Un analisis de The Einstein Intersection de Samuel Delany

Problemáticas de lo irracional:
Un análisis de The Einstein intersection de Samuel Delany

Por Del

La novela La Intersección de Einstein, publicada en 1967 y gracias a la cual Delany logró alzarse con su tercer premio Nebula, es el objeto de este trabajo. La idea es desentrañar que ideas están detras de este transgresor pastiche de mitos, reflexiones y citas.

Hace tiempo que hablamos de la racionalidad del mundo. Lo irracional es, en cambio, todo un problema.


Samuel Delany

1. Una realidad compleja

El mundo celta se cimentaba en una creencia singular: la existencia de un pueblo mágico que convivía con el hombre, aunque era invisible para éste. Sólo en algunos escogidos momentos la barrera que separaba los dos mundos se quebraba y algunos hombres lograban vislumbrar, por unos segundos, el brillo y esplendor del mundo de las hadas.[1]

Este vieja historia encierra, como todos los mitos, una sentencia que el hombre occidental ha olvidado durante los siglos de la razón: existe un mundo que va más allá de lo tangible, un universo que supera las leyes de lo racional para adentrarse en los misterios profundos de una realidad que no es simple, ni unívoca.

El escritor norteamericano Samuel Delany ha basado gran parte de su obra en esta premisa. Por eso su figura ha resultado siempre controvertida y polémica. Delany es un experimentador[2], un hombre que busca en los límites del lenguaje y del arte la puerta que le permita acceder a la otra cara de la realidad. De raza negra, Delany ha sabido convertir sus textos en complejos desafíos. El arduo tramado que conforman sus obras está destinado a impactar sobre la mente del público: la apatía no es una opción válida para el lector de Delany.

2. Hombre y circunstancia

En los últimos años la figura del escritor y crítico Samuel R. Delany se ha trasformado en un estandarte de las minorías anglosajonas. Su biografía parece abalar esta condición: Samuel Ray Delany –apodado Chip– nació el 1ro de abril de 1942 en Harlem, el tristemente célebre barrio negro neoyorquino. Sin embrago, Delany no sufrió la pobreza típica de este ghetto; pese al estigma que implica pertenecer a la raza negra en la sociedad norteamericana, su familia había obtenido cierto prestigio: Su tío, Hubert T. Delany, fue juez y sus dos tías, Sarah E. y A. Elizabeth Delany fueron recientemente reconocidas a raíz de la publicación de sus memorias, Having Our Say. Su padre no fue menos que sus hermanos: dueño de una funeraria en Harlem, poseía los ingresos suficientes como para brindar a su hijo una educación privilegiada. Samuel Delany concurrió primero a la escuela privada Dalton, reconocida por su método de avanzada, para luego continuar sus estudios en el prestigioso Bronx High Scholl of Science para terminar en el City College of New York. Pero los intereses de Delany ya estaban definidos y, al año de haber comenzado su carrera universitaria, la abandonó para dedicarse a la literatura. A pesar de su rica educación, la principal influencia de Delany dentro del campo de la literatura fue su madre, una bibliotecaria que supo trasmitir al joven Samuel su pasión por la lectura.

El primer acercamiento de Delany a la ciencia ficción se produce a través de los pulps. Entre las baratas hojas de la célebres Astoundig Science-fiction, The magazine of fantasy and Science Fiction y Galaxy el incipiente autor descubrió a los mayores exponentes de la Golden age, entre ellos al polémico trasgresor Theodore Sturgeon.

La lectura de Sturgeon[3] desplegó ante los ojos de Delany un mundo nuevo y asombroso: la ciencia ficción cobraba valor literario utilizando recursos expresivos y narrativos modernos e innovadores, redimensionando las tramas y dándole un nuevo valor a un elemento que sería fundamental en el desarrollo de Delany como autor: La palabra, límite y medida del universo de un escritor.

3. El descubrimiento de los mitos y la palabra

A los diecinueve años escribe su primera obra, la novela corta The Jewels of Aptor, publicada en 1962. Entre 1961 y 1964 escribe la trilogía The fall of the towers. Sin tratarlo de un modo explicito, ambas obras abordan uno de los temas caros a Delany: las estructuras mitológicas y su connotación en la constitución del ser humano como individuo que se piensa a si mismo, aunque la presencia de elementos mitológicos en estos textos es casual más que causal. Faltan aun unos años para que Delany pueda elaborar una reflexión más profunda sobre el tema, pero la materia prima para ese desarrollo se encuentra plasmada en estas obras de juventud, aunque debemos reconocer que en sus primeros trabajos dejan ver la temática y el estilo transgresores que luego caracterizarían al autor.

La maduración artística de Delany llegará recién con The ballad of Beta-2 (1965), novela en la que explora uno de los temas que más lo inquietan: Los problemas lingüísticos y de comunicación.

Pero todavía el estilo y la técnica de Delany no estaban depurados. En 1966 publica Empire Star y ese mismo año Delany completa definitivamente su evolución artística al publicar el clásico Babel-17, donde una supuesta trasmisión radial extraterrestre es la excusa para que el joven autor reflexione sobre el poder generador del lenguaje. Esta novela trae consigo el reconocimiento de sus pares al obtener el premio Nebula compartido con la novela Flowers of Algernon de Daniel Keyes.

Los éxitos de Delany no se detendrán: en 1967 publica sólo historias breves. Su relato «Aye, and Gomorrah...» lo hace merecedor de un nuevo Nebula.

Delany ha logrado superar a sus novelas tempranas y ha demostrado la madurez que implica el poder reflexionar sobre los problemas de la comunicación y el lenguaje. Su exploración continuará ahora por la senda que había marcado casi casualmente la trilogía The fall of the towers: la importancia de los mitos en la formación de la cultura y del individuo.

Su próximo paso en el tema será el centro de nuestra discusión: La novela The Einstein intersection, publicada en 1967 y gracias a la cual Delany logró alzarse con su tercer Nebula.

4. Motivo y técnica

¿Cuál es la idea que Delany pretende plasmar en el pastiche de mitos, reflexiones y citas que componen el aparente caos de The Einstein intersection?

