Ensayo: ¿Y si el Diablo existe?

¿Y si el Diablo existe?

por Campo Ricardo Burgos López

¿Cuántas veces se habrá recordado la frase de Jorge Luis Borges según la cual la teología es una de las ramas de la literatura fantástica, y aquella otra del mismo creador argentino afirmando que Dios es la mayor invención de la literatura fantástica de todos los tiempos?
Paralelamente ¿Cuantas obras fundamentales para el género fantástico (desde Fausto hasta El Exorcista) pueden comprenderse sin profundizar en el concepto de lo diabólico?

¿Cuántas veces se habrá recordado la frase de Jorge Luis Borges según la cual la teología es una de las ramas de la literatura fantástica, y aquella otra del mismo creador argentino afirmando que Dios es la mayor invención de la literatura fantástica de todos los tiempos? Creo que el número de citas debe ser inverosímil, y confieso que yo mismo ya he perdido la cuenta de la cantidad de ocasiones en que las he traído a colación con cualquier pretexto. De todas formas, el objeto de citar a Borges por enésima oportunidad, no es otro que el de considerar una posibilidad opuesta a la de las proposiciones borgesianas referidas. En otras palabras ¿Qué ocurre si la teología es una de las ramas de la literatura realista y no de la literatura fantástica? Más precisamente aún ¿Qué ocurre si la teología elaborada durante siglos por el Cristianismo, resulta ser verdad? El objeto de este artículo es reflexionar un poco sobre esta posibilidad. Con él no pretende convencerse a nadie ni adoctrinar a nadie. No. Todo lo que se pretende es plantear el siguiente juego: ¿Qué consecuencias tiene para el universo y para la vida humana que la teología cristiana no sea lo que imaginó Borges, sino más bien una descripción ajustada de la realidad? ¿Hasta dónde nos puede llevar esa descripción de la realidad? Y de una vez va la primera respuesta. La consecuencia inicial es que Borges -muy a pesar de mi borgesfilia- está equivocado. La segunda, que Dios existe y que se ha revelado en la historia. La diezmilésima -que es la que aquí me interesa y por la cual me salto 9.997 consecuencias intermedias- es que existe un ser a quien se denomina Satanás que se encuentra consagrado íntegramente al mal. La cienmilmillonésima -y aquí vuelvo a saltarme otro montón de consecuencias- es que por lo menos en un punto crucial, la revelación cristiana -y por ende la realidad- coinciden con la columna vertebral de los X-Files. Pero vamos por partes y aclaremos de entrada que no me patrocina la Fox.

 

UNA BREVISIMA HISTORIA DEL DIABLO

De modo excesivamente resumido, la historia del Diablo podría trazarse en tres fases. La primera de ellas sería aquella en la cual el judeocristianismo fija los rasgos primordiales de este personaje y comprendería -años más, años menos- desde el año 1300 antes de Cristo, hasta que muere el apóstol Juan unos cien años después de Cristo. En otras palabras esta es una fase de unos catorce siglos de duración, durante los cuales se escribe ese manual de 73 libros que es La Biblia. En esta fase -si hemos de seguir la lógica cristiana- Satanás se va revelando progresivamente. Al principio de este período, los hebreos atribuyen tanto el bien como el mal a Dios. No obstante, en un momento dado perciben que si Dios es bueno, es imposible que el mal provenga de El, y entonces comienzan a desarrollar -o empiezan a ver- que aparte del hombre, el universo exige un responsable del mal (esto por que los judíos advierten que no todo el mal en el mundo es generado por el hombre, por ejemplo, los hombres no son responsables de los terremotos, de la lepra o de que los animales se devoren cruelmente unos a otros). Poco a poco se empieza a saber (no a imaginar, recordemos que en este juego partimos del supuesto de que el Cristianismo es totalmente válido) que Satanás está autorizado por Dios para infligir sufrimiento a los animales y a los hombres (Libro de Job), que fue un ángel creado bueno que se habría hundido en la maldad debido a su soberbia (Isaías, Ezequiel), que los demonios son muchos ( Isaías, Ezequiel), que frente a él -o ellos- son útiles los exorcismos (Tobías), que Satán es quien instigó a los hombres para permitir el ingreso del mal y del pecado en el universo (Génesis), que Satán quiere ser Dios (Génesis), que es un enemigo declarado de los hombres que buscará su perdición hasta el fin de los tiempos (Génesis), que es "el Príncipe de este mundo" que de alguna manera le pertenece a él (Lucas), que el hombre está obligado a elegir entre el estrecho y a veces difícil camino del bien que conduce a Dios, y el ancho y facilísimo camino del mal que conduce a Satán (Lucas), que de un modo misterioso y no fácilmente comprensible la Encarnación y Muerte de Cristo han quebrado el poder de Satán sobre el cosmos, pero aún se precisa una segunda venida del mismo Cristo que completará el proceso de salvación (Mateo, Apocalipsis), que antes del final del tiempo Satanás librará una última y monumental batalla contra Dios, será derrotado y quedará para siempre confinado con sus seguidores en El Infierno (Apocalipsis).

