Divagaciones sobre monstruos y literatura seudocientífica

COMERSE UN YETI
Divagaciones sobre monstruos y literatura seudocientífica

por Campo Ricardo Burgos López

Dejando de lado toda pretensión de veracidad, la literatura seudocientífica puede ofrecer momentos realmente divertidos.
Este artículo recorre un viejo libro sobre criaturas extrañas de John A. Keel, rescatando algunos fragmentos muy curiosos.

Por estos días he estado leyendo un gracioso librito de John A. Keel denominado El enigma de las extrañas criaturas ("Strange creatures from Time and Space") (1) que recopila viejas historias acerca de toda clase de monstruos y bichos raros que la gente dice haber visto en diferentes rincones de este sufridísimo planeta Tierra. Capítulo tras capítulo, por sus páginas circulan perros demoníacos, gatos alados, variopintos gigantes, el Abominable Hombre de las Nieves en sus distintas variedades, el "Abominable Hombre de las Ciénagas", platillos y más platillos voladores, extraterrestres descuartizadores de vacas, extraterrestres que espían a la gente cuando está dormida, humanoides voladores, serpientes marinas y otros ejemplares de lo estrambótico y esperpéntico que no viene al caso mencionar. Pese a los interesantes monstruos de los que habla, en general el texto tiende a ser monótono y ello por una razón: En vez de proporcionar una contextualización histórica de cada fenómeno, así como unas pruebas del mismo y algunas conjeturas acerca del significado de los hechos, todo lo que hace es juntar sin un mayor plan expositivo o didáctico, cientos y cientos de testimonios acerca de algo. Así, por poner un ejemplo, al hablar de los humanoides voladores, todo lo que hace es decir que en cierta fecha en tal lugar, fulanito vió un hombre volador; que luego, en tal otra fecha y tal otro lugar, menganito también vió un hombre volador; que después, en una tercera fecha y un tercer lugar, otro sujeto vió un tercer hombre volador; que más tarde, en otra fecha y otro lugar, una cuarta persona contempló un cuarto volador, y así hasta el infinito sin variar una coma. El señor Keel nunca agrega una prueba distinta a lo que algunas personas afirmaron alguna vez, jamás una contrastación científica que sobrepase el mero chisme o el "me lo dijo alguien". Además, en el colmo de la ingenuidad, supone como prueba de un hecho el que éste haya salido en los periódicos (como si en la prensa, la radio y la televisión, muchísimas veces no se publicaran testimonios falsos o inexactos). En fin. El fuerte de este texto no es lo explicativo ni lo científico, y creo que quien recorra sus páginas en búsqueda de ello se sentirá desilusionado. No obstante, si recordamos que todos estos autores de tipo esotérico, paracientífico y seudocientífico, en general son autores de literatura fantástica aun cuando ni ellos mismos lo sepan, la perspectiva cambia. Leyendo de este modo el texto de mister Keel, no sólo se torna más disfrutable sino que así , de en medio de la extenuante fila de historias, saltan a la vista algunas de ellas definitivamente divertidas e ingeniosas. Con el permiso de los lectores quisiera compartir algunas narraciones que me llamaron la atención, a veces seguidas de incoherentes divagaciones mías (y subrayo desde ya que son "incoherentes", que no pretenden demostrar nada, y que tan sólo son ocurrencias). Finalmente, ofreceré también unas breves conclusiones. Así pues, pasemos al asunto.

