El tiempo de Lovecraft (un catálogo irracional)

El tiempo de Lovecraft
(un catálogo irracional)

por David Monroy

HP LovecraftEste artículo ofrece un pormenorizado análisis de la influencia de Howard Philips Lovecraft en diferentes ámbitos: Literatura, Cine, Cómics...
A pesar de que es criticado por el barroquismo de su estilo, su adjetivación frondosa, sus limitados recursos y su infatigable terquedad en contar la misma historia, Lovecraft dejó su huella indeleble en la cultura del siglo XX. Este artículo fue originalmente publicado en QuintaDimension.com el 10 de noviembre de 2001

Para Isabel

1.

H. P. Lovecraft: Jorge Luis Borges lo concebía como "un parodista involuntario de Poe", no obstante lo cual recibió influencia suya y compartió algunas de sus recurrencias: la invención de libros y geografías extrañas, el problema del tiempo, el horror cósmico o "sagrado" ante lo inconmensurable o lo inhumano. De acuerdo con algunos estudios, Ernesto Sábato lo homenajeó en "Informe para ciegos", descensus ad inferus contenido en Sobre héroes y tumbas. Aún mejor, el argentino comparte con el nativo de Providence las visiones del caos universal y el poder de las fuerzas del mal ejemplificadas en Abaddón el Exterminador. A su vez, Julio Cortázar reprobó su atmósfera de "fantástico artificial". Y al buen Doctor A, Isaac Asimov, tampoco le gustaba (Cf. Historias de lo oculto).

Una pregunta escabrosa: ¿qué pesa más en la apreciación cabal de Lovecraft: la opinión de Asimov o la de Robert Bloch?

En contra, Lovecraft tiene el barroquismo de su estilo, su adjetivación frondosa, sus limitados recursos, su infatigable terquedad en contar la misma historia una y otra vez, sus incoherencias (como la que señala Colin Wilson en el final de "Dagon": "¡La ventana, la ventana!"), las cursivas al final de sus cuentos ("Era su hermano gemelo, pero se parecía más a su padre que él"). A favor, tiene la atmósfera y la invitación al reino de las tinieblas.

Esta atmósfera y esta invitación se hubieran perdido en la noche de los tiempos --como se han perdido sin dejar huella alguna millones de seres humanos, y continuarán perdiéndose: facts of life-- de no haber sido por August Derleth, emperrado en publicarlo. Celebremos la memoria de Derleth, también. A propósito, guardando las debidas proporciones (monetarias, sobre todo), poseer una primera edición de Lovecraft en Arkham House --que también publicó los pininos de Ray Bradbury y Ramsey Campbell-- sería equivalente a poseer una copia del Action Comics 1 o el Amazing Fantasy 15, para los fanáticos de las historietas.

No se perdieron los escritos de Lovecraft, pues, gracias a lo cual el jueves 16 de agosto de 1990, a las 19:30 horas, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, unas 40 personas asistimos a una conferencia sobre el centenario de HPL. Y el presentador dijo que el recordado escritor tenía muchos admiradores a cien años de su nacimiento, por lo que podía ver, y Bernardo Ruiz leyó un texto que después aparecería en sábado (675, 9 de septiembre de 1990). En el programa estaban también Ignacio Solares e Iliana Holbroock, pero no recuerdo sus intervenciones. Por último, algún lector profesional ejecutó "La nave blanca" en vivo y a todo color.

Después terminó todo. Uno salió a la noche de la inmensa ciudad de México y se preparó para el siempre espantoso viaje en camión (que años después sería sustituido por un espantoso viaje en microbús). Esa noche no llovió, pero quizá en otra dimensión hubiera una tormenta.

2.

Para el niño que acababa de leer la antología de Rafael Llopis, Los mitos de Cthulhu, en Alianza Editorial, no era difícil equiparar los destartalados autobuses de Innsmouth con los camiones verdes de su ciudad, que hacían un recorrido por sembradíos e hileras de casas muertas, donde quizá se hacinaban los engendros pesadillescos del solitario de Providence. Tampoco era una tarea ardua comparar a la gente de dicha ciudad con los habitantes del pueblo costero, afectados por "la pinta". El niño también percibía otros detalles gozosamente tenebrosos en las cosas que lo rodeaban: el gemido del viento entre los árboles, una iglesia crepuscular, la lluvia sobre un lago, rostros en las ventanas, la luz de la luna sobre las montañas... Sobre todo, la lluvia, la tristísima lluvia sobre el lago y la ciudad, que convertía a esta última --nunca supo el niño por qué-- en una imagen especular del siempre húmedo Innsmouth lovecraftiano.

