1º capitulo de una novela de vampiros

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Anonimo

Borrador modificado del capitulo 1º completo

CAP 1

Sentada en el alféizar de la ventana, siempre arropada en las sombras que producían las cortinas volando libremente, observaba una vez más el horizonte, como las aguas del mar engullían a lo que quedaba del sol Y como este, como si de una estùpida venganza se tratase, tiñera a su ejecutor de un tono rojizo al desangrarse en sus brazos.
Ese era mi amanecer…

Me levante con un suspiro de mi ‘trono’, saliendo de mis lúgubres pensamientos, para preparar mi actuación de hoy. Dirigiéndome hacia el fondo del dormitorio, como muchos lo llamarían por el inmueble inútil para mí, me senté en la cama mirando hacia el espejo, colocado justo enfrente de esta. El reflejo no cambiaba ni en lo más mínimo por mucho que mirara. Allí estaba la misma muchacha de siempre, aquella que en el espejo miraba desde hace muchas décadas. Aparentaba unos 21 años, piel pálida sin rubor alguno que dibujara sus mejillas labios gruesos y rojizos sin aparente expresión ojos grandes

Caían sobre sus hombros una melena rubia, perfectamente lisa, logrando un gran contraste con el vestido negro que llevaba ese día. Tenía un aspecto muy poco común para aquella época, tal vez pasado de moda. A si que para no llamar demasiado la atención, cosa que en estos últimos años había sido una irremediable molestia, me hice un discreto recogido cambiando mi vestido de fina seda casimir por un atuendo mucho mas vulgar; Unos pantalones de chándal con una chaqueta a conjunto azul oscuro.
Salí de la habitación recorriendo los oscuros y largos pasillos hasta salir del enorme caserón donde se podía perder la mirada al alzarla y verlo todo gris. El cual hacia menos de un mes había comprado a los descendientes de unos aristócratas… menudos incompetentes.

Abrí la puerta de la entrada sin dificultad, pues aunque esta pesaba para hacer un considerable esfuerzo, ese tipo de cosas no suponían problema para mí desde hace tiempo. Siguiendo el camino de piedra que iba desde la entrada, hasta la verja que delimitaba el terreno de la propiedad, estaba Fedrich, a un hombre corpulento ya entrado en edad. Las canas cubrían la mayor parte de su cabello y las arrugas de la vejez surcaban su rostro moreno. Sus manos trabajadas agarraban firmemente el podador.

Limpiaba con ahínco la mala hierba que había surgido en los arbustos de rosales que bordeaban el camino. Era el servicio fiel, que ciegamente me había seguido a donde quiera que me hubiera trasladado, al igual que su padre, su abuelo y unas cuantas generaciones más. Nunca había hablado mucho con ellos en cada una de sus vidas y tampoco habían tenido inconveniente alguno. A eso se le podía llamar realmente vocación y era insoportablemente admirable. Sabían a quien servían, a que se dedicaba su patrona y sin embargo pese a dormir a unos cuantos metros de mí, nunca mostraron miedo, recelo o preocupación alguna. Siempre toda la familia, como buen servicio que había sido, se había ido encargando perfectamente de sus quehaceres diarios, de lo que debía y no debían de hacer, de cuando estar presentes y de cuando ocultarse. No había mucho más de sus vidas con la mía. Supongo, que por eso habían sobrevivido tantas generaciones con mi desastre. No había sentimiento bueno o malo, si es que se podían catalogar de esa forma, para ellos. Simplemente habían estado… estaba ahí y yo siempre aquí.

Apenas me dirigió una cordial mirada cuando pase por su lado y continuó con su tarea. A pocos metros se encontraba un coche deportivo rojo. Monte y arranque con las llaves aun en el contacto.

Mientras salía de las propiedades, conduciendo el deslumbrante Audi, volví a pensar en el motivo que me había traído hacia este lugar. Había sido un viaje largo el que había hecho desde Italia donde había pasado largo tiempo entre antiguos libros, bibliotecas y curiosos personajes que no merecían la pena recordar. Pero aun así España me gustaba, ya había vivido aquí en tiempos peores cuando la peste asolaba el país, tiempos angustiosos para aquellos sus infelices habitantes. Y aunque solía hacer sol en la aislada península, siempre me había gustado la costa para asentarme. Adoraba el rugir de las olas contra las rocas y el sonido de las gaviotas volando y el olor de la brisa que trasportaba minúsculas gotas de agua salada.

