Frankenstein o la tragedia del hijo ilegítimo

FRANKENSTEIN: LA TRAGEDIA DEL HIJO ILEGITIMO

Eduardo Alberto Guzmán Novoa

Este artículo aporta una interesante interpretación de la novela clásica de Mary Shelley "Frankenstein o el Moderno Prometeo".

En 1818 Mary Shelley publicó FRANKENSTEIN O EL MODERNO PROMETEO, la novela de terror más popular, después de DRACULA (1897). Desde su aparición hasta hoy se le han dedicado numerosos estudios, obras teatrales y películas... todas interpretaciones particulares de esta tan discutida obra literaria. Desgraciadamente, hoy la interpretación más común del "hombre de la calle" es que se trata de un científico loco que crea a un monstruo que escapa a su control. Demasiado simplista (más que nada, por sus versiones fílmicas).

Numerosas interpretaciones se han escrito sobre el mensaje o la alegoría oculta de esta novela. Se menciona a "la ciencia sin frenos morales", "una crítica a las injustas diferencias de clases", "la cruel discriminación a los «diferentes»", etc. En particular, me parece que FRANKENSTEIN representa la tragedia del hijo ilegítimo.

Empecemos resumiendo la novela en sí.

Robert Walton, un ambicioso explorador que sueña con alcanzar la Gloria, la Fama y la Fortuna que le deparará llegar primero al Polo Norte, comanda una expedición que parece tendrá un trágico desenlace. Ni los ruegos de sus marineros hacen que Walton abandone su grandiosa meta (aun sacrificando a sus hombres) y sigue adelante. Avistan un lejano trineo conducido por un hombre gigantesco; más tarde aparece otro con su perseguidor, ya en estado de agonía, al cual recogen. El moribundo, al conocer la ilimitada sed de conocimientos de Walton sin reparar en los medios para conseguirlos, se presenta y le cuenta su historia para que ésta le haga recapacitar.

Victor Frankenstein, joven hijo de una noble familia suiza, se obsesiona con la Inmortalidad y el Poder y desprecia la ciencia de su época por estar limitada por prejuicios morales. Casi a escondidas se pone a experimentar con cadáveres de una manera que hubiese sido repudiada por la sociedad de entonces. Es saltando esas normas que descubre el secreto de la vida y la muerte y, violando todas las reglas, crea un gigantesco cuerpo humano al que planea dar vida. Una vez satisfecho su científico capricho, Victor vuelve como de unn sueño y enfrenta la terrible realidad: el resultado de todo es un nuevo ser que, si bien es más grande, más fuerte y más resistente que un hombre normal, a simple vista tiene una horrenda deformidad (más que "tiene", en realidad "es"). Victor desea desentenderse de este "inconveniente" y simplemente huye del laboratorio; al regresar se alegra que el ser haya escapado y ni siquiera se plantea a dónde habrá ido o qué habrá sido de él.

Tres años después, Victor recibe una noticia que le hace regresar a casa: su hermano menor William ha sido asesinado (presumiblemente para robarle un valioso pendiente). En el camino a su hogar, Victor avista a la espantosa criatura que una vez creara, y se convence que este ser monstruoso tuvo que ser el asesino, tras lo cual pasa a lanzarle todo tipo de maldiciones a la vez que se reprocha el haberle dado la vida.

En su hogar, se entera que la criada Justine Moritz ha sido equivocadamente acusada del homicidio, por hallársele la joya de William en sus ropas (joya que el Monstruo puso allí). Lleno de remordimientos, Victor calla la increíble verdad y asiste al juicio y posterior ejecución de la inocente muchacha.

Cuando busca paz en un solitario retiro, Victor es encarado por el Monstruo, quien le narra su penosa vida. Tras huir del laboratorio, era rechazado y atacado por todos los que se cruzaban por su camino sin mediar provocación previa. Haciendo vida solitaria en el bosque, el Monstruo aprende a leer gracias a unos libros perdidos por un viajero. Tras leer unas notas sueltas que Victor había dejado en sus ropas, el Monstruo conoce su abominable origen y maldice a su creador. Luego, ayuda anonimamente a una humilde familia campesina. La familia De Lacey ignora quién es su bienehchor, pero el Monstruo intuye que le rechazarán si lo ven. Finalmente entra en contacto con el miembro más viejo de la familia, un anciano ciego.

