Roman Polanski: vida y obra

Roman Polanski, El Quimérico Autor

por José Antonio López

Roman PolanskiMoviéndose entre el cine experimental y el comercial, entre lo fantástico y lo testimonial, entre Hollywood y la independencia... Roman Polanski ha ido desarrollando una obra tan despareja como única.
Aquí recorremos la filmografía de unos de los realizadores más personales de los últimos tiempos.

BIOGRAFÍA

No es fácil encontrar entre las personas famosas de nuestra época biografías tan turbulentas y desgraciadas como la de Raimund Polanski, o Roman Lindberg según otras fuentes, nacido en 1933 en París. A los tres años, su familia, formada por judíos polacos, volvió a su lugar de origen, Cracovia. De niño vivió el progresivo cerco y acoso de los judíos tras la ocupación nazi de Polonia, y finalmente sus padres fueron enviados a un campo de concentración, donde su madre fue asesinada en la cámara de gas. Roman se libró por los pelos de acabar en el mismo campo; el parecido entre esta parte de su vida y el argumento de El pianista no es pura coincidencia.

En los años de posguerra, en un país arrasado por la contienda y luego puesto bajo la órbita dictatorial de la Unión Soviética, nuestro hombre se dedica a evadirse de la dramática situación social, y también de su mala relación con su padre y con la nueva esposa de éste, viendo todo el cine que puede y comenzando a trabajar como actor en radio, teatro y algunas películas, incluyendo Pokolenie (1954) del importante realizador Andrzej Wajda. En 1954 consigue ingresar en la escuela de cine de Lodz, donde llevará a cabo sus primeros cortos como director. El que consigue más trascendencia, y varios premios internacionales, es Dos hombres y un armario (Dwaj ludzie z szafa, 1958), una mezcla de surrealismo y humor retorcido donde se empieza a ver en parte el estilo que definirá toda su obra posterior.

AÑOS 60: PRIMERAS PELÍCULAS

No es hasta 1962 cuando consigue llevar a cabo su primer largo, El cuchillo en el agua (Noz w wodzie). En él, el universo y la técnica del director se muestran ya en todo su esplendor. Un matrimonio recoge a un joven autoestopista y le invita a pasar el día en el mar, en el barco de la pareja. El marido adopta un rol paternalista y prepotente con el muchacho, y los dos hombres parecen entablar una tensa rivalidad para demostrar su liderazgo e impresionar a la mujer. Tres personajes llevando a cabo juegos de poder en un escenario aislado del mundo exterior, una fórmula que el director repetirá muchas veces más adelante. La historia es sencilla, y para espectadores acostumbrados a un cine más clásico o más evidente, podría parecer banal. Sin embargo, la puesta en escena vanguardista y angustiosa de Polanski, con encuadres tomados muchas veces desde una posición de mirón que observa escondido, llena la pantalla de tensión y transforma lo anodino en inquietante y morboso.

No es de extrañar que esta película, que mostraba lo lejos que se podía llegar con sólo tres actores, un escenario reducido y un argumento nada rebuscado, fuera aclamada entre los cinéfilos: llevó un premio en el festival de Venecia, y hasta estuvo nominada al Oscar como película extranjera. Sin embargo en Polonia no gustó; para los comunistas era una historia demasiado psicológica y próxima al gusto occidental, muy diferente de las películas propagandísticas sobre la lucha de clases y la guerra contra los nazis que les gustaban a las autoridades comunistas. Tras ser descalificado en el mismísimo congreso anual del Partido, era evidente que la única opción de Polanski era emigrar / exiliarse al oeste, donde llevó a cabo sus siguientes proyectos.

Tras participar en una película de episodios, algo muy de moda en los años 60, junto a otros nombres fundamentales del cine de autor de la época como Claude Chabrol y Jean-Luc Godard, su segundo largo llegó en 1965 y es uno de los títulos más revolucionarios e importantes del cine fantástico. Siguiendo en cierta medida la estela de Psicosis (Psycho, Alfred Hitchcock, 1960), Repulsión (Repulsion, 1965) es un viaje a la mente perturbada de una joven cuya represión sexual la va a llevar al asesinato y a la autodestrucción. Gran parte de la película transcurre en el interior del apartamento donde la chica se encuentra sola, un experimento todavía más arriesgado que el de El cuchillo en el agua.