La dificultad al momento de caracterizar el texto evidencia el deseo de trasgresión inmanente en la obra de Delany. El autor parte de la ciencia ficción, pero para avanzar hacia su mundo interior. Tal vez, la obra de Delany nos ayuda a comprender que, para los grandes autores de ciencia ficción, las convenciones del género son sólo los navíos en los cuales emprender la travesía. La libertad, principio básico de la expresión artística, consiste en guiar la nave por caminos nuevos y no en arribar siempre al mismo amarradero. Como sostiene Pablo Capanna:

La ciencia ficción es un género tan acotado como engañoso; para transitarlo con éxito, no es suficiente manejar sus convenciones, pero tampoco se admite ignorarlas. Y a esta altura de la cosa requiere más dotes como narrador que doctorados en ciencia. De hecho, aún el más avezado de los lectores sigue esperando que una novela lo provoque, lo entretenga y lo mueva a pensar: espera la magia de un narrador capaz de persuadirlo a compartir su mundo.[4]

Esta inquietud por replantear los límites del género es una constante no sólo en la obra de Delany, sino también en la producción de la mayoría de los integrantes de la New wave, nombre con el que se conoce a los escritores que intentaron renovar la temática de la ciencia ficción a partir de los años sesenta. Para lograrlo, eligieron el camino más coherente: replantear la forma de escribir ciencia ficción por medio de una constante experimentación estilística que pretende asimilar a la ciencia ficción técnicas propias de la narrativa moderna.[5] Junto con Brian Aldiss, Samuel Delany ha sido quien ha llevado más lejos esta premisa «enfatizando la especulación cultural, las ciencias blandas, la psicología y la mitología sobre la tecnología y la ciencia ficción dura».[6]

Los epígrafes intercalados en The Einstein intersection plantean una clara ruptura con la Golden age y una evolución hacia una forma más madura de ver y ejecutar los relatos de ciencia ficción. Scholes y Rabkin opinan que «resulta extraño, en una obra de ciencia ficción, encontrar una ruptura de las insinuaciones, y ver cómo el autor, un joven negro norteamericano, reflexiona sobre su tarea de escribir un libro mientras realiza una gira por el mundo mediterráneo».[7]

Más allá de la evolución que implica el agregado de los fragmentos del supuesto diario del autor, es evidente que la intención de Delany no es únicamente movilizar al mundo de la ciencia ficción norteamericana, sino que, además, trata de provocar una reacción en el lector, un distanciamiento de la historia principal para llevar al receptor a un lugar de obligada reflexión.

La técnica del distanciamiento o V-Effek fue utilizada en numerosas oportunidades por el dramaturgo alemán Bertolt Brech (1898-1956) para llevar plantear sus obras de teatro épico. La finalidad de este recurso era «hacer que los hechos que se desarrollan en escena parezcan extraños, no familiares, al espectador».[8] Por diferentes medios, Brech lograba que el espectador no se sumergiera en la obra, no suprimiera en ningún momento su incredulidad. Gracias a esto, el receptor no se comprometía sentimentalmente con sus personajes y esto le permitía estar atento a las ideas que se desarrollaban en el escenario. El espectador no se debía dejar ganar por la magia de la ficción, sino por las reflexiones que se desplegaban en la obra.

Del mismo modo, Delany inserta sus epígrafes como una forma de descomprimir la tensión dramática de la historia del mutante Lobey y volver nuestro razonamiento hacia la idea principal del texto: la necesidad de los mitos en el desarrollo del hombre y de la cultura.

Cada fragmento de su diario recalca la idea generadora del texto, pero ninguno como éste para revelarnos la magnitud del pensamiento de Delany:

Volví temprano a la casa. Trajeron vino para Año Nuevo. Allá en la ciudad blanca había músicos. Recuerdo que hace año y medio, cuando terminé The fall of the towers, me dije: tienes veintiún años, y vas para veintidós: eres demasiado viejo para pasar por un niño prodigio: tus obras son más importantes que la edad a que fueron hechas; sin embargo, las imágenes de juventud me acosan, Chatterton, Greenburg, Radiguet. Cuando termine LIDE espero haberlas exorcizado. Billy the Kid es el último en desaparecer. Se tambalea a través de esta abstraída novela como esos niños locos de las colinas cretenses. Lobey te buscará y te cazará, Billy. Mañana, si el tiempo lo permite, volveré a Delos a explorar las ruinas en el centro de la isla, alrededor del Trono de la Muerte, y que miran a la necrópolis de la otra orilla, en Rhenia.[9]

Mitos. Delany está acosado por los mitos, no puede dejarlos, no puede abandonarlos. Ha crecido en una sociedad de mitos desacralizados, pero esas imágenes, plenas de significado, siguen siendo para él una guía y un impulso, un problema no resuelto. Delany esta intentado llegar a su madurez como autor y eso significa captar la verdadera significación de los mitos y, por lo tanto, de su cultura. Delany, como Lobey, ha iniciado un descenso al universo creador.

 

5. Lobey y los mitos

La idea base de Delany para construir la pequeña, pero compleja, estructura de The Einstein intersection es sencilla: los hombres han abandonado la Tierra y una especie de seres espirituales han decidido ocupar los cuerpos mutantes de los seres humanos para intentar reconstruir un planeta arrasado por la radiación.

Pero, en esa reconstrucción, los mutantes se enfrentarán a un problema de difícil solución. Como expresa Delany por medio de La Dira, uno de sus personajes: «Hace tiempo que hablamos de la racionalidad del mundo. Lo irracional es en cambio todo un problema».[10]

En la reconstrucción del mundo y de sus significados, los mutantes se han encontrado con un universo que supera lo racional y que debe ser reelaborado no a partir de la lógica, sino de acciones que se transformen en imágenes o historias que a su vez se conviertan en significados profundos y espirituales. En pocas palabras, los mutantes deben resignificar la cultura y los mitos.

La novela cuenta la historia de Lobey, un músico mutante que vive en una pequeña aldea regida por dos patriarcas: Dira y Hawk. Junto a sus amigos, Little John y Easy, pastorea un rebaño de cabras hasta que se enamora de Friza, una joven con poderes telekinéticos que la hacen diferente al resto de los habitantes del pueblo. Pero la paradisíaca paz en la cual vive la pareja pronto se verá quebrada por la repentina muerte de Friza en manos de una fuerza desconocida.

Luego de este desgraciado suceso, Lobey caerá en un pozo depresivo del que saldrá luego de un interesante diálogo con Dira, que lo impele a buscar la causa de la asombrosa muerte de su pareja e intentar recuperarla. Lobey comienza su búsqueda ayudando a Hawk a cazar una bestia que está asolando al pueblo. Después de vencerlo, el protagonista de la historia emprenderá su viaje detrás de la verdad. Por consejo de Dira, se pondrá en contacto con su antiguo amigo Dorik, quien se niega a acompañarlo y Lobey emprende su camino en solitario. Pero, en medio de la noche, el protagonista es alcanzado por Dorik, que se ha arrepentido de su decisión y ha decidido acompañarlo. A la mañana siguiente, Dorik ha desaparecido y Lobey se entera que ha muerto antes de reencontrase con él.