Así que, había escogido el caserón de los De la rosa, antiguos terratenientes de esta zona. Estaba encima de un gran acantilado, que contenía una pequeña cala casi privada, pues dudaba de que alguien tuviera conocimiento de aquel lugar tan escondido y no por eso menos bello. Por lo que realmente me gustaban mis nuevos domicilios, hecho que no sucedía con mucha frecuencia. El pueblo estaba algo alejado, pero no era algo que me incomodara. Más bien todo lo contrario. Seguramente ni se percatarían de que alguien se hubiera trasladado al caserón desabitado. Y tampoco pensaba quedarme tanto como para que lo hicieran…

No pensaba quedarme mucho tiempo. Solo hasta localizar aquello que buscaba, respuestas a miles de preguntas que se habían ido formulando en mi cabeza con el pasar de los interminables años y que me habían dado un motivo, una meta, un objetivo o simplemente algo que hacer para aliviar el cansancio… aquel cansancio de todo cuanto existía pues las vidas que había llevado en soledad eran mas que suficientes para conocer, ver o lo que fuera que se le hubiera antojado a mi cabeza. Había admirado tantos paisajes recorridos, tantos caminos visitados, había tocado tantas texturas con aromas casi transparentes para mis ojos cerrados y sentido tanto…si se podía llamar así.

Me había cansado… cansado como de todo lo que tenía conocimiento, inclusive la vida misma, si es que se podía llamar así, válgase la redundancia. Y era irónico por que no sabía ni como nombrar la clase de existencia que estaba teniendo. Esta era una parte muy humana de mí, la filosofía. El ser humano siempre se ha preguntado acerca de la existencia de su ser, de el motivo de esta, de donde provenía, hacia donde iba y cual era su camino… interminables preguntas sin respuesta.

Quizás no estaba tan alejada de mi parte humana pero estaba segura que después de siglos ya estaba todo perdido, no había ni rastro de aquellas sensaciones que mi cabeza apenas podía recordar. Tan lejanas… Aunque sí en un principio pero con el tiempo se fueron desvaneciendo como bruma sin llegar a darme cuenta realmente de lo que me estaba ocurriendo. Ya no era la misma. Había sido tan diferente en otra época...Intente recordar mas, pero no había nada... Quizás si no hubieran ocurrido las cosas así… si no hubiera sido todo tan complicado ¿Por qué lo hizo tan complicado? Si hubiera habido otra manera, si no hubiera sido tan egoísta, pero no… de todas formas ya no recordaba muy bien que sentía entonces. Podría haber sido diferente pero no lo fue.

Ahora no había más que pensar sobre ese tema. No. Solo había vacío e interrogantes absurdos y me hacia daño intentar recordar, hasta de eso también estaba cansada. Del dolor… y era esa curiosa palabra para mi, que era el dolor para alguien como yo… ¿Acaso yo misma no lo provocaba? y peor… ¿acaso no lo saboreaba? Pero si. El dolor estaba ahí, muy dentro y muy débil, pero no se borraba, nunca se borraría, ni aunque viviera eternamente y probablemente a si seria.

Había llegado.

--- otro capitulo? Creeis que seria conveniente???

Estaba delante de la puerta principal de mi destino. (‘‘CASA CULTURAL’’ ponía en el
encabezado de la ancha puerta de madera antigua y roída causa obvia de un ayuntamiento poco colaborador). El edificio de dos plantas no era muy grande, típico de un pequeño pueblo costero. Entré y automáticamente un hombre de pelo canoso me recorrió con la mirada.

Ya estaba acostumbrada a eso, forastera y de aspecto poco común, puede que por el llamativo color de mi pelo o el “extraño” color de mis ojos y por que no decirlo, era hermosa y atractiva a la vista. Por lo que por norma general no solía conseguir pasar desapercibida y menos aun cuando la población no era mucha. Pensé por un momento ir directa al grano, preguntarle por mi búsqueda, algunos libros que tenía apuntados en la cabeza y algunos documentos de hemeroteca.