 

1. COMERSE UN YETI

En las regiones del Himalaya es común la leyenda del "Abominable Hombre de las Nieves" (así llamado por los extranjeros) o "Maloliente Hombre de las Nieves" (así llamado por los nativos mucho más susceptibles al olor), es éste un ser gigante, peludo, primitivo, y de poco agradable aroma que se afirma vive en esta inaccesible cadena montañosa. Durante siglos han pululado las historias acerca de este personaje, los sustos que les proporciona a quienes ocasionalmente se lo topan en alguna de sus andanzas, y lo escurridizo que resulta a la hora en que se organizan patrullas para seguir sus huellas. De entre los innumerables relatos sobre yetis (otro nombre de los muchos que tiene el hombre de las nieves), resaltemos uno. Cuenta Keel, (2) que en algunos santuarios de lamas que hay en la región se muestran como reliquias, puñados de pelo de yeti así como huesos del mismo. En el otoño de 1954 "una tribu de cazadores de cabezas de Assam mató y se comió una criatura de diez pies de alto", y la piel y los huesos de la criatura fueron entregados a un monasterio.

Al leer esto, lo único que puede pensarse es que es muy justificada la actitud de los yetis de mantenerse lo más lejos posible de los hombres y de evitar cualquier contacto con ellos. Queda claro que - si los yetis existen- los "abominables" no son ellos si no esos homo sapiens que siempre dejan salir el caníbal que llevan dentro. Es más, viendo el estado en que hoy tenemos al planeta, no me extrañaría que los yetis nos llamaran "abominables homo sapiens" o algo así; lo cierto es que nuestra especie es mucho más monstruosa y maloliente que la de ellos. Si algún "Hombre de las Nieves" lee esto, sólo quisiera sugerirle que continúe escondido y para nada se asome por donde haya humanos, no sólo corre el riesgo de que nos lo comamos, sino que puedo asegurarle que, al no contactarnos, tampoco se está perdiendo de nada.

 

2. CENTAUROS

En mayo de 1963, la policía de Centerville (Illinois) recibió alrededor de cincuenta llamadas de personas que afirmaban haber visto un rarísimo animal, merodeando por los alrededores. La comunicación más explícita fue la de James McKinney, quien al describir la criatura dijo que era "mitad hombre, mitad caballo" (p. 104).

Reconozco que aquí no me quedó claro cuál mitad es de hombre y cuál de caballo. Se tiende a pensar en un centauro como alguien con cabeza de hombre y cuerpo de hombre más o menos hasta el estómago, y desde allí, la mitad trasera de un caballo ¿Por qué es tan difícil imaginar lo contrario? Es decir ¿una cabeza de caballo y dos patas delanteras de caballo, con trasero humano y piernas humanas? Me imagino que es una cuestión de equilibrio. Un centauro imaginado a la manera tradicional puede galopar sin ningún problema, en cambio, si lo imaginamos del modo alternativo, es más difícil concebir cómo se movería semejante ente. Es una lástima que el texto de Keel no nos cuente más detalles a este respecto, apenas nos deja iniciados.

 

3. SEXO CON EXTRATERRESTRES

En el capítulo XIII, Keel narra algunas experiencias de humanos que han tenido la desdicha o la fortuna de sostener relaciones sexuales con extraterrestres (ese sí un "encuentro cercano" del tipo que sea: cuarto, quinto, sexto o cualquiera de ellos). En el primero de los casos, en 1967 dos muchachos jóvenes de Long Island fueron obligados por extraterrestres a subir a bordo de uno de sus aparatos y cohabitar con hembras extrañas. Uno de los chicos afirmó también "que había actuado voluntariamente de semental varias veces" (p. 171). El segundo caso ocurrió en Minas Gerais (Brasil), donde Antonio Villas Boas fue capturado por cuatro hombrecitos y conducido a una nave el 15 de octubre de 1957. Allí lo introdujeron a un cuarto donde había un lecho y sostuvo dos relaciones sexuales con una humanoide desnuda. Una vez Villas Boas fue dejado de nuevo en libertad, el médico que lo examinó diagnosticó que Boas presentaba síntomas de envenenamiento por radiación.

