros dos, Count Zero (1986) y Mona Lisa overdriver (1988). Las tres conforman la llamada Saga del Sprawl o Trilogía ciberpunk.

En 1990 Gibson publica la violenta distopía The difference engine, escrita en colaboración con Bruce Sterling. No es la primera experiencia de trabajo en conjunto de los dos grandes del ciberpunk: ya en 1983 habían escrito el cuento «Red star, winter orbit».

Su próxima empresa es Virtual Light (1993), historia que se sitúa en el mismo futuro próximo que sus dos siguientes novelas: Idoru (1996) y All Tomorrow's Parties (1999).

Como consecuencia de su popularidad, Gibson escribe diversos textos, entre los que se destaca el prefacio a la reedición realizada en 1996 del controvertido clásico de Samuel R. Delany Dalhgren y dos capítulos para la serie de televisión The X-Files: Kill Switch y First Person Shooter, ambos en coautoría con Tom Maddox. (1)

Partiendo de algunos de sus más célebres cuentos, el propio Gibson realizó una selección personal que incluye prácticamente toda su narrativa breve: la antología Burning Chrome (1986). El libro incluye tres cuentos pertenecientes a la Serie del Sprawl: «Johnny Mnemonic», «New Rose Hotel» y el relato que da título al libro, «Burning Chrome». Cada uno de ellos presenta singularidades interesantes e innovadoras. A partir de estos textos el autor aborda determinados aspectos de la sociedad tecnológica y su efecto sobre el ser humano.

III. «Johnny Mnemonic»

«Johnny Mnemonic» (2) es uno de los cuentos más importantes del autor porque configura una técnica narrativa absolutamente innovadora junto con un planteo poético que sentará las bases de sus obras posteriores.

La historia de un traficante de información, un depósito viviente de datos, sirve de excusa para que Gibson recree algunas de las estructuras mitológicas más antiguas de la humanidad. Como sostienen Robert Scholer y Eric Rabkin:

Aunque para muchos críticos el rasgo distintivo de la ciencia ficción es la extrapolación técnica rotunda, el uso y la creación omnipresentes de mitos de toda especie nos recuerda que la ciencia ficción, por encima de todo, es ficción humana, y esto le lleva continua e ineludiblemente a examinar los símbolos que están en la base de la concepción que tenemos de nuestro mundo y de nosotros mismos. (3)

Y es precisamente esto lo que intentará lograr Gibson a lo largo de toda su producción literaria: recrear estructuras mitológicas que hablen al hombre moderno y que le ayuden a comprender y resistir dentro de una sociedad cada vez más adversa.

El primer párrafo de «Johnny Mnemonic» no tiene desperdicio:

Metí el arma en un bolso de mano Adidas y la envolví con cuatro pares de medias de tenis; no era en absoluto mi estilo, pero eso era lo que yo buscaba: si piensan que eres bruto, sé técnico; si piensan que eres técnico, sé bruto. Soy un muchacho muy técnico. Así que resolví hacerme lo más grosero posible. Hoy en día tienes que ser muy técnico hasta para aspirar a la grosería. (4)

¿Será quizás este párrafo una reflexión que el propio Gibson realiza sobre su tajante modo de escribir? Es muy posible. Su técnica literaria es excelente, aunque no está exenta de cierta violencia verbal, cierto deseo de romper los cánones del lenguaje formal pero sin recurrir a la vulgaridad. Gibson parece ser un escritor muy técnico que aspira a la grosería, a la crudeza del lenguaje, a la expresión total e ilimitada. Esto es indudable sobre todo en Neuromance, donde el autor perfecciona su mundo poético incluyendo dentro de sus metáforas elementos considerados impropios según los cánones clásicos, como la mención constante a marcas como Sony o Samsung. Si a esto le agregamos la referencia permanente a productos propios de la sociedad post-industrial como el plástico o la masilla epoxi, comprenderemos que Gibson crea un mundo poético que su amigo y colega Burce Sterling denomina acertadamente poesía hi-tech. Lo que Gibson quiere transmitir a partir del desarrollo del lenguaje técnico-poético es la sensación de que la tecnología es una parte tan esencial de nuestra vida que se ha infiltrado hasta en el reducto más sagrado del hombre: el arte. Y es sabido: cuando el arte no puede evitar un tema es porque ese tema es clave para la concepción de la identidad cultural de ese tiempo. La tecnología forma parte de la vida cotidiana. Podemos negarla, rechazarla, odiarla, limitarla o prohibirla pero cualquiera sea la actitud que tomemos frente a ella no podemos ignorarla.

