Hulk, un monstruo agradable

HULK
Un monstruo agradable

por Gabriel Alvarez

No es el tipo más apuesto de la ciudad. No tiene la personalidad más amable. Y ni siquiera es el superhéroe que volvería locas a las mujeres vistiendo su obligatorio uniforme... Entonces ¿Porqué Hulk es, aún hoy, unos de los personajes más populares y reconocibles de todos los tiempos? Este artículo responde a esta interrogante y, además, presenta un recorrido por los orígenes y la evolución de este inolvidable personaje de historieta.

Afrontémoslo, no es el tipo más apuesto de la ciudad. No tiene la personalidad más amable. Y ni siquiera es el superhéroe que volvería locas a las mujeres vistiendo su obligatorio uniforme.

Entonces ¿por qué Hulk es, aún hoy, unos de los personajes más populares y reconocibles de todos los tiempos? Creo que una de las razones es que no se parece a nadie. No entra en ninguna categoría de bienhechores enmascarados. Y esa carencia para encajar dentro de algún esquema lo convierte, instantáneamente, en un paria incomprendido. Algo que, sin duda, despierta automáticamente la simpatía de los millones de lectores que lo siguen en el mundo entero.

Estas lucidas meditaciones, gestadas en la cabeza del septuagenario Stan Lee (verdadera leyenda viviente si las hay, y co-creador del personaje en cuestión) sirven para ejemplificar el irresistible encanto que este masivo ser de piel verdosa ha sabido mantener.

A lo largo de tantas páginas impresas hemos visto a un desorientado solitario, cuyos magníficos poderes –envidia para cualquier mortal común y corriente– son una cruel condena que le recuerdan, constantemente, cuan lejos se encuentra de alcanzar una tranquila vida normal. Esa que tanto ansia mantener. Plasmando, de paso, los anhelos y frustraciones de cualquiera de nosotros que, ante determinada situación –colas interminables para tramites inútiles, o la inesperada agresión física y emocional que muchas veces nos producen nuestros seres queridos– desearíamos reaccionar de igual manera. Con una catarsis de furia liberadora que aniquile los obstáculos en nuestro camino. No por un alarde de fuerza bruta, sino motivados por la desesperación. Hulk se ha permitido siempre traspasar esa línea prohibida, sin pedirle permiso a nadie, pero ha pagado el precio una y otra vez.

Eso es, creo yo, tragedia en estado puro.

Pero estoy divagando, y es momento de centrar nuestra mirada en los hechos y milagros del gigante esmeralda. Obviamente, todo tiene un comienzo. Y en este caso, como en muchas otras creaciones memorables del siglo XX, la palabra clave son los años sesenta.

¡Malditos comunistas!

Además del guionista Stan Lee, el otro padre de la criatura fue el grandioso dibujante Jack Kirby (1917-1994) un veterano cuyo inestimable curriculum se remonta a los años treinta. Este talentoso par decidió lanzar al mercado, en mayo de 1962, el primer número de una nueva revista, encabezada por un nuevo personaje. Un año antes habían roto todos los moldes establecidos del comic-book superheroico con los Cuatro Fantásticos, y seguirían haciéndolo durante toda esa gloriosa década con una impresionante cantidad (no superada hasta nuestros días) de personajes, conceptos e historias innovadoras.

Conocedor y consumidor del género fantástico, Lee recurrió a todos los trucos que habían funcionado con éxito en criaturas previas. Sin salirse del esquema básico, echo mano del patetismo de Frankestein, las metamorfosis nocturna del Hombre Lobo, la trágica historia de amor entre La Bella y La Bestia, la perversidad dual de Jekyll & Hyde, y la figura del científico que padece en carne propia su nefasta creación al desencadenar fuerzas naturales que nunca debían de ser molestadas. Pero también aprovecho otra constante, propia de esos años. Oportunista y atento a las cuestiones de su época como pocos, Lee materializo en la páginas de Hulk la paranoia de un holocausto mundial en manos de una bomba devastadora y el fervor anti-comunista que signo la Guerra Fría.

