Ciencia Ficcion Hispanoamericana

LOS ÚLTIMOS AÑOS DE LA CIENCIA FICCIÓN LITERARIA EN HISPANOAMÉRICA

UN POSIBLE COMIENZO

En Hispanoamérica, mucho de lo realizado (no sólo en la materia que nos interesa) parece nuevo y existe la impresión que todo está por hacer. En terrenos de la literatura de ciencia ficción, este continente que sueña y habla en español, ha incursionado con relativo éxito, y aunque algunos de los autores contemporáneos parecen copiar los modelos impuestos desde otras tierras y lenguas, un pequeño recorrido por el pasado, nos demuestra que aquellos contados pioneros, en cierto modo antecedieron a los modernos y reconocidos padres del género a nivel universal. Este intento de ensayo, abordará los orígenes, pero sobre todo los presentes y la posibilidad de los mañanas.

por Dixon Moya

A Carmen Patricia, quien dentro de la incertidumbre del porvenir, es lo único cierto en mi presente.

INTRODUCCIÓN.

"La carrera a 150 kilómetros por hora hacia la máquina de escribir es una cura certera contra el desenfreno de la vida y la realidad de la muerte. Apresúrense a vivir. Sí, por Dios. A vivir y a escribir. A toda prisa".

Ray Bradbury.

 

 

La historia de la ciencia ficción literaria, parece reciente pero su antecedente como manifestación de la fantasía, reflejada en la mitología, conjuros de hechicería, fórmulas fallidas de alquimia, libros sagrados de religiones eternas, se remonta a los orígenes de la escritura en las antiguas civilizaciones. En Hispanoamérica, mucho de lo realizado (no sólo en la materia que nos interesa) parece nuevo y existe la impresión que todo está por hacer. En terrenos de la literatura de ciencia ficción, este continente que sueña y habla en español, ha incursionado con relativo éxito, y aunque algunos de los autores contemporáneos parecen copiar los modelos impuestos desde otras tierras y lenguas, un pequeño recorrido por el pasado, nos demuestra que aquellos contados pioneros, en cierto modo antecedieron a los modernos y reconocidos padres del género a nivel universal.

Este intento de ensayo, abordará los orígenes, pero sobre todo los presentes y la posibilidad de los mañanas. En concreto, se inmiscuirá con el trabajo de los creadores de los últimos decenios, con el fin de realizar un diagnóstico (más de lego que de especialista), sobre una forma de escritura que puede brindar nuevas posibilidades tanto en forma y contenido, a la hora de contar las mismas historias sobre el hombre y su entorno, como cualquiera de los demás géneros literarios reconocidos, pero sin sufrir el estigma de la calificación subestimada.

Personalmente valoro mucho la ciencia ficción, y si quisiera definirla diría que es el único género literario, el cual reconoce sin ambages ni vergüenzas, que se trata de una especulación, de una lucubración adornada, que puede tratar los temas eternos y conspicuos con la frescura e inocencia de lo pueril. Una palabra justa sería honesto. Muchos autores, estudiosos de la materia, de forma recurrente compilan los temas que a su juicio, caracterizan este tipo de libros y por extensión a sus autores: guerras nucleares, dominio de las máquinas, invasiones extraterrestres, caos demográfico, crisis ecológica. Pareciera que la ciencia ficción, fuera el panorama que reúne los miedos de los hombres. Yo lo veo simplemente, como una puesta en escena, lo científico en mi caso es la parafernalia, la escenografía que le da espacio a situaciones humanas, como en cualquier otro subgénero de la literatura. Por qué no existe la misma polémica si tomamos las novelas históricas o el teatro del absurdo. Repito con mala memoria a Ray Bradbury, poeta del futuro, quien dice palabras más palabras menos, que este tipo de literatura nos permite hablar del mañana, sobre las mismas cosas de hoy, pero sin sentir vergüenza o miedo. Por ello, en apartes del presente ensayo, hablaré de literatura de anticipación en un sentido más amplio.

Antes de entrar, en la pequeña pero esperanzadora puerta de la ciencia ficción hispanoamericana en general y colombiana en particular, se hace necesario una breve reflexión sobre la misma esencia de este género literario y sus dificultades, comunes a nivel universal.

LO PARADIGMATICO DE LA CIENCIA FICCIÓN.