Johnny es la representación del hombre tecnológico: no solo vive en una sociedad hipertecnológica, sino que él mismo es un ser tecnológico. No existe una separación entre la circunstancia de desarrollo tecnológico y el héroe de la historia: fondo y personaje se funden impidiendo la tensión.

El propio Johnny es una metáfora enorme del ser humano actual: «Yo llevaba cientos de megabytes guardados en la cabeza, en una base informática del tipo idiota/sabio, a la que no tenía acceso conciente» (5) dice el protagonista al principiar el relato.

El trabajo de Johnny está íntimamente relacionado con la información. Como sostiene Alvin Toffler «la información se ha convertido quizás en el asunto más importante y de crecimiento más rápido del mundo». (6) Johnny está en la cresta de la ola, maneja la mercancía más preciada en estos tiempos: datos. Pero, al igual que hombre moderno, no tiene acceso a ellos. El caudal de información es tal que escapa a las posibilidades del hombre. Se necesita una gradación de la información, una valoración: «Temas gigantes como meteoritos, noticias que importante verdad, quedan sin atender y pasan a engrosar, pe-li-gro-sa-men-te, la bolsa del inconsciente colectivo». (7)

Johnny posee la información, pero no el conocimiento. Durante los siglos del iluminismo y la razón se creyó que información y conocimiento eran palabras sinónimas. Hoy, superados por la avalancha de datos, comprendemos que son términos relacionados pero no iguales.

El hombre moderno tiene toda la información al alcance de su mano, pero no tiene forma de clasificarla más que apelando a un método empírico y arbitrario. Johnny solo puede ingresar a esa información para adquirir el conocimiento a partir de un término arbitrario que solo conoce la persona que cargó en él la información, el infocomerciante Ralfi. Cuando Ralfi muere, asesinado por un enviado de Yakuza, una organización tecnológica y criminal, Johnny pierde la posibilidad de extraer la información que trasporta en su cabeza. Como el hombre posmoderno, ha perdido la capacidad de encontrar una tabla de valores que le permita reelaborar la información y acceder al conocimiento. Ralfi es para Johnny lo que la ética fue para occidente: cuando la perdimos o la olvidamos, también perdimos junto con ella la capacidad de interpretar la información –de cualquier tipo: moral, técnica, humanística– de un modo acertado. Colocamos todo al mismo nivel y perdimos el contacto con lo realmente importante.

IV. El descenso del Johnny

Cuando Johnny ha perdido la posibilidad de acceso a la información que se alberga en su memoria comienza el descenso hacia una realidad diferente, la de los Lo Teks, una tribu urbana que abandona toda tecnología avanzada –de ahí su nombre, variación del termino inglés low tech, baja tecnología– para vivir en una suerte de ciudad alternativa construida en la cumbre de Nighttown, una sociedad al margen de la estructura hipertecnológica. El propio Johnny la describe de la siguiente manera:

Nighttown no paga impuestos ni presta servicios. Las luces de neón están apagadas, y las geodésicas han sido ennegrecidas por el humo de décadas de fuegos de cocina. En la casi total oscuridad de un mediodía de Nighttown ¿quién se fija en una que otra docena de chiquillos perdidos por los techos? (8)

Es aquí donde Gibson recurre a la clásica estructura mitológica del periplo del héroe que con tanta precisión analizó el mitólogo estadounidense Joseph Campbell en El héroe de las mil caras. Esta estructura, a la que Campbell denomina estructura nuclear del monomito, consta básicamente de tres partes:

1.Partida:

el héroe se retira del mundo social conocido para internarse en un universo desconocido respondiendo a lo que Campbell denomina la llamada de la aventura.

2. Iniciación:

Una vez dentro del nuevo universo el héroe es guiado por una serie de personajes o representantes de lo sagrado para llegar a conocer íntima y personalmente los preceptos de la divinidad.