Lo curioso, es que a pesar de su origen militarista, el monstruo no tuvo, ni tiene enemigo más temible que el ejercito de los Estados Unidos, que ha intentado destruirlo desde su primera aparición, una paradoja para tener en cuenta. (1)

El número inicial nos mostraba a Bruce Banner, un famoso científico norteamericano, a punto de probar su invención: la Bomba G, el arma más poderosa jamás creada, destinada a acabar con todas las guerras. Cuando la cuenta regresiva estaba en marcha, descubre a un muchacho en la zona de la explosión. Sin perder el tiempo, Bruce le pide a uno de sus asistentes, Igor Drenkov (¡un recalcitrante espía soviético! ¿cómo puede ser que nadie se hubiese percatado de su sospechosa nacionalidad, con tanto FBI y CIA alrededor? al día hoy no me lo termino de explicar), que retrasara la cuenta regresiva mientras ponía a salvo a ese muchacho. Pero los planes de Igor eran deshacerse del científico. Bruce toma al muchacho y lo arroja a una zanja de protección. Pero en el momento que el buen doctor intenta arrojarse también, la bomba gamma estalla y lo baña por completo con su mortal radiación. En vez de morir pulverizado, Bruce sobrevive milagrosamente a la explosión y es llevado a un centro asistencial para observar su estado. Rick Jones, el muchacho en cuestión, se queda con él hasta el anochecer. En ese crucial momento, Banner sufre una metamorfosis increíble que lo transforma en un robusto monstruo gris (si muchachos, el gigante era grisáceo en sus inicios) de muy mal carácter y con un vocabulario mas bien escaso.

Para completar el drama, Banner –un reprimido por excelencia– estaba perdidamente enamorado de Betty Ross, la hija del cascarrabias General que supervisa el proyecto G y que ha jurado cazar a Hulk, cueste lo que cueste.

El guionista le había pedido a su dibujante estrella que creara un monstruo atractivo. El mismo tenía que ser grande y poderoso, pero debía despertar tanto miedo como simpatía en los lectores, cosa que sin duda logró. En un comienzo se penso que el gris sería una tonalidad que acentuaría el carácter trágico y taciturno del personaje. Pero lo cierto es que en las primeras impresiones solo se veía un manchón borroso en el medio de la página, por lo que al número siguiente se paso directamente al emblemático verde. (2)

Curiosamente, la revista no gozó de la repercusión esperada, y dejo de salir en su número 6. Aunque el personaje era bastante popular, y por ello se dedico a aparecer copiosamente como figura invitada en todas las colecciones posibles, enfrentándose a golpes con el héroe o villano de turno. Pero en 1964 el gigante verde aterrizaría, como historieta secundaria, en la revista Tales to Astonish (Cuentos para asombrar, un título bastante apropiado, creo yo). Esta vez, con un resultado satisfactorio, a tal nivel que en 1968 deciden darle el rol principal, rebautizando la publicación como The Incredible Hulk. A esta altura, justo es decirlo, se había abandonado definitivamente la fobia marxista.

El éxito lo acompañaría cómodamente durante los setentas, y se incrementaría aún más con la recordada serie de televisión. Pero a pesar de la infinidad de autores que desfilaron en torno a sus aventuras, no se terminaban de establecer características básicas. Algunos lo mostraban como un ser violento, otros como una criatura infantil y desprotegida. Y muchos se olvidaban de dimensionar correctamente a Bruce Banner, delegándolo a un humillante plano secundario.

Todavía faltaban unos cuantos años para que un escritor brillante reflexionara que el hombre y la bestia eran las dos caras de una misma moneda.

¿Qué demonios son los rayos gamma?

Imagino que mas de un aficionado a las aventuras del gigante esmeralda se habrá interrogado si la mención de los tan mentados rayos tenía bases reales, o se trataba solamente de otro producto de la afiebrada mente del Sr. Lee. Y en honor a la verdad existen, cumpliendo un importante papel en las observaciones astronómicas, dado que flotan en el espacio exterior y terminan siendo absorbidos por nuestra atmósfera, transformándose en energía lumínica. Invisible a nuestros ojos.

Según parece, son tan comunes y mundanos como los clásicos rayos láser, X, ultravioletas e infrarrojos. Claro que al compararlas, sus partículas poseen una de las fuentes de energía más poderosas del universo, producto de las grandes colisiones cósmicas de núcleos hidrogenados que se encuentran en las concentraciones gaseosas interestelares.

Pero, mal que nos pese, no producen ningún efecto nocivo de alteración celular, gigantismo acelerado o cambios de pigmentación en nuestros débiles cuerpos humanos.

Al menos, no a largo plazo.

Gigante verde en bikini blanco

¡No, no se asusten! no hablamos de una versión travestida de Hulk. Creo que no. Bueno, en realidad se podría llegar a interpretar de esa manera.