Como se verá, el mérito de esta primera fase en el desarrollo de la figura de Satán, es que en ella se determina TODA la historia del Diablo desde su principio hasta su final. De allí que hasta podría afirmarse que las otras dos fases en el recorrido de la historia de Satanás, hasta cierto punto son superfluas, en tanto sólo amplían, confirman o se oponen a lo que esta primera etapa ha precisado. Es cierto que La Biblia no satisface todas las preguntas acerca del Diablo, pero lo que es innegable es que ya nos ha relatado la columna vertebral de toda la historia.

La segunda fase en la historia satánica es aquella en la cual se efectúa una labor de exégesis sobre las escrituras judeocristianas y se intenta analizar las consecuencias que se extraen de tal exégesis. Esta época iría desde el siglo II después de Cristo hasta el declinar de la llamada "Edad Media Cristiana" ante el auge racionalista y naturalista que se toma el mundo occidental entre los siglos XVI y XVII. Es la época de esplendor de la teología, la época en que auxiliada por la fe, la razón intenta dar cuenta de todos los enigmas que implica la historia de Satanás. Es también la época de esos maravillosos ejercicios de imaginación que se llamaron "las herejías".

En esta segunda fase aparecen las múltiples variedades de gnosticismo, un movimiento según el cual la existencia del mal en el mundo es la mejor prueba de que los hechos no ocurrieron del modo que establecen las escrituras judeocristianas. Como ya anoté, hay muchos gnosticismos que difieren en varios aspectos, pero casi siempre la idea central es la misma. El mundo que conocemos es un mundo degradado -dicen los gnósticos- mundo de dolor, angustia, enfermedad y muerte. Es obvio entonces que Dios no creó este mundo, ¿ pero entonces quién? Para los gnósticos era evidente que El Diablo era el creador de semejante universo tan "a su imagen y semejanza". Definitivamente Satanás sí era "el dios de este mundo".

Frente a los gnósticos y otros herejes más o menos diversos se erigió la teología cristiana tratando de ponerle algo de orden a ese embrollo que significaba Satanás. Orígenes y Clemente de Alejandría (siglos II y III después de Cristo) sospecharon que la condena de Dios sobre Satanás de pronto era excesiva, y sugirieron que era probable que al final de los tiempos Satanás, merced a la misericordia divina, podría ser salvado (esta tesis, por cierto, fue declarada errónea en algún concilio posterior).

Los eremitas y monjes de los primeros siglos cristianos descubrieron que El Demonio atacaba empleando todo un arsenal que iba desde provocar pensamientos y deseos malsanos, hasta el mismísimo ataque físico, pasando por las tretas más ridículas (recordemos que San Antonio varias veces se lió a puñetazo limpio contra grupos de demonios que lo asaltaban en su celda, y que en ocasiones cuando San Antonio estaba orando, aparecían frente a sus ojos pequeños diablitos que soltaban pedos sólo con el fin de distraerle de la oración).

San Agustín no se quedó atrás en su aporte a la diabología. Básicamente ratificó lo enseñado en la primera fase de la historia del Diablo, pero dejó claro que la existencia del Demonio no le quitaba responsabilidad al hombre en el pecado. Para Agustín era claro que si el Demonio le había puesto al hombre la cáscara de plátano del pecado donde el hombre había resbalado, era responsabilidad del hombre y no del Diablo, el continuar caído en el pecado o intentar ponerse otra vez de pie. En cuanto a Satanás mismo, Agustín afirmó que ya era un caso cerrado, que su condenación era inexorable y su castigo irreversible por cuanto en su época anterior a la caída, Satán había poseído una inteligencia superior a la humana y él no contaba así con el atenuante humano de la ignorancia. Dado que su responsabilidad era mayor a la humana, su castigo era mayor al humano. Agregó Agustín también, que debido a su autodegradación, El Demonio no sólo se había vuelto irrefrenablemente malvado sino también irrefrenablemente idiota. Para ponerlo en términos actuales,diríamos que para Agustín, Satanás ya no puede ver la realidad cósmica y vive en un delirio, es peligroso en tanto es un psicótico poderoso (en alguno de sus textos, Agustín asevera que afortunadamente Satanás está muy maniatado por Dios, ya que si se le dejara suelto sólo por un segundo, con un único soplo borraría el mundo).

En sus textos teológicos, Santo Tomás de Aquino recordó que Satanás es una causa indirecta del pecado pero que el hombre es la causa directa. Esto por que El Demonio proporciona ocasiones de tentación pero de ningún modo obliga a ningún hombre a pecar. Así mismo, siguiendo con la tesis cristiana según la cual los fieles de la iglesia constituyen el cuerpo místico de Cristo, Tomás de Aquino puntualizó que mientras un hombre es un pecador, en el acto se convierte en una celulita del cuerpo místico de Satanás.