Cuando se habla de la Ciencia Ficción, pareciera que hay varias premisas tomadas como ciertas. Como todo ejercicio intelectual, sería bueno controvertirlas no para negarlas de plano, sino para enfrentarlas a la duda, siempre benéfica.

En particular, me referiré a un postulado tomado como verdadero. La ciencia ficción es un subgénero literario y además secundario. Esta calificación de menor rango, injusta por demás, lo comparte otra disciplina de la literatura como lo es la novela policíaca. Sin embargo, la ciencia ficción aunque en principio se ubique en terrenos de la prosa (en cualquiera de sus manifestaciones, bien como cuento, novela o ensayo) trasciende, hallándose ciencia ficción en la poesía, sin olvidar que varios clásicos de la literatura universal, de orden fantástico, fueron los poemas épicos nacionales. Pero es un hecho, que existe la tendencia global a considerar la ciencia ficción como una modalidad menor (con honorables excepciones, dirán los críticos). Desde los modernos padres del género, Voltaire, Bergerac, Verne y Wells, pareciera condenada a ser vista como una variante de los relatos de aventuras, hecha para un público lector infantil y/o juvenil. Debe decirse que a esta percepción, contribuyó de manera elocuente, la aparición de un gran número de novelas de bolsillo, de calidad irregular, cuyas temáticas se concentraron en los aspectos vistosos como viajes a través del tiempo, encuentros con seres extraterrestres, el mundo en peligro etc. Ha ocurrido lo mismo que con aquellas novelas de caballería, quedando a la espera de un Cervantes que rompa la mediocridad, y aunque han aparecido autores de indudable e insuperable calidad, aun no se reconoce su aporte al mundo de las letras, por un sencillo, comprensible pero cuestionable motivo, lo que llamaré la venganza de la literatura, por la vinculación de la ciencia ficción con lo audiovisual. La literatura ve a la ciencia ficción, como una especie de hijo advenedizo, al cual repudia con su silencio y frialdad.

No puede olvidarse que la ciencia ficción, apartándola de la literatura fantástica que es tan antigua como el mundo letrado, y concentrándonos en sus dos componentes, ciencia y ficción, es de una relativa aparición a finales del s. XIX, coincidiendo con la invención de un artilugio que se constituiría en nuevo arte, el cinematógrafo. Cómo olvidar que una de las primeras películas de entretenimiento, y que se anticipó a la animación mecánica y computarizada, fue el "Viaje de la tierra la luna", versión del francés Georges Méliès sobre la novela de su compatriota Jules Verne. Desde entonces, la ciencia ficción ha tenido mayor incidencia en el mundo de las imágenes que en el de las letras, muchas veces sin pasar por el requisito previo de lo literario, hasta el punto que varias de las películas más vistas en la historia del cine, pertenecen al género. En este orden de ideas, la ciencia ficción ha traspasado límites, borrado fronteras, trascendido los canales de comunicación, contribuyendo en forma indirecta a la pugna entre lo audiovisual y lo literario.

Los libros, esas mágicas creaciones de papel, tinta y mentiras, parecieran estar condenados a la extinción frente a nuevas formas de comunicación electrónica, como el cine, la televisión e internet. La literatura pareciera no perdonarle a uno de sus hijos, que primero, haya previsto la fabricación y desarrollo de esos infundios mecánicos y segundo, los alimente con nuevas historias. La venganza secreta pero implacable, ha sido el desconocimiento de autores y obras.

LA CIENCIA FICCIÓN EN LA LITERATURA HISPANOAMERICANA.

Existe una premisa, no escrita pero pensada, no expuesta como hipótesis pero intuida, el idioma español no es apto para la escritura de ciencia ficción, sencillamente porque en nuestro medio no se ha desarrollado la ciencia, por lo tanto, no puede evolucionar la literatura que se dedica bien sea a su divulgación, especulación, o a la simple imaginación de nuevos inventos y/o descubrimientos ya que históricamente hemos sido pasivos receptores de tecnología y conocimientos.

Sin embargo, España y América Latina han sido territorios fértiles para la fantasía, hay claros ejemplos de ello, tanto en las culturas precolombinas, plenas de relatos mitológicos fantásticos y poéticos, como el mismo desarrollo de nuestro idioma en ese cruce de caminos llamado España. La ciencia ficción entendida como literatura de anticipación, tiene antecedentes claros en el idioma castellano, y los trataremos en los casos particulares de los países referenciados. Cómo olvidar, por ejemplo, a Alejo Carpentier y su "realismo mágico", antecesor directo y franco de ese cronista-poeta de lo maravilloso cotidiano, bautizado Gabriel García Márquez.