Al refugiarse en unos túneles subterráneos, Lobey se enfrentará con Kid Death, el mutante responsable de la muerte de Friza y de Dorik, quien le manifiesta que el motivo por el cual asesina a algunos mutantes es porque son «diferentes»: Tienen una cualidad especial que los distingue del resto.

Consciente de su objetivo, Lobey se unirá a un grupo de pastores de dragones comandado por el mutante Spider, quien le explicará los orígenes de Kit Death y le demostrará que ellos también son «diferentes». Allí conocerá, también, a Green-eye, un ser especial sobre el cual se cierne el destino de los mutantes, y se enfrentará nuevamente con el enigmático Kid Death.

El último movimiento de la obra transcurre en Branning-at-sea, una enorme urbe donde vive Dove, una mutante «diferente» en la que Lobey cree poder encontrar las respuestas que busca. Pero cuando se encuentra con ella, descubre que su planteo no lo satisface. Confuso y cansado, Lobey se encuentra nuevamente con Kid Death y, ayudado por Spider, logra matar al asesino de «diferentes».

Aunque la singular travesía de Lobey puede parecer sencilla, el tramado de The Einstein intersection es tan complejo como fascinante, porque Delany reconstruye la tipología y los mitos básicos de la cultura occidental. Los mutantes tienen que vivir los mitos, hacerlos carne para que su raza pueda acceder al mundo «irracional» de lo sagrado.

6. Tiempo de mutantes

La historia comienza con una descripción rápida de la vida en una aldea mutante. Todo el relato está atravesado por la subjetividad del narrador, el propio Lobey, un personaje simple en su forma de ver el mundo, pero profundo en sus reflexiones y sentimientos.

Junto a sus amigos, Lo Little John y Lo Easy, Lobey se encarga de pastorear un rebaño de cabras. Ellos han nacido funcionales: pueden pensar, moverse y comunicarse de un modo relativamente normal. Por eso reciben el título de «Lo», que significa funcional. Las mujeres reciben, en cambio, el título de «La» y los hermafroditas, el de «Le».[11] Los que han nacido disfuncionales son recluidos en la kails, sitios en los cuales se coloca a aquellos que no han nacido aptos para ocupar el lugar de los humanos.

Pero, a medida que las mutaciones crecen, es más difícil definir quién llevará el título de funcionalidad. Lo Hawk y La Dira, patriarcas del pueblo, sostienen una discusión a propósito de este tema. En este enfrentamiento, Delany planteará sus conjeturas en torno a la palabra, abriéndose a una discusión que es, tal vez, el núcleo de la problemática literaria actual.

La divergencia entre las posturas de los dos patriarcas se da cuando intentan definir si Friza, una niña perfectamente funcional pero que no habla, debe recibir el título de pureza:

Lo Halcón opinó:

–En mis tiempos La y Lo se reservaban para los normales perfectos. Hemos sido débiles, concediendo ese título de pureza a cualquier funcional que haya tenido la desgracia de nacer en estos tiempos confusos.

A lo que La Dira contestó:

–Los tiempos cambian, y durante treinta años el precedente tácito ha sido siempre el mismo: conferir La o Lo a cualquier criatura funcional que nace en el nuevo hogar. El problema es hasta dónde extender la definición de funcionalidad. ¿Es la comunicación verbal la habilidad sine qua non? La niña parece inteligente, y aprende rápido y bien. Yo propongo La Friza. [12]

La idea de Delany se desprende claramente en el parlamento de La Dira: ¿Es sólo el lenguaje comunicación? ¿Es la palabra el único elemento posible para establecer un lazo cognitivo entre dos seres? La Friza, pese a no hablar, posee la capacidad de aprender, de captar y percibir el mundo que la rodea, no como un animal sino del mismo modo que lo haría una persona normal. Delany intenta que nos replanteemos el valor de la comunicación, intenta que superemos los límites del lenguaje para que comprendamos que hay símbolos que llegan mucho más allá de la palabra. La expresión de La Dira es clara «comunicate vervally», comunicación verbal. Friza no puede comunicarse verbalmente, pero puede hacerlo de otras formas porque, contrariamente a lo que Lo Hawk piensa, la comunicación verbal no es la única que existe, y ni siquiera es la mejor, parece decir Delany.

Esta idea es confirmada cuando Lobey descubre que, en realidad, Friza puede comunicarse a partir de poderes paranormales. Las posibilidades de La Friza son más bastas y complejas que las del resto de los mutantes. Ella es un ser especial.

Finalmente, el criterio innovador de La Dira se impone y Friza termina alzándose con el título de funcionalidad. Lobey se enamorará de ella y comenzarán una relación que se verá truncada por la muerte misteriosa de La Friza.

Es entonces cuando La Dira se encontrará con Lobey y le relatará la historia de Orfeo[13]. Él, músico también, deberá realizar nuevamente el descenso a los infiernos para intentar recuperar a su amada y encontrar la clave para resolver el misterio. Porque la muerte de Friza no es una casualidad: existe una fuerza que está matando a los diferentes, a aquellos que, como Friza, poseen capacidades especiales que los hacen distinto al resto de los mutantes. Y, aunque aún no lo sabe, Lobey es diferente.

7. El problema: Laberintos

La llamada de la aventura ha llegado a la vida de Lobey. Para él, será un viaje que marcará su vida; para el resto de los mutantes, será el ingreso a un mundo que va más allá de la razón. Ahora, Lobey escribirá con su propia vida las líneas de los mitos que formarán una nueva civilización.

El comienzo del viaje iniciático se produce cuando Hawk y Lobey intentan detener a una suerte de minotauro gigante diseñado por Delany. La descripción del combate en los túneles subterráneos construidos por los humanos es una muestra del impactante talento de Delany como narrador: la creación del ambiente, la velocidad del ritmo narrativo y la correcta utilización del lenguaje producen uno de los puntos altos de la extraña amalgama que es The Einstein intersection.

La recreación del mito de Teseo y el Minotauro[14] no es en absoluto casual: El laberinto, «una casa hecha para que la gente se pierda»,[15] es un producto de la tecnología: el creado por los griegos ha sido diseñado por Dédalo, arquitecto y escultor ateniense; el creado por Delany es una construcción de los seres humanos que han abandonado la Tierra. Pero, aunque es una construcción tecnológica, el labertinto posee una clara relación con aspectos sacros. Como sostiene Mircea Eliade: «la misión esencial del laberinto era defender el centro, es decir, el acceso inciático a la sacralidad, la inmortalidad y la realidad absoluta».[16] Por lo tanto, cuando Delany decide reformular la historia de Teseo y del laberinto, está hablando de la relación que debe existir entre la ciencia, lo racional, y la fe, lo suprarracional. Para Delany no son opuestos, sino que implican dos visiones del mundo distintas pero necesarias. El campo de la sacralidad empieza donde termina el de la razón; el campo de la razón empieza donde termina lo sagrado. No se trata de opuestos, sino de diferentes y complementarios.

