Sherlock Time, un camino sin retorno

Sherlock Time, un camino sin retorno

Por Mariano Buscaglia

Este artículo presenta una revisión de Sherlock Time, un hito de la historieta argentina.
Este fue el primer trabajo conjunto de Alberto Breccia y Héctor Germán Oesterheld, dos grandes leyendas del cómic que lograron imprimirle a la obra un estilo que se transformó en una verdadera revolución gráfica y textual para la época.

La pregunta es: la historieta Sherlock Time ¿por qué aún perdura?

1)¿Porque fue en su época una revolución tanto gráfica como textual?

2) O ¿Tal vez porque simplemente fue el primer trabajo entre dos grandes leyendas de la historieta: Alberto Breccia y Héctor Germán Oesterheld?

A mí humilde modo de ver las cosas, creo que afirmar por separado una de las dos cuestiones es exagerar, pero si unimos ambas, nos acercamos un poco más a la verdad. En Sherlock Time, Breccia dio su primer paso a la revolución gráfica que se desataría en Mort Cinder para expandirse más adelante en creaciones aún más personales y experimentales.

No hay que olvidar que Sherlock Time coincide con la bien llamada edad de oro de la historieta en Argentina, los mejores dibujantes del mercado publicaban títulos que pocos años después serían auténticos clásicos del género.

Para esos años, fines de los cincuenta, Breccia se encontraba en una posición bastante desahogada, con tres hijos -Enrique, Cristina y Patricia, que una vez creciditos también incursionarían en el género de la historieta-, y una flamante casona en Haedo que había construido con el dinero que ganaba en la editorial de Dante Quinterno (el creador de Paturuzú), dibujando la famosa historieta del detective Vito Nervio y El club de los aventureros ambas con guiones de Leonardo La tapa de esta Pif-Paf fue realizada por Enrique BrecciaWadel. Historietas que eran cálidamente recibidas por el público de la época. Sin embargo, la gráfica de Breccia que había evolucionado de los pésimos e inexpertos dibujos que realizaba en la revista Tit-Bits para la editorial Láinez a un dibujo muy profesional y comercial que tenía la huella de Canniff (influencia que Breccia siempre admitió diciendo que más que inspirarse en los dibujos de Canniff los copiaba). Breccia tenía un espíritu realmente inquieto, el cual le permitió aprender por sí sólo las reglas del dibujos necesarias para convertirse en poco más de una década en uno de los dibujantes con más renombre del país y en formar parte del pomposo grupo de "Los doce famosos artistas", que reunía la creme de la creme gráfica del momento; este mismo ímpetu fue el que lo dejaba siempre insatisfecho de su obra. Por eso, a fines de la década del cincuenta, Alberto ya estaba harto de Vito Nervio y de todo lo que éste representaba.

EPero mientras Breccia realizaba trabajos comerciales, todavía lejano de las audacias gráficas, que más tarde se transformarían en una búsqueda recurrente de su creatividad, en el mismo país y en la misma época existía un geólogo devenido a escritor - ¡y qué escritor!- llamado Héctor G. Oesterheld que se lanzó por su cuenta a editar sus propias historias que serían ilustradas por los mejores dibujantes de entonces. Pero Oesterheld no se estaba tirando a la pileta con este proyecto, simplemente supo aprovechar la fama que habían ganado los personajes que había creado para la editorial Abril. Oesterheld eligió el momento justo para separarse de la editorial y asumir un proyecto propio para tener la libertad necesaria que requerían sus creaciones como así también los dibujantes. Ni tonto ni perezoso, Oesterheld supo sacarle jugo a su propio talento y al de que los rodeaban. Ese proyecto como muchos ya saben se llamó editorial Frontera y como dije antes por ahí desfilaron grandes clásicos: Ticonderoga, el Sargento Kirk, Ernie Pike y el propio Eternauta.

La editorial Frontera, que reunía a los mejores dibujantes del momento, se decidió a llamar a Breccia para que ilustrara un argumento bastante sombrío que había escrito Oesterheld. El guión se titulaba: La gota y fue la primer aventura de la dupla Sherlock Time y su segundo, el jubilado Luna. Breccia aceptó el guión por varias razones, la revista Paturuzito se estaba yendo a la lona, Frontera gozaba de mucho prestigio, la plata que le ofrecían era muy superior y, lo más importante, el guión hipnotizó la atención de Alberto. Poseía la atmósfera oscura y brumosa de los folletines que el dibujante había degustado de pibe. Y por otro lado tenía libertad total (el episodio lo resolvió en 16 páginas, para lograr el clima indicado). Pero había algo más, días antes el tano Pratt le había picado a Alberto con el gusanito del orgullo. Una noche, cuando volvían de tomar unos vinos, el tano, por cierto muy descarado, le dijo a Alberto en plena cara: "Al final vos sos una puta barata, porque estás haciendo el Vito Nervio y podés hacer cosas mejores". Y estas palabras crueles; pero sinceras, motivaron a Alberto a enfrentarse con sus fantasmas y hacer de Sherlock Time un clásico.