Pero si nos atenemos al significante ciencia ficción como tal, podríamos intentar una hipótesis, al decir que en Hispanoamérica, es una vertiente del modernismo, nacido en tierras americanas y trasladado a Europa. El modernismo es el nombre que recoge todas las manifestaciones literarias de Hispanoamérica a fines del siglo XIX, los autores latinoamericanos encabezados por Rubén Darío, asumen el nombre de "modernismo" (modus y hodiermus) como forma de arte que se identifique con los "tiempos modernos". Se buscaba una nueva dimensión creativa con características universales y cosmopolitas que pudiera "dialogar" con otras expresiones artísticas europeas como las de vanguardia. Aunque algunos autores limitan al modernismo a la poesía, este movimiento trascendió como expresión cultural, producto de los cambios sociales que se vivían en América Latina, la urbanización y aparición de una nueva clase social, la clase media, compuesta básicamente por comerciantes y burgueses con profesiones liberales, que empezó a desbancar a la oligarquía tradicional de origen rural hacendatario (cuando no feudal) y aspiración aristocrática. Esto enmarcado en la inserción de nuestros países en el sistema capitalista mundial, como productores de materias primas.

Es natural que este período de cambios económicos, políticos y sociales tuviera una manifestación artística, en una fase que se inició en 1880 y terminaría en 1914 con los albores de la Primera Guerra Mundial y la depresión económica. El escritor modernista, contempla un gran abanico de posibilidades creativas, pude pasearse por la tradición clásica occidental, con su carga ideológica y mitológica hasta explorar el desconocido oriente y sus civilizaciones exóticas, en ocasiones mezcla dos corrientes por definición excluyentes, como el realismo y naturalismo, sin abandonar del todo su pasado reciente romántico. En semejantes condiciones, no es extraño que surjan los primeros intentos de asumir la literatura de ficción científica y anticipatoria, como medio de expresión del ideal modernista, abierto a todas las posibilidades sin límites de tiempos ni espacios.

La historia de la ciencia ficción en Hispanoamérica, es similar con algunas variaciones, existe una vanguardia con una producción irregular en España, Argentina y México, países en donde más se ha difundido el género, especialmente durante las últimas décadas, así como las esporádicas apariciones de autores de las demás naciones de habla castellana. Aparecen relatos, novelas e incluso poesías que se anticiparon al mismo género a nivel mundial. En el siglo XX, la publicación de obras de ciencia ficción se intensifica, aunque en este caso la calidad no es proporcional a la cantidad. La mayoría de los textos rayan demasiado en lo científico (que en la tradición del género se denomina ciencia ficción dura) o lo demasiado literario (definida como ciencia ficción suave), aunque siempre se encontrarán honrosas excepciones, con el justo equilibrio. En el presente, con la aparición de Internet y publicaciones cibernéticas como algunos fanzines que ya existían en papel, pero aislados sin posibilidad de difusión masiva, la ciencia ficción trasciende lo meramente literario, para mezclarse con otros medios de expresión (cine, televisión, tiras cómicas, juegos de video), viviendo un extraordinario auge. Puede que esto promueva o termine por marginar aun más a su expresión literaria. Desde el punto de vista de los autores, es positivo, ya que se difunden sus creaciones, escritas en el papel real o en el espacio virtual. Así mismo tienen la posibilidad de crear espacios para conocerse mutuamente, e intercambiar ideas sobre el tema.

Luego de este genérico exordio, haré una sucinta relación de los países analizados.