La diferencia fundamental entre ambos relatos es la forma en la que el héroe, después de haber aniquilado al monstruo, logra salir del laberinto. Teseo logra hacerlo gracias al hilo de Ariadna. Lobey, en cambio, no ha previsto la forma de salir del laberinto. Es entonces cuando se produce el encuentro con PHAEDRA, una computadora parlante construida hace años por los humanos. Lobey sostendrá un interesante diálogo con ella:

–(...) Recuerdo cuando había hombres. Ellos me hicieron. Luego se fueron todos, y nos dejaron solas aquí abajo. Y ahora venís vosotros, a tomar el lugar de aquellos. Tiene que ser bastante difícil caminar por las montañas y las junglas de los hombres, luchando contra las sombras mutadas de la fauna y de la flora, entre inmemoriales fantasías humanas.

–Lo intentamos– dije.

–Básicamente, no están ustedes preparados– continuó FEDRA–. Pero supongo que habrán de fatigar los viejos laberintos antes de entrar en los nuevos. No es fácil.[17]

Para construir una nueva humanidad primero hay que surcar los viejos senderos. No existe otra forma de poder avanzar: hay que volver la vista a los viejos mitos, reformularlos, rescribirlos. Recién después de esto la nueva humanidad podrá cobrar identidad propia y avanzar rumbo a nuevos horizontes. Por lo tanto el viaje de Lobey tiene como principal objetivo encontrar la identidad propia y la de toda su cultura. En su descenso a los infiernos, Lobey construirá el hilo de Ariadna con el cual descifrar el enigma de la nueva humanidad que se está forjando.

Con el combate entre Lobey y Minotauro termina la amplia introducción propuesta por Delany. Se ha establecido el pacto narrativo: el autor permite al lector acceder a las normas de su futuro posible para que estén en las mismas condiciones.

Ahora que Delany ha determinado la premisa fundamental por la cual se regirán sus personajes, comienza el abordaje directo de la idea fundacional del texto: La necesidad de renovar los mitos para reformular la cultura y la sociedad.

8. El antagonista: Kid Death

Lobey ha comprendido la necesidad de buscar una respuesta frente a la muerte de los diferentes. Por consejo de La Dira, el protagonista buscará al hermafrodita Le Dorik para emprender, juntos, un viaje en el cual intentarán encontrar el motivo de la muerte de Friza. Le Dorik, antiguo amigo del narrador, se niega a acompañarlo sosteniendo que aún no se encuentra preparado para realizar un viaje de tales características. Lobey comienza su peregrinaje en soledad, pero, en las penumbras de la noche, es alcanzado por Le Dorik, quien aparentemente ha cambiado de opinión. A la mañana siguiente, Dorik no está y Lobey se entera de que ha muerto antes del momento en el que se produjo el reencuentro.

La fuerza maligna ha asesinado nuevamente a un diferente, pero esta vez, Lobey comprende que el poder asesino posee, también, la capacidad de devolver la vida, al menos momentáneamente. Impulsado por la esperanza de recuperar a Friza, el Orfeo de Delany emprende nuevamente el camino, pero antes tendrá un encuentro revelador.

Recién cuando ha delimitado su campo de acción, Delany inserta en la historia al personaje más enigmático del relato: Kid Death, un mutante poderoso que, como Lobey y Friza, es diferente. El primer encuentro entre Kid Death y Lobey se produce luego de la muerte de Le Dorik, cuando el protagonista de la historia desciende nuevamente a uno de los túneles construidos por los humanos.

El propio Kid Death cuenta su historia de este modo:

Pasé la infancia asándome en las arenas de la kaula en un desierto ecuatorial, sin ningún guardián que cuidase de mí. Como a ti, vivaz en tu jungla, me perseguían los recuerdos de quienes vivieron bajo este sol antes que los padres de nuestros padres llegasen y tomasen estos cuerpos, amores y temores. La mayoría de los que estaban conmigo en la kaula murió de sed. Al principio salvé a algunos llevándoles agua del mismo modo que cuando Friza tiró la piedra: sí, vi eso también. Yo hice lo mismo durante un tiempo. Luego, durante un tiempo maté a todos los que ponían conmigo en la kaula, y les saqué el agua directamente de los cuerpos. Iba hasta la cerca y miraba por encima de las dunas las palmeras del oasis donde trabajaba nuestra tribu. En aquel tiempo nunca pensé en dejar la kaula, porque como en esos espejismos del desierto veía por los ojos de todo el mundo: veía lo que hacían tú y Friza y Dorik, como veo lo que pasa en todo este brazo de la galaxia. Cuando lo que veía me asustaba, cerraba los ojos que estaban mirando. Eso es lo que les pasó a Friza y a Dorik. Cuando todavía siento curiosidad –más curiosidad que miedo– por lo que se ve a través de esos ojos, los abro de nuevo. Eso es lo que le ocurrió a Dorik. [18]

Kid Death es un mutante poderoso. De todos los «distintos», el joven pelirrojo de sonrisa de tiburón es el más temible, porque dispone de la vida y muerte de sus compañeros. La pregunta principal es por qué Kid Death mata a los otros «diferentes». La respuesta la dará, unas páginas más adelante, el propio Kid Death: «hemos tomado un nuevo hogar, hay que agotar el pasado, si queremos acabar con el presente. Tenemos que agotar lo humano en nosotros, para mudarnos a nuestro propio futuro. El pasado me aterra. Por eso tengo que matarlo».[19] Kid Death persigue a los diferentes e intenta dominarlos porque sabe que, si lo logra, podrá construir un futuro que no esté influenciado por el pasado.

Luego del encuentro, Lobey continúa su camino, teniendo en claro a quien busca, aunque desconociendo el alcance de sus poderes y motivaciones profundas. Es entonces cuando el protagonista y narrador se topa con un grupo de pastores de dragones que intentan llevar su rebaño hasta una gran ciudad, Branning-at-sea. Impelido por Spider, el líder de los pastores, Lobey descenderá hasta la gran ciudad buscando recuperar a Friza y encontrar las respuestas que han motivado su viaje. En su periplo, descubrirá que él también es un diferente, ya que tiene la capacidad de leer la música que se encuentra en la mente de las personas que lo rodean.

