Cine fantástico español Parte II

APROXIMACIÓN AL CINE FANTÁSTICO ESPAÑOL CONTEMPORÁNEO

Por Juan Carlos Martínez,
Realizador audiovisual
Primer Pase

Los noventa comienzan como triste prolongación de los ochenta para el cine español. El estado de desorientación es grande. Pero casi con cuentagotas comienzan a irrumpir al principio de modo discreto, nuevas producciones...

2ª PARTE Los noventa:
Leer la 1º PARTE (los setenta y los ochenta)

Por Juan Carlos Martínez , Realizador audiovisual
Primer Pase

 

Los noventa comienzan como triste prolongación de los ochenta para el cine español. El estado de desorientación es grande. Pero casi con cuentagotas comienzan a irrumpir al principio de modo discreto, nuevas producciones, en ocasiones inclasificables, dirigidas por realizadores primerizos. La mayoría proceden del mundo del cortometraje. Juanma Bajo Ulloa o Julio Medem son algunos de los que al principio de la década aportan producciones en las que se vislumbra algo nuevo y sobre todo, nuevas historias contadas con calidad.

Sin embargo, el público continúa dando la espalda a la gran mayoría de producciones españolas. Es en este triste contexto en el que confluyen diversas factores que darán lugar al que se podría llamar nuevo cine español y a la recuperación incuestionable que se alcanza en la segunda mitad de los noventa. Un conjunto muy heterogéneo de cintas, cuyo lazo común es que son obras de nuevos realizadores, gran parte de ellos de menos de 30 años en las que se abordan las cuestiones más variadas con un estilo ágil y a la vez, cuidado.

Así, hacia mitad de la década el panorama se vuelve muy esperanzador, la cuota de pantalla crece notablemente, el público –y en particular el de menos de cuarenta años -, pierde prejuicios negativos respecto a las películas españolas. Centrándonos en el tema objeto de estudio diremos que el panorama se vuelve más propicio para la producción de cine fantástico. Los nuevos directores, traen nuevos y variados temas y se desligan de asuntos tediosos y retóricos recurrentes en los años anteriores.

Esta década no es prolífica en la producción de cine español de tipo fantástico pero sí cualitativamente muy interesante e influyente. Los acabados formales de las películas españolas escalan muchos peldaños, lo que sin duda, beneficiará al cine fantástico, tan necesitado de calidad técnica y verosimilitud.

La producción fantástica española de esta etapa se caracteriza por tomarse en serio a sí misma, huyendo de la parodia burda y ramplona que delata la incapacidad del director de contar un relato fantástico. Además la calidad técnica aumenta de forma espectacular, y las historias comienzan a ambientarse en entornos cotidianos y reconocibles para el espectador español. El gran logro es romper el tabú compuesto por el binomio: cine español-cine fantástico.

Los directores saben realizar obras de esta clase y además lo hacen bien. Se alcanza la mayoría de edad y lo mejor es que el público premia estas aportaciones. Vamos a detenernos en las producciones más importantes de la década.

En 1992 Alex de la Iglesia, un director que había realizado un cortometraje oscuro y violento titulado Mirindas asesinas, consigue financiación para sacar adelante un proyecto que parecía condenado al pozo del olvido. Se trataba de Acción mutante, que sin ser una gran película, presenta una serie de méritos que proceden en buena medida de valores ajenos a la misma película, es decir, el conseguir en un contexto hostil, sacar adelante una película española bastante bien hecha en la que se mezcla la ciencia-ficción, el fantástico, la comedia negra y el cine de acción. Una historia disparatada que esconde una severa crítica social. En un futuro más bien cercano, el mundo se ha convertido en un lugar en el que solo importan las apariencias y se ensalza la estupidez. Un comando de tullidos y minusválidos secuestra a la hija de un industrial de panecillos integrales en medio de su banquete de bodas y emprenden camino en su nave espacial hacia el planeta Asturiax.

