Entrevista a Pablo Capanna

Entrevista a Pablo Capanna

por Jorge Oscar Rossi
y Pablo Sapere

Pablo Capanna es uno de los principales referentes de la Ciencia Ficción Argentina, desde que publicó el ensayo El Sentido de la Ciencia Ficción (1967) demostró ser uno de los autores mas lúcidos y prolíficos dentro de este género en ese país y probablemente en toda Hispanoamérica. En esta nota recorremos sus inicios dentro de la CF, su opnion de las nuevas vertientes del género y muchas cosas más...

Pablo CapannaSi bien Pablo Capanna nació en Italia hacia 1939 todo su trabajo como filósofo, escritor y docente universitario lo realizó en Argentina.
A partir de su primer trabajo, El sentido de la Ciencia Ficción (de 1967, el primer ensayo crítico sobre CF escrito en español, y uno de los primeros en todo el mundo), Capanna siempre demostró su interés por el género, aportando algunas de las obrás mas lúcidas desde el punto de vista teórico.
Al revisar los títulos que ha publicado en relación a la ciencia ficción (básicamente ensayos) nos damos cuenta que estamos frente a uno de los autores mas prolíficos de este género en Argentina y probablemente en toda Hispanoamérica.
Capanna ha escrito: El sentido de la ciencia ficción (1967), La Tecnarquía (1973), El Señor de la Tarde, Conjeturas en torno de Cordwainer Smith (1984), El mundo de la ciencia ficción (1992), J. G. Ballard: El mundo desolado (1993), El mito de la nueva era (1993), Philip K. Dick: Idios Kosmos (1995), Excursos (1999).
También podemos sumarle sus trabajos como antologista y recopilador: Ciencia-Ficción: La otra respuesta el destino del Hombre (1976), Ciencia Ficción Argentina (1990) y El Cuento Argentino de Ciencia Ficción (1995). Finalmente mencionaremos su fecunda colaboración con revistas especializadas como El Péndulo y Minotauro.
Actualmente se lo puede leer con una cierta regularidad en el suplemento científico Futuro del diario Página/12.
Pablo Capanna es un referente ineludible de la Ciencia Ficción Argentina, por eso le propusimos este breve cuestionario que gentilmente aceptó responder.

Quinta Dimension: ¿Qué es lo que te atrajo al mundo de la CF?

Pablo Capanna: Me acerqué desde muy chico a las historietas: Flash Gordon, Buck Rogers, Brick Bradford. El primer libro que había leido era Los viajes de Gulliver. Descubrí que había una literatura de ciencia ficción con la revista Más allá, que devoraba mes a mes en la secundaria. La revista desapareció justo cuando entraba a la Facultad para estudiar Filosofía. Allí se ignoraba y despreciaba a priori el género, y eso me trajo algún disgusto cuando tuve que defender una monografía sobre Lovecraft (elogiada por Massuh) ante un profesor de estética lleno de prejuicios.
En la facultad se estudiaba Filosofía de la ciencia (la daba nada menos que Bunge), pero sólo se veía epistemología. Los aspectos especulativos de la ciencia no estaban, ni ahí ni en las cátedras filosóficas. Pero eso era lo que me había atraído a la cf: la especulación filosófica audaz, las visiones alternativas, los desafíos de la ciencia...

¿Por qué dejaste de leer la cf que se publica en la actualidad?

En los años sesenta, parecía que la cf iba a hacer grandes aportes a la literatura. Entonces pensaba yo que para el 2000, la cf ya no sería un género segregado, y que cualquier escritor habría asimilado sus recursos.
Eso no ocurrió. La cf creció como mercado comercial, pero se replegó sobre sí misma, contando con un público fiel pero aislado.
Además, me decepcionó la falta de ideas originales, y la repetición al infinito de los viejos temas. Ya en la época del Péndulo había dejado de actualizarme. Quizás eso no sea otra cosa que el cansancio que viene con la edad, pero el último libro de cf que me impresionó fue Un verano infinito, de Christopher Priest...

Parafraseando el título de tu libro "el sentido de la cf", ¿Considerás que hoy la cf perdió el sentido? Si así fuera ¿ por qué?