A esta altura del texto, el lector comprende que ya nada es casual. Por eso, no nos sorprende saber que Spider conoce profundamente a Kid Death y que uno de los pastores que lo acompaña, Green-eye es en realidad un ser excepcional, arquetipo, dentro del universo de Delany, del rey redentor.

La fuerza creadora de Delany es tal que lo ha impulsado a mezclar, en un sólo texto, las estructuras mitológicas más representativas para occidente. El autor amalgama y mezcla los componentes, permitiéndonos reconocerlos vagamente y reflejando de este modo la cultura posmoderna, una combinación de influencias culturales que no siempre cuajan correctamente. Porque Delany se sitúa en el extremo opuesto al de Kid Death: No teme al pasado, sino que lo entiende como el útero de una cultura que es la suma caótica de cosmovisiones y enfoques filosóficos.

Si hay algo que Delany no tiene, es temor al pasado. Él no intenta negar sus orígenes, sino que trata de concatenar su aptitud artística y su vieja cultura para alumbrar un futuro distinto, pero que sea un reflejo intrínseco y reflexivo de lo que él y su sociedad representan.

La postura de Delany, claramente enfocada sobre Spider y Lobey, es fundamentalmente posmoderna. Como sostiene el analista Hernán Montecinos:

El arte posmoderno emerge con una nueva concepción, no propiamente fantasiosa sino histórica, clásica y monumental, o sea, privilegiando siempre mezclar la historicidad con la realidad. De ahí que el arte posmoderno se defina estéticamente mostrando un pluralismo histórico, es decir, algo que al verlo ponga en contacto al espíritu del observador con las diversas realidades que ha construido el hombre a través de los tiempos.[20]

El concepto de asimilación histórica es evidente no sólo en las opiniones de los personajes, sino también en la estructura metatextual del relato. Como ya mencionamos, Delany coloca diversos epígrafes en los cuales cita a autores tan dispares como a Donatien Alphonse François, más conocido como el Marqués de Sade (1740-1814), o al irlandés James Joyce (1882-1941). Además, las constantes intertextualidades, no sólo con mitos griegos sino también con historias medievales, como la tragedia de Tristán e Iseo, o con episodios de los evangelios, configuran un relato que está indisolublemente ligado a los diferentes momentos al arte e historia de occidente. Esta actitud de recuperación del pasado también se manifiesta en el motivo fundamental que impele a Lobey: Él desea recuperar a Friza, que a fin de cuentas forma parte de su pasado.

El enfrentamiento entre las diversas posibilidades para la construcción de un futuro es el núcleo de la contienda entre Lobey y Kid Death. El camino de Kid Death implica olvidar los viejos mitos. No reformularlos ni revalidarlos: dejarlos de lado, borrarlos y construir nuevos senderos. Para Kid Death no se trata fatigar los viejos laberintos: hay que construirlos nuevamente.

Para Spider y Lobey, en cambio, hay que reformular los mitos. Pero esa reformulación no implica la repetición de los núcleos argumentales tal y como la humanidad lo viene realizando desde tiempos ancestrales: lo que ellos pretenden es partir de esas viejas estructuras para generar nuevos significados, diferentes a los que las historias originales pretendían trasmitir. Por lo tanto, lo que Delany propone es un cambio en los paradigmas, pero no un cambio radical e irreflexivo, sino un cambio meditado que evalúe el pasado y que construya una nueva cultura partiendo de él.

Aunque la experimentación narrativa aparece en las primeras obras de Delany, The Einstein intersection es un punto de quiebre dentro de su producción. El duelo entre Kid Death y Lobey refleja también la situación del autor que pretende avanzar hacia la madurez estilística y, para lograrlo, le resulta imprescindible realizar una reflexión sobre los orígenes de la cultura occidental y posmoderna. No por nada, los fragmentos de su diario están ambientados en Italia y Grecia, países donde se gestó la tradición occidental.

El salto que Delany está intentado dar es clave para su formación como escritor, porque está definiendo su identidad artística más allá de sus obras de juventud. Pero, para lograr establecer su propia imagen artística, debe relacionarse con el bagaje cultural que lo antecede y The Einstein intersection es su forma de hacerlo.

El planteo que Delany coloca en boca de Kid Death sirve también para demostrar la imposibilidad de construir un futuro que no tenga en consideración las influencias del pasado, porque para evitar recrear el pasado, el joven pelirrojo termina repitiendo las acciones de sus antecesores. Esto es evidente en la excelente secuencia donde Kid Death tienta a Green-eye, intentado convencerlo de unirse a él. Delany reproduce con especial maestría el conocido episodio de los evangelios en el cual Satanás tienta a Jesucristo.[21] El representante del mal en The Einstein intersection intenta liberarse del pasado, porque los mitos le dicen que él siempre es vencido. Pero, para lograr su objetivo, reproduce las acciones que produjeron la derrota de sus antecesores.

Delany ha captado la contradicción básica de la cultura posmoderna: No se puede negar la historia, porque somos hijos de ella. Lo que hay que hacer es reinterpretarla según cánones diferentes. Hay que resignificarla a la luz de Einstein, pero también de Gödel.

9. Einstein más Gödel

El viaje de Lobey continúa bajo el trepidante y enigmático ritmo que es el sello indiscutible de Delany. Nuestro narrador avanza en su desmesurado descenso y se enfrenta varias veces con Kid Death. En un episodio de singular narrativa, Kid Death le devuelve a Friza y él la vuelve a perder.

Vislumbrado apenas lo que vendrá, Lobey llega a Branning-at-sea. Allí se descubre la existencia de Dove, un ser enigmático en el cual Lobey cree encontrará las respuestas que han motivado su extraño periplo.

Pero antes del encuentro con Paloma, Lobey se enfrentará nuevamente con Spider, de quien se había separado al ingresar a la ciudad. El diálogo que construirán los personajes, reunidos en la casa de Spider, servirá a Delany para establecer la metáfora básica sobre la cual ha cimentado el texto y que da título al libro: la fusión entre Einstein y Gödel o, lo que es lo mismo, la combinación de dos formas diferentes de ver la realidad.

De un lado, Delany coloca a Albert Einstein (1879-1955), el célebre físico alemán, quien elaboró la conocida teoría de la relatividad. Esta teoría no se circunscribió únicamente al campo de la física, sino que su influencia fue fundamental para gestar la concepción cultural contemporánea. Sobre sus descubrimientos matemáticos, Spider sostiene que Einstein «en la teoría de la relatividad definió los límites de la percepción, al expresar matemáticamente hasta qué grado la condición del observador influye en la cosa observada».[22] Llevado al plano cultural, el planteo de Einstein demuestra que no existe una interpretación inequívoca de la realidad, sino que cada hombre y cultura la concebirá de forma diferente según su contexto y condición. Por eso, cada personaje de la novela tiene un punto de vista distinto, lo que genera una dificultad en la lectura para quien no esté entrenado en esta exacerbación del efecto polifónico propio de la narrativa posmoderna.