No mencionaremos más teólogos ni movimientos diversos que se ocuparon con profusión del tema satánico (por ejemplo los maniqueos, los cátaros o el Pseudo Dionisio Aeropagita), por que lo esencial es dejar claro que en esta segunda fase de la historia demoníaca, Occidente se dedica a "pensar" a Satanás desde las directrices bíblicas; en la tercera fase comienza lo que podría llamarse el período de "juego" con la figura de Satanás que finalmente llevará a su "eliminación". Más o menos en los siglos XVI y XVII la visión racionalista moderna se toma el mundo y -como ya es sabido- tal visión no le concede ningún lugar a lo sobrenatural. Para el hombre moderno todo cuanto existe es naturaleza, naturaleza y más naturaleza, Dios sólo es una fantasía producto de la ignorancia de los siglos anteriores y -por supuesto- Satanás sólo es una creación folclórica de esa misma "época oscura". Decimos que esta es una época de juego con la figura de Satanás por que en ella se ha dejado de creer en una persona sobrehumana totalmente dedicada al mal, y El Diablo pasa a ser tan sólo un significante que se puede llenar con cualquier significado.

Las raíces de esta última fase en la historia demoníaca se encuentran ya en esa Edad Media donde en ciertas fechas especiales, en las calles aparecían demonios ridículos para compensar los demonios aterradores que se promulgaban desde los púlpitos. No obstante, este jugueteo con Satanás es diferente del jugueteo moderno con el mismo personaje, ya que en la Edad Media la generalidad de la gente aceptaba que Satanás era una realidad actuante en el universo, y en la Modernidad sólo es un recurso para novelas de terror.

El símbolo de lo que ocurre con Satanás en la Modernidad está en el Fausto de Goethe. Allí, El Demonio que intenta corromper a Fausto se ha transformado totalmente con respecto al de las dos etapas anteriores. Primero que todo Satanás ha tenido que cambiarse el nombre por el de Mefistófeles, por que como él mismo reconoce de modo irónico, ya nadie le creería si se presentara con su verdadero nombre. Segundo, ya no es un ser vil, malvado e idiota, como se pensó en la Edad Media, sino un caballero sofisticado que sin embargo -por más que se esfuerza- sigue siendo incapaz de entender el significado del amor. Tercero -y esto es quizá lo más importante- Satán ya no es completamente maligno, sino un ser ambígüo como casi todos los grandes héroes de la novela moderna desde Don Quijote hasta Batman. Satán se torna más difícil de definir en tanto aparte de maldad, muestra también inteligencia, sentido del humor, encanto y hasta por momentos compasión del pobre destino humano.

A partir del Satán de Goethe, asistimos a una infinidad de interpretaciones modernas del "Símbolo Demonio" que alcanzan hasta nuestros días y que de modo muy somero pueden dividirse en tres clases: Los que juguetean con Satanás, los que adoran a Satanás, y los que intentan analizar a Satanás desde los puntos de vista filosóficos contemporáneos.

Los que juguetean con Satanás son todos aquellos que -como ya dijimos- han vaciado de su significado tradicional al símbolo, y lo han llenado con todo lo que caprichosamente han querido. Están aquí los poetas románticos estilo Byron o Victor Hugo para los cuales Satanás es un símbolo del progreso, de lo antitradicional, de la originalidad y de la libertad; aquellos para los cuales El Diablo es "bueno" pues es metáfora de la lucha contra la autoridad injusta. Están también aquí todos los novelistas góticos y de terror que han abordado el tema en los siglos XIX y XX y que toman a Satanás sólo como un recurso artístico, hasta llegar a las más triviales sagas de Hollywood estilo La Profecía y similares.

Los que adoran a Satanás como su nombre lo dice, son aquellos que intentan consagrarle su vida al mal ya sea que crean o no en la existencia efectiva de Satanás. Aquí están poetas y novelistas decadentes como Lautreamont (quien pretende abrazar abiertamente el cultivo del mal) o Sade (quien pretende ser un nihilista al pie de la letra); participantes en cultos satánicos como Huysmans (quien, de todos modos, acabó rechazando los blasfemos rituales que describe en sus textos), charlatanes que fundan iglesias satánicas como La Vey (cuya Biblia Satánica bien puede ser recomendada como antídoto para el insomnio), y los tantos seguidores de las denominadas "sectas satánicas". Estos adoradores de Satán -desde los creativos como Lautreamont hasta los simplemente aburridos como La Vey- tienen en común sostener la idea de que Satán representa el bien mientras Dios representa el mal, abominan de las tesis bíblicas de la primera y segunda fase, y propugnan el culto de sí mismo por encima de cualquier otra cosa.

Los que intentan analizar a Satanás son aquellos que desde las filosofías contemporáneas se esfuerzan por explicar el sentido de ese símbolo llamado Demonio. Tenemos aquí a ciertos teólogos católicos y protestantes que han llegado a negar la existencia de Satán argumentando que este personaje sólo es metáfora del mal y del pecado, o psicoanalistas como Freud, Jung o Klein que han tratado de proporcionar una explicación naturalista a lo que ellos piensan un persistente símbolo mítico.

Frente a estas tres interpretaciones modernas del "Símbolo Demonio" y sosteniéndose en las creencias básicas de las dos etapas anteriores, aparece un grupo de pensadores y artistas, para los cuales Satanás es una realidad y no una metáfora. En este grupo que más bien tiende a ser minoritario e impopular, se encuentran diversos teólogos católicos y protestantes, y escritores como Dostoievski, Baudelaire, Bernanos, O’Connor y C.S. Lewis (este último muy conocido entre los amantes de la ciencia ficción). Todos ellos, de un modo u otro, han sostenido una tesis perturbadora si en verdad es cierta, y que se resume en la ya clásica frase de Baudelaire: "El truco más astuto del Diablo es convencernos de que no existe".