ESPAÑA

La producción contemporánea de la literatura de anticipación en España, se explica como una de las múltiples manifestaciones de libertad, luego de la dictadura franquista. En los últimos veinte años, se han multiplicado las publicaciones, premios y concursos que estimulan la creación de este tipo de obras. Sin embargo, todavía existen voces que denuncian la falta de interés por parte de los editores por publicar bien sea las obras de ciencia ficción, o los textos de análisis e investigación sobre el género. Los antecedentes retroceden hacia las novelas de caballería, con su fuerte dosis de fantasía, sin embargo, más reciente, algunos de los grandes literatos del siglo XIX, prefirieron abordar la temática científica con carácter futurista, porque les permitía expresar o defender sus ideas de forma precisa, desechando las formas tradicionales. Es el caso de Leopoldo Alas (Clarín), José Martínez Ruiz (Azorín), Santiago Ramón y Cajal y Miguel de Unamuno, entre otros. Se encuentran autores menos conocidos, pero cuyas obras son descubiertas hoy con asombro. "El anacronópete", novela de Enrique Gaspar, es una obra que se anticipa a H.G. Welles y su máquina para viajar en el tiempo, así como "Teitán el soberio. Cuento de lo porvenir", escrito por Milo María Fabra, que cuenta la historia de un dictador apoyado por la tecnología, quien aspira a tener una máquina para leer el pensamiento y así controlar mejor a su pueblo. Una buena manera de acercarse a los inicios de la ciencia ficción española, es consultar "De la luna a Mecanópolis. Antología de la ciencia ficción española (1832-1913), compilada por Nil Santiáñez-Tió, Barcelona, 1995. Algunos de los cuentos incluidos, cuyos títulos permiten inferir su temática, son los siguientes: "Cuento futuro" de Clarín, "Un viaje a la república argentina en el siglo XXI" de Nilo María Fabra, "El fin de un mundo" de Azorín y "Mecanópolis" de Unamuno.

La década de los años ochenta ha sido considerada como una época gloriosa, en términos de creación e investigación sobre el género. Una novela que se menciona bastante es "Lágrimas de luz" de Rafael Marín Trechera, con un personaje trágico poético, metido en un drama del futuro, en donde se reflexiona sobre los grandes temas de la humanidad, algo que siempre ha sido la constante en las buenas obras, independientemente de su categoría literaria. En España, se ha destacado Domingo Santos (su verdadero nombre es Pere Domingo Mutiñó), y sin duda es el autor contemporáneo más prolífico, es catalán y su nombre es sinónimo de ciencia ficción. Nació en el año de 1941 en Barcelona, ciudad propicia para la fantasía sobre el futuro y los autores que especulan sobre el mismo, publicó su primera novela en 1959, la primera de una larga lista en donde sobresale "Gabriel", obra editada en 1962 y traducida a otros idiomas, caso excepcional en un autor hispanoamericano del género. Ha sido editor (Revista Nueva Dimensión) e impulsor de otros autores, uno de los más respetados y afamados premios literarios lleva su nombre. Otros autores importantes son Gabriel Bermúdez Castillo y Angel Torres Quesada.

Como dije, Barcelona es territorio fértil para la anticipación literaria. La Universidad Politécnica de Cataluña, convoca anualmente el premio UPC de ciencia ficción, no sólo para motivar la escritura, sino propiciar la divulgación de los avances científicos y la discusión necesaria sobre sus efectos. El principal impulsor del premio UPC, es otro de los nombres claves dentro del género en España, Miguel Barceló. El mencionado premio ha consolidado a escritores reconocidos, como por ejemplo Juan Miguel Aguilera, Elia Barceló, César Mallorquí o descubierto nuevos valores, como Javier Negrete o Daniel Mares. Uno de los estilos que ha imperado en España, dentro del universo de la ciencia ficción, es la llamada "opera espacial", caracterizada por las aventuras con viajes a otros planetas, o luchas contra extraterrestres, algo muy influenciado por el cine anglosajón. Aunque algunos defienden este tipo de escritura, que otros han catalogado de serie B (y en la tradición española, por ejemplo la exitosa "Saga de los Aznar" es prueba de ello), personalmente no creo que sea el camino a seguir por los nuevos autores, que estén decididos a encontrar su propia voz en la literatura futurista. A pesar de diferencias en los conceptos, la verdad hay un grupo de escritores y editores, que contra la corriente, siguen empeñados en la difusión de la ciencia ficción en España, aparte de los citados, aparecen Alejo Cuervo, Juan José Aroz y Pedro A. García Bilbao.