Leyendo estos dos casos afloran varias dudas: Si uno de los chicos norteamericanos actuó de semental de modo voluntario ¿de allí se concluye que el sexo con extraterrestres es tan gratificante como el sexo entre humanos? ¿Es mejor el sexo con extraterrestres que con humanos? ¿Es peor? Por desgracia, otra vez Keel no entra en detalles y sólo nos deja con la punta del iceberg. En el caso del brasileño ¿el envenenamiento posterior permite deducir que toda la historia es producto de una alucinación ocasionada por la intoxicación? Pero bueno, lo que noto en estos dos casos referidos y en otros que menciona Keel en el apartado correspondiente, es que casi siempre (o siempre) se habla de sexo con hembras (o machos) extraterrestres, que físicamente son muy similares a los humanos. Nunca o casi nunca se les ocurre un intercambio sexual entre humanos y seres que, considerados en lo físico, sean muy distintos de los humanos ¿Por qué no se habla de sexo entre un humano y una extraterrestre con apariencia de araña? ¿O entre un humano y un extraterrestre con apariencia de mosca? ¿O entre una humana y una alienígena con apariencia de ameba? A este respecto recuerdo la célebre novela de ciencia ficción Los amantes de Farmer, donde se habla de una relación amorosa entre un humano y una extraterrestre (lo cierto es que es una novela entretenidita pero nada del otro mundo). Recuerdo también que en ese campo la mejor divagación que conozco, no la hizo ningún escritor de ciencia ficción o terror, sino un escritor clásico como Milan Kundera. En algunos de sus libros Kundera imagina cómo será el sexo en otros planetas. Especula que quizá en otros planetas no sólo tienen dos géneros sexuales como nosotros los humanos, si no diez géneros sexuales a la vez ¿Qué combinaciones sexuales se posibilitarían entre diez géneros sexuales? ¿Qué clase de vida sexual tendrían esos seres? No sé si es Kundera, pero creo que también era él quien especulaba con otros mundos donde se haga el amor mediante una acción tan simple como chocarse las manos (y recordemos que para algunos psicólogos, ciertos saludos de manos pueden ser catalogados como sexo). De todos modos, concedamos que en este asunto Keel sí aventura alguna hipótesis explicativa. Sostiene que las historias de encuentros sexuales con extraterrestres son muy semejantes a las historias medievales acerca de íncubos y súcubos. Como se recordará, en ese entonces se creía que existían demonios sexuales masculinos (íncubos) y femeninos (súcubos) que, bajo ciertas circunstancias, sostenían relaciones sexuales con humanos. Tales historias hoy en día se consideran primordialmente como delirios y alucinaciones, y Keel aventura que es muy probable que lo mismo ocurra en el caso de quienes en el siglo XX o XXI sostienen haber cohabitado con marcianitos.

 

4. PTERODACTILOS

Un periódico inglés de 1856 relataba que en Culmout (Haute Marne, Francia) unos trabajadores que abrían un túnel para un ferrocarril, extrajeron un enorme bloque de piedra y estaban desmenuzándolo, cuando de una cavidad de dicho bloque emergió un pterodáctilo del tamaño de un ganso grande.

"Al llegar a la luz, este monstruo dio unos signos de vida, agitando las alas; pero poco después expiró, profiriendo un grito ronco" (p. 194).

Lo cierto es que el mismo Keel, generalmente tan crédulo, en este caso se permite dudar de la veracidad del relato. En realidad resulta muy complicado sostener que un pterodáctilo ha permanecido en animación suspendida durante millones y millones de años. Pero bueno, eso es lo de menos. Al leer esta historia pensaba que esa, que fue una posibilidad fantástica en el siglo XIX, en el siglo XXI está cada vez más cerca de hacerse realidad. Si las investigaciones genéticas continúan al ritmo de hoy, no sería extraño que en unas décadas se inaugure un parque temático de dinosaurios al estilo del de Jurassic Park. Allí veríamos pterodáctilos reales sobrevolando las cabezas de los visitantes. Pero de pronto hay posibilidades más curiosas. En casa, mi mamá tiene una jaula con el consabido gorrión que canta a ciertas horas ¿Posibilitará la ciencia un futuro donde en las casas haya jaulas con pequeños pterodáctilos en vez de diminutos gorriones? ¿Así como hoy bandadas de palomas surcan los cielos de las ciudades, en el futuro bandadas de pterodáctilos surcarán otra vez los cielos de las grandes urbes?