Tenía el típico aspecto de bibliotecario pero pensé que mi búsqueda lo extrañaría aun más y despertaría su vulgar curiosidad. Así que decidí sumergirme en las estanterías, apelotonadas y mal organizadas, cubiertas de polvo. Noté varias miradas mas, clavándose en mi, dos mujeres parloteando y una pandilla de chicos que hacían un trabajo de universidad. No solo despertaba atención entre los hombres, las mujeres también me solían mirar con un aire celoso y analista, que me parecía de lo más estùpido. No había mucha mas gente, por lo que mi llegada causo mas expectación de lo que yo intuía, y eso me incomodaba, mas que me incomodaba me hacia sentir ansiosa, era tan fácil quedarme sola en unos minutos… pero no tenia sed, la pasada noche había visitado el hospital.

Cuan triste era mi situación, como me había cansado también del dolor ajeno, de buscar ese latido armonioso que me hacia sacar los dientes. Ahora cuando sentía sed me limitaba a colarme sigilosamente en algún hospital y llevarme algunas donaciones de 0+. Llevaba tantas épocas alimentándome de dolor, que se me fue haciendo insoportablemente rutinario. Sentir, escoger, beber… durante décadas. Pero no había solución alguna para aquello. Cuando te resistes a tu naturaleza, esta se vuelve contra ti, y cuando por mucha sed que tuviera, no salía en busca de sustento, todo se volvía negro y rojo y la conciencia dejaba paso a la semiinconsciencia.

Aleje esto de mi mente pues incluso nada mas pensarlo me recorría una sensación de ahogo e impotencia ante mi situación por lo que había decidido no plantearme mucho aquello… Era yo la victima entonces.

No me concentraba, pues me costaba ignorar los susurros perfectamente audibles desde mi llegada y acabé dirigiéndome al hombre de pelo canoso, que para mi frustración, seguía mis pasos con la mirada desde detrás de sus lentes. Tendría unos cincuenta años, vestía camisa a rayas y unos chinos no muy bien planchados, seguro no tenía quien lo hiciera, pues parecía torpe incluso como humano. Viudo con seguridad, pues conservaba el anillo y unos sentimientos propios de la situación. Lo que le hacia aun peor que me mirara de aquella manera. Hacia algún tiempo que no hablaba con nadie, aun mas en castellano, así que escogí cuidadosamente mis palabras pareciendo lo mas agradable y cordial posible sin dirigirle directamente a mi búsqueda.

‒ Disculpe…Señor Sabadiego – había una pequeña etiqueta colocada en la camisa donde lo indicaba ‒ pero me preguntaba si me podría ayudar a encontrar alguna sección relacionada con las ciencias ocultas.

Quizá mi voz sonó demasiado agradable o cordial, ya que tardó al menos tres segundos en reaccionar. Yo ya sabía el efecto que producía ante un hombre, esas también fueron mis cualidades antes de ser lo que ahora era. A si que esperé pacientemente que hablara.

‒ Emm… ¿es usted la supervisora del material? ‒ me preguntó cautelosamente, reaccionando al fin, con esa curiosidad con la que pecaba de chismoso. Tenía un acento pueblerino y hallaba más de una intención en sus palabras. Tenía un empleo poco estable.

‒ No

‒ ¿Investigadora? – otra vez lo volvió hacer, de nuevo

‒ No Señor, no. ¿Puede ayudarme entonces? ‒ Casi le gruñí, impacientándome y esperando que se diera cuenta.

‒ Disculpa joven, pero no suelen venir muchas forasteras en esta época del año, por favor sígame…

Le seguí, sin comentar nada al respecto, intentando que tan solo hiciera lo que le había pedido pero continuo, mientras bajábamos por unas escaleras de caracol situadas en una de las esquinas del fondo de la planta

‒ No quería ser cotilla, pero entienda que esta zona aun no la hemos abierto a la gente y quería asegurarme de que no era la supervisora del ayuntamiento , ya sabe política... – y se río de su elocuencia.

Si hubiera sabido lo que estaba pensando en hacerle en ese mismo momento no se hubiera reído lo mas mínimo. Su cuello. Pero aquel cansino siguió con su parloteo.

– Hace años que no viene por aquí nadie de fuera, este es un pueblo tranquilo donde no
hay mucha actividad, no creo que encuentre mucho, como ve disponemos de recursos limitados… ‒ y siguió hablando. – Pero será un placer ayudar a una jovencita tan guapa como tú… ‒ otro estùpido más.

