El pacto de los lobos

UN SANCOCHO DE GALLINA A LA FRANCESA:
EL PACTO DE LOS LOBOS

por Campo Ricardo Burgos López

En Colombia existe un plato típico denominado "Sancocho de gallina", una sopa que -si la memoria no me falla- entre otros ingredientes incluye plátano verde, plátano maduro, yuca, papa, habas, repollo, arvejas, mazorcas de maíz tiernas, y además una gallina cortada en convenientes presas. Fuera de lo anterior, a esta ya de por sí contundente mezcla se le agrega cebolla cabezona, tomate picado, mantequilla, dientes de ajo, color, cilantro fresco, sal, pimienta y comino al gusto... Bueno - se me dirá- ¿y a qué viene esta digresión de cocina tropical alrededor de una película fantástica proveniente de la tierra de Descartes? Pues viene a que El pacto de los lobos es una muestra de que los franceses también saben preparar lo que yo denominaría "sancochos de gallina fílmicos".

 

Antes de comentar El pacto de los lobos (Le pacte des loups), largometraje francés del director Christophe Gans, quisiera comenzar con una breve anotación acerca de culinaria. En Colombia existe un plato típico denominado "Sancocho de gallina", una sopa que -si la memoria no me falla- entre otros ingredientes incluye plátano verde, plátano maduro, yuca, papa, habas, repollo, arvejas, mazorcas de maíz tiernas, y además una gallina cortada en convenientes presas. Fuera de lo anterior, a esta ya de por sí contundente mezcla se le agrega cebolla cabezona, tomate picado, mantequilla, dientes de ajo, color, cilantro fresco, sal, pimienta y comino al gusto. Una vez todo este revuelto es cocido por largo rato en la olla, se sirve acompañado de aguacate y arroz. En algunas zonas de Colombia la gallina es sustituida por pescado o carne de res, y obtenemos así el "sancocho de pescado" o "sancocho de carne". Lo cierto es, que el sancocho de gallina (o de pescado o de carne) es una comida que se complace en confundir en una sola olla cuantos frutos puede ofrecer la madre naturaleza, es absolutamente deliciosa y a veces hasta excesiva para unos estómagos demasiado sensibles. Bueno - se me dirá- ¿y a qué viene esta digresión de cocina tropical alrededor de una película fantástica proveniente de la tierra de Descartes? Pues viene a que El pacto de los lobos es una muestra de que los franceses también saben preparar lo que yo denominaría "sancochos de gallina fílmicos". Pero me explicaré mejor si antes trato el argumento de la obra, luego apunto algunos comentarios, y finalmente señalo alguna conclusión. Veamos.

 

¿CUAL ES EL ARGUMENTO?