El viejo parece estar dispuesto a dar su amistad al Monstruo y le dirige las únicas palabras cordiales que éste escucha de un ser humano. Sorprendidos por los hijos y la nuera del anciano, el Monstruo es cruelmente golpeado y obligado a huir, tras lo cual la aterrada familia De Lacey abandona la cabaña para siempre. Frustrado, el Monstruo prende fuego a la cabaña y huye a Ginebra en busca de su creador.

Tras un malentendido donde un campesino dispara sobre él después que salvó a su hija ahogándose, el Monstruo renueva su cólera hacia la injusta y gratuita hostilidad que la humanidad le manifiesta. Cerca a su destino, el Monstruo se encuentra con el pequeño William, con quien intenta comunicarse. El aterrorizado niño le grita insultos y se identifica como un Frankenstein, por lo que el Monstruo le rompe le rompe el cuello. Tras tomar el pendiente del cuello del pequeño, el Monstruo encuentra a Justine dormida, en cuyas ropas coloca la joya.

El Monstruo promete que ya no cometerá más crímenes y que se alejará para siempre de la vecindad con los humanos (huyendo a las deshabitadas áreas de América del Sur) si su creador le proporciona una compañera. Victor acepta a duras penas, pero, durante la noche en que su segunda creación estaba casi lista, se da cuenta de que aun cuando todo salga bien, la nueva pareja engendrará una nueva raza de seres que, en el futuro, no solo aterrarán a los hombres sino que podrían hacer peligrar a la humanidad. Desesperado, destruye al monstruo hembra e intenta huir. El Monstruo le confronta pero Victor se niega a cumplir lo prometido. El Monstruo se marcha prometiendo venganza.

Uno tras otros comienzan a ser muertos los amigos y seres queridos de Victor: su amigo Henry Clerval, su novia Elisabeth, su padre (indirectamente)... ante sus sepulturas, Victor jura venganza y se lanza en una épica persecución del Monstruo. Esta larga y penosa cacería acaba en el Polo Norte, donde el Monstruo es inmune al rudo clima glaciar, el mismo que resulta fatal para Victor.

Tras oir el relato, Walton recapacita de su desmedida ambición por la sabiduría y el conocimiento y decide dar media vuelta y regresar. Tras la muerte de Victor Frankenstein, hace su aparición el Monstruo, quien a pesar de todo se arrepiente de todo el daño que hizo a tantos inocentes, aunque sin dejar de reclamar que desde su nacimiento fue odiado por todos, empezando por su creador, condenándolo así a una injustificada soledad.

Sin deseos de causar más horror ni destrucción, el Monstruo anuncia a Walton que se destruirá a sí mismo, incinerándose en el lugar más aislado que encuentre en el Polo. Saltando por una ventana, se aleja en su trineo hasta desaparecer.

En esta magnífica tragedia literaria se pueden hallar similitudes con otra situación de la vida real. Se trata de un tema incómodo y casi tabú que quizás estaba en la mente de Mary Shelley cuando escribió su obra de terror. ¿Qué pasa cuando irresponsablemente se trae al mundo a un hijo no deseado?

La obsesión del joven Victor Frankenstein por la ciencia casi parece la obsesión de un hombre por poseer a una mujer deseada. Las normas morales, al igual que con la ciencia del siglo XVIII, limitan estos impulsos: todo debe hacerse dentro de los marcos permitidos y aceptados por la sociedad (o sea, espera a estar casado con esa dama para que puedas tocarla).

