Las Visiones Peligrosas de Harlan Ellison

Visiones peligrosas

por Iván de la Torre

En 1967 Harlan Ellison era un joven escritor de 33 años que había sacudido al mundo de la ciencia ficción con su lengua afilada y dos cuentos ganadores del premio Hugo. Su siguiente desafío sería mas amplio y respondería a la corriente de renovación que había propiciado la nueva ola inglesa: una antología de relatos inéditos bautizada Visiones Peligrosas. Este artículo acerca un recorrido por cada uno de los relatos que recoge esta mítica antología.

En 1967 Harlan Ellison

era un joven escritor de 33 años que había sacudido al mundo de la ciencia ficción con su lengua afilada y dos cuentos ganadores del premio Hugo: Arrepiéntete, Arlequín, dijo el Tic-Toc Man; y No tengo boca y debo gritar; su siguiente desafío sería mas amplio y respondería a la corriente de renovación que había propiciado la nueva ola inglesa: una antología de relatos inéditos bautizada Visiones Peligrosas.

Visiones Peligrosas partía de una premisa arriesgada: publicar cuentos sin ninguna restricción por parte del compilador ni la editorial en cuanto a tema o estilo; algo que los escritores pedían desde siempre.

Obviamente podían nombrarse escasas excepciones que habían vadeado la censura y ser publicados: la novela de Philip José Farmer, Los Amantes, y sus relatos interconectados recopilados en Extrañas Relaciones; o el cuento de Theodore Sturgeon, Un mundo bien perdido, que hablaba de homosexualidad (lo que ocasionó la acusación de homosexual hacia el propio Ted). Pero eso eran: excepciones. Lo que Ellison quería era sacudir el campo y mostrar que se estaba cocinando en el afiebrado mundo de la ciencia ficción de los 60, permitiendo una apertura mental tanto de los autores como de los lectores mas conservadores.

El primer problema para su propósito fue el dinero: Ellison sabia que si quería conseguir relatos "inéditos" debía pagar el mismo precio que las revistas, y no el monto reducido que pagaban las antologías por incluir relatos ya publicados. Eso lo llevó a tratar con Larry Ashmead, reconocido editor de Doubleday que había trabajado con Isaac Asimov, quien se mostró interesado en el proyecto pero: "A menos que pueda indicarnos ustedes exactamente qué hay disponible en historias inéditas y pueda proporcionarnos un índice definitivo, no veo ninguna posibilidad de conseguir que este proyecto sea aprobado por nuestro Comité de Publicaciones".

El gasto fue mayor a los 1500 dólares que había ofrecido la editorial: "Visiones Peligrosas ha costado a Doubleday 3000 dólares, a mí 2700 sacados de mi bolsillo (y no de mis derechos de recopilador) y a Larry Niven 750, que puso voluntariamente de su bolsillo para que este proyecto pudiera realizarse."

El segundo problema fue conseguir buenos originales. Luego de un trabajo arduo, la antología reunió a 32 escritores que mezclaban clásicos, con recién llegados y desconocidos que participaban por primera (y en casos única) vez del género, algo que Asimov, autor del prólogo, mencionaba: "Si miran ustedes el índice descubrirán un cierto número de autores que eran importante en el período campbelliano: Lester del Rey, Poul Anderson, Theodore Sturgeon, etc. [...] También encontrarán, sin embargo, autores que son productos de los años sesenta y que sólo conocen la nueva era. Incluyen a Larry Niven, Norman Spinrad, Roger Zelazny, etc."

Visiones Peligrosas se publicó en tres libros separados, que contenían presentaciones individuales de cada cuento a cargo del propio Ellison, y un epílogo del autor explicando su obra. Esto llevaría a polémicas debido a las declaraciones de Ellison, como su afirmación acerca de la adicción de Philip K. Dick a las drogas ("Le pedí una historia a Phil Dick y la obtuve. Una historia que dará que escribir, bajo la influencia, si ello es posible, del LSD.") algo que este rebatirá en su novela póstuma Estación Albemut.

A pesar de ello, la obra funcionó como una bisagra, abriendo las puertas a toda una serie de antologías originales, y difundiendo la nueva ola inglesa en el conservador Estados Unidos.

32 Augures del dolor, la ironía y el sexo

Visiones Peligrosas I

El primer tomo contenía a un autor legendariamente provocador, Philip José Farmer, con su cuento Jinetes del salario púrpura, una obra extraña que ganó un Hugo y resucito la popularidad de Farmer entre los lectores antes de su gran éxito con A vuestros cuerpos dispersos, primer entrega de El mundo del río. Sin embargo, Jinetes del salario púrpura sufre la consecuencia de la manía por el lenguaje y la asincronía que propiciaba la nueva ola, mostrando un erotismo algo extraño en una trama deshilachada cuya fama posterior parece repetir el camino de hablar bien de algo porque todos lo hacen. Personalmente me parece una obra olvidable de Farmer, favorita solo para fanáticos.