El relato transcurre en la Francia del siglo XVIII anterior a la Revolución Francesa. Se inicia cuando el naturalista Grégoire de Fronsac arriba a la población de Gévaudan, acompañado de su amigo, un indígena americano llamado Mani. Los dos hombres han sido enviados a esta provincia por el mismísimo rey de Francia (Luis XV) con el fin de averiguar cuál es la causa de una serie de misteriosos asesinatos que han ocurrido en ese lugar. Las víctimas tienen la apariencia de haber sido atacadas por un animal salvaje, y de allí que por todas partes corra el rumor de que el causante de las muertes es una bestia o al menos un lobo de rarísimo comportamiento. Fronsac y Mani se instalan en la mansión de un marqués y desde allí comienzan su investigación. Los nobles de Gévaudan están muy preocupados por los asesinatos en serie, y tejen toda clase de teorías explicativas que van desde incursiones de Satanás hasta aquellos que imaginan un extrañísimo animal que ha irrumpido en la provincia. Los meses transcurren y aunque hay más asesinatos que el dúo Fronsac-Mani analiza concienzudamente, lo cierto es que el misterio aumenta. Así pues, a fin de sobrellevar el aburrimiento en un poblado rural que por ese entonces no contaba con televisión o internet, Fronsac y Mani salpimentan su trabajo con labores como visitar los burdeles y prostitutas que habitualmente frecuenta la nobleza, asistir a opíparas cenas, o cortejar a bellezas locales como Marianne de Morangias (esto último por parte de Fronsac). En cierto momento la llamada bestia ataca a una pareja de personas, mata a una de ellas pero la otra , una niña, sobrevive al ataque escondiéndose en un hoyo donde la bestia no puede penetrar debido a su tamaño. La niña es encontrada inconsciente por Mani y sometida a su medicina india y en eso, procedente de París, llega a Gévaudan un nuevo cazador que el impaciente Luis XV, harto de la falta de resultados de Fronsac y Mani, ha enviado. Cuando la niña recobra el sentido, narra que ella y la persona que murió, fueron atacados por una bestia de extrañísimo aspecto y que -detalle inquietante- a la bestia la acompañaba una persona cuyo rostro no pudo distinguir debido a la oscuridad. El nuevo cazador no cree el relato de la niña y piensa que ella desvaría debido al trauma emocional, piensa que no hay que buscarle tres pies al gato, y que es evidentísimo que el causante de todas las muertes sólo es un lobo especialmente feroz pero nada más. Así, el cazador recién llegado mata un lobo cualquiera y bajo amenazas obliga a Fronsac a que embalsame al animal para llevarlo a París y exhibirlo como el causante de las masacres de Gévaudan. Una vez la bestia embalsamada es exhibida en París, Fronsac es abordado por un miembro del gobierno francés, que le explica las razones de la falsa captura del animal. La historia de las muertes de Gévaudan ya llevaba varios años aireada en público y estaba creando la sensación de que el rey carecía de control sobre su reino; así mismo, cierto libro publicado por opositores al rey, divulgaba una interpretación acerca de los asesinatos que en últimas acababa responsabilizando a la monarquía francesa y amenazaba con desestabilizarla. Por razones políticas, el rey ha impedido la circulación del libro opositor y ha hecho creer a la gente que la bestia de Gévaudan ha sido eliminada.

A pesar de las circunstancias adversas, Fronsac y Mani regresan a Gévaudan dispuestos a resolver el enigma por cuenta propia. Ocurre entonces un primer encuentro del dúo de pesquisadores con el animal asesino, donde los espectadores por fin lo podemos observar claramente ( hasta ese momento la película sólo había permitido columbrarlo parcialmente). Luego, ayudados por otra persona, Mani y Fronsac crean una trampa para atrapar a la bestia y salen en su búsqueda. Una vez más acaece un combate entre hombres y bestia, pero otra vez el animal escapa, aunque esta vez seguido por Mani. Siguiendo el rastro, Mani arriba a un extraño lugar donde unos estrambóticos personajes viven alrededor de los corrales donde se guarda la bestia. Allí, ocurre una lucha entre Mani y estos hombres y, como resultado de la abrumadora superioridad numérica de sus oponentes, el indio acaba asesinado. Dejemos la narración en este punto, pues el propósito de esta nota no es el de agüarles la sorpresa a quienes vayan a ver la película. Agreguemos solamente, que luego de este punto sobrevienen más batallas entre Fronsac y sus oponentes, y que al final el naturalista, llevándose en un barco a su amada Marianne, escapará de Francia.

ACERCA DE EL PACTO DE LOS LOBOS

Lo primero, y apenas obvio al comentar la película, es mencionar que ella se torna por momentos inclasificable, debido a su peculiar manera de revolver elementos. Yo establecería la siguiente ecuación:

El pacto de los lobos = Relaciones Peligrosas (la película) + Indiana Jones + El Hombre Lobo + El último de los mohicanos + Estética cómic y manga + Artes marciales + Conspiración a lo X-Files + Idioma francés.