Pero el deseo de Victor es más fuerte que nada. Él tiene que acceder a esta inolvidable y sublime experiencia aunque tenga que saltar todas las normas morales. Por otra parte, la falta a la moral que tienta a Victor puede ser tolerada entre gente de "la clase baja" (Victor solo puede experimentar con cadáveres de gente "del pueblo") pero jamás en un hijo de la nobleza.

En una noche de lluvia, en su escondido laboratorio (un escenario casi-romántico), Victor es protagonista de un momento único en su vida: acaba de protagonizar una experiencia casi divina. Ha alcanzado la meta que le obsesionaba. Pero viene una inesperada consecuencia: en medio del grandioso instante, una nueva vida ha sido concebida.

La presencia de esta nueva criatura constituye un inconveniente con el que no contaba. Ya pasó el éxtasis de su triunfo y ahora debe enfrentar las consecuencias de su transgreción a las leyes morales. Pero Victor solo atina a horrorizarse con esta nueva forma de vida: no es un ser como los demás, no nació como lo hacen los seres humanos normales ("dentro del matrimonio y reconocidos por sus padres"), su concepción fue un efecto secundario e indeseado que ahora reclama la atención de su progenitor.

«... Y, sin embargo, cuando mi obra estaba ya lista, mi sueño perdía todo atractivo y una repulsión invencible se apoderaba de mí».

Victor reconoce que no solo se trata del producto de un acto inmoral sino también, y esto es peor, de una VIOLACION. Victor desafió lo que le estaba vedado y, casi por la fuerza, accedió a experimentar con lo que le estaba prohibido. ULTRAJANDO los secretos de la Madre Naturaleza, Victor solo buscó satisfacer ese capricho casi enfermizo, pretextando mil motivos que ahora ya no le pueden ayudar en este nuevo problema. El haber FORZADO lo que le estaba prohibido por las leyes humanas y divinas ahora ha traido al mundo un ser viviente que ya formará parte de su vida, quiéralo o no.

Espantado, Victor huye de su responsabilidad. No quiere saber nada de esta nueva vida, producto de una violación, que necesita de, al menos, un progenitor. Abandonado casi desde su nacimiento, sin que su padre haya querido cumplir la obligación que tenía para con él, este nuevo individuo ahora está destinado a ser señalado con el dedo por el resto de la sociedad, rechazado y hasta atacado, negándosele todo acceso a la felicidad, pues la gente decente no admitirá jamás a alguien con un origen tan "monstruoso" como una violación.

Este hijo rechazado por su irresponsable padre solo encuentra un refugio en su madre, la Madre Naturaleza. Solo en la soledad de los bosques el Monstruo encuentra refugio. La Madre Naturaleza acoge a este bastardo suyo, que en realidad no tiene la culpa de las reprobables acciones de su padre. Solo en su madre el Monstruo encuentra una momentánea tranquilidad.

El Monstruo aprende a leer por sí solo, sin nadie que le ayude "se enseña" lo mejor que puede. La Educación, la Cultura y otros beneficios de la sociedad le están vedados por ser quien es de nacimiento. En un momento lee un documento revelador que le hace saber su infame origen. Es al conocer esta especie de "partida de nacimiento" cuando toma consciencia de la inmensa tragedia a la que está condenado por culpa de su progenitor y por la rígida intolerancia del mundo, incapaz de admitir que él ninguna culpa tiene de esto.

«--¡Mil veces maldito el día que me vio nacer! --grité con desesperación--. ¡Infame creador! ¿Por qué has dado vida a un ser monstruoso frente al que, INCLUSO TU, apartas de mí la mirada, lleno de asco?...»

Pronto el Monstruo desea incorporarse a ese mundo del cual está injustamente excluido. Abandonando los protectores brazos de la Madre Naturaleza, intenta formar parte del mundo aunque prudentemente lo más desapercibido que puede. De forma encubierta brinda ayuda a gente del más bajo nivel social que encuentra, ya que opina que ellos son lo que más se aproxima a ser un proscrito como él. Sabe que de descubrirse su verdadera naturaleza, un bastardo de la naturaleza, será nuevamente perseguido por su evidente "anormalidad". Pero la tentación es grande y entabla contacto directo con un individuo que no tiene forma de saber con quién está tratando realmente.