ARGENTINA

Argentina, como en muchos otros campos, parece un caso excepcional, varios de los clásicos del género nacieron en ese país, Borges, Bioy Casares, Cortázar, siendo el del medio quien más incursionó de forma directa y no tangencial, con la creación de la novela por excelencia "La invención de Morel". Existen autores contemporáneos, como Carlos Gardini quien nació en Buenos Aires en 1948, o Angélica Gorodischer nacida igualmente en la capital argentina en 1929 (aunque una de sus novelas más comentadas "Trafalgar", ha sido tachada como un ejemplo de los lugares comunes del género). Gardini además es traductor al español de varios títulos de ciencia ficción en inglés y ha ganado premios internacionales afamados como el UPC y el Ignotus.

Como en los demás países, es difícil rastrear el origen de la ciencia ficción en Argentina. Aparecen algunos relatos como un anónimo titulado "Delirio", que apareció publicado en un periódico en 1816, o "Argirópolis" (1850), obra utópica de Domingo Faustino Sarmiento. Sin embargo, es una mujer, Juana Manuela Gorriti quien en 1865, escribe el primer cuento de ciencia ficción, el relato titulado "Quien escucha, su mal oye", relato que iniciaría una historia llena de lugares comunes y apariciones espectaculares. La primera novela del género que nos ocupa, fue escrita por un argentino de ascendencia alemana, Eduardo Ladislao Holmberg (1852-1937), esta obra titulada "Viaje maravilloso del señor Nic-Nac", narra la travesía espiritual (se plantea la posibilidad de un desdoblamiento, en el cual el alma abandona el cuerpo), de un hombre a Marte y el descubrimiento de una comunidad residente allí. Adolfo Bioy Casares, cuando redactó el prólogo en 1940 de su "Antología de la literatura fantástica", no imaginaba que él sería uno de los altos picos de la ciencia ficción en castellano, al mismo tiempo que ponía en tela de juicio la denominación "científica" de algunos de los relatos de su compilación. Borges, uno de esos autores que se pueden mencionar sin necesidad de nombre, tan universal como una marca o un logotipo, es en mi consideración un escritor más cercano a la literatura fantástica, que en sentido estricto a la ciencia ficción, en cambio Bioy lo asume directamente en la obra citada y en "Plan de evasión". Sobre estas obras hay un excelente artículo de José De Ambrosio, publicado originalmente en la Revista Cuasar, número 22, Buenos Aires en octubre de 1990. Aparte de los mencionados Gorodischer y Gardini, se destacan Eduardo Julio Carlettti, natural de Buenos Aires (1951), quien aporta a su obra su condición de Ingeniero Electrónico y de Sistemas, lo que define su estilo hacia lo tecnológico, y Tarik Carson da Silva, escritor uruguayo, nacido en 1946 quien ha vivido en Argentina. En la actualidad, Argentina se destaca por ser uno de los países hispanoamericanos, en donde se ha desarrollado el Internet, como nicho de páginas especializadas en diversos temas, muchas de ellas en el campo de la ciencia ficción.

MEXICO

En México, los orígenes del género se remontan a un cuento escrito durante el siglo XVIII, por un monje franciscano Manuel Antonio de Rivas titulado "Las Sizigias y Cuadraturas lunares". Doscientos años más tarde y coincidencialmente en Mérida, Yucatán, Eduardo Urzáiz Rodríguez escribe la primera novela mexicana de ciencia ficción, titulada "Eugenia", cuadro de costumbres futuristas, ambientado en Villautopía, capital de la Confederación de Centroamérica. Pero si se habla de ciencia ficción mexicana, es imposible olvidar a Amado Nervo quien a comienzos del siglo XX escribió poemas y ensayos sobre temas de viajes y vida extraterrestres, así como relatos delirantes como "El sexto sentido" o "Los congelados", en donde prevé la animación suspendida.