 

5. DE LOS INCONVENIENTES DE DIVISAR OVNIS

En noviembre de 1966 varias personas en Virginia (Estados Unidos) dijeron haber visto a un humanoide volador. Casi todos coincidieron en describirlo como un sujeto alto, de grandes ojos rojos, con unas gigantescas alas y que aterrorizaba a la gente persiguiendo autos en las carreteras o a simples parroquianos de a pie que tenían la desgracia de encontrárselo. Connie Carpenter, de dieciocho años, se lo topó el 27 de noviembre de ese año. Regresaba en coche a su casa cuando vió a un tipo alto plantado en un terreno desierto. De repente el tipo desplegó unas alas, se elevó verticalmente y se dirigió hacia su auto. La mujer quedó a la vez fascinada y aterrorizada con los ojos de color rojo intenso de aquella criatura. Aseguró que no podía apartar sus ojos de aquella mirada, y que fue un milagro que no se volcara. "La criatura volaba directamente hacia su parabrisas, pero luego viró y desapareció "(p.216). Presa de una crisis histérica la chica no pudo asistir a su colegio en los días siguientes y necesitó asistencia médica. Entre otras dolencias, sufrió de una muy común entre quienes han visto ovnis: Conjuntivitis o inflamación de los ojos. Durante dos semanas tuvo los ojos rojos, hinchados y con picazón. "Muchos testigos de OVNIS que volaban bajos sufren de lo mismo, al parecer por culpa de los rayos actínicos (ultravioleta)" (p. 216).

La verdad, hasta ahora me entero de que uno de los efectos de ver ciertos ovnis es la conjuntivitis. Al leer esto y relacionar este hecho con la afirmación de muchos autopretendidos "ufólogos", según la cual, en este momento hay miles -sino millones- de ovnis sobrevolando la Tierra pero que tales ovnis tienen la facultad de hacerse invisibles a ojos humanos, pensé que algún día alguno de estos "genios" acabará afirmando que ese problema típico de las urbes contaminadas (la conjuntivitis) se debe a la radiación que emiten todos esos miles de ovnis sobrevolando nuestras ciudades. Por lo menos una explicación así, tendría el mérito de ser cómica. Así mismo, imagino que ese sería un buen criterio para discernir cuándo estará próxima una invasión ovni a nuestro planeta: Cuando aumente exponencialmente el número de personas con conjuntivitis, ello se deberá a que está aumentando el número de platillos voladores sobre cada ciudad del mundo. Así pues, hay que estar pendiente de la irritación de ojos tanto nuestra como de nuestro vecino ¡Ese podría ser un predictor de ataques extraterrestres!

 