UNA INTERPRETACION CRISTIANA DE LA BREVISIMA HISTORIA DEL DIABLO

 

¿Por qué dije al comienzo de este artículo que al menos en un punto esencial la doctrina cristiana coincide con el arco argumental de los X-Files? Veamos. Los X-Files tratan de una conspiración a escala planetaria mediante la cual poco a poco vamos siendo invadidos por extraterrestres sin que la gran mayoría de humanos lo perciba (para efectos prácticos no tomaré en cuenta que según esta misma serie, puede haber humanos cómplices de los extraterrestres, lo esencial es que estamos siendo infestados por invasores espaciales, y existe un gigantesco complot para que sólo se note en el último y fatal momento). Paradójicamente, algunos filósofos y teólogos de línea cristiana, han llegado a esta misma conclusión, pero sustituyendo a los extraterrestres por Satanás. Según ellos, el desarrollo de la historia humana durante los últimos siglos, muestra que esa sería la estrategia del Príncipe de las Tinieblas (vuelvo y pido al lector que recuerde que para efectos de este texto estamos asumiendo que el Cristianismo es por entero verdadero). La historia humana sería resumible, según ellos, en los siguientes términos: En un primer momento los hombres no tienen conocimiento del Diablo ni de la existencia de una entidad sobrenatural maligna actuando sobre el universo. En un segundo momento acaece la revelación cristiana y entonces, para sorpresa de los humanos que nos creíamos solitos en este planeta, el mismo Dios se muestra y explica por qué el universo se encuentra como se encuentra, así mismo, y muy tangencialmente, se revela a los humanos que existe un ser denominado Satán, con las características ya precisadas. Animados ante el descubrimiento, durante siglos los hombres se dedican a estudiar este sobrehumano personaje, pero entonces El Diablo (quien según los cristianos también hace la historia humana), piensa que la estrategia de ataque sobre los humanos debe ser modificada. ¿Cuándo ocurrió esto? Según los exégetas pudo haber ocurrido alrededor de los siglos XV y XVI cuando el llamado Renacimiento abre las compuertas a la Modernidad en la cual nos encontramos. A partir de entonces, la estrategia de Satanás para mejor cumplir con sus propósitos, consistiría en pasar desapercibido y para ello él mismo habría iniciado el rumor de que él no existe y que lo sobrenatural no es sino un atavismo de tiempos más ignorantes. Siguiendo con esta tesis, eso explicaría el desastre en que nos encontramos sumidos en este momento de la historia: Al acabarse la idea tanto de Dios como del Diablo, se acaban los parámetros desde los cuales definir tanto el bien como el mal y se concluye que el bien y el mal son relativos, puras invenciones humanas. Si el bien y el mal sólo son palabras sin contenido efectivo, los hombres no tenemos ninguna ética por seguir y por ende somos libres para hacer lo que nos dé la gana. En la práctica puede que patear en el estómago a una mujer embarazada sea peor visto que comerse un emparedado de jamón y queso, pero lo cierto es que desde un frío análisis ético, ambos son actos equivalentes y ninguno es mejor que otro. ¿Y si ningún acto es mejor que otro, qué nos queda? Pues nada. Podemos hacer lo que nos proponía Sade: Dedicarnos a buscar el placer por el placer y, ¡qué curioso! ¿Qué es lo que se nos propone desde hace unos cincos siglos más o menos? Pues eso. Se nos dice lo que plantea cierto personaje de Los Hermanos Karamázov de Dostoievski: "Si Dios no existe (y podríamos añadir: Si El Diablo no existe), todo está permitido". Hace cinco siglos todas las escuelas y universidades del mundo repiten lo mismo: "Haz de tu vida lo que desees"; hace cinco siglos todas las tertulias de amigos del mundo aconsejan lo mismo: "Haz de tu vida lo que desees"; hace cinco siglos los padres de familia de todo el mundo aconsejan lo mismo a sus hijos: "Haz de tu vida lo que desees"; hace cinco siglos todos los medios de comunicación venden la misma idea: "Haz de tu vida lo que desees". Lo curioso - y lo aterrador- de este masivo acuerdo de opiniones en el mundo desde hace cinco centurias, es que desde el comienzo de los siglos, El Diablo fue definido como aquel que hace de su vida lo que él desea, no lo que es bueno.

Bueno, me preguntarán ¿y hacia adelante qué nos espera entonces? Según estos pensadores, El Demonio ya ha logrado un triunfo incontestable: Nadie lo ve aunque lo tenga frente a sus narices, nadie cree en lo sobrenatural, y se ridiculiza como "ignorantes" a quienes no piensan como piensa la mayoría. Desde hace cinco siglos, el hombre moderno está dedicado a sacarle hasta la última gota de placer a la vida, a amasar todo el dinero que pueda, a conseguir todo el poder que le quepa en las manos. Salvo excepciones, todos en el mundo estamos dedicados al placer, al dinero, al poder y a nuestro ego ¿Así qué podemos esperar sino lo que ya vemos en el mundo? La mayoría de personas ve como bueno lo que es malo y como malo lo que es bueno, y parece que la confusión aumentará incluso más. Basándose en esta situación, Leonardo Castellani nos recuerda una frase enigmática del Cardenal Newman, en la cual podría estar resumido el futuro de la especie humana:

"El Anticristo se parecerá a Cristo; por tanto, Cristo se parece al Anticristo".