También aparece Frederik Pohl, con un cuento menor sobre la trascendencia de ciertas noticias y su tratamiento en el menor círculo posible: el chiste pasajero. Lo más extraño es el epílogo, donde Pohl parece creer en la solución de un sacerdote para lograr la integración entre blancos y negros: "[el sacerdote] les anima a que lean ciencia ficción, con la esperanza de que lleguen a aprender, primero a preocuparse de los hombrecillos verdes marcianos en vez de los hombres negros norteamericanos, y segundo que todos los hombres son humanos... al menos frente a un enorme universo [...]" Algo que suena como "en vez de odiarnos entre nosotros, unámonos para odiarlos a ellos".

Brian Aldiss

y Robert Bloch no ofrecen nada nuevo; el primero con un cuento intrascendente sobre cañerías temporales y el segundo con una pobre continuación de su clásico Sinceramente suyo, Jack el Destripador.

A diferencia de Bloch, Ellison aprovecha el clima y narra la tercera parte del ciclo, situando a Jack en una aséptica y cruel ciudad del futuro...

Lo mejor llega con Moscas, de Robert Silverberg, una historia de vampirismo que sirve para mostrar lo que puede suceder cuando los extraterrestres deciden experimentar con seres humanos... algo que se volverá una obsesión de Silverberg en el futuro y que repercutirá en su obra (Espinas, El hombre en el castillo). El veterano Lester del Rey aparece con El canto del crepúsculo, que si bien no utiliza una idea deslumbrante, sale del paso usando la brevedad y la contención adecuadas al tema. Finalmente, Miriam Allen deFord sorprende con Sistema Malley, un método extremo para tratar a delincuentes en un futuro no tan lejano como terrible.

Visiones Peligrosas II

Visiones Peligrosas I

provocó mas de lo que el propio Ellison habia esperado, aunque el mismo habia ayudado a la publicidad del libro con sus polémicas, (y en ocasiones imprecisas), declaraciones. Esto se vera en el prólogo de la segunda parte, donde cuenta lo que habia pasado con el tomo I, desde el éxito de ventas, hasta los premios Hugos para él y para Farmer, finalizando en el rechazo y las cartas de los lectores, como la de una mujer de Filadelfia que lo increpaba duramente: "¡Que la maldición caiga sobre usted! La ciencia ficción tendría que ser algo hermoso. Con esa mente que tiene (?) debería estar usted limpiando letrinas y aún seria demasiado bueno."

En Visiones II Ellison volvió a incluir acertadamente a escritores generalmente alejados de la cf., como Howard Rodman, con su cuento El hombre que fue a la Luna... dos veces; una emotiva historia casi bradburiana, (en tema no en estilo) sobre los cambios del mundo y su secuela de perdidas en la capacidad de soñar y descubrir; y James Cross con La casa de las muñecas, que rescata un tema mitológico insertándolo en la actualidad.

Entre los autores reconocidos aparecen Philip K. Dick y su aporte a la relación que puede suscitarse entre religión y drogas, con La fe de nuestros padres; y Larry Niven, que muestra lo que puede suceder con el sistema de transplantes en el futuro en una historia entretenida pero no demasiado arriesgada; por su parte, Carol Emshwiller escribe una extraña pero fascinante historia sobre la atracción que ejerce un oscuro personaje sobre una mujer curiosa y Damon Knight escribe un contundente relato breve sobre Dios y el tantas veces vaticinado día después en ¿Cantará el polvo tus alabanzas?

Entre los relatos pobres aparecen Joe L. Hensley, amigo de Ellison, que participa con una historia que no sorprende ni aporta nada nuevo; Poul Anderson, con sus clásicos bárbaros de poco vuelo y Fritz Leiber con Voy a probar suerte, que posteriormente ganaría un Hugo, aún cuando o la traducción es muy pobre o el estilo frecuentemente alabado de Leiber se vuelve pesado y denso y no permite adivinar cual es la intención o el sentido de la trama.

Mención aparte para David R. Bunch, escritor mas reconocido por sus compañeros que por el público, que figura con dos cuentos: Incidente en Moderan y La escapada.

Visiones Peligrosas III

El tercer tomo, parte final de la antología, recoge en general buenos títulos: asi tenemos el retorno de Theodore Sturgeon a la ficción luego de tres años con Si todos los hombres fueran hermanos, ¿dejarías que alguno se acostara con tu hermana?, que plantea una interesante vuelta de tuerca sobre el incesto; La raza feliz, de John Sladek, y la descripción de la creciente dependencia humana a las maquinas; Kriss Neville y Desde la imprenta oficial del gobierno, una sorprendente visita al mundo infantil; J. G. Ballard con El reconocimiento y Angeles de Carcinoma de Normand Spinrad.

Entre los resultados decepcionantes, dada la fama de sus autores, pueden nombrarse ¿Que le ocurrió a Auguste Clarot? (Larry Eisenberg), La región de los grandes caballos (R. A. Lafferty), Judas (John Brunner) y Auto-da-fe (Roger Zelazny).

La gran sorpresa viene de Samuel R. Delany, con su asombroso relato ganador de un Hugo, Por siempre y Gomorra, que trata sobre los astronautas que van arriba y abajo, y la atracción irresistible que ejercen en ciertas personas: un excelente cierre a una antología revolucionaria en su tercera parte, que sigue, en sus mejores momentos, tan fresca, vigente y polémica como en el momento de su aparición, y que sería continuada dos años después con Again, Dangerous Vision (De Nuevo, Visiones Peligrosas, 1971)

...pero esa es otra historia, que alguien contara mejor que nosotros.

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