Formalmente el género se inicia durante los años sesenta, de la mano de un colombiano, el mítico René Rebetez, como escritor de una colección de cuentos, "La nueva prehistoria" y como editor de la revista "Crononauta". La tierra mexicana también ha visto nacer o residenciarse allí a escritores dedicados a esta difícil tarea, como Alfredo Cardona, autor costarricense que prefirió la ciencia ficción dura, es decir, la que se inclina por la descripción del desarrollo tecnológico. Un artículo del periódico Reforma y escrito por Gabriel Trujillo realizaba la selección de los 10 libros esenciales de la ciencia ficción mexicana entre 1990 y el año 2000, los cuales a saber serían: "Los mejores cuentos de magia misterio y horror" del mencionado Cardona Peña, "Más allá de lo imaginado", antología de ciencia ficción mexicana, en donde sobresalen nuevos estilos narrativos como el "cyberpunk" o el "steampunk", "Misión to Mars" de Rodolfo Neri Vega (astronauta mexicano), escrita en inglés, "Frontera de espejos rotos". Compilación que según el autor demuestra la cercanía de la ciencia ficción estadounidense y mexicana, como ejemplo de una certidumbre, que Estados Unidos sigue siendo para México tanto una amenaza latente como un ejemplo a seguir. De las novelas publicadas, se destaca "La primera calle de la soledad" de Gerardo Horacio Porcayo, quien a los veinticinco años se convirtió en un clásico instantáneo, y primera muestra del cyberpunk. La creación del "Premio Puebla", en 1984 impulsó todo el movimiento de jóvenes escritores, que ahora se destacan.

CUBA

En Cuba aparece la ciencia ficción con la revolución, nacionalista o socialista, los especialistas lo dirán, de un grupo de barbudos comandados por Fidel, otro que no necesita de apellido para ser reconocido. Durante los primeros años de los sesenta, se vivió un período muy dinámico en la cultura, especialmente en la literatura representado por Carpentier, Lezama Lima, entre otros. De esta manera, aparecen los tres primeros libros del género, "Los papeles de Valencia el mudo" de Oscar Hurtado y "El fantástico libro de Oaj" y "El viaje", escritos por Miguel Collazo. No podría dejar de destacarse a Virgilio Piñera como fuente e influencia, en el círculo de escritores que se adentraban en la fantasía. Este movimiento que aparecía prometedor, se desvaneció en la siguiente década, cuando la producción literaria y artística en general, se trasladó a un plano más político de respaldo al régimen socialista, y se exigía un tipo de literatura realista con protagonismo del "pueblo", prácticamente no se publicó ninguna obra de ciencia ficción. El decenio de los ochenta, retomó de nuevo las temáticas de ciencia ficción, pero su lenguaje y tratamiento, delataba los ecos del panfletarismo de la década pasada. Nuevos autores aparecidos en los noventa, elevan la calidad literaria del género en la isla, concretamente Agustín de Rojas con sus novelas "Espiral" y "Una leyenda del futuro". Como muchas manifestaciones del espíritu humano, sería necesario, despojar a la literatura de ciencia ficción cubana de su base y sostén político, lo cual beneficiaría al género, al país y al mismo proceso revolucionario.

Ahora bien, abro un paréntesis necesario, sería injusto con Cuba y su sistema político, acusar sólo a ese país de una premeditada influencia ideológica, cuando somos testigos a diario de manifestaciones artísticas que promueven abierta o discretamente el sistema capitalista. En particular la ciencia ficción, ha sido útil instrumento de divulgación y propaganda, obras cinematográficas y televisivas, algunas basadas en novelas o cuentos, como "El día de la independencia", "Hombres de negro", o "V, la batalla final", para citar tres ejemplos claros. La conclusión válida para cualquier tipo de gobierno o estructura económica es la misma, la literatura y el arte en general debe ser independiente, ser un fin en sí mismo y no un simple medio, esto sin anular la capacidad crítica, que sirve para el progreso y desarrollo de cualquier sociedad.

LA CIENCIA FICCIÓN EN LA LITERATURA COLOMBIANA.

Escribir sobre la posibilidad de encontrar una tradición y evolución del género de ciencia ficción, en la literatura colombiana, es una premisa, que pareciera en sí misma, un buen argumento para ese tipo de escritura. Sin embargo, el hecho de no ser abundante la creación dentro del género de ciencia ficción en Colombia, no significa que no exista o que no sea de buena calidad.