Kurt Gödel (1906-1978), la otra parte de la metáfora construida por Delany, fue un matemático checoslovaco que realizó la mayor parte de sus descubrimientos en Estados Unidos. Su segundo teorema o prueba de incompletitud cambió la forma de concebir las ciencias duras. Este teorema sostiene que, en cualquier sistema formal, existe una fórmula válida que no es comprobable en dicho sistema. Trasladado a la concepción posmoderna, Delany considera que la teoría de Gödel propone la existencia de un universo invisible y válido que se desprende de la realidad. Spider lo explicará de esta manera:

En cualquier sistema matemático cerrado (podrías leer «el mundo real y las inmutables leyes de la lógica») hay un número infinito de teoremas verdaderos (podrías leer «fenómenos perceptibles y mensurables») que, aunque estén contenidos en el sistema original, no pueden deducirse de ese sistema (léase «probar con lógica ordinaria o extraordinaria»). Lo que significa que hay más cosas en el cielo y en la Tierra de las que puedes soñar en tu filosofía, Lo Lobey. Hay un número infinito de cosas verdaderas en el mundo que no pueden probarse. [23]

Por lo tanto, Delany reniega de una visión reduccionista del mundo para mostrarnos que, en realidad, lo indemostrable es parte de la realidad tanto como lo que puede ser comprobado racionalmente. Spider está rompiendo la concepción racionalista para recuperar la dimensión creativa y vital del pensamiento sagrado.

Este concepto es aplicado a los mitos. Delany coincide con el mitólogo Joseph Cambpell quien dice que «los mitos son pistas de las potencialidades espirituales humanas»,[24] es decir que muestran ese espectro de la realidad que, según la metáfora de Delany, Gödel había vislumbrado en sus teorías: el mundo espiritual.

10. Una diosa ilusoria

Aunque el planteo general de la novela ya está establecido, aún queda por ver de qué modo los mitos serán reescritos por la raza de mutantes. Luego del diálogo con Spider, Lobey se dirige hacia The Pearl, una suerte de bar en el cual nuestro narrador se encontrará con otro personaje enigmático, Dove.

La escena, pintada magistralmente por Delany, está atravesada por un ágil diálogo entre Dove y Lobey. El maestro de la New wave americana crea un caos ordenado plagado de referencias intertextuales y de ideas innovadoras.

Dove es una suerte de diosa, un punto de referencia para los habitantes de Branning-at-sea. Ella misma define su influencia sobre los demás mutantes del siguiente modo:

Soy la imagen clave de una campaña publicitaria. Soy la cosa exótica y buena-mala que todos desean, a la que todos desean parecerse, y que prefiere noventa y nueve en vez de uno. Soy la que buscan los hombres de inseminación en inseminación. Las mujeres imitan mi peinado, y suben o bajan los ruedos y cuellos de sus vestidos cuando yo subo o bajo los ruedos y cuellos de mis vestidos. El mundo me roba mis chistes, mis gestos, y hasta mis errores, para probarlos en cada nuevo amante.[25]

Dove es una generadora de ilusiones. Ella puede trasformarse en lo que los demás deseen o necesiten. Es así como, incentivada por la música de Lobey, se trasforma en Friza delante de sus ojos. Pero es sólo una ilusión. No hay poder real en Dove y sí lo hay, en cambio, en Kit Death y el Green-eye. Los habitantes del mundo creado por Delany están encerrados en un engaño, en una ilusión permanente, porque ellos son mutantes pero intentan vivir como humanos. Han creado su propio universo de autoengaño, negando su esencia y su identidad.

Dove lo manifiesta claramente: «Vivimos en el planeta de los hombres porque ellos lo destruyeron. Hemos tratado de tomar la forma, los recuerdos, los mitos de los hombres. Pero no nos vienen bien. Una ilusión, Lobey. Tantas cosas son una ilusión».[26] Si Dove está o no conforme con esto, no lo sabemos. Su personaje simplemente nos muestra la realidad y coloca a Lobey ante una nueva disyuntiva: vivir la realidad o sumergirse en esa ilusión formada por los mitos y la imaginería de los hombres cuyo lugar ellos tratan de ocupar.

En el momento final de la escena, el piso de The Pearl se torna traslucido y Lobey observa, lleno de temor, que las cavidades subterráneas de Branning-at-sea son utilizadas como kails. Ese es el monstruoso infierno al que Lobey deberá descender si quiere, como Orfeo, recuperar a Friza. Pero PHAEDRA, la computadora parlante, le advertirá:

Te sigues equivocando de laberinto, muchacho. Aquí abajo puedes encontrar otra ilusión. Te seguirá hasta la puerta, pero cuando te vuelvas para asegurarte que ella te acompaña, comprenderás otra vez, y te irás solo (...). Tienes que tratar de recuperarla de algún otro modo. Sois unos agregados de manifestaciones psíquicas, de muchos sexos, e incorpóreos, tratando todos de ponerse la máscara limitadora de la humanidad. Busca en otra dirección, Lobey. Busca en algún sitio fuera del marco del espejo.[27]

PHAEDRA, conocedora de los hombres y de los mutantes, incentiva a Lobey para buscar una respuesta definitiva. Los mitos, parece decir Delany, son historias ilusorias sólo si lo reducimos al ámbito de la ficción, pero si ampliamos nuestra visión del mundo, comprenderemos que los mitos «nos ponen en contacto con la arquetipología esencial de nuestra vida espiritual»,[28] y por ello nos transportan a una dimensión suprarracional, nos muestran la cara oculta de la realidad, aquella que es vivencial y profunda.

La huida de Lobey de The Pearl sin recuperar a Friza no nos asombra. Nuestro héroe es un buscador de realidades, no de ilusiones.

11. Reformulando los mitos

Llegamos al último movimiento de la obra. Toda la estructura intertextual de Delany estallará para construir nuevas figuras mitológicas.

Primero Lobey, el Orfeo trasfigurado por Delany, dará muerte a un agónico Green-Eye que yace colgado de un árbol, afuera de The Pearl. ¿Por qué lo hace? Porque busca un nuevo camino. La imagen impacta, porque el canon occidental dice que el Rey Pescador, el redentor, debe ser destruido por las fuerzas malignas para luego volver a la vida habiendo vencido a la muerte y, por lo tanto, a las fuerzas oscuras. Lobey no tiene nada que hacer en esa escena, pero se filtra, anula su significado conocido para trasformarla en una nueva imagen.