Según la sugestiva interpretación de Castellani, esa frase lo que indica es que si en este momento los cristianos la tienen difícil, muy probablemente en el futuro la tendrán aún peor. En este siglo XXI que está naciendo, la Iglesia Católica (que según Castellani es la única verdaderamente cristiana) soporta su mayor grado de desprestigio en la historia, se la tiene como una sociedad totalitaria e intolerante, es decir, se la piensa como un Anticristo. A medida que pase el tiempo, la única Iglesia verdaderamente seguidora de Cristo que es la católica, continuará siendo más y más desprestigiada, rechazada y odiada, aparecerán cada vez más personas que desde todos los rincones del mundo la señalarán como Anticristo. Se cumplirá al pie de la letra la aseveración newmaniana : Cristo -es decir, la Iglesia- será visto como el Anticristo, el Anticristo -es decir, los que no acatan la palabra de Dios- se autoproclamará como el auténtico seguidor de Cristo.

El complot, como podrá observarse, es perfecto: Ya Satanás ha conseguido que se le olvide en el mundo y que se haya vuelto muy difícil distinguir qué es lo bueno y qué es lo malo; ahora, ha iniciado la fase para conseguir que los seguidores de Dios sean vistos como seguidores de El Diablo, y que los seguidores del Diablo -los que hacen su propia voluntad, y no la voluntad divina- sean vistos como los seguidores de Dios. Posteriormente, como se predice en El Apocalipsis de San Juan, los cristianos -es decir, los católicos- volverán a ser perseguidos como ya les ocurrió en los primeros siglos bajo la dominación romana, y sufrirán aún más que en aquellos aciagos años bajo emperadores como Nerón. Sea uno cristiano, o no lo sea, lo primero que se le viene a uno a la cabeza una vez se escucha esta historia del cosmos que propone el Cristianismo, es que si tal historia es cierta, ese sí es el mejor argumento de terror y literatura fantástica de todos los tiempos. Lo segundo es que si tú -querido lector- eres cristiano, debes prepararte para que en algún momento desconocido del futuro, tú, o tus nietos, o tus tataratataratataranietos, sean vueltos a cazar como animales.

 

UN CONSUELO

 

Claro que para ser justos, los cristianos no culminan la historia del universo en este punto de la victoria de Satanás. Según ellos -y como ya es sabido- cuando los cristianos estén más arrinconados que nunca y su número se halle angustiosamente cerca a cero, sucederá la Parusía o Segunda Venida de Cristo que marcará el fin de los tiempos. El Demonio estará muy pero muy cerca de la victoria, pero a la larga acabará derrotado. Si quieren, como me lo propusieron alguna vez, podemos ponerlo en términos futbolísticos. En este momento el Diablo va adelante en el marcador más o menos con un 11 a 1, en un cierto lapso meterá aún más goles y pondrá las cifras 30 a 1 o 40 a 1. No obstante, la escatología cristiana predice que el marcador final le será adverso a Satán ¿41 a 40? ¿11.364 a 40? ¿Infinito a 40? Nadie lo sabe.

 

PERO ¿Y QUIEN ES EL DIABLO?

Con todo lo que ya hemos mencionado hasta aquí, creo que ya se tiene una idea muy general acerca de Satanás; empero, me gustaría agregar algunas observaciones respecto de la identidad y características personales de este ángel caído.

1) El Diablo es un ser que se autocanibaliza. El Diablo es un ser que entre El Ser y La Nada, elige La Nada; que entre La Felicidad y La Tristeza, elige La Tristeza; que entre Dios y él mismo, se elige a sí mismo ¿Cómo entender esto? Recordemos que el rasgo principal de Satán es la soberbia, el no admitir que es un ser dependiente de otro y que él -como todos los seres creados- es incapaz de llenarse a sí mismo. Por supuesto que hace tiempo Satán se dió cuenta de que estaba equivocado, pero su misma soberbia lo lleva a persistir en la equivocación. De allí que sea tan acertada la descripción que hace Dante de Satanás en La Divina Comedia, allí se dibuja al Demonio en el centro del Infierno con los ojos sellados y la visión vuelta hacia adentro. El Diablo es alguien que caprichosamente ha cerrado sus ojos para no ver la luz ¿Qué pensaríamos nosotros de un hombre que un día resolviera jamás volver a abrir los ojos, por que él sólo quiere alumbrarse con su propia luz y no deberle nada a la luz exterior? Pues esa es la absurda decisión de Satanás y de allí que sólo él, y nadie más, sea el causante de su propia desdicha. Satán es el masoquista por antonomasia, alguien que sólo por que sí, ha decidido autotorturarse por toda la eternidad. La mejor manera de imaginarse a Satán es la siguiente: Es alguien que un día se ha cortado a sí mismo un brazo, que al segundo día, se corta una pierna, que al tercer día se corta la otra pierna, que al cuarto día se corta el otro brazo, que al quinto día se corta el tronco, que al sexto día se quita un ojo, al séptimo día se quita la nariz, al octavo día una oreja, y así ad infinitum. De haber sido un ángel con un tamaño superior al de todos los universos conocidos, El Demonio ya va hoy en día en una cienmilmmillonésima de átomo. Lo peor de todo es que siendo hoy esa misérrima cienmilmillonésima de átomo, todavía El Demonio se mantiene fiel a su pecado: Todos los días Satanás madruga a amputarse otro pedacito de lo que aún le queda; todos los días hasta su anunciado fin, Satanás se autoamputará otro pedacito de sí, se autocanibalizará.

