Editan Paz de Gene Wolfe

La editorial argentina Interzona acaba de publicar Paz, la novela de Gene Wolfe con traducción de Marcelo Cohen.
Es un libro de 297páginas, con un formato de 13,5 x 21,5 a un precio de 32 pesos argentinos

Gene Wolfe nació en Nueva York en 1931. Cuentista y novelista enormemente prolífico, ganó varios premios Nebula y World Fantasy. Combatió en la guerra de Corea y de regreso en Estados Unidos trabajó como ingeniero mecánico (algo pocas veces dicho es que inventó la máquina con que se fabrican las papas fritas Pringles). Su obra más celebrada es El libro del Sol Nuevo, cuatro volúmenes y una coda que transcurren en un futuro remoto, en un planeta de sol agonizante llamado Urth, y narran la peripecia de Severian, aprendiz de torturador que llega a ser un mesías.

En Paz el que habla es Alden Weer, un hombre de unos sesenta años que siempre vivió en un pueblo del Medio Oeste norteamericano. Nunca sabremos si Weer no ha muerto ya de un infarto. Él mismo ignora si está en su oficina o en un cuarto de la exagerada casa que mandó construir. Puede que sea un fantasma; lo que oímos, por cierto, no es un formal recuento de vida sino una atmósfera hecha de gente y momentos. Abundan las digresiones, la acción recae en personajes secundarios y todos cuentan algo -hasta parábolas chinas-, cada uno en su estilo y siempre a la perfección. El lector tendrá que establecer los vínculos. Por lo pronto, no tarda en conocer a la madre, el abuelo y la niñera de Weer. También a la adorable tía Olivia y a sus tres peculiares pretendientes. Ninguno está vivo; en realidad, pese a su humor estrafalario, Paz es un gran Libro de los Muertos del corazón del siglo veinte. Cada uno a su turno, tres excursionistas descubren en una cueva el mismo cráneo humano, vestigio de un pueblo extinguido diez mil años antes, y deciden callarse la boca. Alguien describe las angustias de un farmacéutico que creía tener en casa al fantasma de su esposa. Un anticuario fragua las memorias de una granjera rica e induce a una lectora incauta a buscar una fortuna enterrada. El capataz de una fábrica de jugos recuerda la muerte de un peón encerrado en una cámara de frío. Todo en la novela habla de lo mismo: vivimos entre vidas desaparecidas, cada una presente en su historia y su voz característica. Wolfe adopta esas voces, con un oído soberbio, como si sólo así pudiese alumbrar la verdad sobre Alden Weer. Y aunque el libro que resulta no es para impacientes, el que persevere tendrá recompensas sustanciosas y un recuerdo imborrable.
Más info en www.interzonaeditora.com.

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