6. SERPIENTES MARINAS

En la noche del 13 de julio de 1855 seis personas se hallaban en un bote pescando en el Lago Silver (Silver Lake) al noroeste del Estado de Nueva York. De súbito, algo se hundió en el agua y volvió a reaparecer: No había duda, era un animal. ¡Es más, era una serpiente gigante! Aterrorizados, los pescadores levaron el ancla y remaron a todo dar hacia la orilla, perseguidos por el monstruo. Durante los meses siguientes otros grupos de personas que paseaban en bote por el lago, volvieron a toparse con la serpiente. Así, al difundirse la noticia, la comarca y la ciudad de Perry (a una milla del lago), de repente se vieron invadidos por toda clase de turistas, cazadores de monstruos y curiosos que deseaban saber más acerca de la serpiente gigante del Lago Silver. Los visitantes se alojaban en casas de amigos suyos, llenaban a tope el Hotel de A. B. Walker en Perry, y el comercio florecía. En 1856 las apariciones de la serpiente cesaron pero las multitudes seguían acudiendo. En 1857 un incendio destruyó el Hotel de Walker. "Los bomberos voluntarios que combatían las llamas se quedaron estupefactos al encontrar un objeto enorme y sospechoso en el sótano del hotel. Un objeto que resultó una serpiente de mar gigante...de goma" (p.252). Tiempo después se supo la verdad. Por aquellos años, los negocios andaban muy mal en Perry; buscando algún mecanismo para reactivar la economía y atraer público, al señor Walker se le ocurrió la idea de crear una serpiente marina en el Lago Silver. De inmediato, el proyecto fue secundado por otros prestantes ciudadanos de Perry, quienes se dieron a la tarea de construir una serpiente de goma y acondicionar un mecanismo para que el bicho se apareciera de vez en cuando en el lago. Una vez atraido el público y reactivada la economía, Walker y sus secuaces sacaron la serpiente del lago y la escondieron en el sótano del hotel.

La historia es interesante en cuanto de algún modo allí está ejemplificada buena parte de los móviles de esta literatura seudocientífica o esotérica. Una buena fracción de ella - si no la mayoría- está montada por la razón más obvia en nuestra cultura capitalista: Ganar dinero. Hace tiempos, ciertos individuos percibieron que los fantasmas, los ovnis o los extraterrestres, por sobre todo eran una magnífica mercancía, y de una manera sistemática se dieron con pies y manos a su explotación. A la gente le encanta comprar misterio y de allí que en nuestro mundo posmoderno, el misterio también se haya degradado a mercancía. Es así como hoy tenemos miles y miles de avivatos que viven a costa de miles y miles de ingenuos que, con tal que les ofrezcan algo que los saque de su mundo predecible y vulgar, consumen cualquier cosa que huela un poquito a "otro mundo". Por lo demás, lo único que lamento es que tipos como Walker y sus amigos no estén dirigiendo en estos momentos las saqueadas economías de Colombia, Argentina o la generalidad de países latinoamericanos. Al menos ellos, a diferencia de los que hoy en día nos dirigen, demostraron tener olfato para manejar el asunto.

 

7. ALGUNAS CONCLUSIONES

Respecto del texto de Keel, se pueden señalar algunas conclusiones que resultan válidas para toda esta literatura seudocientífica o esotérica:

a) Como anticipamos al comienzo, este libro sólo es una acumulación de testimonios sin entrar a analizar en profundidad ninguno de ellos y sin aportar pruebas científicas distintas de las puras aseveraciones de una persona u otra. Hasta cierto punto es disculpable, en tanto estos libros no están creados para explicar sino para excitar el misterio. Son libros que pretenden presentarse como "testimonios científicos" pero en realidad son puramente artísticos. En sentido estricto, sólo son una variedad muy simpática de la literatura fantástica.

b) Creo que, de modo muy grueso, los cientos y cientos de casos que presentan libros como el de Keel, podrían clasificarse en tres tipos: las alucinaciones, las avivatadas comerciales, y los casos aún no explicados por la ciencia. Una buena cantidad de las historias de monstruos ( y de ovnis, fantasmas, reencarnaciones, etc) tienen un interés psicológico en tanto entran en el terreno de los delirios y de las alucinaciones que provocan esos delirios. Otra buena cantidad sólo son engaños al estilo de la serpiente de Silver Lake, trucos de diversas personas para estafar a otras personas. Por último, no descarto que, en tanto la ciencia es algo que se encuentra en proceso, es perfectamente obvio que aún le faltan miles o millones de especies animales y vegetales por catalogar, y de casos naturales aún por explicar, y allí podría encuadrarse el resto del material. Comprendo que la reducción de toda la casuística a estas tres posibilidades es menos interesante que las explicaciones disparatadas o estrambóticas (Por ejemplo Keel trata de sostener la tesis de que todos estos monstruos de su libro están conectados con el fenómeno ovni y que existen unas "ventanas interdimensionales" en distintos lugares del planeta, por donde se comunica nuestro universo con otros universos. A través de estas "ventanas" pasan de aquí para allá y de allá para acá, tanto ovnis como monstruos diversos). Empero, si lo que se busca es ser honesto y no sencillamente asombrar por asombrar, es claro que las explicaciones al estilo Keel, no resultan bien libradas.