2) El Diablo es una paradoja. ¿Cómo entender entonces que siendo cada vez más insignificante, hoy El Demonio tenga más poder que nunca en el mundo? A este respecto abundan las respuestas pero me limitaré a hacer dos aserciones: El Diablo es una paradoja, un escándalo de la razón. Además, y esto lo repiten los cristianos todo el tiempo, El Diablo es un misterio, no es alguien que pueda ser comprendido entre los pequeños límites del razonamiento humano.

3) El Diablo es un Kamikaze. ¿Recuerdan a esos aviadores japoneses que en la Segunda Guerra Mundial se arrojaban con todo y su avión contra las embarcaciones norteamericanas? No les importaba suicidarse con tal de causarle algún daño a los odiados estadounidenses. Pues El Diablo es así. Desde hace algunos siglos, con tal de que los hombres olviden a Dios, el Diablo está dispuesto a aceptar que los hombres lo olviden a él. Con tal de borrar a su enemigo, Satán está dispuesto a borrarse a sí mismo.

4) El Diablo es un idiota. ¿Cómo llamar a alguien que se automutila todo el tiempo, que se autocanibaliza todo el tiempo, y que se niega a abrir los ojos? ¿Acaso la mejor definición no es la de idiota? Sabiamente, los teólogos cristianos de la Edad Media definieron así a Satanás. Empero, la Modernidad y los diversos Romanticismos han querido vender la idea de que Satán es sofisticado, inteligente y caballeroso. En nuestro tiempo, Burton Russell ha dado en el clavo cuando define a Satanás como alguien que se regocija cuando una bomba de napalm quema la piel de un niño. Esa cretinada que no tiene nada de sofisticada, inteligente o caballerosa, es Satán.

5) El Diablo es un caso juzgado . Por siglos los hombres se han preguntado si no es una contradicción de la misericordia divina, que siendo Dios toda la bondad, sin embargo El Demonio haya sido condenado por toda la eternidad. Escritores desde Orígenes de Alejandría hasta Victor Hugo en nuestros días, han planteado la posibilidad de que al final del tiempo, Satán sea perdonado. No obstante, a este respecto hay un hecho que se opone a esta tesis: En el Nuevo Testamento, cada vez que Jesús se refiere a Satanás, lo hace dando a entender que "El Príncipe de este mundo" ya es un caso perdido, que es un ser donde ya no es posible la vuelta atrás. De allí que algunos teólogos sugieran que de algún modo desconocido para nosotros los humanos, Satanás ha cruzado una barrera desde la cual no es posible volver. Además, recordemos que el castigo de Satanás no es una acción impuesta por Dios, sino un autocastigo. Dios sólo le ha pedido a Satanás que abra los ojos, pero éste sólo ha apretado más fuertemente los párpados.

 

¿EXISTE SATANAS?

Ante esta pregunta es claro que la respuesta depende de si somos o no cristianos. Si somos cristianos, somos más proclives a responder positivamente, que si no somos cristianos. Pero primero preguntémonos qué indicios, si no somos cristianos, podrían argüirse a favor de la existencia del Demonio. En este caso podríamos señalar lo siguiente:

1) Los humanos conocemos un rango muy precario de la realidad. Decía Thomas Alva Edison, que los humanos sólo conocemos "un cienmilmillonésimo de nada" y esto es hoy más cierto que nunca. Los avances de la ciencia contemporánea no sólo han aumentado el tamaño de nuestro conocimiento, sino que -paradójicamente- también nos han asombrado ante el tamaño de nuestra ignorancia. Lo que hoy sabemos y quizá lo que en un futuro remoto llegaremos a saber, parece que siempre distará de modo sideral de todo lo que hay por aprender. Así pues ¿Cómo descartar ciertas ideas solamente con base en la miseria que sabemos? Quien descarta a Satanás basándose en los datos actuales es como quien conociendo únicamente el jardín de su casa, niega que existan los elefantes por que jamás en su larga vida ha visto que un elefante asome su trompa por el jardín. En vez de hacernos más soberbios, el conocimiento debería hacernos más humildes.

2) Es ingenuo pensar que algo no existe por que no se lo ve. Eso es como negar que los microbios existen por que a simple vista no los vemos, o negar que hay radiaciones infrarrojas sólo por que no las captamos. La ciencia moderna nos ha permitido descubrir que la realidad es mucho más de lo que perciben nuestros sentidos, que existen "seres invisibles" y "hechos invisibles" para nuestro limitado campo de percepción Entonces, ¿cómo negar a Satanás sólo por que no lo percibimos?