Siguiendo con el anecdotario, antes de iniciar la historieta, Alberto cayó enfermo y de la editorial Frontera le mandaron un pibe para que buscara un dibujito para poder ir anunciando al personaje Sherlock Time. El pibe subió hasta la habitación de Alberto y encontró al viejo en la cama. Le dijo a qué venía, pero Alberto no había hecho nada, sin embargo le pidió que lo aguardara un poco y rápidamente dibujó en un papel de galletitas a Sherlock Time, de la nada, así como venía, sin previa meditación. Los rasgos eran los imprescindibles, casi un esquema (es el monito que todas las editoriales utilizaron para lanzar el personaje; y que también aparece en el lomo del libro que editó Colihue). Más tarde, Breccia hablaría de los héroes que creó a lo largo de su carrera como los cara de lata o de póquer. Cara de nada. Decía que el rostro, las expresiones siempre estaban en los personajes secundarios, nunca en los héroes, que eran caras indefinidas. Todos y nadie, como decía Borges.

Finalmente, Breccia se sentó a dibujar el Sherlock Time y se deslomó trabajando, se encerró en su estudió y comenzó a estudiar juegos de luces y sombras con pequeñas velas que encendía aquí y allá para lograr el efecto buscado. El personaje secundario, el jubilado Luna tenía los mismos rasgos del dibujante, que ya por entonces comenzaba a dibujarse en las historietas que realizaba. Poco después se volvería a dibujar en Mort Cinder, el viejo Ezra era él mismo pero con un vagón de años encima. Resulta curioso que en el segundo episodio de Sherlock Time: El ídolo; Breccia se dibuja por partida doble. Aparece su rostro contemporáneo –retratado en Luna- y a la vez se retrata de nuevo –aunque mucho más viejo- en el personaje de Eustaquio Méndez, un anticuario amateur. Parece que en este personaje está el génesis del viejo Ezra.

La historieta se publicó y le movió el piso a muchos. La historia estaba abarrotada de climas expresionistas que le prestaban una atmósfera única. El tano Pratt lo llamó por teléfono y le confesó: "Tengo la historieta en mis manos y la verdad es que me rompiste el culo". Breccia había ganado la partida.

Sherlock Time se publicó en Hora Cero Extra y en Hora Cero Semanal entre los años 1958 y 1959. Más tarde se publicó en Europa y en los ’70 la revista Pif-Paf la volvió a publicar completa. También se publicó un episodio en el libro Breccia Negro de ediciones Record y póstumamente se publicó en 1995 por primera vez en libro por la editorial Colihue. Tal vez se demoró tanto la edición en libro, porque Breccia no quería que se volviera a editar. Tal vez porque las audacias gráficas de Sherlock Time parecen meras chiquilinadas comparadas con el trabajo posterior del artista. En una entrevista que le hicieron al viejo Breccia, confesaba: "[mis trabajos] mientras los estoy haciendo me gustan, algunos me siguen gustando, otros ya no me interesan... Sherlock Time es una porquería, después tengo una sobre aventuras que estuve mirando y no me gusta para nada, de Mort Cinder algunas cosas me agradan, algunas". (Revista: Todos Juntos, N°2, Buenos Aires, 1982).

Pero, ¿quién es Sherlock Time? Es un ente misterioso, un extraterrestre que no se confiesa abiertamente como tal, tal vez porque le simpatiza la humanidad, porque es el único lugar en el universo donde se puede tomar un buen mate, como hace habitualmente Sherlock. Este Sherlock, obviamente un detective de los misterios del Universo, le alquila al jubilado Luna la torre que posee la antigua casona de San Isidro–bastante embrujada- que Luna adquiere en el primer episodio. Pero bajo la torre se oculta una cosmonave que Sherlock usa cuando tiene que salir a dar una vuelta por el espacio. En tanto que Luna es la persona común, un jubilado, alguien que queda confundido como perro en cancha de bochas en las aventuras en que lo sumerge episodio tras episodio Sherlock. Pero ahí estaba el olfato de Oesterheld, hacernos creer eso, porque al ver un personaje tan ordinario como Luna o tantos otros, nos creemos mejor la situación. Y el viejo Luna se come todas las aventuras, como siempre, y Sherlock aparece siempre en el momento justo para resolver el embrollo.