Me limite a no escucharle demasiado y volverme hacia mis adentros, pensando en que me centraría, esta no era la típica biblioteca donde estaba todo archivado y perfectamente clasificado, seguramente tardaría en dar con aquel, aquellos libros, documentos o lo que fuesen. El viejo tenia razón, no encontraría nada, en un pueblucho como este, ya estaba deseando irme y apenas llevaba un par de semanas instalada aquí.

Siempre había odiado los lugares pequeños, hay poca gente y todos son tan curiosos, tan husmeadores. Y yo era el acontecimiento perfecto, no me extrañaría que alguien se me acercara a preguntarme alguna estupidez o a invitarme a algún evento o fiesta pueblerina.

Al fin terminamos de bajar las sinuosas escaleras, al paso lento y torpe del hombre. Llegamos a una estancia oscura de ladrillo que mas bien hubiera parecido una prisión de castillo que el sótano de una casa cultural. Olía a húmedo y a viejo, se esparcían por la sala unas seis estanterías colocadas a cada lado de un escritorio con una lámpara de gasolina, que podía a ver sido perfectamente de mi época. Libros colocados muy a la ligera sn orden ninguno y muchos de ellos desgajazos y corrompidos por la humedad.

Cualquiera hubiera dicho que era un sitio ideal para mi, si hubiera conocido mi naturaleza, pero mis gustos eran algo diferentes y me desagrado la idea de tener que pasar allí varias semanas catalogando y haciendo el trabajo del inútil y perezoso hombre para encontrar aquellos documentos, (si es que había algo allí que encontrar a parte de suciedad y abandono)

El viejo pareció darse cuenta de mi expresión, una mezcla de asco y desprecio, por que dijo enseguida:

‒ le dije que posiblemente no encontraría nada aquí, es lo único que puedo ofrecerle, lo mas parecido a lo que busca es lo que esta aquí abajo, todo está patas arriba , el presupuesto no alcanza para contratar un ayudante y yo estoy ya mayor para andar subiendo y bajando escaleras ‒ intento excusarse nerviosamente.

De nuevo hablaba demasiado y me estaba poniendo histérica.

– Si quieres puedo buscarte referencias y solicitar a alguna otra biblioteca, quizás en Internet…

‒ No – le corte secamente, no soportaba seguir oyéndole hablar de forma tan lastimera tan débil, me repugnaba. ¿Acaso ese desgraciado pensaba que había venido hasta este insignificante lugar para buscar en la red, pedir referencia o escuchar su arrugada voz?

‒ puede marcharse, ya no le necesito. –le respondí bruscamente.

El viejo pareció ofenderse por un momento y añadió antes de marcharse – cerramos dentro de una hora pero si quieres puedes quedarte el tiempo que quieras, no cerraré con llave. – y diciendo esto encendió aparatosamente la lámpara de gasolina y se marchó.
Suspire y mirando las estanterías con desolación. ¿Por donde iba a empezar? Irónico ya que tenía todo el tiempo del mundo y nada mejor que hacer para dedicarme a mi tarea. Pero desde que me conocía me había caracterizado por mi impaciencia. Así cogi un montón de libros al azar y me senté en el escritorio, dispuesta a devorarlos uno por uno, a la luz de la tenue lámpara.

Hojee un par de libros de ‘brujas’ llenos de hechizos de amor y demás tonterías para adolescentes sin ocupaciones. Continúe con algo mas interesante ‘El Conde de Montecristo’ del cual leí bastante aunque no entraba dentro de mi ámbito, algunos libros fantásticos de espíritus y hadas…¿era esto lo que el viejo me había dado por ciencias ocultas? Seria más bien la sección de fantasía infantil. No encontraba nada.

Pasaron varias horas desde que el viejo se marchó. Tenia que irme antes del amanecer, el sol saldría pronto y aunque estaba bajo cubierta no me gustaba ponerme en situaciones difíciles ¿Qué pensaría de encontrarme allí? ¿Qué había madrugado? No lo creo, mas bien que era una sicótica y mas un de la manera en que le había hablado. Después de tanto aun me costaba reprimir mi deprecio por toda la creación, las nauseas siempre llenaban mi boca.

No tenia necesidad de tantas complicaciones y aunque me molestaba representar mi papel de mortal, (ya que esto hacia que todo fuera mas lentamente de los que mis ansían quería) – poner esto entre paréntesis** -, me decidí, a marcharme cuando apenas quedaba una media hora para que el sol despertara.