También alguna vez imaginó la figura del Arrecife del Diablo, a lo lejos.

3.

Recuerdo, en un tiempo al cual no puede acceder la memoria por completo, que la editorial Novaro (oh, las famosas series Avestruz, Águila y Colibrí) publicó una serie de historias de DC Comics donde superhéroes de distintos cuños y metas en la vida se enfrentaban con extraños seres que parecían provenir de una dimensión alterna, y que resultaban ser al final imágenes torcidas de los más poderosos defensores del American Way of Life futurista. Una de las cosas más impresionantes de dichas historias era que las criaturas aparecían en acción a través de portales dimensionales, que se abrían y cerraban de acuerdo con la voluntad de un orquestador de caos cósmicos. Por último, el villano mayor derrotaba a los héroes (aparentemente), y a cada uno le aguardaba un horripilante destino de acuerdo con sus poderes. A una chica telépata le correspondía el horror último: sufrir en su mente dotada los tormentos de todos los demás.

Años después, en la crítica década de los noventa, me reencontré con aquel trozo de infancia y pude enterarme de que aquellos "cuentitos" eran en realidad una serie de aventuras de la Legión de Superhéroes de DC Comics, que se había enfrentado con Darkseid, un ente creado por Jack Kirby, The Great Darkness Saga era el título del producto, hijo de la mente de Paul Levitz, los trazos de Keith Giffen y las tintas de Barry Mahltedt. Lo que me queda en el recuerdo es la impresión de horror ante lo desconocido, "la primera emoción de la humanidad". Todo el asunto se me antojó, como en las "influencias hacia atrás" de Borges, algo endemoniadamente lovecraftiano aun antes de leer a Lovecraft.

Ítem más: en el número 5 de La Mujer Araña (publicado por Novedades Editores con fecha del 5 de abril de 1982), la heroína de Marvel Comics disputaba con uno que otro ente del más allá; detrás de un librero salía un monstruo de factura más bien torpe, pero lo importante eran los libros que se regaban por el suelo y que en sus lomos portaban los "terribles nombres" Necronomicon, Stoker y Lovecraft.

Asimismo, los X-Men (también de Marvel Comics) se han enfrentado en alguna ocasión a los N’garai, seres de otra dimensión que guardan un parecido estructural con los Antiguos lovecraftianos, y que incluso son evocados y expulsados mediante las fórmulas de un libro añoso cuyas páginas guardan los blasfemos nombres de Cthulhu, Hastur, Shub-Niggurath y Yog-Sothoth (véase X-Men Adventures número 58, edición mexicana, historia en la que incluso el personaje violinista que disipa a los "demonios" se llama Erich Zann).

Y el inefable Carnage (It’s a Wonderful Life, Marvel Comics, octubre de 1996) opone el trío "Kasady (nombre de su otro yo, un asesino psicópata), Lovecraft, Manson" a la idea de civilización que le presenta la doctora Ashley Kafka.

Bienvenidos a la posmodernidad.

4.

La influencia de la obra de Lovecraft en el cine ha producido resultados harto desiguales, entre adaptaciones e inspiraciones: desde El horror de Dunwich (que se puede ver por televisión cada vez que el Jörmungandar sale a tomar aire en el Ártico) hasta Reanimator (Barbara Crampton recibe sobre la piel los lametazos de una lúbrica cabeza separada del cuerpo) y Resonator o From Beyond (la misma Barbara Crampton en traje bondage de carácter), pasando por The Beyond o Seven Doors of Death (aparición especial del Libro de Eibon, con una "ambigua, horripilante conclusión" --Fangoria dixit--: "Y te enfrentarás al mar de oscuridad, y a todo lo que de él puede ser explorado"), Evil Dead (donde el libro maldito Naturam Demondo también se llama Necronomicon; atención a su presencia en Jason Goes to Hell), Evil Dead II (con introducción barata pero impresionante que incluye mares de sangre), The Unnamable (pésimo monstruo)... Directores disímbolos: Stuart Gordon, Lucio Fulci, Sam Raimi. A su vez, el canadiense Martin Campbell cocinó un homenaje algo irregular, Cast a Deadly Spell, que mezcla la iconografía lovecraftiana con la novela negra y que incluso trata el juego unicornio-doncella tan caro al medievo. En el campo del video también está disponible Necronomicon, tres historias con mucho gore alrededor del libro que provoca pesadillas y sueños de mares lejanos.