Más que la ausencia de autores y obras de ciencia ficción en Colombia, es evidente la casi inexistencia de estudios y estudiosos sobre el tema, este capítulo se apoyará, casi hasta el punto de usarlo como muleta, en el análisis que realiza Campo Ricardo Burgos López, en un ensayo titulado "La narrativa de ciencia ficción en Colombia", Burgos López también es autor de una tesis de grado inédita titulada "La ciencia ficción en Colombia". En el mencionado ensayo, Burgos claramente identifica tres etapas de la producción literaria de ciencia ficción, la primera corresponde a aquellos textos que escapando de los "ismos" predominantes de su época, abordaron el tema fantástico. Estos intentos, que personalmente llamaré la prehistoria de la ciencia ficción colombiana, como la novela "El ángel del bosque" (1876) de Bernardino Torres Torrente o "De sobremesa" (1896) de José Asunción Silva, son utilizados para abordar tópicos fantásticos o modificadores de la realidad. Sin embargo, la ciencia ficción como género irrumpe en su segunda fase, desde 1930 hasta mediados de la década del cincuenta del pasado siglo, y se inicia con la publicación de la novela "Una triste aventura de catorce sabios", (1928), del escritor barranquillero José Félix Fuenmayor. La tercera y definitiva etapa, se inicia desde 1950 y aún no se ha cerrado, es el momento de aparición de los escritores que de forma decidida han trabajado el género, y no de forma espontánea o esporádica como otros autores. Concretamente dos creadores, René Rebetez (ya mencionado como pionero del género en México) y Antonio Mora Vélez, serían los únicos reconocidos en el exterior y por el pequeño círculo local que entiende sobre la materia.

Un reconocimiento especial, merecen las mujeres, concretamente dos que incursionaron en el género de la ciencia ficción, como pioneras a comienzos del siglo XX, nos referimos a Soledad Acosta de Samper con un texto titulado "Bogotá en el año 2000" (1905) y María Castello con el relato "La tragedia del hombre que oía pensar" (1935). La mujer como ser creador por excelencia, en un momento en que luchaba por el reconocimiento de sus derechos e inteligencia aporta dos interesantes obras, aunque lamentablemente el aporte femenino ha desaparecido en los últimos años de la limitada y escasa escena nacional.

Burgos reconoce que la producción en 70 años, es demasiado pobre, apenas catorce libros, entre los cuales como él dice se encontrarán detritus y quizás una perla. La calidad es irregular, y la mayoría de las veces se cae en los lugares comunes del género, implantados y popularizados por autores extranjeros, o por el desarrollo que el género ha tenido en los medios audiovisuales.

Hace unos años, apareció la primera antología de autores colombianos de ciencia ficción, titulada "Contemporáneos del Porvenir", compilación efectuada por quien se considera profeta y apóstol, el mayor exponente del género en nuestro país, René Rebetéz, el mismo que decidió viajar desde la paradisíaca isla colombiana de Providencia a otra lejana galaxia, en un desafortunado diciembre. Dicha antología, como toda colección, seguramente dejó por fuera buenos autores e incluyó otros de dudosa calidad, sin embargo, podría decirse que más que antología es una relación extensa de aquellos escritores que se han inclinado en algún momento, de su producción creativa, por esta rama de la literatura. Con la diferencia de estilos y temáticas, creo que se puede adivinar una secreta pero evidente intención, trabajar aquellos temas recurrentes de la ciencia ficción, pero desde una perspectiva particular, colombiana si se quiere, no exenta de la influencia garciamarquiana en el caso de algunos.

Siguiendo una de las temáticas frecuentes del género, como es la anticipación del porvenir, instaurada por Julio Verne, pienso que corren buenos vientos para la aparición de nuevos creadores literarios colombianos de ciencia ficción. En este caso, la calidad debería ir amarrada de la cantidad, necesitamos muchos autores que decidan o puedan publicar (en el caso colombiano, la edición no sólo corresponde al deseo sino a las posibilidades materiales y monetarias), creadores que publiquen, critiquen, e intercambien ideas sobre su trabajo. Sobre las temáticas, reitero que si bien siempre corresponderá al libre albedrío del autor, en mi opinión, necesitamos temas frescos que no se reduzcan a reproducir lo que otros ya han escrito en diferentes latitudes. Uno de mis particulares intereses como autor, es indagar por una ciencia ficción escrita desde la periferia, y sin descartar la posibilidad de ser generadores de adelantos científicos, reconociendo que generalmente hemos sido receptores y apenas manipuladores de los mismos. Es necesaria una ciencia ficción literaria, que dé cuenta sobre la forma cómo nos afecta el desarrollo científico y hasta dónde seremos capaces de modificarlo y crear sociedades diferentes a las que nos antecedieron e imponen desde afuera. De igual forma no creo que necesariamente, debamos alejarnos de nuestro entorno real para escribir argumentos de ciencia ficción, nuestra compleja y cruda, en ocasiones, cotidianidad circundante puede constituirse en una fuente rica de historias fantásticas. De igual forma, ojalá nuevos analistas y críticos se unan al unipersonal club de Campo Ricardo Burgos, con el fin de promover y evaluar a los noveles autores.