Conducía a toda prisa hacia el caserón. Estaba enrabietada, no había ni rastro de mi búsqueda. Pisé el acelerador bruscamente y el indicador de velocidad subió a los 160 Km. /h.

Documentos inútiles y sin una catalogación eficiente, que retardaría aun más mi partida de este pueblucho. Sabia que no iba a llegar y pegar, pero todo aquel desorden me causaba demasiada ansiedad…aceleraban mis deseos de alimentarme, seguramente la siguiente noche tendría que darme una vuelta por la arboleda o ver como andaba el hospital, por que era dudoso que encontrara algún latido interesante.

Ahora ya era tarde para mí, el cielo comenzaba a cambiar su oscuro fondo nocturno por una tímida claridad y era preciosa…Y por eso insoportable. Nunca me hubiera cansado del Sol, del azul celeste del cielo de verano despejado, del aroma calido y del calor de la luz en mi rostro… del brillo de la hierba, tan alegre, tan viva, tan juguetona. Como me hubiera reído de las nubes al intentar tapar la luz del sol. Eran tan absurdas como la humanidad, que digo… como todo lo pensante y seguramente ahí me incluía yo. Pues ni siquiera tenia mucho sentido el odio y en enfado con el mundo que tenía desde hacia tanto tiempo, por existir y permanecer tan lentamente cambiante.

No entré directamente a la casa, dejé el coche casi al final el empedrado camino, rodeando esta me dirigí hacia el mismo borde del acantilado que la sostenía, un saliente pequeño y desocupado de edificación por su inestabilidad.

Miré el paisaje que se extendía ante mis ojos. Era nuevo si, pero no lo suficiente.

A mi derecha se veían las sombras que dibujaban el acantilado contiguo y sobre él, los resto de un antiguo faro un tanto derruido pero que conservaba casi milagrosamente su forma, que apenas se distinguía con ojos humanos. Una cala hacia de intermediaria entre las dos masas de escarpadas y afiladas rocas que el mar bramaba por destruir. Que inocente fui cuando solo era una niña, pensando que el mar solo deseaba unirse a la roca y que esta la alejaba y la volvía a atraer solo para hacerlo sufrir y jugar cruelmente con el. Al otro lado de mi posición, una playa de arena fina donde el mar parecía reposar mas tranquilamente. El dorado polvo apaciguaba la furia que antes tenía con las rocas, bailando en un vaivén mucho más lento y sedante, susurrándole algún secreto quizá. Y mientras tanto el cielo que acompañaba semejantes escenas se coloreaba con una amplia gama de colores azulados que repercutían en el océano extenso.

Entonces amenazaron los primeros rayos del sol, que me volvieron a mi oscura realidad.

Giré, apresurándome a entrar. Trepé por la enredadera, que cubría toda la parte Norte de la casa hasta llegar al bordillo que unía mi posición con el alfeizar de la ventana del dormitorio. Eché una ojeada más al incipiente amanecer y despertó el sol extendiendo sus rayos como desperezándose y provocándome una dolorosa ceguera.

Lleva tanto tiempo negándose a permitirme presenciarlo en su esplendor… pero siempre lo volvía a intentar, inútilmente como el niño que desespera una y otra vez por no poder coger el pájaro que vuela ante sus narices aun sabiendo que corre el riesgo de caerse en su intento.

Me introduje en la habitación y tras de mí, corrí las opacas cortinas, sin volver la vista atrás. Odiaba mi anochecer.

Salí del cuarto esta vez por la puerta y bajé las escaleras. Algo antes de llegar al salón principal, el olor me percato de que la cena estaba servida.

‒ La cena está servida, Señora ‒ me recibió Fedrich con su gesto siempre amable.

Y se retiró dejándome ver la gran mesa central, decorada y preparada con exquisito gusto. Bocados realmente deliciosos para aquellos que los apreciaran. Claro que esa no era yo. Langosta, un apetecible acompañamiento de menestra, varios entremeses… todo aquello colocado en la elaborada y delicada porcelana francesa, recuerdo imperecedero de mi inolvidable madre, como regalo de bodas.

Fedrich hacia aquello todas las noches desde que suplanto a su padre cuando este murió a causa de una enfermedad tropical en alguno de mis viajes. Creo fielmente que aquello lo marco de por vida, aunque este ya tenia una edad avanzada para su independencia tanto física como psicológica. Había sido un buen hijo tanto como padre había sido su antecesor.

