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  • Terror: En la boca del miedo de John Carpenter
    Publicado el Sábado 10 de noviembre de 2001

    Cine Publicado por Gabriel_Alvarez

    En la boca del miedo de John Carpenter...
    o La Biblia del Mal según los relatos incoherentes de un desquiciado investigador de fraudes

    por Gabriel Alvarez

    Este artículo presenta un analisís del brillante film In the Mouth of Madness (¿Cita a la novela corta de Lovecraft At the Mountains of Madness?). Filmado en 1994 por John Carpenter (el aclamado director de The Thing, The Fog, Children of the Damned, They Live, entre otras) se convirtió rápidamente en un moderno clásico del cine de terror.

    Como es debido para cualquier obra que desde su título alude a la insania mental, todo comienza en un manicomio donde John Trent, a pesar de estar envuelto en una cómoda camisa de fuerza, se las arregla bastante bien como para quebrarle los testículos a cuanto enfermero se le cruce, mientras vocifera que no esta nada loco. El problema es que quizás tenga razón, puesto que él era un hombre sensato y empecinadamente escéptico, con un singular talento para descubrir fraudes financieros. Su vida comenzó a escapársele de las manos cuando acepto la jugosa oferta de la editorial Arcane, a la que le urgía encontrar el paradero de su mina de oro, un escritor de novelas de terror –cuyas obras se transforman inmediatamente en best sellers que alteran la salud mental de las personas– llamado Sutter Cane. No porque les preocupara especialmente la salud del autor, sino porque necesitaban el manuscrito de su última novela, la cual ha generado gran expectativa entre su histérica horda de fanáticos.

    A Trent el nombre le suena, porque un rato antes de entrar a la editorial, el agente literario de dicho autor –visiblemente ofuscado– intento partirlo en dos con un hacha. No sin antes preguntarle, enigmáticamente, "¿Lees a Sutter Cane?". Cual acólito aún no converso, pero intrigado y naturalmente curioso, el hombre hojea la obra de Cane y comienza a ver cosas un tanto extrañas. Pero implacable en su razonamiento deductivo, descubre una pista oculta en las tapas de cada uno de sus libros. Poniéndolas todas juntas se divisa el mapa de Hobb’s End, un pueblo perdido en medio de Norteamericana. En Nueva Inglaterra, para ser mas exactos –algo muy común, por lo que se ve cuando les explica teoría semejante a sus clientes, quienes no muestran el menor asombro–. Satisfecho por su hallazgo, parte junto con Styles, la sugestiva empleada de la editorial, hacia el pueblo en cuestión, y lo que al principio parece común y corriente, esconde terribles secretos que pronto serán develados. Los niños son asesinos seriales, los adultos pierden gradualmente su forma humana y una obscena iglesia profana se encuentra enclavada en medio del campo.

    Canchero, y con buen olfato para las patrañas, Trent observa desconcertado todo este bestiario y sin embargo sonríe, igual que nosotros cada vez que vemos una película de terror –sin importar lo buena o mala que esta sea–, sonreímos al saber que todo se trata de una quimera imposible de materializarse en nuestra cotidianeidad. Pero la sonrisa se le desdibuja rápidamente cuando contempla al mismísimo Cane, quien con toda certeza y calma afirma que "Mucha mas gente cree en mis palabras que en las de la Biblia".

    Para ser el único mortal capaz de ver lo que va a suceder antes de que ocurra, su técnica es bastante sencilla, escribe lo que le dictan los demonios de la oscuridad, quienes esperan pacientemente para penetrar a nuestro mundo desde un gelatinoso portal situado en el corazón de la perversa iglesia.

    Tras terminar el último capítulo de su novela y entregárselo a Trent, Cane se parte a la mitad como una hoja y desaparece. Pero los señores de la oscuridad, escamosas figuras provenientes de algún aciago océano bizarro comienzan a avanzar, mientras la devota Styles recita párrafos de la nueva Biblia "Al borde del vacío, Trent contemplo al infernal mundo desgarrándose en sus tinieblas. El no grito, pero las profanas abominaciones chillaron por él. En el mismo segundo que las vio salir de un inmundo y fétido pozo, atragantadas con los centelleantes huesos blancos de interminables siglos impíos, comenzó a retroceder, a medida que el ejercito de indescriptibles figuras salía de las penumbras de un pozo sinfín. Para acercarse a él y entrar a nuestro mundo".

    Trent huye y quema el sacrílego manuscrito. Mas cuando vuelve a la civilización, no encuentra ninguna prueba fehaciente que respalde su sobrenatural experiencia. No hay rastros del pueblo. Nunca existió una muchacha llamada Styles. El libro ya se publico... y dentro de un mes sale la adaptación cinematográfica.

    El mundo entero lo lee y enloquece. El pobre John no necesita leerlo, el mismo protagoniza cual actor todo lo redactado por Mr. Cane, y cumpliendo sus oscuros dictamenes, mata a hachazos a un incauto lector, del mismo modo que el alterado agente literario intento hacerlo con él, y nuevamente regresamos a su realidad presente, o sea el manicomio.

    Sabiendo que es uno de los pocos sobrevivientes de la raza humana, Trent le advierte educadamente a quien quiera oírlo que todo el mundo terminara leyendo el libro. Y si no lo hacen, no importa, porque las cosas descriptas por Cane ya están sucediendo. Haciendo suyas las palabras de Robert Neville –el protagonista del Soy Leyenda de Richard Matheson–, Trent comprende en su crepuscular locura, que la raza humana será tan solo un recuerdo para las futuras generaciones de seres que habiten nuestro planeta.

    Después de pasar una sangrienta noche tormentosa, cómodamente encerrado en su habitación acolchada, Trent sale del recinto psiquiátrico y se mete en un cine para ver In the mouth of madness, ¿pero cual?... ¿la dirigida por John Carpenter?... ¿basada en las aventuras de John Trent?... ¿actuada por Sam Neil?... ¿La misma que acabamos de ver?...

    Las realidades paralelas, que coexisten simultáneamente con la nuestra, han estado presentes en muchisimos relatos fantásticos. Pero esta macabra disertación pergeñada por la deteriorada mente del desahuciado John, o por el virulento Mr. Cane, o por quien diablos haya imaginado historia semejante, nos advierte sobre nuestro comportamiento frente a lo anormal.

    En una brillante secuencia onírica, Trent ve un afiche rajado a la mitad, y cuando comienza a desgajarlo descubre otro, donde se aprecia su rostro espantado, huyendo de algún ente siniestro. Acto seguido, se encuentra con un policía azotando a un transeúnte. Hete aquí la idea básica del film, planteada en un par de contundentes imágenes. Lo fundamental es saber mirar, detenerse a observar, de ahí deviene el delirio que genera en los lectores la obra póstuma de Cane. Son iluminados por una realidad inexorable que abarca todo lo que se han negado a ver, y siempre resulta doloroso reconocer a lo cotidiano como lo más siniestro que nos rodea.

    Evitando caer en desafortunados panfletos políticos, uno de los directores mas personales que ha dado el cine nos describe a su nación, a la que tanto aborrece. Un lugar donde un tipo sagaz y escéptico no tiene otra opción mas que volverse completamente loco.

     

    © NOVIEMBRE 1999

    Publicado originalmente en el Nº 6 de la revista Plan Nueve

    Enviado el Sábado 10 de noviembre de 2001 por Redaccion
     
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