El escritor Les Daniels opina que las dos mejores películas hechas con el espíritu Lovecraft son Alien, de Ridley Scott, y The Thing, de John Carpenter, y ninguna de las dos se basa en obras suyas. Es necesario añadir a esta escueta lista una obra maestra, también de Carpenter: In the Mouth of Madness (disponible en Videomax, en la selecta lista de los videos-que-serán-descontinuados-pronto-porque-nadie-los-compra-ni-los-alquila). Sobre un guión enloquecedor de Michael De Luca, el filme mezcla los hálitos y dimensiones lovecraftianos con el estatus del escritor best-seller, el horror de los pueblos lejanos y la ruptura de la realidad que desemboca en la plena locura y la ficción que se contempla a sí misma en la pantalla del cine. También diserta sobre los poderes de la palabra escrita y la creencia ("Más gente cree en mis libros que en la Biblia", dice en un momento el autor que intenta abrirles la puerta a los Antiguos, y Sam Neill aprende de la manera difícil que no está bromeando).

5.

Para que luego hablen de posmodernidad: en Internet se encuentran, cómodas en su lecho ciberespacial, varias versiones del Necronomicon. Elija usted la que desee, la más compatible con sus ideas de ciudadano cosmopolita de fin de siglo. También hay multitud de páginas sobre Lovecraft, y un site que el interesado no debe perderse: Cthulhu for President.

6.

Joya para el lovecraftiano aficionado: The Weird Shadow over Innsmouth (Bart House, New York, 1944), volumen mencionado por Gahan Wilson en el postfacio a "HPL", su contribución a Lovecraft’s Legacy. Es una reliquia de la II Guerra Mundial en cuya penúltima página se puede leer: "Nuestros muchachos necesitan libros para leer, informarse o relajarse. Dales libros, dales este libro". Después, claro, vinieron Hiroshima y Nagasaki.

Otra más: Cry Horror!/The Lurking Fear (mencionada en una página de Internet entre Los Cien Mejores Libros de Horror de Todos los Tiempos), una muestra de los textos estándar de Lovecraft: "The Colour out of Space", "The Nameless City", "The Call of Cthulhu", "The Hound". Más joyitas: la primera edición de La sombra sobre Innsmouth (1977) en la extinta Bruguera, donde Carlo Frabetti reflexionaba sobre el monstruo interno a propósito de "El extraño" y "La sombra..."

Bruguera, en las colecciones Libro Amigo y Nova, también publicó los tres tomos de la antología de August Derleth, Relatos de los mitos de Cthulhu, así como El que susurra en la oscuridad, con una portada ad hoc para despertar las imaginaciones de un niño retirado a un rincón casi provinciano: un lago, unas montañas al fondo, un valle dejado de la mano del hombre. Asimismo, William Hope Hodgson, maestro del maestro, alcanzó a ser publicado en aquella editorial: La casa en el confín de la Tierra, en la canónica traducción de Francisco Torres Oliver (hay una edición más, la de Forum en Biblioteca del Terror, donde también es posible encontrar los Cuentos de altamar hodgsonianos). Alianza Editorial cumpliría luego la tarea (comenzada en 1968, con la antología de Llopis) de publicar la obra narrativa lovecraftiana en El Libro de Bolsillo.

Debo a un añejo amigo mío el conocimiento de los cuentos de Lovecraft ilustrados por Alberto Breccia (asequibles por ahí en la edición de Nueva Imagen). También H. R. Giger, Gahan Wilson y J. K. Potter se han visto afectados por los miasmas lovecraftianos (el Cthulhu de este último le debe mucho al de Breccia, o el de Breccia a aquél).

En España, el mercado del libro lovecraftiano se ha visto aumentado con las nuevas ediciones de EDAF, meritorias las dos primeras, La noche del océano y El museo de los horrores (ambas con portadas de H. R. Giger, puesto ahí casi a la fuerza), pues recuperaban muchos textos hasta hace poco casi inconseguibles, no así las siguientes, que sólo aprovechan un boomcito.