Yo sabia de antemano que nunca dudó de mi condición y por ello nunca le contradije ante la chistosa idea de hacerme la cena. Nunca otra comida del día, siempre la cena. Y esta siempre había sido espectacular. Y nunca había probado bocado de ella.

Todo aquello era casi un ritual.

Me senté pesadamente en el extremo de la larga mesa donde estaban mis cubiertos pulcramente colocados y miré el fuego de la chimenea como quemaba poco a poco el carbón hacia ya rato prendido. Las llamas bailaban y se reflejan en la brillante y pulida cubertería de plata. Esta había sido también un regalo de bodas, a juego con el de mi madre, de mi añorada Alicia. En este detalle se podía ver lo bien que se habían llevado ambas y como cuidadosamente habían sabido escogerlos para trasmitir su afecto la una a la otra. Eran recuerdos agradables y placenteros enredados uno del otro, si no se pensaba en la situación actual y como se había llegado hasta ella.

Rondaba el año 9999, yo tenía 16 años y estaba ensimismada jugueteando con mi pelo recién arreglado, en un vistoso recogido, que me había hecho mi madre, la Condesa de (nombre francés)

Alicia nos contemplaba y sonreía. Aun podía recordarla detrás de nosotras reflejada en el espejo de la cómoda, comentando con mi madre lo bello que lucia mi cabello.

No era para menos, esa noche era mi fiesta de compromiso. La velada transcurriría en la gran casa de mi padre en el norte de España pero para mi desgracia el no estaba allí para verlo… Me iba a casar, el sueño de toda mujer en aquella época, tenia un bonito vestido azul cielo, a juego con mis ojos, de sofisticados encajes el cual le había costado mucho sacrificio conseguir a mi madre ya que mi padre había muerto hacia años dejándonos casi en la ruina y entonces por fortuna para nosotras dos, apareció un aristócrata viudo que encapricho de mí y yo tenia una sobrada edad para casarme.

Como me alegró cuando mi madre me contó esto, no cabía en gozo. No importaba como fuese, ni que le gustara, ni como fueran sus ropajes. Yo sabría ser una buena esposa y aprendería a amarlo pronto. Seria condesa y él mi conde. Le daría descendencia sana y fuerte para que nuestro linaje continuara. Que escupidas ideas tenía por aquellos entonces, como había cambiado…

Pero era tan feliz, que todavía aun conservo mas marcas de la sonrisa imborrable que había permanecido en mi rostro por todo aquellos años. Seria la gran condesa que mi padre antes de dejarnos me prometía, con aquellos inolvidables besos de buenas noches. (Bonne Nuit mon. petit condese) siempre. Todas las noches e incluso cuando no estaba y nos quedábamos mi madre y yo en la mansión de Paris, me mandaba una carta que hacia leerme a mi madre. Aprendí rápido a leer sus cariñosas cartas en español.

Y a si exactamente fue. ¡Que digo así! fue mucho mejor de cómo me lo hubiera imaginado. Cuando aquel día, que también recordaba, bajamos Alicia, mi madre y yo por las escaleras, una vez yo dispuesta para la ocasión, lo vi. Justo antes de terminar de bajarlas, me quedé petrificada, pues no me imaginaba a sí a mi futuro esposo.

Tenía los ojos azules y una melena castaña clara recogida en la nuca con un lazo negro. En su rostro perfectamente maquillado al mas puro estilo francés, destacaba un mentón pronunciado y unos maxilares fuertes y cuadrados que le dotaban de una apariencia aun mas varonil. Que maravilloso conjunto hacia con su bien formado cuerpo que tan bien vestía con la moda mas exclusiva de toda Francia.

Y allí de pie, con su gran semblante me miraba y pude denotar la expresión de gusto en sus ojos. Alicia tuvo que darme un leve empujón para sacarme de mi grato asombro y hacerme bajar las escaleras bajo las miradas, que yo no había notado por el embelesamiento, del resto de invitados. Esto me hizo ruborizarme y mostrar una media sonrisa de nerviosismo.

Mi madre con su solemne majestuosidad que yo tanto admiraba se acercó a la familia De la rosa, (apellido que yo cambiaria gustosamente en breve) y me presentó a mis futuros suegros y cuñados. Que gustosa estaba yo de oír sus palabras de elogio a mi belleza pero no tanto, como de contemplar discretamente de vez en cuando el rostro de mi Conde.