Un buen acabado para tan extraña apuesta, entre cuyos defectos se haya la reiteración y la carencia de ritmo en ciertos pasajes, pero con momentos divertidos como los segmentos de informativos de televisión. El público respondió bien, era su forma de decir que apoyaban que se hicieran otras cosas además de los tostones habituales.

El mismo director filma en 1995 El día de la bestia, gran éxito de crítica y público que fulmina definitivamente muchos de los esquemas anquilosados del cine español. Cuenta la epopeya de un sacerdote en Madrid en Nochebuena, para evitar el nacimiento de Anticristo. Humor, terror, puro fantástico y mucha crítica social que se mezclan de forma redonda, dando lugar a un entretenimiento en el que el espectador disfruta.

Fernando Cámara y David Alonso son los artífices de otra de las películas más representativas de la década: Memorias del ángel caído. Con un presupuesto bajo, filman uno de los relatos más serios y logrados de los últimos años del fantástico español. Híbrido entre thriller y relato paranormal, Cámara y Alonso confeccionan la inquietante atmósfera en la que unos personajes interpretados por algunos de los mejores actores del cine español buscan salida al laberinto que se crea cuando se produce una extraña intoxicación masiva en una iglesia de la capital de España.

Alejandro Amenábar, joven director de inmenso éxito, apuntaló su carrera con Abre los ojos. Su anterior y primera obra Tesis, se convirtió en una cinta imprescindible del cine español de la década y consigue una calidad para dar lecciones a algunos de los directores veteranos españoles incapaces de hacer algo que sirva para otra cosa más que para aburrir y cazar subvenciones públicas (véase/súfrase la reciente "obra" de José Luis Borau o Juan Antonio Bardem, entre otros).

El caso es que Abre los ojos obtiene un clamoroso triunfo en España, tratándose de un film que mezcla la ciencia-ficción, el fantástico y el drama, a través de la pesadilla virtual de un joven que vive en una realidad inventada por el mismo. A pesar de los múltiples vericuetos y la confusión argumental de varios tramos de la película, se trata de una producción con un marcado sentido del ritmo y muy entretenida.

Tampoco quiero obviar una absolutamente inclasificable comedia fantástica como El milagro de P. Tinto. Una brillantísimo diseño de producción y una calidad técnica soberbia visten una historia surrealista de humor absurdo sobre un hombre que intenta tener o adoptar hijos. A pesar de todo algunos de los gags son de excesivo mal gusto por lo exagerados.

Al final de la década ya no hay tanto miedo a escribir y sobre todo a financiar historias, generalmente no géneros puros, que admiten en sus tramas o escenarios referencias explícitas al fantástico. Destaquemos la oscurísima e inquietante Los sin nombre de Jaime Balagueró; la divertida y colorista La mujer más fea del mundo (ambientada de modo muy aceptable en España en el 2012) y El corazón del guerrero (arriesgada y decepcionante producción que firma Daniel Monzón con demasiadas sombras y algunos notables aciertos como la secuencia en el Congreso de los Diputados y la inteligente crítica política que contiene parte de la trama del film).

Cerrando nuestra somera aproximación citemos también producciones como 99.9, de Agustín Villaronga, donde la buena y sugerente ambientación y fotografía no salvan una historia que peca de sordidez y oscuridad.

En suma, pocas pero interesantes películas. Calidad en la producción y valentía rompiendo prejuicios anteriores son algunas de las notas dominantes de los últimos años en el fantástico cinematográfico español.

Sugerencias del autor para aficionados:

Acción mutante

por su carácter exótico y su sátira televisiva

El día de la bestia

por la historia y lo bien rodada que está

Memorias del ángel caído

por la solidez del conjunto

El milagro de P. Tinto

por la ambientación y el humor absurdo

El corazón del guerrero

por su crítica política

Abre los ojos

por su ritmo narrativo

La mujer más fea del mundo

por la surrealista visión de España en el futuro cercano

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