Naturalmente esta ecuación no aspira a agotar la película, más bien es una suerte de aproximación a ella, pues por fuerza hay elementos que se quedan por fuera. Anotemos más bien, que ya desde el comienzo el filme sorprende cuando en sus primeras escenas ocurre un combate cuerpo a cuerpo entre Fronsac y unos soldados, y cuando se espera ver una lucha al estilo de las cintas de Los tres mosqueteros, Fronsac vence a estos soldados dando muestras de unas habilidades en artes marciales que ya le habría envidiado Bruce Lee. De aquí en adelante este anacronismo se mantiene llevado a niveles que a veces (¿o siempre?) rozan lo cómico: Mani es un indio norteamericano que también podría montar su academia de artes marciales en cualquier lugar del mundo, las campesinas francesas que luchan contra Fronsac y Mani también saben artes marciales (¡!), los nobles franceses que por ahí aparecen peleando también demuestran que no se quedan atrás de cualquier Jackie Chan. ¿Qué ocurrió en esta Francia del siglo XVIII para que de pronto todo el mundo resultara cinturón negro, noveno dan?

Otro aspecto a destacar son los senos al aire de la película. No es que haya muchos de ellos: son apenas los de las prostitutas en las escenas en que Fronsac y Mani se pasean en los burdeles. No obstante, yo no me imagino "Indiana Jones IV" (si es que alguna vez la hacen) con escenas de teticas al desnudo. Juntar esta dosis de bellas prominencias al natural, con las más bien en este aspecto tímidas películas de acción de Hollywood, no es algo usual (en este punto El pacto de los lobos me recordó los cómics de Conan donde las voluptuosas cortesanas que complacen al bárbaro, suelen mostrarse -para solaz de sus lectores- tal como Dios las trajo al mundo).

Mencionemos también que El pacto de los lobos es una película parásita en el buen sentido de la palabra. Esto por que prácticamente es imposible alguna escena que a uno no le dé la impresión de que ya la ha visto, sólo que en una cinta de género diferente. Hay momentos en que Fronsac y Mani recuerdan al Llanero Solitario y Toro pero extraviados en la Francia anterior a la Revolución de 1789; hay momentos en que - sobre todo al develar la conspiración y al insistir en lo paranormal- uno ve a Fronsac y Mani como Mulder y Scully pero de nuevo perdidos dos siglos atrás en el continente europeo (de hecho ese sería un buen desenlace para la serie norteamericana que por estos días toca a su fin: que Mulder y Scully acaben transportados en una máquina del tiempo a la época de la Revolución Francesa o cualquiera otra). Hay momentos -cuando aparece en escena la bestia diseñada por el célebre Jim Henson’s Creature Shop- en que el espectador se siente transportado a las clásicas animaciones de dinosaurios de Ray Harryhausen (y ahora que lo pienso, sí es esa una de las impresiones que a veces deja El pacto de los lobos: esas viejas películas que alegremente mezclaban vaqueros norteamericanos con dinosaurios).

 

ALGUNAS CONCLUSIONES

Tras estas breves anotaciones quisiera enumerar unas cuantas apreciaciones a modo de conclusiones:

1) El pacto de los lobos es una joyita kitsch. Una costumbre colombiana que por desdicha se está perdiendo es la de los pesebres de pueblo (o "belenes" como los llaman los españoles) que se elaboran en Navidad. Lo encantador de estos pesebres o representaciones navideñas es su manera inocente de combinar elementos aparentemente contradictorios. Junto a María y José uno ve motocicletas de juguete, junto a los reyes magos es común que haya automóviles, junto a la estrella de Belén bien puede aparecer un aeroplano. Lo que menos interesa es la coherencia histórica, lo interesante es el efecto estético tan singular de poner en un mismo lugar imágenes provenientes de ambientes disímiles. En El pacto de los lobos esto es evidente en esas campesinas francesas de largos faldones que sin embargo ejecutan volteretas dignas de Matrix; lo de menos es su anacronismo, lo loable -en cambio- es su resuelta apuesta por el kitsch y las conjunciones puramente infantiles.