c) Otra razón por la cual hoy en día estas literaturas seudocientíficas o esotéricas tienen tanta vigencia está en la necesidad -tal vez genética- que el hombre tiene del misterio. Los últimos siglos han "matado a Dios", han presenciado la decadencia de las religiones institucionales y han visto el auge de la concepción científico-naturalista del mundo. El efecto de este "avance de la luz de la razón" en la explicación del universo, es que ya no hay espacio para lo sagrado, y por ende tampoco hay lugar para el tabú, lo inexplicable, lo arcano. Es claro que el ser humano no puede habitar un mundo donde siempre sea mediodía y el sol resplandezca; el hombre necesita de las sombras, de la noche y de los crepúsculos, extraña la belleza de la oscuridad. El impulso de la literatura seudocientífica en nuestro tiempo es uno de los modos -por desgracia, no el mejor- para proporcionarle algo de oscuridad a este mundo con demasiadas lámparas de luz artificial.

d) Como es típico en esta clase de libros, Keel también adhiere a la teoría del complot. Otra vez se sugiere que todos estos monstruos sólo son la punta de un témpano y que existe un "mundo invisible" que nos está gobernando. Según esta teoría, aunque no lo deseemos, todas las acciones aparentemente libres de los habitantes del planeta Tierra sólo le estarían haciendo el juego a este "gobierno oculto del mundo". Ya en otros artículos hemos mencionado las consecuencias nefastas de esta creencia que por desgracia se difunde cada vez más, pero sinteticemos de nuevo. Suponer que no somos libres si no que "nos gobiernan" es abdicar de nuestra responsabilidad moral. Es aceptar que no somos seres humanos sino meros "títeres", que no somos autónomos, y que por siempre continuaremos siendo "menores de edad". La teoría del complot en todas sus variedades sólo es un pobre sustituto posmoderno de la religión, que tiene por efecto nuestra infantilización. La gente que cree que su vida la gobiernan los ovnis ( o los astros, o el I Ching, o el tarot, o la brujería, o las predicciones de Nostradamus, o la predeterminación divina, o el gobierno judío del mundo, o quien sabe qué más) en realidad lo que tiene es miedo a vivir y, como Peter Pan, desesperadamente se aferran a cualquier cosa que las salve de crecer.

e) Y para concluir la pregunta de siempre: "¿Y entonces cuál es el valor de la literatura seudocientífica o esotérica?". Aquí hay que entender que todas estas historias sobre ovnis, monstruos, reencarnaciones, fantasmas y demás, esencialmente se inventan por la misma razón por la cual Jorge Luis Borges inventó El Aleph: Es muy, pero muy, divertido fantasear. Lo que ocurre es que la literatura seudocientífica o esotérica tan sólo es una variedad oral de la literatura fantástica contemporánea que a veces, como hemos visto en este artículo, entrega unas historias entretenidas. Aprendamos entonces a disfrutarla así.

 

Bogotá, Junio de 2002.

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(1) John A. Keel, El enigma de las extrañas criaturas, Barcelona, Libroexprés, 1981.
(2) Página 67. De aquí en adelante se señalarán directamente en el texto las páginas respectivas.

Re: Como es costumbre, otro buen artículo de Don Campo Ricardo B

QUE HAYA MUCHAS PAVADAS ESCRITAS SOBRE ESTO NO SIGNIFICA QUE TODAS SEAN TONTERIAS CREO QUE TU POSTURA ES FUNDAMENTALISTA

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