«... Cuando los humanos actúan de esta forma no hacen sino empujar al desdichado hacia las más horrendas acciones, aunque en realidad deberían llevarle al bien. Sepa que también yo soy desgraciado. Fui condenado injustamente, al igual que mi familia, y nadie mejor que nosotros podría comprenderle».

Sin embargo, la gratitud se hace humo cuando la humilde pero decente familia descubre quién es su desconocido bienhechor. El prejuicio hacia este ser es más fuerte que el recuerdo de su bondadosa actitud y, sin darle tiempo a explicarle ni con deseos de escucharle, es violentamente apartado y devuelto a su solitario exilio. El Monstruo pierde toda esperanza cuando estos ingratos deciden cortar con todo lo que los relacione con él y se marchen para siempre.

Pero, en medio de su desesperación, piensa en alguien: su creador. Si bien ya sabe qué clase de hombre le engendró, es quizás lo único que le queda y el único que pueda aun hacer algo por él. Así, emprende un penoso viaje en busca de su progenitor para reclamarle lo que éste le negó desde su nacimiento: la posibilidad de ser feliz.

Pero su presencia sigue provocando la injusta hostilidad del resto del mundo. El colmo llega cuando, tras salvar una vida es correspondido con una cruel herida que le hace revolcarse de dolor. Su ira y deseos de vengarse de tantos inmotivados maltratos se acentúan.

El Monstruo llega a las proximidades del hogar de su creador, pero el primero que contacta de esa distinguida familia es el pequeño hermano de su "padre" (tecnicamente su "tío"). Ingenuamente cree poder comunicarse con ese niño por no tener él ideas prejuiciosas que le hagan rechazarle. La decepción es grande: el aterrado niño solo le grita insultos y amenaza con la cólera de su noble y poderoso padre, el Sr. Frankenstein. La ira ante el rechazo de esa media-familia es tal que, en un estallido de rabia reprimida, da muerte al niño.

El Monstruo ha derivado hacia el mal, pues se alegra de devolver el dolor y la desesperación a su creador y los suyos. Tras robar una valiosa cadenita dorada del cadáver, el Monstruo haya dormida a una bella joven que, obviamente, le rechazaría apenas él se manifestase. La cólera de esto le mueve a dejar la incriminatoria joya en la ropa de la inocente muchacha.

Tras años de una vida tranquila y respetable en la alta sociedad, Victor descubre que el autor de las tragedias que le rondan es ese ser a quien concibió en un oprobioso acto irresponsable que prefirió olvidar. Su prejuiciosa educación le hace condenarlo sin preguntarse lo que motivó su degeneración. Al encararlo, el Monstruo le narra su trágica vida, invitando a reflexionar la parte de culpa en los perversos actos de este "hijo" suyo.

«Por vez primera era consciente de los deberes de un creador tiene para con el ser que ha creado y comprendía que, antes que aborrecer sus perversas acciones, debía haber asegurado su felicidad...»

El Monstruo le reclama lo que le corresponde por derecho: tener la oportunidad de ser feliz, tener un ser que le ame, tener una familia y un hogar... Solo su "padre" es capaz de otorgarle esto. Pero si Victor acepta al principio, solo después entenderá el alcance de cumplir con su "hijo": él comprometería el futuro de los suyos, pues en alguna parte habría otra familia suya cuyos "innobles" descendientes, tarde o temprano, vendrían en un futuro a provocar un enfrentamiento que podría traer abajo a sus "legítimos" descendientes que entonces existieran, dando lugar a catastróficas consecuencias. Él no puede soportar la sola idea que esto ocurra alguna vez, aunque sea en un futuro remoto: su buen nombre sería maldito como el autor de una "sucia" estirpe que nunca debió engendrar. Y es entonces que decide condenar a su creación al solitario aislamiento, negándole toda posibilidad de ser feliz.