Los argumentos de Sherlock Time en sí, no eran demasiado originales. Oesterheld era un lector voraz que dominaba varios idiomas y estaba permanentemente actualizado con los avances científicos de la época y la literatura de ciencia-ficción que se publicaba en USA. Muchos cuentos no son más que reelaboraciones de cuentos ya bastante vapuleados en la literatura de ciencia-ficción: la invasión invisible por poderosas fuerzas extraterrestres recorren las historias de Tres Ojos (argumento inspirado en The Thing, aunque también preanuncia a Alien), El tranvía, El ídodo o El sacrificio. Aunque no deja de llamar la atención aquellas tramas que están muy emparentadas con las atmósferas lovecraftianas, que se ven muy intensificadas a través del opresivo ambiente que supo crear y transmitir Breccia. Me refiero a La gota (primer episodio de Sherlock Time, como ya señalé, donde la casona de San Isidro es una red que le permite a los alienígenas capturar seres humanos como muestras científicas) y La trampa, donde seres de otra dimensión luchan por volver a ingresar a nuestro universo. Me voy a ir un poco por las ramas, pero cabe señalar que Breccia, verdadero amante, divulgador y conocedor de la obra de Lovecraft, dedicó una vida a buscar la técnica adecuada para ilustrar la inilustrable obra de Lovecraft. Y sin duda lo logró, las geniales adaptaciones de Los Mitos de Chutlhu son prueba de ello. Pero volviendo a Sherlock (gráfica aún en pañales comparada con las posteriores pesadillas gráficas breccianas), vale recordar las palabras de Juan Sasturain –seguramente el experto con mejor estilo y conocimiento de la historia de la historieta argentina y además un escritor de singular talento- quien señaló que el acierto de Oesterheld no está en sus argumentos, sino en el trato que les daba a estos. En el talento que tenía para acriollar una trama que sólo le quedaba bien a un cuento yanqui o en el sencillo modo en que insertaba lo cotidiano en asuntos tan terribles y truculentos como una destrucción masiva de la humanidad –en el Eternauta, por ejemplo. El tranvía –tal vez la historia más conocida de Sherlock Time- juega con este tipo de cosas, Sherlock manda al viejo Luna a dar un paseo en un tranvía que está repleto de pasajeros sombríos y silenciosos y al mando de guardas misteriosamente encubiertos con gafas, bufandas y gorras. Luna, que no entiende nada, se deja llevar por la situación hasta que se percata de que el tranvía es el mismo que una vez se cayó al río con una carga de pasajeros donde murieron todos y que los pasajeros que van con él ahora –no, no son los mismos- son los familiares de los muertos que hacen el mismo recorrido para ver cuál fue la falla fatal y así enjuiciar a la compañía. Pero el tranvía se va derechito al río y derechito al fondo, aunque no se inunda. Los compartimientos están herméticamente cerrados, y entre penumbras, Luna vislumbra una base extraterrestre en las profundidades del río de la Plata, que sin previo aviso se llena de agua y ahoga a todos los marcianos. De vuelta la larga mano justiciera de Sherlock Time hizo de las suyas. Como es natural en las aventuras de Sherlock, al final de la historia, el protagonista no deja entrever demasiado las razones, ni a Luna, ni al lector, de los complots extraterrestres -que asolan desde la oscuridad y la clandestinidad a la Tierra-. El misterio siempre es la trama preponderante, el verdadero motor de la historia. Este misterio reside en la sorpresa que buscaba Oesterheld provocar al lector y que se reflejaba en las reacciones de Luna. En Superaraña, Luna viaja a través del cosmos dominado por un estado hipnótico y cae en un planeta que parece ser un cementerio de naves espaciales. Luna emerge de la nave, esclavo de una voluntad ajena. Poco antes de pisar la burbujeante superficie del planeta, Luna ve otra nave y de ella sale un alienígena que baja y es consumido por la superficie. Aterrorizado, Luna ingresa a la cosmonave (Oesterheld prefería las denominaciones de la cortina roja a la de los yanquis: las naves eran: cosmonaves y los astronautas: cosmonautas) y vuelve a San Isidro, a lo cotidiano, al mundo sin sorpresas. Ahí está Sherlock con sus respuestas para todo, y se entera de que en realidad el planeta era un ser vivo, algo así como una superaraña espacial que atrae telepáticamente a los astronau... ¡ejem!... cosmonautas y los devora. Pero también el universo goza de mentes más poderosas, capaces de doblegar las de las superarañas: la del propio Sherlock Time.

La única edición en libro de Sherlock Time, que fue publicada por la editorial Colihue y en cuyo diseño y realización colaboró el nieto de H. G. Oesterheld, culmina con la historia: El sacrificio, donde el escritor vuelve a sus relatos más caros. Cuenta la historia de un cosmonauta cuya nave es secuestrada por extraterrestres malignos que le ordenan dirigirse hacia su planeta, la Tierra, para conquistarla. Cuando está por llegar a ella, el cosmonauta da media vuelta y se estrella contra el sol, sacrificando su vida a favor de toda la humanidad.

En la vida real y visto a la distancia, el sacrificio de H. G. Oesterheld parece no tener sentido [1]. Sin embargo, sus ideas viven felizmente prisioneras dentro de los cuadros de historietas que dibujantes como Breccia, Pratt, Solano, Castillo, etc; capturaron como ningún otro podrá hacerlo. Y a la vez, las creaciones de Oesterheld y sus dibujantes viven dentro de esta historia que tiene mucho de historieta…

Nada más.

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[1]

Héctor Hermán Oesterheld fue asesinado en 1977 durante la dictadura militar.

* Este artículo fue publicado originalmente en QuintaDimension.com el 14.03.2002

Notas Relcionadas
-Breccia o el nuevo camino de la historieta
-H. G. Oesterheld: en busca del heroe colectivo

Re: Sherlock Time, un camino sin retorno

muy bueno el articulo!
un saludo Mariano

M.

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