"El sentido de la cf" apuntaba a entender el hecho, ignorado entonces en la Argentina, de una literatura popular sin pretensiones estéticas que se atrevía con temas que nadie trataba.
Todo (o casi todo) lo que ocurre tiene sentido, y la cf también. Es probable que el sentido que hoy tiene el género sea otro, o por lo menos que aquel sentido haya cambiado, y alguien tendría que estudiarlo.

Hoy día, las nuevas generaciones de aficionados al género fantástico se vuelcan en gran medida al cómic, al cine, la televisión, los juegos de rol y los videogames. Parece que el libro de cf cada vez atrajera a menos personas. Es como que el género fantástico (entendido como arte comprensivo de varias disciplinas) estuviera "más vivo que nunca" (por cantidad de aficionados) pero una de sus expresiones, la literatura, perdiera terreno. ¿Qué se gana y qué se pierde con este cambio?

De hecho, para la mayoría de los lectores, la cf fue siempre entretenimiento: una fuga de la realidad cotidiana y un deseo de aventura.
La lectura obligaba a hacer un esfuerzo de imaginación; también daba tiempo para levantar la vista y pensar, a cerrar el libro y volver más tarde. Para quien sólo desea entretenerse, un espectáculo audiovisual donde los efectos especiales lo hacen todo evita todo ese esfuerzo y ofrece todas las emociones de la montaña rusa sin trabajo. Con los juegos de roles se logra más que eso: un delirio más o menos controlado similar al de una sesión de espiritismo. Además, allí el placer solitario de la lectura es reemplazado por el placer de la actuación: cualquiera se vuelve actor.
Por otra parte, el fenómeno abarca a toda la literatura de ficción: en general, también se venden menos novelas y cuentos.
Ahora bien, para quienes aspiran a algo más que entretenerse, la lectura sigue siendo única. En la lectura, uno tiene más libertad. Una gran novela le permite a uno hacer su propia película mental, y un ensayo nos da más para pensar que la Internet entera.

Se dijo alguna vez que la "función" de la cf era "preparar" mentalmente a la gente a las posibles evoluciones tecnológico-culturales de nuestra sociedad.
Con la llegada del año 2000 (fecha que durante todo el siglo XX simbolizó "El futuro") se ha convertido en un juego habitual pensar en los (escasos) aciertos y sobre todo los desaciertos de la cf. ¿Te parece que su fracaso como futurología puede disminuir la fuerza del género?

Cuando se habla de los fracasos predictivos de la cf se olvida que los escritores pensaban en una escala de siglos o milenios. Así y todo, algunas cosas acertaron: hay que releer a Dick para ver como intuyó la posmodernidad. En cuanto a los futurólogos profesionales (que trabajaban en el corto o mediano plazo) no pegaron una...
Además, muchos escritores del género no se proponían anticipar sino disuadir: no querían la guerra nuclear, querían asustarnos para evitarla.

Nos contaste que el género de terror no te interesa demasiado, ¿qué le falta o que le sobra a ese género para lograr tu interés?

Es apenas una cuestión de gustos. La última vez que me asusté fue con Soy Leyenda de Richard Matheson, cuando tenía 18 años (como verán, hace muuuucho...) en esa época me impresionó Lovecraft, precisamente porque trabaja más creando tensiones que haciendo exhibición de sangre y monstruos malignos. Por otra parte, me parece que el terror apela a ciertas tendencias sadomasoquistas que todos tenemos, pero que en mi caso no son demasiado fuertes.

El año pasado publicaste un libro sobre temas relacionados con clásicos de la cf. ¿Qué tiene que tener una obra para terminar convirtiéndose en un clásico? ¿Es meramente aleatorio o hay un denominador común que los identifica?

La mejor manera de saber si algo es un clásico es dejar pasar unos cincuenta años y ver si todavía nos dice algo. Los autores de los cuales me ocupé son los que me gustan (por diversos motivos), pero no pretendo que sean clásicos. Muchas veces me han reprochado no ocuparme de tal o cual autor, pero yo no soy ni Secretario de Ciencia Ficción de la Nación ni Profesor Titular de la Cátedra de CF. Soy apenas un lector más, que quiere compartir con otros lectores las cosas que le han gustado.