El Monstruo desatará una inmisericorde matanza de los amigos y parientes de su "padre", aquel miserable que le ha negado todo, que ni siquiera le ha dado un nombre (o "apellido"): debe borrar todo rastro del infame que VIOLO todo lo moral y descente, que no quiso RECONOCERLO como un "hijo" inocente de sus malas acciones y lo condenó a sufrir las consecuencias de éstas.

El desprecio que Victor siente hacia este hijo no deseado aumenta, aunque nunca se plantea quién lo empujó a esta criminal existencia. Perseguirlo para liquidarlo, ésa será su meta. Destruir a ese malvado que él concibió le parece una empresa justiciera, casi divina. Su persecución llega hasta el extremo del mundo, donde Victor encuentra a Robert Walton que, como él, está a punto de hacer lo mismo que él hizo: le relatará su tragedia para prevenirlo de las grandes consecuencias que puede traer el VIOLAR los secretos de la Madre Naturaleza, no importa con qué justificación. Walton desea saber cómo fue que Victor logró aquela grandiosa experiencia que inició todo, pero Victor se niega a revelarle detalles de una posible tentación a imitarle.

«--¿Se ha vuelto usted loco, amigo mío? --me dijo-- ¿De qué iba a servirle el que le diera satisfacción a su curiosidad? ¿Acaso desea crear también un ser diabólico que se convierta en su enemigo y de todo el mundo? ¡No, no insista! Que mis torturas le sirvan de lección; no quiera que caigan sobre su cabeza tales sufrimientos».

Tras la salvación moral de Walton, Victor fallece RECONOCIENDO (algo tarde) que esa criatura es hijo suyo, engendrado irresponsablemente durante un infame ULTRAJE a la moral de Dios y de los hombres, y que él es el responsable de su maldad, por haberlo traido a un mundo donde él ni nadie podrían admitirlo nunca.

«... Creé, lleno de un loco entusiasmo, un ser racional completo y tenía ciertamente, por ello, la obligación de velar pos su felicidad y su confort en todo aquello que de mí dependiera. En verdad estaba obligado a ello...»

Aparece el Monstruo y llora ante el cadáver de su "padre". Walton no puede dejar de manifestar hostilidad y asco ante este ser engendrado de modo tan horrendo, aun sabiéndolo inocente de ello. El Monstruo reconoce que es una abominación ante los ojos de los hombres, pero sus vengativos crímenes también lo han hecho abominable ante los ojos de Dios. En el intolerante mundo no habrá nunca un lugar para él. Y aunque lo hubiera, ya no lo merece.

«... Deseaba el amor y la amistad, pero me eran cotidianamente negados. ¿No es esto una cruel injusticia? ¿Debo ser considerado como el único criminal, cuando todos han pecado contra mí? [...] Yo, el miserable, el proscrito, soy tan solo un monstruo hecho para ser golpeado e injuriado. Hasta en este momento, cuando siento el arrepentimiento de mis crímenes, no puedo evitar que la sangre hierva en mis venas ante el recuerdo de tanta injusticia».

Solo la muerte le dará descanso a su sufrido espíritu, atormentado por la despiadada discriminación de la sociedad y sus propios remordimientos. Su último deseo es también que nada quede de él que mueva a otros a repetir la infamia de su "padre".

FRANKENSTEIN puede tener muchas interpretaciones, y quizas nunca sepamos qué estaba en la mente de Mary Shelley cuando lo escribió. Pero que el Monstruo es la alusión al hijo ilegítimo engendrado de una violación y socialmente rechazado es una dura crítica al conservadurismo de la sociedad de entonces (y a la de hoy también) que merece ser tenido en cuenta.

Re: Frankenstein o la tragedia del hijo ilegítimo

creo que este texto dice la triste pero real realidad

Re: Frankenstein o la tragedia del hijo ilegítimo

Yo creo que esta historia es triste y a la vez tenebrosa por que en la historia FRANKESTEIN es el que sufre donde uno de sus sueños era morir para no sufrir mas

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