Aunque Polanski recurre a planos subjetivos de las alucinaciones de la protagonista, el punto de vista, como en todo su cine, tampoco es el de ella sino el de un voyeur que contempla horrorizado lo que pasa. La actriz era Catherine Deneuve, musa del mejor cine europeo de entonces, que ya había trabajado con Jacques Demi en Los paraguas de Cherburgo (Les parapluies de Cherbourg, 1962) y rodaría al año siguiente Belle de jour (1967) de Luis Buñuel. Gran parte del cine de psicópatas posterior le debe algo o mucho a Repulsión, que ganó el oso de plata del festival de Berlín.

Al año siguiente, 1966, Polanski era premiado por segunda vez consecutiva en Berlín, ahora con el oso de oro. La película era Callejón sin salida (Cul-de-sac), con la que abandonaba el tono tan serio y escalofriante de Repulsión y volvía a la ironía de El cuchillo en el agua, acentuando más el humor negro y también el fetichismo de la historia en la que se podría considerar como su película más británica. Dos delincuentes heridos se esconden en un castillo donde vive un joven matrimonio; uno de los fugitivos toma a la pareja como rehenes, iniciándose entre los tres una especie de juego infantil perverso. Con Cul-de-sac, el director ofreció la película que se esperaba de él: un compendio del estilo y las temáticas que había abordado en sus dos primeras películas en un formato algo menos vanguardista y más accesible al público.

El acercamiento al cine comercial será mucho mayor en su próximo proyecto, la famosa comedia terrorífica El baile de los vampiros (The fearless vampire killers, 1967), primer título en color de su filmografía. Rodada en Inglaterra en pleno éxito de los dráculas de Christopher Lee de la factoría Hammer, la película sorprende por su posmodernidad increíblemente adelantada a su tiempo: su planteamiento a medio camino entre el análisis del género y su parodia la hace muy próxima al cine actual, triunfando en el difícil juego de hacer una película de terror al estilo de su época que al mismo tiempo es una parodia de esas películas de terror. Polanski hizo aquí su primer papel protagonista como actor interpretando al torpe ayudante de un cazavampiros; en el reparto le acompañaba Sharon Tate, con la que se casó poco después.

A finales de los 60, nuestro hombre es uno de los autores más respetados por la crítica, y además una referencia importante en el género fantástico que ha dado síntomas de interesarse por el cine comercial, es decir, todo un bombón para Hollywood. La llamada de América no se hace esperar, y allá se fue Polanski a dirigir La semilla del diablo (Rosemary’s baby, 1968), un título que algunos consideran la mejor película de terror de la historia. El director modernizó los esquemas tradicionales del género convirtiendo los castillos góticos en un edificio de apartamentos y la secta maléfica en una comunidad de vecinos con una apariencia de lo más afable. De su cine europeo aportó una mirada ambivalente sobre la historia, dejando hasta el final la duda de si la trama satánica es real o es un delirio de la protagonista, una joven Mia Farrow. En resumen, uno de los títulos fundadores y más influyentes del cine de terror moderno. El éxito de taquilla fue considerable y hoy en día hay pocos que no consideren el film como una obra maestra.

AÑOS 70

El momento cumbre profesional y personal que vive Roman en Hollywood se cierra trágicamente con el horrible asesinato de su mujer embarazada y de varios amigos por parte de la secta del maníaco Charles Manson, un incidente que la prensa, siempre amante del sensacionalismo, suele mencionar mucho más que ninguna de sus películas. Tal vez debido a este nuevo cataclismo personal, su carrera nunca ha vuelto a alcanzar el altísimo nivel artístico y comercial de sus cinco primeras películas. Polanski vuelve a Europa y, tras participar en otro film de episodios, lleva a cabo una versión de la obra de Shakespeare Macbeth (1971), convirtiéndola casi en una película de terror por su violencia. A pesar de sus buenas críticas, no consigue demasiada resonancia. Mucha menos todavía obtuvo su siguiente obra, Qué (Che, 1973), una producción italiana con Marcello Mastroianni que podría catalogarse como una vuelta al cine más experimental de sus primeras películas, como una aportación al cine erótico muy en boga en ese momento, o como una simple chapuza.