T. E. D. Klein escribió que si el Necronomicon existiera, estaría disponible como libro de bolsillo, con prólogo de Colin Wilson. Bueno, en los territorios de la posmodernidad ya existe, y es, en efecto, un libro de bolsillo (Avon Books, New York); sólo le falta el texto introductorio de Wilson. A cambio, en la edición española muestra en su cubierta una bonita frase de William Burroughs.

7.

Existe una revista-casi-libro especializada en asuntos extraños llamada Necronomicon, que le puede interesar a quien visite cierto comercio misceláneo por los rumbos de la Zona Rosa. También los libros de bolsillo sobre el asunto se han multiplicado como los hongos del lugar común. Asimismo, el consumidor con recursos y mucho tiempo libre puede adquirir algunos juegos de rol inspirados en las alucinaciones lovecraftianas, y ayudar a la expansión de un universo "irreal". Hasta una Encyclopedia Cthulhiana anda por ahí.

Durante la década pasada y los principios de la presente, los aficionados nos hinchamos como perros en río con libros de Ediciones Roca: Los botes del Glenn Carrig, de William Hope Hodgson; La casa de Cthulhu, antología con un par de aportes a los mitos cthulhianos; Horror en Oakdeene y El visitante nocturno, de Brian Lumley, bueno el primero y no tanto el segundo; Demonios a la luz del día, de Ramsey Campbell, con un cuento-homenaje a la manera del maestro; Ceremonias macabras, de T. E. D. Klein, un novelón de atmósferas Machen, Blackwood y Lovecraft, y El legado de Lovecraft, desigual antología que sin embargo cuenta con un prólogo de Robert Bloch y un par de buenas historias.

Algunas huellas de Lovecraft en escritores contemporáneos de la llamada dark fantasy: "Granny" y "Crouch End", de Stephen King; las dimensiones metafísicas y out of time de Clive Barker en The Great and Secret Show y The Hellbound Heart, luego convertida en la película Hellraiser, con caja maldita y dimensiones "blasfemas". Más homenajes y pastiches: Graham Masterton en Manitú; F. Paul Wilson en la fallida The Keep; el colectivo catalán Ofelia Dracs en ¡Lovecraft, Lovecraft!, y Juan Perucho en su cuento incluido en la antología de Llopis, "A la manera de Lovecraft".

Dos recomendaciones: la biografía de HPL, escrita por L. Sprague de Camp, disponible en Valdemar, y The Best of H. P. Lovecraft, cortesía de Del Rey/Ballantine Books.

Para más información, consultar los "catálogos" de Revista de Revistas (número 4200, 27 de junio de 1990) y Fangoria número 5 (enero de 1992).

8.

Un hecho que lamenta el crítico español Albert Solé: en la portada del disco Live After Death, de Iron Maiden, figura el famoso dístico del árabe loco Abdul Alhazred: That is not dead which can eternal lie, / And with strange aeons, even Death may die. A propósito de Maiden, el escritor Shaun Hutson plagió inmisericordemente "Pickman’s Model" ("Era una fotografía tomada del natural") en un homenaje al grupo metalero publicado en Metal Hammer. El Metallica pre-MTV, en Ride the Lightning, dio a luz el alucinante instrumental "The Call of Ktulu" (ideal para escucharlo a oscuras).

El black y el death metal hicieron a Lovecraft uno de sus santones. Ahí están el extremoso Deicide y "Dead by Dawn" (homenaje a HPL y a Evil Dead II por igual); Samael y "Rite of Cthulhu"; Hypocrisy y "Necronomicon" (uno de los títulos más socorridos; incluso un grupo alemán se apropió del nombre hace ya algunos ayeres); Morbid Angel y Altars of Madness y Covenant; Darkified y su EP A Dance on the Grave, donde se escucha la frase "impronunciable por garganta humana alguna": En su casa de R’lyeh, el difunto Cthulhu espera soñando)... Más datos en Heavy Metal Subterráneo número 26, pp. 10-11.

¿Y dónde está el grupo femenino de black que decida llamarse Keziah y hablar de los sueños en la casa de la bruja?