La audacia de Delany es tal que trasforma la imagen mitológica fundacional de occidente en su búsqueda de nuevos arquetipos artísticos y culturales. Lobey mata a Green-eye porque él no repetirá la historia: él la escribirá de nuevo, y para eso debe romper el espejo de los mitos para crear una nueva imagen con sus fragmentos. Porque si no hay redentor, tampoco hay quien derrote al mal. Delany juega con el lector insertando en este momento clave una serie de párrafos distanciadores, generando un espacio de indeterminación que el lector completará la secuencia de la única manera que sabe: imaginado que el redentor resucitar, porque el hombre occidental siempre repetirá la historia arquetípica que la cultura ha grabado a fuego en su mente.

Pero, al final de la novela, Green-eye no resucita. Lo que debería suceder, no sucede y, sin embargo, hay una misión que cumplir, porque alguien tiene que detener a Kid Death. Y esa misión será cumplida por Spider, el traidor, el entregador, quien, ayudado por Lobey, logra matar al joven pelirrojo en una escena donde la violencia y la poesía se conjugan maravillosamente.

Los personajes de Delany se niegan a cumplir sus roles. Son rebeldes a los cánones occidentales, porque han decidido rescribir la historia con su propia vida. Cifrado en la trama está el carácter del artista: aquel que abre nuevos caminos, aquel que transita los senderos ocultos y busca nuevas respuestas a viejas preguntas. Una actitud que cobra especial importancia en la sociedad actual, donde la búsqueda intelectual, cultural y espiritual parece ser la única herejía imperdonable.

De este modo, Lobey y Spider han logrado señalar el rumbo para la sociedad posthumana. Luego de haber matado a Kid Death, Spider y Lobey mantienen un rápido diálogo:

–Oh –dije–. ¿Y qué pasa en Molienda-del-mar?
–Tumultos.
–¿Por qué?
–Están hambrientos de futuro propio.[29]

Si la sociedad reclama nuevos caminos, alguien tiene que abrirlos y los artistas, parece decir Delany, son los únicos capaces de hacerlo.

12. Someras conclusiones

Delany pinta el caos de su cultura con un caos literario. Como la posmodernidad, The Einstein intersection presenta múltiples lecturas y cientos de influencias, algunas imperceptibles, otras demasiado evidentes. La novela es el diario de guerra de un joven que busca una identidad en un mundo sin un rumbo claro.

Para lograrlo, Delany recurre a los mitos porque en las estructuras de esas viejas historias descubre un universo que la modernidad no ha sabido comprender, porque para comprenderlas hay que trascender la razón, y hacerlo implica entrar a un territorio cuyo lenguaje es ajeno al hombre actual. Para trasportarnos a ese universo, Delany construye un texto desenfrenado que juega en el límite de la razón y que plantea más preguntas que respuestas.

Leer The Einstein intersection es descender a la mente de Delany, es enfrentarse a las dudas, los planteos y las problemáticas que enfrenta el artista posmoderno, un ser que debe enfrentarse con un bagaje cultural que lo nutre, pero que también lo condena y aprisiona.

Porque la identidad no es algo que pueda configurarse racionalmente, sino que depende de los antecedentes culturales y de las vivencias personales e intransferibles de los individuos que pugnan por construirla. La trama de Delany, sus diálogos y sus planteos no son lógicos, pero tampoco pretenden serlos. Él intenta abrirnos la puerta a un mundo que no es captado con los sentidos, sino con la totalidad del ser, mostrándonos un camino que estuvo siempre pero que hemos olvidado cómo transitar. Como los antiguos celtas, Delany comprende que existe un mundo que no puede ser definido cuantitativamente, un mundo que va más allá de la razón y que es complejo e inasible.

 

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Notas

[1] Para más información sobre el tema, recomendamos la siguiente bibliografía: Ramón Sainero, Leyendas celtas (Madrid: Akal, 1998), pp. 161-98 y Máximo Izzi, Diccionario ilustrado de monstruos (Barcelona: Alejandría, 1996), s.v. «Hadas».

[2]

Uno de los datos más conocidos en la vida de Delany es su afición por las drogas alucinógenas. Muchos han hecho hincapié en esta tendencia para descalificar su obra. No se sabe cuánto han influenciado las drogas en su producción, pero sin duda este elemento no basta para descalificar una obra tan plena de significado.

[3]

Sin dudas, Theodore Sturgeon ha sido el autor de ciencia ficción que ha incorporado más tempranamente los recursos de narrativa moderna, alejándose de los clásicos modelos impuestos por la novela gótica propia del siglo XIX y los relatos breves de Edgar Allan Poe. Teniendo en cuenta este aspecto y la preferencia de Sturgeon hacia las temáticas relacionadas más con lo social que con lo tecnológico, podemos considerarlo como la principal influencia –dentro del género– para los escritores de la New wave norteamericana.

[4]

Pablo Capanna en la contratapa de El libro de la Tierra Negra de Carlos Gardini (Buenos Aires: Ediciones Letra Buena, 1993).

[5]

Robert Scholes y Eric S. Rabkin, La ciencia ficción: historia, ciencia, perspectiva (Madrid: Taurus Ediciones S. A., 1982), pp. 101-13.

[6]

John Clute y Peter Nicholson, The enciclopedia of science fiction (New York: St. Martin’s Griffin, 1995) s.v. «Delany, Samuel R[ay]», p. 316.

[7]

Scholes y Rabkin, La ciencia ficción, p. 108.

[8]

Ronald Gray, Brech dramaturgo (Madrid: Ultramar Editores, 1978) p. 85. Para profundizar más sobre el tema se recomienda leer también las pp. 85-109.

[9]

Samuel R[ay] Delany, La intersección de Einstein (Barcelona: Minotauro, 1991), p. 129. La traducción del texto pertenece a Marcial Souto. Aunque su trabajo es correcto y refleja la aparente simplicidad estilística de Delany, es imposible evitar una perdida notable al trasladarlo al castellano, ya que muchas de las palabras han sido creadas por Delany y son, ciertamente, intraducibles. Es por eso que hemos optado por incluir el texto en su idioma original para que el lector interesado pueda apreciar el manejo estilístico del autor:

Came back to the house early. They have brought wine for New Year. There were musicians down in the white city. I remember a year and a half ago when I finished The Fall of The Towers, saying to myself, you are twenty-one years old, going on twenty-two: you are too old to get by as a child prodigy: your accomplishments are more important than the age at which they were done; still, the images of youth plague me, Chatterton, Greenburg, Radiguet. By the end of TEI I hope to have excised them. Billy the Kid is the last to go. He staggers through this abstracted novel like one of the mad children in Crete's hills. Lobey will hunt you down, Billy. Tomorrow, weather permitting, I will return to Delos to explore the ruins around the Throne of Death in the center of the island that faces the necropolis across, the water on Rhenia.