3. Regreso:

Luego de la iniciación, el héroe, ahora conocedor de los misterios de lo sagrado, retorna a la vida social abandonada al partir. La finalidad de este retorno es transmitir a los demás seres humanos el conocimiento adquirido durante la iniciación. (9)

Al descender a Nighttown, Johnny está partiendo de su universo conocido, un universo científicamente avanzado, para insertarse en un universo desconocido, el de la baja tecnología. Su guía en este particular descenso será Molly, el extraño personaje cuya historia se relata en Neuromance y en Mona Lisa overdrive. Molly es el ser que se encuentra entre los dos mundos. Posee implantes de alta tecnología, pero al mismo tiempo parece simpatizar con los Lo Teks. Ella quiere ayudar a Johnny para ganar algo de dinero. Sabe que existe una forma de extraer la información encerrada en el implante del protagonista y posee los elementos para hacerlo en el Nighttown: Allí se esconde, dentro de una pileta, Jones, un delfín especialmente preparado con un dispositivo llamado squid –calamar con el cual puede extraer de la mente de Johnny cualquier tipo de información, incluso la que ya ha sido retirada pero ha dejado rastros psíquicos en su mente.

La gran pregunta dentro de este extraño periplo planteado por Gibson es ¿qué es lo sagrado para los personajes? ¿A qué pretenden acercarse? ¿Cuál es el ideal que persiguen?

Johnny está condenado por la tecnología. Es un simple receptáculo sin otro sentido más que contener información. Para la sociedad dentro de la que vive no es importante como persona. Es, simplemente, una herramienta de la tecnología. El hombre, parece decir Gibson, se ha transformado en la herramienta de su herramienta: ha creado a la tecnología para utilizarla en su avance y evolución, pero ha terminado por ser utilizado por ella.

Pero Johnny romperá la condena y logrará liberarse de las garras de los hombres que han transformado la tecnología en el enemigo. Al subir a Nighttown ha encontrado un universo donde la tecnología tiene su lugar, y ese lugar está bajo la soberanía del hombre. Johnny no será utilizado por la tecnología: ahora él la utilizará a ella. No importa que para hacerlo tenga que retroceder, que volver al primitivismo primordial.

El primer logro de Johnny será vencer en un extraño combate al asesino que los yakuza había enviado para capturarlo. El ritmo narrativo acelerado y concreto que perdura a lo largo del relato llega a su clímax en el momento del combate. La narración es certera, una acumulación de verbos veloces que hacen trepidar a los personajes. Alejado del barroquismo tecnológico de Neuromance, Gibson logra un desarrollo impecable. El héroe del relato ha logrado aniquilar a un exponente de la sociedad de la tercera ola volviendo contra él su propia tecnología. Comienza de este modo a librarse de las garras del desarrollo avasallante.

Pero Johnny nunca regresa a la sociedad hipertecnológica de la que partió. A diferencia de los héroes de la literatura clásica, Johnny permanece en el lugar donde accedió al conocimiento. No piensa en retirarse de allí. Ese es su modo de transmitir el mensaje, negándose a reingresar a una sociedad donde sólo es un contenedor que puede ser manipulado sin ningún reparo.

Johnny entiende que es más importante la dignidad del hombre que la prepotencia de la tecnología:

Y los tres [Johnny, Molly y Jones] estamos haciendo mucho dinero, más dinero que el que hacíamos antes, porque el Calamar de Jones puede leer las huellas de todo lo que me han almacenado en la cabeza, y me lo dice en el monitor en lenguajes que entiendo. Así que estamos aprendiendo muchas cosas acerca de mis anteriores clientes. Y un día haré que un cirujano me saque todo ese silicio de las amígdalas, y viviré con mis propios recuerdos y con los de nadie más, como el resto de la gente. Pero todavía no. (10)

De este modo termina el texto, con el significativo deseo de Johnny: erradicar definitivamente la tecnología de su cuerpo.

¿Deberá nuestra sociedad llegar a tanto? Dijo hace un tiempo el decano de la Escuela de Administración de la Universidad de Yale: «Tal vez no se trate de adaptarnos o morir, sino que parece llegado el momento que sea la tecnología la que se adapte a nuestra vida o muera». Una frase terrible, pero real. Una frase que bien podría haber dicho William Gibson.