3) En sentido estricto la ciencia nada puede afirmar o negar a este respecto. Por definición la ciencia no se ocupa de seres extra-naturales, tan sólo se ocupa del radio de lo natural y se limita a callar respecto a lo que queda por fuera de tal radio. Este es el caso de Satanás; desde el ámbito de acción propio de la ciencia, no es ni verificable ni refutable.

4) El mal que produce el hombre no es equivalente a todo el mal del universo. Como anotábamos anteriormente, el mal que ocurre en el universo desborda el mal que ocasiona el hombre. Este es un universo donde existen el sida y el cáncer, un universo donde los animales se devoran unos a otros, un universo donde ocurren ciclones y terremotos ¿Alguno de esos males los produce el hombre? Todos los humanos constatamos que el universo que habitamos es un universo desordenado, despiadado, sin misericordia para los débiles, los pequeños o los ancianos. Pero hay más. En una provocadora tesis, Burton Russell ha llegado a sugerir que incluso ciertas tragedias humanas no son totalmente atribuibles a la maldad humana. Toda la maldad que los humanos destilaron durante la Segunda Guerra Mundial no alcanza para explicar Auschwitz o Hiroshima, no alcanza para explicar la probable destrucción del Planeta Tierra debido a la proliferación de armas nucleares. Según Burton Russell, en ejemplos como estos nos hallamos ante un mal cualitativamente diferente del humano, un mal de carácter cósmico.

Por supuesto, la consideración de la existencia de Satanás cambia si somos cristianos. Empero, se equivocan quienes creen que los cristianos mantienen una opinión monolítica al respecto. Aquí también, Satanás es un factor de división. Hay un grupo de teólogos y escritores escépticos, para los cuales Satán sólo es una metáfora del mal, pero no una persona. Sostienen ellos que El Diablo no hace parte de La Revelación, y que tan sólo es un contagio mazdeísta y gnóstico que los judíos sufrieron tras su largo período en el exilio. Así mismo, argüyen que las palabras pronunciadas por Jesús acerca del Diablo en el Nuevo Testamento, en realidad El no las pronunció , y que abusivamente los evangelistas pusieron en boca de Cristo lo que Este nunca dijo. Agregan, que en el caso de que Jesus sí hubiera pronunciado tales palabras, seguramente las dijo como un recurso pedagógico para dirigirse a la gente de su tiempo, o que, sencillamente, Cristo estaba equivocado. Sus dos últimas aseveraciones son que sostener la creencia en El Diablo es moralmente nocivo, en tanto le quita responsabilidad al hombre en el mal, y en tanto que todo el mal en el mundo sí es completamente explicable en términos del pecado humano (última tesis que, personalmente, no sé de dónde la sacaron).

Frente al grupo escéptico, se erige un grupo de cristianos creyentes en la existencia de Satanás (por ejemplo los teólogos Ratzinger o Laurentin), para los cuales los escépticos son cristianos que se han dejado contagiar de algunos supuestos discutibles de la Modernidad. Estos creyentes en la existencia de Satanás, recuerdan que la crítica bíblica moderna ha caido en el error de introducir supuestos contemporáneos para comprender el pasado, que sólo acaban deformando la intención original de los autores bíblicos. Para acceder a la intención original de quienes escribieron La Biblia, es imperioso deshacerse de las incrustaciones de ciertas modas del momento, que conducen a leer las escrituras de un modo distinto al que pretendían sus autores. Sostienen también, que todo el Nuevo Testamento muestra a un Jesús que cumple su tarea creyendo en la acción de fuerzas demoníacas, que al lector contemporáneo esta actitud de Jesús le parezca ridícula o vergonzosa, es problema del lector contemporáneo pero no de La Revelación. En tercera instancia, llaman la atención sobre el cronocentrismo (creer que nuestro tiempo, y no otro, es quien posee la verdad). Se cae en cronocentrismo cuando se piensa que el siglo I fue oscurantista respecto de la Modernidad, que la visión bíblica del mundo es inferior a la del historiador moderno, o que Jesús y sus apóstoles no eran tan cultos como los hombres de hoy. Rechazar la creencia en El Diablo sólo por que va en contra de las suposiciones modernas, en últimas lleva a rechazar también la Encarnación y la Resurrección. Para terminar, estos pensadores añaden que la creencia en El Diablo no es socialmente dañina, ya que el Cristianismo sostiene que Satanás no puede obligar a pecar a nadie, y que el hombre sí tiene responsabilidad en el mal.

SOBRE LAS POSESIONES DEMONIACAS

¿En verdad suceden posesiones demoníacas así como las que popularizó en los años 70 El Exorcista? De nuevo la respuesta depende de nuestra creencia o no en el Cristianismo, y de si al interior del Cristianismo somos del ala escéptica o del ala creyente. Para no entrar en detalles en un tema tanto espinoso como extenso, digamos solamente que para muchos psiquiatras y cristianos escépticos, las posesiones no son sino una de las raras variedades de la psicopatología. En cambio para otro grupo de expertos, las posesiones -en tanto La Biblia habla de ellas y Jesús también fungió como exorcista- son un hecho que la Iglesia ha debido presenciar y presencia aún a lo largo de la historia. Lo que aquí quisiera destacar es cierta tesis de Laurentin, de acuerdo con la cual, El Diablo posee ciertas personas como una suerte de "alivio" a su desdicha eterna. Cuando El Demonio posee a una persona, generalmente lo hace para tomarse unas "vacaciones" de ese "lugar" de angustia eterna que es El Infierno. Permaneciendo en una persona y no en su hórrida morada, El Demonio no sólo se da el gusto de contagiar algo de su dolor a algún individuo, sino que consigue por un tiempito que su dolor se apacigüe un tanto.