[10]

La intersección de Einstein, p. 19. En el original: «We've had quite a time assuming the rationale of this world. The irrationale presents just as much of a problem».

[11]

Delany utiliza loa pronombres suplentes léxicos del castellano, probablemente porque los del inglés son neutros, lo que impediría señalar la diferencia sexual que el atributo implica.

[12]

La intersección de Einstein, p. 12.

Lo Hawk upheld, «In my day, La and Lo were reserved for total norms. We’ve been very lax, giving this title of purity to any functional who happens to have the misfortune to be born in these confusing times».

To which La Dire replied, «Times change, and it has been an unspoken precedent for thirty years that La and Lo be bestowed on any functional creature born in this our new home. The question is merely how far to extend the definition of functionality. Is the ability to communicate verbally its sine qua non? She is intelligent and she learns quickly and thoroughly. I move for La Friza».

[13]

Resumen basado en Los mitos griegos de Robert Graves (Buenos Aires: Alianza, 1995). La historia completa puede leerse en el tomo primero, pp. 135-140.

[14]

Ídem, pp. 363-93.

[15]

Jorge Luis Borges con Margarita Guerrero, El libro de los seres imaginarios (Madrid: Alianza, 1998), p. 155. La fascinación de Borges por los laberintos es conocida y aparece en muchos de sus textos. Recomendamos al lector interesado el breve pero ingenioso cuento «Los dos reyes y los dos laberintos» incluido en El aleph (Madrid: Alianza, 1998), pp. 157-8.

[16]

Mircea Eliade citado por Juan-Eduardo Cirlot en Diccionario de símbolos (Barcelona: Labor, 1995), s.v. «Laberinto».

[17]

La intersección de Einstein, p. 42.

«(…) I can remember back when there were humans. They made me. Then they all went away, leaving us alone down here. And now you've come to take their place. It must be rather difficult, walking through their hills, their jungles, battling the mutated shadows of their flora and fauna, haunted by their million year old fantasies».

«We try,» I said.

«You’re basically not equipped for it,» PHAEDRA went on. «But I suppose you have to exhaust the old mazes before you can move into the new ones. It’s hard».

[18]

La intersección de Einstein, pp. 68-9.

I broiled away childhood in the sands of an equatorial desert kage with no keeper to love me. Like you, lively in your jungle, I was haunted by the memories of those who homed under this sun before our parents' parents came, took on these bodies, loves and fears. Most of those around me in the kage died of thirst. At first I saved some of my fellows, bringing water to them the way Friza threw the stone-oh yes, I saw that too. I did that for a while. Then for a while I killed whoever was put in the kage with me, and took the water directly from their bodies. I would go to the fence and stare across the dunes to the palms at the oasis where our tribe worked. I never thought to leave the kage, back then, because like mirages on the glistering I saw through all the worlds' eyes-I saw what you and Friza and Dorik saw, as I see what goes all over this arm of the galaxy. When what I saw frightened me, I closed the eyes seeing. That's what happened to Friza and Dorik. When I am still curious about what's going on through those eyes, more curious than frightened, I open them again. That's what happened with Dorik.

[19]

La intersección de Einstein, p. 93. En el original: «(…) we have taken a new home, and we have to exhaust the past before we can finish with the present. We have to live out the human if we are to move on to our own future. The past terrifies me. That's why I must kill it».

[20]

Hernán Montecinos, Del pensamiento mágico al posmoderno: Visión del pensamiento desde su origen primitivo a su condición contemporánea (s.l.: Pluma y pincel, 1996), p. 187.

[21]

La intersección de Einstein, p. 111-3.

[22]

La intersección de Einstein, p. 139. En el original «(…) with his Theory of Relativity defined the limits of man's perception by expressing mathematically just how far the condition of the observer influences the thing he perceives».

[23]

La intersección de Einstein, p. 139

In any closed mathematical system-you may read 'the real world with its immutable laws of logic'-there are an infinite number of true, theorems-you may read 'perceivable, measurable phenomena'-which, though contained in the original system, can not be deduced from it- read 'proven with ordinary or extraordinary logic.' Which is to say, there are more things in heaven and Earth than are dreamed of in your philosophy, Lo Lobey. There are an infinite number of true things in the world with no way of ascertaining their truth.

[24]

Joseph Campbell en diálogo con Bill Moyers, El Poder del Mito (Barcelona: Emecé, 1991), p. 31.

[25]

La intersección de Einstein, p. 153-4

I'm the key image in an advertising campaign. I'm the good/bad wild thing whom everybody wants, wants to be like-who prefers ninety-nine instead of one. I'm the one whom men search out from seeding to seeding. I'm the one whom all the women style their hair after, raise and lower their hems and necklines as mine raise and lower. The world steals my witticisms, my gestures, even my mistakes, to try out on each new lover.

[26]

La intersección de Einstein, p. 159. En el original: «We live on their planet, because they destroyed it. We've tried to take their form, their memories, their myths. But they don't fit. It's illusion, Lobey. So much of it».

[27]

La intersección de Einstein, p. 160

It's still the wrong maze, baby. You can find another illusion down here. She'll follow you all the way to the door, but when you turn around to make sure she's there, you'll see through it all again, and you'll leave alone. (…) You've got to try and get her back some other way. You're a bunch of psychic manifestations, multi-sexed and incorporeal, and you-you're all trying to put on the limiting mask of humanity. Turn again, Lobey. Seek somewhere outside the frame of the mirror.

La mención del espejo hace clara referencia a la continuación Alice’s aventures in Wonderland (1865), la novela Though the looking glass (1871), de Lewis Carroll, seudónimo del Charles Lutwidge Dodgson (1832-1898).

[28]

El Poder del Mito, p. 145.

[29]

La intersección de Einstein, 166-7

«What's going on back at Branning-at-sea?»
«Riots».
«Why?»
«They're hungry for their own future».

Re: Un analisis de The Einstein Intersection de Samuel Delany

Muy interesante, acabo (hace dos dias) de terminar de leer la novela y me partio la cabeza. Resulta muy extraño que tan a la distancia (mas de 30 años) todavia no haya otro comienzo de ruptura parecida...

saludos

Vania

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