La historia en sí es bastante pedestre. La mayoría de ustedes recordaran cuando ATC nos brindaba las andanzas televisivas del gigantón verde, en carne y hueso. Este pastiche telenovelesco fue uno de los grandes éxitos de aquellos años, y ha perdurado –junto con el Batman sesentero de Adam West– como uno de los pocos programas televisivos basados en superhéroes con verdadero éxito. Lo cierto es que la Marvel –la casa editorial dueña de los derechos del personaje– vio con beneplácito este suceso y los abogados del Sr. Lee le aconsejaron que registrara cuanto antes una versión femenina del monstruo, para evitar que alguien más se aprovechara de semejante filón comercial y se produjeran indeseables robos de copyrights.

La dama en cuestión fue The Savage She-Hulk (Hulka o La Increíble Mujer Masa, según la edición española que nos tocara en suerte), y su alter ego humano respondía al nombre de Jennifer Walters, quien por esas cosas de la vida era prima de Bruce Banner. La pobre Jennifer sufre un accidente en el que casi pierde la vida, de no ser por la rápida intervención de su sufrido pariente, que le practica una improvisada transfusión sanguínea, infestando su organismo con una mínima porción de radiación gamma. Debido a esa minúsculo factor G en su cuerpo, Jennifer tiene la ventaja de decidir cuando transformarse y cuando no, además de poder mantener intacta su personalidad.

La revistilla, editada originalmente en febrero de 1980, se vendió a una velocidad pasmosa. Pero tras veinte números poco felices, el personaje desapareció de escena y cayo en un limbo, del cual pudo no haber salido jamás, hasta que apareció en su camino John Byrne, guionista y dibujante de singular talento e inventiva para ambas tareas, que se especializo durante los ochenta en revitalizar personajes tan clásicos como Los Cuatro Fantásticos, el Capitán América y Superman (la lista es larguísima y podría seguir enumerándolos, pero esto se trata de Hulk y no de este gran maestro del cómic). Con él llego una nueva perspectiva del personaje: menos dramática, menos relacionada con Hulk, y sin lugar a dudas, totalmente desquiciada.

En sus manos, She-Hulk permanecía verde, gigante y hermosa todo el tiempo, simplemente por que le divierte ser así (imagino que debe serlo) y, por si fuera poco, es completamente consciente de que sus aventuras son historietas. Situación que aprovecha para mofarse constantemente de tan noble arte. Quejándose directamente al autor cuando no le convence alguna línea argumental, o cuando aparece algún personaje venido a menos, en lugar de otro más copado... Mientras ella ríe a carcajadas.

Breve cronología de un escritor brillante

Era un simple empleado administrativo en el departamento de ventas directas de Playboy, que para 1985 tuvo la oportunidad de escribir algunas de las mejores y más divertidas historias del Hombre Araña. Como muchos de su generación, descubrió a los superhéroes siendo apenas un mocoso, cuando vio la maravillosa serie de televisión de Superman de los años cincuenta, aquella en blanco y negro, protagonizada por el barrigón George Reeves.

Amigo personal de Harlan Ellison y fanático confeso de la interminable saga de Star Trek (saga a la que aporto su talento escribiendo una veintena de novelas e historietas), Richard Matheson, Stan Lee y Mel Brooks, son algunas influencias rastreables que definen su estilo único. Con un gran sentido del humor, un amplio conocimiento y respeto por la cohesión argumental, este hombre disfruta de las historias bien contadas con trasfondo humano. Su nombre es Peter David, un norteamericano nacido en 1956, quien materializo el tratamiento de shock definitivo que colocaría al goliath malhumorado en un nuevo escalón de excelencia.

Pero cuando un editor le ofreció guionar a Hulk, allá por 1986, rechazo la idea de cuajo, argumentando que no le interesaba en lo mas mínimo. Su actitud era comprensible, si nos ubicamos en el contexto temporal apropiado. Para aquel entonces, el personaje atravesaba un derrotero de mediocridad sin fin. Era un concepto estancado, en franca decadencia. Quizás por el olor del dinero, o porque creyó que la suya seria una estadía pasajera, aceptó finalmente. Y con jóvenes treinta años se sumo a la legendaria colección, para abandonarla recién ciento treinta y seis números más tarde, después de dedicarle una década entera de su vida a las desventuras del personaje.

Llegando incluso a escribir un par de novelas dedicadas al gigante.