Hay mucho metal, pero pocas atmósferas. Todavía no ha surgido un grupo que produzca armonías extrañas capaces de evocar "geometrías no euclidianas".

9.

El amigo mencionado líneas arriba afirma que nunca ha sentido más el horror cósmico que cuando acampa, con un cielo interminable arriba e infinitos bosques abajo (como en una obra de Robert Bloch, "Notebook Found in a Deserted House", agrego). En México abundan los paisajes rulfianos o a la Fuentes, pero también hay algo de dimensiones lovecraftianas: las montañas, los árboles, el viento, ciertas piedras que son testimonio de un tiempo no humano. El hongo y el peyote hacen posible la comunicación entre distintas realidades, se afirma. ¿Y por qué no decir que el Tepozteco o la Barranca del Cobre son lovecraftianos? También podría serlo el puerto de Veracruz a medianoche, y los caseríos trepados en el cerro o sumidos en desolados valles pasarían por transposiciones de Dunwich, Arkham o Innsmouth. Incluso las ruinas prehispánicas y el Popocatépetl tienen un cierto aire extraño o prehumano si se les mira bajo ciertas luces.

Y quizá en alguna librería de viejo aguarde el Necronomicon.

10.

Sin embargo, toda esta serie de elementos y datos para trivia, ¿para qué? ¿Qué tienen que ver lo vacíos entre las estrellas y lo que se arrastra ahí con la crisis chiapaneca (y oaxaqueña, y guerrerense, y fronteriza, y mexicana al fin y al cabo), el desmoronamiento de los sistemas políticos, la muerte de las utopías, Bosnia, las matanzas en Argelia, la miseria, el desempleo, la tragedia del salario mínimo, las nuevas enfermedades, la desesperanza? En breve, ¿qué relación tiene Lovecraft con el mundo contemporáneo y frío retratado en Seven, de David Fincher, este mundo de altas velocidades en transmisión de datos y desesperante lentitud cuando se trata de mejorar las condiciones de vida humana? Es decir, ¿qué tiene que ver Lovecraft con estos tiempos? Casi nada, y casi todo: su obra --como todos los trabajos de los buenos autores de la imaginación oscura-- reivindica el derecho individual a la pesadilla mientras andemos por la costra terrestre, que ya está suficientemente llena de horrores reales como los enlistados arriba. Pero también tiene que ver con el caso, con el mal que camina sobre la tierra, con el horror que domina al ser humano ante los límites que ha cruzado y busca cruzar su especie en busca de la dominación del universo, cuando aún no ha logrado dominarse a sí misma.

Está bien, dirá alguien, pero en breve, ¿qué hizo este hombre por la humanidad? ¿Descendió al fondo del alma y se enfrentó a los demonios que moran allí, como Dostoievsky? ¿Creó una obra de arte a los treinta y tres años, como Leopoldo Alas? ¿Fue acosado y sentenciado, como Salman Rushdie? ¿Vende todavía millones de ejemplares de sus trabajos, como King? ¿Ganó el Nobel de Literatura? No, nada de eso. Se limitó a ayudarnos a enfrentar la monstruosidad que llevamos dentro, porque todos nosotros, alguna vez, hemos alzado la mano hacia una abominación en el marco de cualquier puerta, y hemos tocado "una rígida y fría superficie de cristal pulido". Se limitó a soñar y a tener pesadillas, y a contagiar a la gente de ambos males. Se limitó a eso y murió nada tranquilamente, con el estómago en la garra de una descarnada alimaña de la noche, el 15 de marzo de 1937.

Nota:

a la larguísima lista de arriba hay que agregar los libros del "más grande estudioso de Lovecraft", S. T. Joshi: H. P. Lovecraft: The Decline of the West, A Subtler Magick, Lord of a Visible World, entre otros, así como los dos tomos del Annotated H. P. Lovecraft. Asimismo, Del Rey continuó la edición de toda la ficción de Lovecraft con The Road to Madness y Dreams of Terror and Death, más las antologías Tales of the Cthulhu Mythos y Cthulhu 2000. Por libros no queda. En cuanto a la Red, ya existe el dominio www.hplovecraft.com, con todo lo que el aficionado o estudioso puede desear.


Publicado originalmente en sábado,
suplemento de unomásuno, el 9 de mayo de 1998

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