De tus autores preferidos, ¿qué es lo que más te impresionó? ¿Por qué se convirtieron en tus preferidos?

Me acerqué a esos autores por motivos aleatorios. Cordwainer Smith me impacto en la revista Minotauro, y luego cuando Souto trajo algunos libros suyos de USA quedé enganchado: más que por su calidad literaria (que, por ejemplo, impresionó a Luis Gregorich) por los misterios de su personalidad, tan cercana al poder imperial y al mismo tiempo tan evangélica.
Lewis me gustó desde temprano, a pesar de su conservadurismo. A Tolkien le desconfiaba cuando comenzó a ponerse de moda, hasta que un día lo descubrí. Encontré sus libros en Plaza Lavalle, apresuradamente vendidos por algún exiliado de la dictadura. Aunque el cuento de hadas no me atraía, Tolkien me sedujo, y sólo me cabe lamentar el merchandising a que luego ha sido sometido.
Ballard me interesó desde siempre, a pesar de su frialdad y lejanía. A Dick me lo sugirieron, pero durante tiempo lo rechacé, porque me parecía demasiado loco. Pero me metí en su obra y su vida, y me hice amigo. Con el tiempo, fui haciéndome una especie de Sociedad de los Amigos Muertos. Deseo y espero conocerlos a todos, algún día en otra parte. No me interesa dictaminar si son clásicos o no (para eso están Darko Suvin & Cía). Para mí son amigos, y deseo presentárselos a mis ( escasos) amigos lectores.

En Minotauro nº10 escribiste una breve "historia" de la cf argentina hasta 1985. Una de las características que saltan a la vista son las constantes expansiones y retracciones del género. ¿Cómo ves la cf argentina desde el 85 hasta el presente, dentro de ese marco?

No he seguido la evolución de las revistas amateur, algunas de las cuales son muy buenas. En cuanto al fandom, huí apresuradamente, a pesar de haberme hecho algunos amigos allí. Es un mundo bastante paranoide donde si uno saluda a X queda rotulado como enemigo por X y Z, pero por distintos motivos. De hecho, fuera del fandom parece haber una nueva retracción: después de Gardini, no han aparecido grandes talentos. Y sin embargo, películas como Moebius o La Sonámbula indican que algo (o mucho) está pasando fuera de lo estrictamente literario.

En ese mismo artículo señalaste que la cf argentina se caracterizaba por ser poco "científica" ¿A qué lo atribuís?

No es un problema de la cf, es algo propio de nuestra cultura. Basta ver como está el sistema de ciencia y técnica o comparar lo que ganan un investigador y un concejal para entenderlo. Los grandes diarios han eliminado el suplemento de ciencia, reemplazándolo con alguna página sensacionalista. Sólo en Página 12 sobrevive, gracias a Moledo.

¿Cuáles son tus proyectos futuros, dentro y fuera de la cf?

A pesar de estar en la tercera (o cuarta) edad, sigo teniendo más proyectos de los que voy a poder cumplir, y por ahora dejo para el final el de escribir mis memorias. En un par de meses sale en Ediciones de la Flor mi libro sobre el cine de Tarkovski, un genio al cual me acerqué por la cf: sólo se han escrito un par de libros sobre él.
En los últimos años vengo leyendo ensayos, especialmente de divulgación científica, en parte por el desafío que representa mi compromiso con Página 12.
Hace poco, me veo envuelto en un compromiso laboral inédito: dirigir la revista El Monitor de la educación, que publica el Ministerio y entrega gratuitamente a nada menos que 600.000 docentes. Espero que salga bien, que sea útil, y que una vez encaminada, me deje tiempo para escribir. Es lo que más me importa, aunque no me dé un mango.
El otro proyecto, que va a retomar temas que traté toda mi vida, es una revisión de la cosmovisión en los últimos dos milenios que integre las corrientes "subterráneas" del pensamiento occidental, para entender la mal llamada posmodernidad. Ya tengo algo escrito, pero como suele ocurrir puede llevarme varios años.

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