2) Obviamente, por momentos, El pacto de los lobos muestra ese posmodernismo vergonzante propio de los europeos. Algún filósofo, precisamente francés, ha recalcado una de las diferencias esenciales entre la posmodernidad norteamericana y la posmodernidad europea. Una obra posmoderna norteamericana no tiene vergüenza alguna en proclamar la acción por la acción, o la diversión por la pura diversión. En cambio, la posmodernidad europea es más "pesada", se avergüenza de crear una obra que sólo busque la diversión por la diversión misma, y de cualquier modo trata de adosar un lastre de discurso moralizante o desalienante. Esto también le ocurre a nuestra película. En ciertos instantes de la historia se nos quiere hacer ver la lucha de Fronsac contra la bestia y sus partidarios, como la lucha entre la luz de la razón moderna y el oscurantismo medieval. También se establecen equiparaciones entre la bestia de Gévaudan y sus seguidores, y el terror que siguió a la Revolución Francesa.

3) El pacto de los lobos es un aceptable sancocho de gallina francés. Así como el sancocho de gallina es un maravilloso revoltijo de ingredientes, El pacto de los lobos confunde géneros, tendencias y estrategias tanto del cine como del cómic y la televisión, consiguiendo un resultado absolutamente comestible. Es cierto que NO constituye un logro estético, pero en cambio es un valiente experimento. En vez de reproducir sin ton ni son los modelos de cine fantástico y de acción que las factorías norteamericanas han repetido hasta el cansancio, Gans se ha atrevido a explorar nuevos territorios. Yo diría que en esta película el cine fantástico y de acción ha descubierto algo, aunque todavía no sabría precisar qué. Es más, a mi modo de ver en El pacto de los lobos se está anunciando algo que se nos viene en los próximos años, aunque todavía "eso que se nos viene" no es totalmente identificable.

4) Y para acabar un par de herejías. Sueño con ver algún día una película que mezcle a Ernesto Sábato con las peripecias de Tarzán, y creo que El pacto de los lobos es una de las tímidas y valederas primeras incursiones en ese sentido. Es más, esta película es tan curiosa que confieso que en cierto momento de su proyección, esperé que desde el cielo aterrizara un ovni, que no entiendo por qué no aterrizó. Lo interesante es que si de verdad hubiera aterrizado un ovni en medio de esa Francia pre-revolucionaria, para nada hubiera chocado con el tono de sancocho de la película. Digamos, finalmente, que El pacto de los lobos me divirtió más que El señor de los anillos y La amenaza fantasma; con un presupuesto extremadamente inferior al de esos dos monstruos fílmicos, creo que representa mucho más.

Post Scriptum/

¡Cómo le hace de falta el karate al cine francés!

 

Bogotá, Abril de 2002.

Re: El pacto de los lobos

me llamo alejandro me dicen el lobo me siento alagado por eso entonces me digo ami mismo el lobo tengo muchos retratos de lobos lobos lobos lobos lobos

Re: El pacto de los lobos

Pues que quereis que os diga, a mi esto del Pacto de los lobos, al lado de peliculas francesas como Amelie, Etre et avoir, Cyrano de Bergerac, Tous les matins du monde, On connaît la chanson, La trilogia de Azul, blando y rojo, Leon, L'homme du train, Le dîner de cons, El gran azul, etc, etc, no tiene absolutamente nada que hacer. Admirable esfuerzo el intento de peli francesa de gran produccion, pero en cuanto a profundidad, historia, actuacion y sensibilidad no hay color frente al "buen" cine frances.

Eduardo

Re: El pacto de los lobos

La peli me parecio muy interesante. El cine frances se conoce como cine arte, pero esta obra no me parece que sea un exponente de este estilo .
Igualmente me mantuvo atrapada por la forma peculiar de mostrar todas las cosas que sucedian. A pesar de ser todo una extensa sumatoria de elementos y estilos super recargados dentro del todo era coherente. Lo unico que me parecio de sobra, fue la aparision de ese monstruo mal hecho que bien podrian haberlo dejado a la imaginacion del publico .
Paula

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