La vuelta a los Estados Unidos fue por la puerta grande: nuestro hombre demostró su versatilidad y su eclecticismo al rodar una historia de cine negro como Chinatown (1974), una película que arrasó en taquilla y que encantó a todo el mundo, especialmente a los que no les gusta el cine de Polanski. Por un lado, tiene los suficientes ingredientes modernos (uso virtuoso de la profundidad de campo, trama escabrosa) para no resultar un mero ejercicio de nostalgia ni una imitación del cine de los 40; por el otro, no es una revisión irónica ni posmoderna del género, es lo suficientemente clásica para gustar a los críticos más conservadores. Además, a diferencia de La semilla del diablo, Chinatown pertenece a un género respetado y considerado como "cine serio".

El resultado fue una lluvia de nominaciones al Oscar (once, incluyendo mejor película, director y actores protagonistas, Jack Nicholson y Faye Dunaway), aunque al final sólo se llevó el gato al agua el guión original de Robert Towne. Seguramente muchos desconocerán que existe una secuela de la película, Los dos Jakes (The two Jakes, 1990), que dirigió el propio Jack Nicholson y que fue un tremendo descalabro de crítica y público.

Está claro que Polanski no se deja deslumbrar por el éxito y el mundo de Hollywood; después del triunfo con Chinatown, vuelve a Europa y lleva a cabo una película difícil, negrísima e inclasificable: El quimérico inquilino (Le locataire, 1976) se llevó brutales e injustificados abucheos en su presentación en el festival de Cannes por parte de la prensa especializada, siempre deseosa de despedazar a todo el que tenga a la vez talento y éxito. La historia es un cruce entre La semilla del diablo y Repulsión: una comunidad de vecinos conspira para enloquecer y llevar al suicidio al nuevo habitante del edificio, igual que hicieron con la inquilina anterior. ¿O todo eso es un delirio del sugestionable protagonista, interpretado por el propio Polanski?

La película no aporta a la obra del director apenas nada que éste no hubiera contado ya en otros títulos, salvo la extrema sordidez de verlo travestido de mujer en varias escenas, pero no deja de tener el tono enfermizo que constituye el toque Polanski, ni de ser una curiosidad que difícilmente decepcionará a sus fans.

En 1977 Polanski da origen a otra noticia de las que le gustan a la prensa sensacionalista: al parecer tuvo relaciones sexuales con una niña de trece años en la casa de su amigo Jack Nicholson. Temiendo que lo fueran a enviar a la cárcel, escapó de los Estados Unidos, país en el que hoy sigue siendo un fugitivo de la justicia y donde no puede poner los pies sin ser arrestado. Por supuesto, todas sus películas posteriores ha tenido que llevarlas a cabo en Europa, y su carrera se ha resentido de eso. De hecho, en los nueve años siguientes sólo estrenó Tess (1979), una adaptación literaria ambientada en la campiña inglesa del siglo XIX, es decir un producto de qualité muy poco polanskiano y muy del gusto de los críticos y de la academia de Hollywood: estuvo nominada a los Oscars de mejor película y mejor director, y ganó tres premios en categorías técnicas. Tess está exquisitamente ambientada y dirigida, pero no deja de ser una obra impersonal imposible de distinguir de las realizadas por cualquier buen artesano.

AÑOS 80 y 90

Tras algún trabajo teatral, Roman reemprende su carrera en el cine en 1986 con bastante mala fortuna: Piratas (Pirates) es uno de los puntos más bajos de su filmografía. Si nuestro hombre había triunfado en el cine negro y en el de época, en la comedia de aventuras se ve totalmente fuera de lugar: lo suyo no es el cine comercial para todos los públicos.

Afortunadamente, a continuación vino una trilogía de películas de lo más interesante: en primer lugar, Frenético (Frantic, 1988), un thriller en el que el director no parece tan interesado en mantener el suspense de la trama como en mostrar el contraste entre el mundo ordenado y convencional de un respetable médico (personaje que le va como un guante a Harrison Ford, actor que no se prodiga precisamente en el cine de directores europeos), y el de los bajos fondos y night-clubs de París, que el prota tiene que recorrer en busca de su esposa desaparecida. El desenlace, demasiado fácil y convencional (tal vez forzado por un actor conservador como Ford), evita ahondar en la cuestión que el resto de la película plantea: ¿realmente es deseable que la esposa aparezca? ¿Seguro que Harrison Ford quiere volver a su aburrida vida burguesa después de las peripecias que ha vivido en París?