Alicia y yo nos dedicamos una mirada de complicidad, pero pude avistar en ella un leve aire de celos o envidia por la suerte de mi destino, ella tampoco esperaba aquel galán. Charlaron nuestras familias mientras, el y yo comenzamos a hablar, de una forma un poco torpe por mi parte pues el ya había pasado una vez por esto y sabia llevar la conversación por su cauce.

Me limitaba, en la mayoría de las ocasiones, a oírle hablar aunque en realidad solo lo oía por que mi oído estaba obtuso a causa de la impresión que no se me acababa de pasar. Realmente era feliz, no solo me iba a casar, si no que seria con un hombre apuesto, rico, y excepcionalmente guapo.

Era la envidia de toda mujer y eso me llenaba de orgullo y de supremacía ante el resto, estaba emborrachada de ello. Claro que, era joven y conformista y nunca había sabido valorar cosas más cotidianas… Ahora sabía la importancia y la jerarquía de mi propia felicidad.

Claro que lo que Alicia nunca supo, que incluso ella ya muerta, yo la envidiaría toda mi existencia por la sencillez de su vida.

Otra vez mis añorados recuerdos pasaban a mostrarme, cual era mi realidad. ¡Ojala no pudiera pensar en estas aflicciones de mi existencia ¡Solo quería no darme cuenta de ella, engañarme a mi misma y ver un lado positivo a mi estado. Pensar y solo pensar como lo hacia un animal. Odiaba mi humanidad y mi memoria que me hacía pasar tan malos ratos de angustia y sufrimiento. ¿Es que acaso no era suficiente con tener que experimentarlo que también debía, recordar a cada paso que daba, todos los largos años que había pasado tal y como era ahora?

Asqueada tire del mantel borrando los recuerdos momentáneamente, provocando un estropicio en todo el salón, platos rotos, el mantel rajado, los manjares esparcidos por la sala manchando incluso el chándal que vestía. Me llevé las manos a la cabeza e intenté llorar. Sacar todo lo que tenía dentro de mí y hundirme en la depresión mas profunda si es que no lo estaba ya. Me hubiera gustado drogarme o emborracharme como hacían los mortales para olvidar, para pasar, como se excusaban ellos. Distorsionar mi mente y quizás no fuera tan horrible.

Subí en un segundo al dormitorio y me senté en una esquina balanceándome presa de un ataque de ansiedad y nerviosismo.

‒ Mama… mama… Alicia… ¿donde estáis? Siento haberlas dejado… Estoy tan sola.‒ repetía frenéticamente entre sollozos ahogados, clamando el nombre de mis ángeles.

‒ Lo siento…‒ no podía parar… ‒ lo siento… ¿Por que no venís a por mi? ¿No me oís? ¿Es que acaso ya no me queréis? ‒ Sollozaba sin remedio.

Desesperaba. La angustia crecía como lo hacían mis palabras. La oscuridad se cernía abusando de mí. Palabras sin mucho sentido dejaba a mis labios pronunciar en un auto-consuelo que no llegaba.

Palabras que se repetían en mi mente llegándome a quemar por dentro, haciéndome sentir la mas drástica presión en el pecho que parecía hundirse, aplastándome el mismísimo corazón.

No estaria mal que comentarais que os parece y seria gran agradecimiento.

Un saludo

Anonimo
1º capitulo de una novela de vampiros

Quote:
12-04-2009 a las 09:52, Asbeel :
Saludos xaxhy :

Ciertamente aunque yo no soy de novelas la historia engancha, la protagonista en autonarrativa se define muy bien tanto como se ve a ella mismo como a los demas aplicandole dolor y sentimientos a la historia, si es lo que realmente te gusta sigue escribiendo, se te da muy bien.

Un saludo wapa. Wink

valla pues muchas gracias la verdad, ya no esperaba siquiera alguna contestacion despues de tanto tiempo.
Gracias y un saldos encanto¡¡

Anonimo
1º capitulo de una novela de vampiros

Saludos xaxhy :

Ciertamente aunque yo no soy de novelas la historia engancha, la protagonista en autonarrativa se define muy bien tanto como se ve a ella mismo como a los demas aplicandole dolor y sentimientos a la historia, si es lo que realmente te gusta sigue escribiendo, se te da muy bien.

Un saludo wapa. Wink

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