 

PARA CONCLUIR

Después de este resumidísimo panorama que no le hace justicia a un asunto tan delicado e ilimitado, para concluir sólo quisiera mencionar tres puntos:

1) Desde la perspectiva del Cristianismo creyente en El Demonio (que es la de Laurentin), Satanás no es sólo un símbolo o sólo una realidad. Satanás es tanto símbolo como realidad . ¿Acaso -pregunta el teólogo francés- toda realidad no es también un símbolo? ¿Acaso Jesús no es tanto símbolo como realidad? ¿Hitler no es tanto símbolo como realidad? La verdad también se expresa mediante símbolos, y el hecho de que un lenguaje sea simbólico no significa que no sea verdadero. El Diablo es una realidad misteriosa e invisible, que por tal razón sólo es expresable mediante los símbolos que utiliza La Biblia. A la persona real llamada Satanás sólo podemos acceder mediante el símbolo de Satanás.

2) Al interior del Cristianismo, El Diablo no es objeto de dogma, aunque por lo menos un par de concilios han afirmado su existencia. El Diablo es una enseñanza indirecta de La Revelación. A La Biblia, el Magisterio y la Tradición, no le interesa contarnos detalladamente quién es El Diablo y cuáles sus características, sino revelarnos lo necesario para que sepamos cómo combatir a este ser. Por que respecto del Diablo, quizá esto es lo fundamental: No es tanto un ser a quien debamos entender, como un ser a quien estamos en la obligación de enfrentar.

3) A modo de colofón, quisiera dejar a mis lectores con una paráfrasis de un texto judío. Cierta frase jasídica dice que "Quien cree en milagros sólo es un tonto, pero quien no cree en ellos es un hereje". Refiriéndonos al Demonio yo parafrasearía la sentencia así :"Quien cree en El Demonio sólo es un tonto, pero quien no cree en él, también es solamente un tonto".

 

 

Bogotá, Marzo de 2001

Re: Ensayo: ¿Y si el Diablo existe?

Hola Ricardo! Se acuerda de mi? Mailyn, estudiante de la Universidad de la Salle, trabajamos este tema en clase, bueno pero este no es en verdad la intención de mi comentario, es una excusa para saber cómo está, para saber si podriamos retomar un poco el contacto por este medio o por mail. Vivo hace año y medio en Francia, hago una maestría en Investigación en Francés, y usted? Me alegraría que nos pudieramos hablar. Mailyn Galindo

Re: Ensayo: ¿Y si el Diablo existe?

Es realmente digno de admiracion la forma como a sintetizado el tema del enemigo , de los seres humanos pero extrayendo de tu propio ensayo el enemigo se canibaliza a si mismo ,huye de la luz cree que es autosuficiente y que no necesita de redencion ademas insulta de manera ignorante la soberania de nuestro padre con respecto a su dominio sobre los seres humanos y trata de llevar al maximo de ellos ha seguir sus vanas pretenciones te digo que millones de seres humanos le siguen sin saberlo, la puerta esta abierta solo hay que salir del engaño.No es posible salir del engaño a menos que nos desagamos de nuestra vana pretencion de que nos podemos justificar mediante nuestros propios esfuerzos y asi poder justificar la vida en la carne separados de nuestro padre, cuando el hombre fue creado fue hecho para estar en comunion con Dios no para vivir separado de el , nuestro padre ha hecho un gran esfuerzo para demostrarnos su amor incondicional acerca el momento en que los que se reconcilien con el volveran ha estar nuevamente con el , como asimismo los que le rechacen se quedaran
y seguiran en esclavitud

Salgan , de la esclavitud y de la postestad del enemigo y conviertanse ha Dios-

Re: Ensayo: ¿Y si el Diablo existe?

En mi opinion yo que sinseramente no soy tan cristiana creo que el diablo si existe como siempre un universo no puede ser creado por uno solo (el bien) sino que tiene que ser creado por dos (el mal) el Diablo y Dios son realmente enemigos no podemos descubrirlo pero es muy posible como podra saber yo no puedo opinar correctamente por oviamente mi edad, yo con mis 11 años opino esto
Nicole Zambroni

Re: Ensayo: ¿Y si el Diablo existe?

Si es que el diablo existe, entonces se disfraza de Dios, o si no lo crees dime:
-Quien era el dios al que adoraba Saulo, el que perseguia cristianos.
-Quien era el dios cruel de la inquisicion.
-Quien era el dios racista del Ku Klux Klan.
-Quien es el dios del dinero (que esta impreso en los dolares)
-Quien es el dios que manda a los terroristas a matar americanos.
-Quien es el dios de la guerra.
-Por que ese dios parece mas bien un iracundo superhombre?

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