Su presencia en la colección ha sido tan decisiva que, para cualquier aficionado, hoy día su nombre esta asociado indiscutiblemente al de Hulk, como el George Lucas a Star Wars. Esta asociación inmediata se debe a la cantidad de innovaciones producidas bajo su atenta mirada. David se tomó muy en serio su tarea como guionista, y no tuvo mejor idea que rastrear en las raíces del personaje. Ver donde se presentaban los baches mas notorios. En ese pasado historietístico encontró que muchas veces el intelectual Banner se sometía, por voluntad propia, a una dosis de rayos gamma para provocarse una metamorfosis. Como si quisiera sacar a relucir su costado agresivo, que tanto decía despreciar, y por último rescató el trabajo del guionista Bill Mantlo, que estuvo en la colección durante la primer mitad de los ochenta y brindó algunas historias muy buenas, centradas particularmente en la historia familiar del científico, retratándolo como una víctima infantil de severos maltratos infligidos por un padre alcohólico. Ahondando en estas constantes, David lo proyectó hacia el futuro, lo actualizó en el presente –haciéndolo algo más que un monstruo sin cerebro– y le construyó un pasado sólido, donde todas sus frustraciones y temores tenían una razón de ser.

Encima, revitalizó a los personajes secundarios, convirtiéndolos en imprescindibles: Rick Jones, el culpable indirecto de sus penurias, Betty su hermosa esposa y el Doc Samson una desafortunada creación de los setentas (a mitad de camino entre un hippie angustiado y un Superman venido a menos), alcanzaron madurez en sus hábiles manos.

Es justamente este último personaje, un psicólogo con pelo verde (el mundo de las historietas es así), quien somete al dañado científico a una intensiva sesión de hipnosis y descubre que la personalidad de Hulk era un estado latente en Banner, que la bomba gamma no hizo mas que liberar. Por lo tanto, el problema no era Banner vs. Hulk, sino Banner consigo mismo. Tras este malabar psicólogo, presenciamos el nacimiento de un nuevo Hulk, una versión definitiva, finalmente integrada. Un Hulk más poderoso, con la capacidad intelectual de Banner.

Pero la obra maestra de Peter David coincidiría con el treinta aniversario del personaje. Entre diciembre de 1992 y enero de 1993 publicó un especial, en dos partes, titulado Future Imperfect (Futuro Imperfecto) donde el Hulk integrado viaja a un posible mañana post-nuclear para enfrentarse con su yo venidero, convertido en un dictador desquiciado. Este encuentro marcaría a fuego al pobre Banner (siempre es traumático enfrentarse a uno mismo) y sería un eterno recordatorio de lo que podría sucederle si vuelve a perder el control. De esta manera, el crucial guionista ahondó, como nadie lo había hecho antes, en la contradictoria naturaleza dual de Banner, dejando en claro que todos ocultamos un costado oscuro. Continuar enumerando todos los cambios esenciales que efectúo sería aburrido y enciclopédico (¡hasta se tomo el atrevimiento de convertirlo, durante una temporada, en un matón de Las Vegas! así como lo leen), todo lo contrario a lo que son sus maravillosos guiones.

Zambullirse en las paginas de cualquiera de las revistas escritas por él, suponen un encuentro con narración dramática en estado puro. Cosa que no se ve tan a menudo en un medio cada vez más consumido por las reglas del mercado y la fría lógica empresarial.

Lo cierto es que nada es eterno y en agosto de 1998, cuando el personaje, hacia rato ya, descansaba en el podio del cual nunca debió bajarse, David se alejó hacia nuevos horizontes y la revista The Incredible Hulk siguió unos cuantos números, hasta que fue oficialmente clausurada y para 1999 –preparándose para entrar a este milenio– salió un nuevo número uno titulado, simplemente, The Hulk.

No se si realmente me interesa seguir leyendo sus aventuras, ahora que Pedro el grande no las guiona más, pero es un hecho que el personaje aún me interesa, como me interesaba antes de la llegada de David. Su calvario por las páginas del noveno arte continua, y doy por descontado que espera que nosotros, sus fieles lectores y los recién llegados, sigamos acompañándolo en alguna de sus innumerables odiseas.

Afrontémoslo, él nos necesita.

(1) Mas paradojal resulta ahora mismo, dado que a raíz del atentado a las Twin Towers, la Marvel edito apresuradamente una revista titulada Real Heroes donde se veía a Hulk sostener orgulloso una bandera norteamericana. Actitud que se contradice con la historia y carácter del personaje.

(2) Privilegio de autor diría Lee, recordando aquella colorida decisión.

© Gabriel Alvarez OCTUBRE 2001

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