¿Johnny Mnemonic en el cine?
Visita la Zona Crítica

 

 

 

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(1) Gran parte de la obra de Gibson ha sido publicada en castellano:

Conde Cero –Count Zero– (Barcelona: Minotauro, 1998).
Idoru (Barcelona: Minotauro, 1998).
Luz virtual –Virtual light– (Barcelona: Minotauro, 1994).
Mona Lisa acelerada –Mona Lisa overdrive– (Barcelona: Minotauro, 1998).
Neuromante –Neuromance– (Barcelona: Minotauro, 1997).
Quemando Cromo –Burning Chrome– (Barcelona: Minotauro, 1994). Contiene los relatos: «Johnny Mnemónico» –«Johnny Mnemonic»–; «El continuo de Gernsback» –«The Gernsback Continuum»–; «Fragmentos de una rosa holográfica» –«Fragments of a Hologram Rose»–; con Jhon Shirley, «La especie» –«The Belonging Kind»–, «Regiones apartadas» –«Hinterlands»—, con Bruce Sterling «Estrella roja, órbita de invierno» –«Red Star, Winter Orbit»—, «Hotel New Rose» –«New Rose Hotel»–, «El mercado de invierno» –«The Winter Market»–, con Michael Swanwick, «Combate aéreo» –«Dogfight»– y «Quemando Cromo» –«Burning Chrome»–.


Además se publicó la recopilación de relatos realizada por Bruce Sterling Mirroshades: Una antología Ciberpunk –Mirrorshades: the cyberpunk antology– (Madrid: Siruela, 1998) que contiene dos relatos de Gibson incluidos también en Burning Crome: «El continuo de Gernsback» –«The Gernsback Continuum»– y «Estrella roja, órbita de invierno» –«Red Star, Winter Orbit»–, éste último escrito en colaboración con Bruce Sterling.

 

(2) «Johnny Mnemonic» ha sido adaptado al cine con cuestionables resultados en la película que lleva el mismo nombre, dirigida por Robert Longo en 1995 y protagonizada por Keanu Reeves. El film, en cuya elaboración participó Gibson, fue luego adaptada dos veces en formato novela.

(3) Robert Scholes y Eric Rabkin, La ciencia ficción: Historia-ciencia-perspectiva, (Madrid: Taurus, 1982), p. 187.

(4) William Gibson, Quemando Cromo, «Jhonny Mnemónico» (Barcelona: Minotauro, 1994), p. 15. La traducción dinámica que se ha realizado del texto mantiene el ritmo de la trama pero impide un análisis textual profundo. Por este motivo hemos decidido incluir los párrafos citados en su idioma original para que el lector interesado pueda tener una idea más certera sobre la utilización del lenguaje en el cuento de Gibson:

I put the shotgun in an Adidas bag and padded it out with four pairs of tennis socks, not my style at all, but that was what I was aiming for: If they think you're crude, go technical; if they think you're technical, go crude. I'm a very technical boy. So I decided to get as crude as possible. These days, thought, you have to be pretty technical before you can even aspire to crudeness.

(5) Gibson, Quemando Cromo, p. 16. En el original: «I had hundreds of megabytes stashed in my head on an idiot/savant basis information I had no conscious access to».

(6) Alvin Toffler, La tercera ola (Madrid: Orbis, 1985), p. 162.

(7) Esteban Peicovich, «Lectores del mundo», Revista: La Nación, no. 1636, p. 12.

(8) Gibson, Quemando Cromo, p. 31. En el original:

Nighttown pays no taxes, no utilities. The neon arcs are dead, and the geodesics have been smoked black by decades of cooking fires. In the nearly total darkness of a Nighttown noon, who notices a few dozen mad children lost in the rafters?

 

(9) Joseph Campbell, El héroe de las mil caras (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 1997), pp. 11-49.

(10) Gibson, Quemando Cromo, p. 38. En el original:
And we're all making good money, better money than I made before, because Jone's Squid can read the traces of anything that anyone ever srored in me, and he gives it to me on the display unit in languages I can Understand. So we're learning a lot about all my formed clients. And one day I'll have a surgeon dig all the silicon out of my amygdalae, and I'll live with my own memories and nobody else's, the way other people do. But not for a while.

 

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