Tal vez descontento con los productores americanos de Frenético, Polanski financió su siguiente película con dinero francés y británico. Aunque influida por la estancia de su autor en el cine comercial, Lunas de hiel (Bitter moon, 1992) fue una vuelta a los orígenes: relaciones turbias entre unos pocos personajes encerrados en un escenario aislado (de nuevo un barco, aunque más grande que el de El cuchillo en el agua), y además la primera historia abiertamente erótica del director, ya sin ninguna coartada genérica ni vanguardista. También es una película de vampirismo (psíquico): una pareja decadente, consumida por años de relación autodestructiva, pervierte con sus relatos a un matrimonio joven y pardillo.

A Lunas de hiel le falta el arrojo de las primeras películas de Polanski y le sobra una actriz tan limitada como Emmanuelle Seigner (no en vano esposa del director), pero no deja de ser la obra de un creador hábil, inteligente y perverso.

La muerte y la doncella

(Death and the maiden, 1994) es seguramente el trabajo más redondo de la filmografía polanskiana posterior a La semilla del diablo, aunque hay que reconocer que el mérito se debe en parte a la excelente adaptación que Ariel Dorfman hace de su propia obra teatral en el guión. A pesar de ser una historia ajena, difícilmente se podría imaginar a un director más adecuado para una trama de tres personajes encerrados en una casa aislada (con unos pocos exteriores rodados en la costa gallega), con uno de ellos atado a una silla, a merced de la venganza de la mujer a la que violó repetidamente en el pasado. O tal vez ella se equivoca y él no es el hombre ....

Tan poco complaciente como es habitual en el cine de su director, la película, que se refiere, aunque nunca se mencione ningún país, a las torturas ocurridas durante la dictadura de Pinochet en Chile, pone al tercer personaje en cuestión, el marido de la mujer, y también al espectador, en una posición muy incómoda: ¿por quién hay que tomar partido cuando la víctima y el verdugo intercambian sus puestos? Polanski demuestra seguir en plena forma con una historia de juegos de poder tan tensa y claustrofóbica como en sus mejores tiempos, ayudado por un trabajo excelente de los actores (Sigourney Weaver, Ben Kingsley y Stuart Wilson).

El siguiente proyecto de nuestro hombre, The double, adaptación de la novela homónima de Dostoievsky, naufragó debido a problemas con su protagonista, John Travolta. Esto hizo que pasaran cinco años hasta el estreno de una nueva película, La novena puerta (The ninth gate, 1999), rodada de nuevo en España y en esta ocasión también con capital español, además de francés. Desde luego la espera no valió la pena, a pesar de que se trataba de la vuelta del director al fantástico, y además a los temas satánicos, puesto que habla de adoradores del Diablo que buscan un libro maldito.

El argumento, sacado de un best-seller del inefable Arturo Pérez-Reverte, era una sucesión de los más previsibles lugares comunes de los relatos de detectives, y se prestaba más para un telefilm que para una película de un director de categoría. El buen hacer de Polanski, que se muestra aquí muy correcto pero también frío e impersonal, salvó por los pelos del ridículo extremo a unos personajes ultraestereotipados (especialmente lamentable la femme fatale de tres al cuarto interpretada por Lena Olin), y unos topicazos de los que precisamente La semilla del diablo había huido como la peste, como la inevitable secta de enmascarados que se reúne en el aún más inevitable antiguo castillo francés. Polanski sólo hubiera tenido que imitarse a sí mismo para transformar esta historia, o casi mejor, para reescribirla de arriba a abajo.

Tras este pequeño bache, el director decidió cambiar de tercio con un proyecto que le ha devuelto a la cumbre y se ha convertido en el título más aclamado de su filmografía. El pianista (The pianist) es una obra de madurez llevada a cabo con la sencillez y la sobriedad de los grandes maestros. Como en Chinatown, cinéfilos de todas las tendencias, críticos, y público en general se dan la mano reconociendo unánimemente la brillantez del film; es casi imposible poner peros a un trabajo tras la cámara que retrata el horror con autenticidad, consiguiendo evitar la sensación de déjà vu a la hora de abordar un tema tan archiexplotado como el holocausto judío, situándose muy lejos de clichés melodramáticos tipo La lista de Schindler; El pianista es cualquier cosa menos una película que busque la lágrima, la moralina o la complacencia del público o de los jurados que conceden premios varios.