Para los jóvenes aspirantes a ser artesanos de este tipo de alquimia, nada más certero que el epígrafe que encabeza este modesto ensayo, escrito por un poeta de 80 años, con alma pueril y metido a escritor de ciencia ficción. Y vale la pena repetirlo, válido no sólo para la literatura de ciencia ficción, sino para toda la literatura y para la existencia misma, "La carrera a 150 kilómetros por hora hacia la máquina de escribir es una cura certera contra el desenfreno de la vida y la realidad de la muerte. Apresúrense a vivir. Sí, por Dios. A vivir y a escribir. A toda prisa".

Si bien no puede hablarse en sentido estricto de una ciencia ficción colombiana, ante la ausencia de una tradición, comparación constante y evolución literaria, tampoco puede negarse de plano y decir que no existe, pues los esporádicos pero brillantes autores lo desmienten. Esto sólo viene a confirmar, algo que trasciende la literatura y se inserta en nuestra conciencia psicosocial nacional, lo que llamaría la "premisa colombiana", nuestro medio es fértil para la aparición de individualidades no para colectividades.

En conclusión anticipada, que apela más a lo intuitivo, más a lo adivinatorio, es posible que por lo menos en el vasto campo de la literatura de ficción científica, Colombia todavía tenga futuro...

CONCLUSIONES INCONCLUSAS.

"Las predicciones son difíciles, especialmente cuando se trata del futuro", decía en frase apropiadamente simplista el jugador de béisbol Yogi Berra, mucho más si se trata de ciencia ficción, agregaría. Sin embargo, se pueden lanzar varias ideas sobre el desarrollo de la ficción científica y futurista en Hispanoamérica.

El idioma español sí es apto para escribir sobre temáticas que vislumbren el mañana y los cambios científicos y tecnológicos. Así como nuestros hombres de ciencia, demuestran que pese a las limitaciones, son capaces de originar descubrimientos e invenciones, nuestros literatos también pueden interpretar dichos adelantos y transformaciones. Hispanoamérica, en especial la parte americana de esta palabra compuesta, lleva una carrera en desventaja contra el resto del mundo. Sólo hace un poco más de quinientos años se le reconoce en los mapas de la geografía y los hombres mestizos que la habitamos, quienes mezclamos saberes, sentires y vivencias de las raíces de continentes lejanos con los autóctonos, intentamos alcanzar el desarrollo y el progreso de otras latitudes, con la contradicción permanente de sufrir los síntomas de la miseria y la injusticia social. No es una tarea fácil, pero en campos como el literario ya se ha demostrado nuestra potencialidad transmutada en acto.

Los escritores modernistas, tuvieron la capacidad de nutrirse de diferentes fuentes, para crear novedosas formas literarias y entrar en un fructífero diálogo con otras manifestaciones del espíritu humano, e innovaron con la profesionalización de su arte. Del mismo modo, necesitamos que aquellos aspirantes a ser autores de ciencia ficción, no sólo se limiten a imitar los modelos anglosajones, sino que dentro de la realidad de aquellos temas inamovibles, que harían hasta cierto punto rígido al género, pueden descubrir en su propia cotidianidad una cantera ilimitada de historias. En el reino del idioma español, las mujeres descollaron en los orígenes de la ciencia ficción. Hoy no aparecen nuevas escritoras, cuando precisamente en otros aspectos de la vida cultural, la mujer se encuentra a la vanguardia, rescatando su condición de ser creador. He aquí un reto interesante y necesario para nuestras colegas.

En un continente como el hispanoamericano separado por un océano, pero territorio unido gracias al puente de la lengua, marcado por lo mágico en convivencia con lo cotidiano, no debería ser difícil hacer ciencia ficción, premisa que se repite y se amplía para el caso de Colombia, en donde lo real supera con creces lo fantástico, y lo cruel se une con lo pueril. Así que manos al lápiz, bolígrafo, máquina de escribir, computador o lo que venga a reemplazarlos, sólo la ciencia lo sabrá y la literatura lo anticipará.

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Bogotá, Colombia.

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