Además, Polanski lidia sin ningún problema con una estructura narrativa realmente arriesgada: tras mostrarnos las peripecias de la familia Spielman durante la primera mitad del film, en la segunda, el protagonista (magnífico trabajo de Adrien Brody), se queda solo luchando por una supervivencia desesperadamente difícil. Mantener la tensión con un único personaje, sin recurrir a la muleta de la voz en off, durante buena parte del metraje de una película, sería casi imposible para un autor sin la experiencia en cine vanguardista y experimental que supone haber rodado Repulsión, entre otras.

El merecidísimo pero más que inesperado Oscar al mejor director, y el más previsible premio en Cannes, logrados con El pianista, suponen todo un giro para la carrera de Polanski, un tanto errática durante las últimas décadas. Con el premio de la Academia y el perdón que su antigua víctima le ha concedido en los reality-shows televisivos estadounidenses, es posible que el director se anime a volver a USA y enfrentarse con su caso pendiente con la justicia. De esta manera le sería mucho más fácil conseguir financiación y distribución para sus futuras obras; no tendría que sufrir de nuevo exhibiciones tan minoritarias como la de La muerte y la doncella, ni que ponerse al cargo de proyectos tan poco interesantes como La novena puerta.

Tras haber demostrado su eclecticismo tantas veces en una filmografía que abarca más de 40 años, la gran incógnita es con qué nos saldrá Polanski en su próxima película. En cualquier caso, muchos no nos la perderemos.

José Antonio López (Vigo).

 

Filmografía (Sólo como director)

Rower

(1955) [cortometraje]. Polonia.

Usmiech zebiczny

(1957) [cortometraje]. Polonia.

Rozbijemy zabawe

(1957) [cortometraje]. Polonia.

Morderstwo

(1957) [cortometraje]. Polonia.

Dos hombres y un armario

(Dwaj ludzie z szafa) (1958) [cortometraje]. Polonia.

Lampa

(1959) [cortometraje]. Polonia.

Gdy spadaja anioly... (

1959) [cortometraje]. Polonia.

Gruby i chudy / Le gros et la maigre

(1961) [cortometraje]. Polonia / Francia.

Ssaki

(1962) [cortometraje]. Polonia.

El cuchillo en el agua

(Noz w wodzie) (1962). Polonia.

Las más famosas estafas del mundo

(Les plus belles escroqueries du monde / Le più belle truffe del mondo / De wereld wil bedrogen worden) (1965). Francia / Italia / Holanda / Japón. Film de sketches; los demás son debidos a Claude Chabrol, Jean-Luc Godard, Ugo Gregoretti y Hiromichi Horikawa. El episodio de Polanski se titula: "L'homme qui vendit la Tour Eiffel".

Repulsión

(Repulsion) (1965). RU.

Cul-de-sac - Callejón sin salida

(Cul-de-sac (1966). RU.

El baile de los vampiros

(The Fearless Vampire Killers or: Pardon Me, But Your Teeth Are in My Neck) (1967). USA.

La semilla del diablo

(Rosemary's Baby) (1968). USA.

Macbeth

(Macbeth) (1971). RU.

¿Qué?

(Che? / Quoi? / Was?) (1973). Italia / Francia / Alemania.

Chinatown

(Chinatown) (1974). USA.

El quimérico inquilino

(Le locataire / The Tenant) (1976). Francia / USA.

Tess

(Tess) (1979). RU / Francia.

Piratas

(Pirates) (1986). Francia / Túnez.

Frenético

(Frantic) (1988). Francia / USA.

Lunas de hiel

(Bitter Moon / Lunes de fiel) (1992). RU / Francia.

La muerte y la doncella

(Death and the Maiden / La jeune fille et la mort) (1994). RU / USA / Francia.

La novena puerta / The Ninth Gate / La neuvième porte

(1999). España / USA / Francia.

The Pianist / La Pianiste

(2002). Francia / Alemania / Polonia / RU

Re: Roman Polanski: vida y obra

el.baile.de.los.vampiros.genial

Re: Roman Polanski: vida y obra

Me parese un buen articulo, pero yo creo q la mejor de roman polanski es repulsión.

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